De todo lo que el hombre ha escrito, yo sólo amo aquello que él ha escrito con su propia sangre. Escribe con sangre y aprenderás que la sangre es espíritu.

Freidrich Nietzche

Mi hermana menor

El Grupo Editorial "Hijos de la lluvia" & LagOculto editores, ya puso en circulación el nuevo libro de cuentos (anunciado) de Walter L. Bedregal Paz, titulado Mi hermana menor. La composición de portada, diseño y composición se debe al artista Davince (David Colquehuanca). Próximamente más detalles sobre la presentación del libro.


Mi hermana menor
Walter L. Bedregal Paz
Grupo Editorial “Hijos de la Lluvia”
&
LagOculto Editores
Pág. 52 (Lima - 2008)


Mi hermana menor es un cuento escrito con la sencillez y la ternura de quien sabe de estas cosas que no necesitan ser secretas. Es una historia en la que la ausencia de un hermano, en este caso una hermana, hace que esté presente constantemente en cada línea, casi como un tatuaje en los huesos que celosamente escribe el otro, el hermano – ficcionado, a su vez, por el narrador – con aliento nostálgico que, sin duda, el lector reconocerá como insustituible.
Desde las primeras líneas hasta el final es posible palpar muerte, tristeza, búsqueda, decepción; drama, tensión, desolación y, sobre todo, soledad que en una coherente distribución, el autor maneja magistralmente con motivos reiterados, casi obsesivos por su reincidencia y su manera de estar o aparecer en el texto. Una historia de ficción como esta es humana y, reiteramos, casi confesional. Los reinos de la esperanza comienzan a fluir en cada página continuada, como hilo invisible e irrompible, conduciéndonos con asombro a través de un sueño ininterrumpido hasta aquellas imágenes o evocaciones que traspasan los intrincados vericuetos de nuestra memoria.


Darwin Bedoya
 

Aunque parezca mentira


Aunque parezca mentira
Darwin Bedoya
Grupo Editorial “Hijos de la Lluvia”
&
LagOculto Editores
Pág. 64 (Lima - 2008)


Aunque parezca mentira muestra la vitalidad de la perniciosa falsedad de la ilusión. A veces la delgada línea que las divorcia, a la realidad y a la mentira, parece desaparecer en los matices articulados en este universo narrativo de lenguaje transparente y llano que amalgama cada historia, cada frase, cada palabra. Esta perniciosidad es permisible, primero por la brevedad de los relatos y, por el protagonismo que se va ganando, poco a poco, la voz del narrador que, a la vez, se constituye en el personaje principal del libro.
En este conjunto de textos breves, la composición de los puntos de vista nos procuran una visión panóptica del, a veces, intrincado discurso textual que a menudo se desdobla en una polifonía de quiebres de planos, de enunciaciones y transposiciones cronotópicas que se condensan, con una muy acendrada frecuencia, en el final estructural del relato: el clímax. Sucede esto con mayor notoriedad en Variaciones mínimas, mientras que en las dos partes finales, no se dan los mismos efectos, al menos no con la misma frecuencia.


Gustavo Alonso de Mora Fernández
 

De Picnic y otros relatos


De Picnic y otros relatos
Miguel Ángel Cáceres Calvo
Grupo Editorial “Hijos de la Lluvia”
&
LagOculto Editores
Pág. 64 (Lima - 2008)


Sé que la mirada y atención de los lectores, especialmente del altiplano nuestro, han estado centradas en la poesía escrita por las hornadas contemporáneas, sin embargo la narrativa estuvo un tanto alejada de la puesta en escena, casi como desplazada de nuestras costumbres literarias, a pesar de trabajos que encontramos de las voces diríamos mayores (el caso de Feliciano Padilla, como solitario narrador considerable). Los antecedentes y el momento narrativos, en este caso del cuento, no tendrían mayores referentes, los textos cuentísticos que se conocen son realmente escasos por dos cuestiones fundamentales: valía de los textos y medios de difusión. Estas pueden ser tal vez las explicaciones de que haya pocos cultores considerables de este género.
En estos tiempos publicar cuentos es un acto heroico, y si uno está enamorado de este género literario, no tiene otro camino que destruir los textos una vez escritos o – como decidió en algún momento Miguel Ángel Cáceres Calvo – difundir sus trabajos en forma tan compleja como esta, en De picnic y otros relatos.


Walter L. Bedregal Paz
 

El ùltimo viaje de Camilo -- Miguel Ildefonso

El último vije de camilo
Miguel Ildefonso
Editorial Norma
julio, 2009.



La obra se presenta este 23 a las 7 p.m. en la Feria del Libro.


NUEVOS VIAJES
Por Juan Carlos Gambirazio

Delirio, sueño y vigilia en El Último Viaje de Camilo, de Miguel Ildefonso, donde aborda temas recurrentes en la historia de la sociedad latinoamericana.


Escritor Miguel Ildefonso.

En El Último Viaje de Camilo, un estudiante radicado en Estados Unidos va tras los misteriosos pasos de un peruano perdido. Miguel Ildefonso asegura que con esta novela cierra un ciclo que iniciara con El Paso y Hotel Lima, ingresando a un periodo de obras que abordarán temas menos biográficos.

– ¿Cuándo surge El Último Viaje de Camilo?

- Muchos textos son antiguos, algunos de los 90 y otros de inicios del 2000, básicamente lo que hice fue corregir. Las historias que se cuentan tratan de esas dos épocas y los textos reales son de esos tiempos. Es producto de los dos libros precedentes, por eso el nombre, pues cierro lo que venía preparando anteriormente, trato de darle un cierre al sentido de las historias anteriores, que el lector entienda la paradoja de estos personajes.

– Hay alusiones a personajes conocidos, como Borges. – Siempre menciono a personajes de ese tipo, a los que quisiera confrontar. A pesar de que tal vez Borges no está en su territorio, intento darle un sentido, llevarlo a otro contexto. Uno se imagina a Borges en bibliotecas, dando conferencias, yo busco sacarlo a un terreno urbano o bohemio.

– En la obra no existen descripciones propiamente dichas.

– Sí, fue algo riesgoso. Es un libro armado con los textos de los personajes y mediante lo que ellos dicen se describen a sí mismos. Tal vez los personajes no están muy delineados, juego mucho con los clichés, trato de explotar lo que está en la mentalidad colectiva de la lectura.

– ¿Es un cliché que las grandes luminarias tengan una vida efímera?

– Es como una metáfora, el libro también pretende ser reflejo de eso, es producto de retazos de versiones de uno y de otro, exageradas, delirantes. Trato como metáfora la muerte de personas relativamente jóvenes como Vallejo, Mariátegui y Heraud; que de algún modo son como el Perú en el que cualquier cosa que se está haciendo muere rápido o degenera pronto. Ese es para mí un tema central del libro.

– ¿Hay obras que quieres más que otras?

– La que para mí puede ser la mejor de mis obras puede no gustarle a nadie. El arte es así, por ejemplo Calamaro puede hacer muchas canciones de la misma calidad y de vez en cuando sacar un tema como Flaca para vacilarse, pero ya conoces su corazón y lo ves como único. La cosa es ser honesto con uno mismo, con tu imperfección, con tu locura, no traicionarte.

– ¿Es el Perú un país hecho de nostalgias?

– Claro, de frustraciones, se engrandece el pasado de tal manera que pareciera servirnos para frustrarnos más. Siempre que pienso en colectividad pienso en el Perú, en por qué es así. Existe una mentalidad colonial, falta de democracia, los ciudadanos de primera, segunda y tercera categoría, por eso se repiten los mismos problemas. El arte es el espíritu de una nación y muchas veces se le quiere ocultar porque interfiere.

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Jueves, 16 de julio de 2009.
Edición Nº 2087
Fuente:Revista “Caretas”.
 

Poeta Vladimir Herrera antologado en "20 años de poesía". Nuevos Textos Sagrados (1989-2009) Tusquets - España



20 años de poesía
Nuevos Textos Sagrados (1989-2009)
AA. VV.Soria Olmedo, Andrés

POESÍA (NF). PoemariosJunio 2009
ISBN: 978-84-8383-132-8
512 pág.
Vladimir Herrera, poeta peruano, orgullo lampeño, y de la ciudad del lago sagrado, Puno; es antologado una vez más en un libro que Tusquets editores acaba de publicar en España.

SINOPSIS
Los poemas son los nuevos textos sagrados del presente, incluso los que proclaman ser profanos. La colección Nuevos Textos Sagrados, dirigida por Antoni Marí, celebra sus veinte años –precisamente cuando Tusquets Editores cumple cuarenta– con una antología escogida de entre un conjunto extraordinariamente distinguido y extenso en el tiempo y en el espacio hispánico: a lo largo de estos veinte años, se han publicado 80 volúmenes de cincuenta autores españoles e hispanoamericanos.

Los autores antologados son María Victoria Atencia, Marcos Ricardo Barnatán, Felipe Benítez Reyes, Carlos Bousoño, Francisco Brines, José Caballero Bonald, Arnaldo Calveyra, Guillermo Carnero, Luisa Castro, Juan Gustavo Cobo Borda, Antonio Colinas, José Corredor-Matheos, Alfonso Costafreda, Rosa Chacel, Diego Doncel, Francisco Ferrer Lerín, Vicente Gallego, Antonio Gamoneda, Concha García, Dionisia García, Luis García Montero, Olvido García Valdés, Ángel González, Jorge Guillén, Rafael Guillén, Vladimir Herrera, Clara Janés, Juan Ramón Jiménez, Chantal Maillard, Juan Carlos Marset, Antonio Martínez Sarrión, Carlos Marzal, José María Micó, Enrique Molina, Luis Muñoz, Manuel Padorno, Juan Luis Panero, Virgilio Piñera, Jorge Riechmann, Claudio Rodríguez, Ángel Rupérez, Daniel Samoilovich, Eloy Sánchez Rosillo, Jaime Siles, Andrés Trapiello, José Ángel Valente, Vicente Valero, Álvaro Valverde, Luis Antonio de Villena e Ida Vitale.

Todos ellos son, asegura Andrés Soria Olmedo, antólogo y autor del prólogo, «autores de obras consolidadas que –más allá de la posición previa en la zarabanda de generaciones, grupos, centros y periferias– confluyen en un lugar editorial donde muchos de ellos han acabado por adquirir o confirmar un reconocimiento público que puede verse reflejado en un porcentaje muy alto de premios prestigiosos... Por debajo, el hilo conductor es siempre el mismo: lo que el lector identifica, aprecia y disfruta como poesía, en toda su variedad de tonos, registros y actitudes».

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NOTAS BIOGRÁFICAS:

Andrés Soria Olmedo es catedrático de literatura española de la Universidad de Granada desde 1990. Ha impartido clases en Bolonia, en Harvard, en UCLA y en New York University, y es miembro de la Academia de Buenas Letras de Granada desde su fundación. Es autor de, entre otros volúmenes, Vanguardismo y crítica literaria en España (1988), Una indagación incesante. La obra de Antonio Muñoz Molina (1998) y Fábula de fuentes: tradición y vida literaria en Federico García Lorca (2004). Es el editor de la Correspondencia (1923-1951) de Pedro Salinas y Jorge Guillén publicada en Tusquets Editores en 1992, y de dos volúmenes de las Obras completas de Pedro Salinas (2007), además de la antología Las vanguardias y la Generación del 27 (2007).
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OPINIÓN DE LA PRENSA:

Una de las colecciones más bellas que existen
Antón Castro

Una colección donde se produce la mejor síntesis entre las tendencias de la poesía española de finales del siglo xx y comienzos del siglo xxi.
José-Carlos Mainer
 

La rama torcida N° 2


La rama torcida
Revista de literatura y otros desvaríos
N° 2 Año 2
2009 - 66 pp.

El Grupo Editorial "Hijos de la lluvia" & LagOculto editores tendrán el placer de presentarnos el anunciado número 2 de la revista de literatura y otros desvarios, que el mundo literario está esperando con ansias, edición especial según sus editores dedicada al microrrelato.
Ya estará con nosotros lo más pronto posible. Y con los mayores esfuerzos también en su página electrónica.
 

“CONTINUIDAD DE LOS ALFILES”: UNA POÉTICA DE CLAROSCUROS



Escribe: Darwin Bedoya



Cada silencio, cada sombra, cada luz, cada herida, cada sentimiento y cada idea tienen su propio poema. La labor del poeta es siempre interminable; un laberinto en el que a la vez se busca la salida, se tiene que ir describiendo las paredes de los senderos por donde se va o se está. Continuidad de los alfiles (2009, 46 pp. Ediciones Súbita) de Juan Zamudio (Arequipa, 1980), es un poemario con una persistencia de orden vital en el panorama de ejercicio poético. Vital no significa simple, hablar de la vida (hablar de la existencia, hablar del amor, hablar del deseo, hablar de la poesía, ¿de qué más se puede hablar?) no significa malbaratar la lengua con pasajes o anécdotas transcritas. Es la vida que late, pero este poeta que habla de la vida no ha renunciado a la tarea de conquistar lo que en el lenguaje todavía puede ser conquistado. Si bien es cierto, sabemos bien que la poesía se caracteriza por proponer transformaciones, por mostrar imágenes que vienen vibrando dentro de uno: «Estoy desnudo / una pelota es lanzada / violentamente / hacia esta esquina / nadie vendrá a recogerla. / Lo de la pelota lo inventé / pero que nadie vendrá / es cierto. / Estoy desnudo / con un cartel colgado al cuello / que dice / estoy desnudo», («Avenida», p.26).


El cisma del siglo XXI induce que también somos muchos los que aún no nos hemos querido desconstruir, porque habiendo padecido (y padeciendo) tanta alienación como cualquier ser del planeta, sentimos que formamos, tal vez, parte de esta sensibilidad posmoderna. Creemos que la posmodernidad intenta, con festiva seriedad, la recuperación de viejos valores o la propuesta de reconstruir la civilización (porque de eso se trata, al menos idealmente) sobre la base de nuevas concepciones que sean visibles y profundamente humanas. Esta idea supone que todo pudiera ser una visión intuitiva, ahora que se puede reconocer esa esencialidad de la poesía y de la fe que nos señala el camino —o los innumerables caminos posibles, pensando como quizás lo haría Lezama Lima— hacia el cosmos, la poesía.


Zamudio, en Continuidad de los alfiles, parte del vacío, del desvarío, del hilo suelto, de la mancha o de la grieta para reconstruir no lo que fue, sino lo que late en el fondo y apenas se insinúa. Va tomando con pinzas una colección de ideas para interrogar lo fragmentario y huidizo, los cabos de una realidad que no terminan de mostrarse. Es con estas ideas que nos revela su concepción del hombre como naturaleza caída, no por la culpa sino a causa de la conciencia de la separación y de la muerte. El libro, esencialmente, se constituye a través de la variación. Una estructura que el poeta aprovecha con eficacia alrededor de las acciones artísticas (y es fundamental la consecuencia y la referencia de los paratextos que aperturan las tres partes del libro), o del análisis de determinadas alusiones: fetiches, clepsidras, extramuros, ritos, brisas, enigmas, etc. que el autor utiliza casi como un correlato objetivo; referencias que podríamos pensar son fundadoras de una concepción del poema y, como consecuencia, aquellas a partir de las que es posible esculpir los trazos de la propia identidad, presencia materializada en este libro en las múltiples reticencias a la reflexión intuitiva del ser: «Estar así, frente a la pantalla del computador, teclear rápido que algunas imágenes se alejan, o simplemente teclear y echarle mano a las imágenes que reposan mansamente en la memoria./ Enviarte palabras como postales» («Campiña de moche», p.16). El ser, parece decir Zamudio, se funda y se deshace en la soledad y el vacío. Creo que este es el motor y motivo alrededor del cual se estructuran y también se erigen buena parte de los textos de este poemario. Desde el primer poema, que funciona casi como una cosmogonía íntima: «En distinta madrugada, lejos de casa, croma perpetuado inmóvil en sábana de sed. / El fugaz horizonte de mis pensamientos advierte ligero movimiento de la imagen, cuyo aguijón me inyecta secuencias de atardeceres. / Perpetuado, inmóvil, persiste Cáncer con sus dioses y revelaciones culminantes.» («Fetiche», p.11). La esencia de lo ¿humano? es consecuencia de la dialéctica entre contrarios, de su fusión y punto generatriz, en consecuencia, de su meditación del silencio y del vacío.


Mientras se va leyendo el poemario, uno se va dando cuenta que el tono es muy desolador, de hecho los paratextos titulares anuncian ese designio. Todo en el libro es una sensación de melancolía y meditación frente al vacío que tenemos en general los seres humanos. En el camino de esta meditación se va fraguando lo cotidiano, digamos, se va fraguando la experiencia de todos los días y se va fraguando también la poesía como una posible solución, para enfrentar esta situación de ausencias y vacíos y este hastío dentro de la relevancia de lo cotidiano, pero curiosamente, después de retratar, como dice el poeta, estos parajes y situaciones de este «reino de cenizas», de la incompletitud donde lloramos; la poesía finalmente aparece en el libro como algo que no quiere fracasar en ese empeño de redención. No pensemos en la integridad de la palabra desolación. Tal vez sea mejor entender que Continuidad de los alfiles es un poemario, convengamos, para cultivar la melancolía, un poemario para regodearse en las abstracciones de este mundo, y lo es.


La misión de la poesía es la de juntar cabos y para lograrlo los inventa partiendo del desorden mismo de la vida. Los poemas de Continuidad de los alfiles con­figuran un ceremonial suntuoso e ideológico, una suerte de restauración realizada, milímetro a milímetro, por una voraz reflexión en la que no es difícil adivinar el ritmo insondable de lo poético. Una nueva y perturbadora metáfora del exilio. En verdad, la poesía ha venido padeciendo el peso pedantesco de los aparatos teóricos de la verdad racional, directa o indirectamente autoritaria, decidora de las soluciones definitivas sobre la base exclusiva de su verdad; verdad que, en el mejor de los casos, va adquiriendo una lógica sobre las experiencias de la vida y su paz interior. Continuidad de los alfiles, al margen de sus méritos intrínsecos, afianza en su búsqueda la peculiaridad de una voz poética que dialoga con el mundo interior y la realidad exterior, con el acontecer metafísico y emotivo del sujeto, y la estela de accidentes y fenómenos que suceden más allá de los límites individuales. Pero Juan Zamudio no plantea dicha coyuntura en términos dicotómicos; su propuesta, en todo caso, intenta nombrar la contradanza que sostienen la insularidad de la persona y las epifanías del entorno a través de un espectro de matices, pulsiones y gradaciones que conlleva una revaloración de los detalles y movimientos que conforman el cuadro poético.


Continuidad de los alfiles nos demuestra que poco a poco los vectores de la vida se van corriendo (se seguirán corriendo) hacia el misterio que nunca ha podido ser explicado por la ciencia ni por teoría alguna, y así la invención poética, debido a su inmanencia en el ser, ha comenzado a evidenciarse (aunque realmente en muchas sociedades la poesía sigue oculta y tal parece que es una insuficiencia humana) como verdad liberadora, al desplazar al racionalismo hacia el lugar que le corresponde, o lo que es mejor decir, al reubicarlo entre sus propios límites, dejando que en estos tiempos el ojo del animador que llevamos dentro interrelacione dialécticamente la inteligencia de lo racional —concreto— lógico con lo mágico de las intuiciones y la imaginación para convertirse en un ojo verdaderamente inverosímil. La poesía, por ser una inefable mentira, admite incluso la reflexión existencial (esto es lo que quiere decir la poesía de Zamudio), y en consecuencia sus conceptos; por lo que entonces proyecta un carácter filosófico; admite, asimismo la mística, cuando se ocupa de imaginar la fe religiosa y alcanza su grandeza en la religiosidad y hace subjetivos, en general, los aspectos de la vida. Sombras y luz. Vacío: claroscuros.


Creo que fue el elegante y sutil Saint-John Perse quien explicaba, en su recepción del Nobel, que la oscuridad que se le reprocha a la poesía no proviene de su naturaleza, sino de la noche que explora. ¿Cuál es la realidad que explora el lenguaje de los poemas de esta ópera prima de Zamudio? ¿A qué oscuridad se refería S. J. Perse? La obra de un poeta es siempre una respuesta a un sentimiento. La labor del poeta es interminable. A veces también responde a la nada. El poeta dice lo que dice, y al hacerlo está tomando una postura ante una realidad y/o sentido que lo asedia. Lo que hay aquí de particular es la incorporación de este hecho como tema ineludible del poema. Hay una insistencia en la mención de sucesos sublimes. Saltan entre tormentos cotidianos, entre confusiones emotivas y fieros impulsos. En estos versos se percibe una realidad invertida, un orden desordenado. La poesía, que es exteriorización de lo poético, a mi juicio —y aunque esto quiera ser objetado— sólo es superada por el proceso de la fe del creyente (entiéndase el concepto de «lo religioso» no como fanatismo obtuso, sino como fuerza dirigida al apego del amor total. La fe, en sus múltiples manifestaciones, coincide con lo poético. De aquí que la fe también contenga lo poético o contenga la poesía como estructura lingüística, y también la ciencia y la filosofía, cuando en su relación dan lugar al pensamiento y la meditación de la vida. Brumas y cielos nublados. Esa oscuridad no es otra cosa que el intenso encuentro de los sucesos que le ocurren al poeta y los muestra en forma de poesía. Aunque su poesía no siempre se muestra con la misma intensidad y verdad.


El discurso del sujeto poético deja entrever un intento por lograr una convivencia mejor entre la simbiosis de lo sentido y lo vivido. Casi como un paralelo de aquel lejano día que se cuenta desde Platón, esa idea posible de contar la historia de «la divergencia entre los dos logos», el poético y el filosófico. El logos filosófico se vive como unidad de pensamiento frente al encanto de la irracionalidad del poema. El filósofo, desde la conciencia y desde el resplandor de la sabiduría, verá con horror «el mundo de apariencias a las que se aferra el poeta.» En el reino de la razón, filosofía y poesía profundizan su enemistad, y no será sino con la crítica y la negación de «la verdad revelada», con el intenso proceso de desconstrucción categorial que se inicia con Nietzsche y Heidegger, y que en Derrida tendrá uno de sus más extremos y extraordinarios avatares, cuando se cierre la divergencia entre los dos logos y la palabra filosófica regrese a su condición primera de palabra poética. En ese regreso a la unidad de los dos logos, la filosofía tomará de la poesía «los lugares del ser por ella señalados», se convierte entonces en reflexión sobre el lenguaje como morada y, en la irradiación misma de los signos, esto deviene en formulación estética, señalamiento de la expresión poética como revelación y ocultación, complejo modo de lo que se viene a llamar la sacralidad del ser: «Dios en forma de un hueso rojo / me habla desde allá / donde el otro que no seré / eleva su cometa en la inmovilidad / de la infancia. / Me habla desde allá / donde el otro que no seré lanza una esfera líquida / hacia atrás / sobre el abecedario / lo más lejos posible de su piel (…) / Quizá su polvo y el mío / sean materia de un mismo principio. / Ahora entiendo lo que decía Dios / en forma de un hueso rojo / al recuerdo y a la duna / el viento demora en deshacerlos» («Espacio en blanco», p. 41-42).


Frente a los poemas de Zamudio resulta muy difícil descartar el concepto de lector a la hora de pensar el fenómeno estético. Sin embargo, conviene entender aquí las lecturas no como algo exterior a la escritura, sino como « el resultado de una alquimia entre lo claro y lo oscuro». Hay entre ese claroscuro una búsqueda que no está sólo en el contenido, abarca también la forma, la de un sentido poético en el que impera la simplicidad simbólica y temática, la pauta en la elaboración técnica de su trabajo, lejana a una confesión meramente de sentimientos y cercana a la irrupción explosiva de una poética que recién se encamina, pero que ahora resulta trabajada con puntilloso rigor, combinando poemas en prosa y poemas breves, que vuelven más interesante el proceso de su lectura, pues obligan al receptor a tratar de indagar más allá de la superficie e ir a ese otro espacio del texto donde toda palabra está cargada de múltiples sentidos. Así, en el universo poético de Zamudio importará menos la experiencia, que el recuerdo de esa experiencia, que el poeta evoca y reescribe a partir de sus lecturas. Aquí, lo que parece fruto de la observación y el recuerdo es, en realidad, reescritura. El poeta pasa a ser un lector de los textos que ve.


En Continuidad de los alfiles, la reminiscencia también representa una búsqueda, donde la evocación se convierte en un refugio para continuar en el ahora. Se percibe, desde lejos, una preocupación fundamental por un discurso poético que quiere empecinarse en recuperar el tema de la imperfección del alma, es decir, que el hombre busca afanosamente completar su deseo sin conseguirlo, en las cosas más nimias y aun en aquellas que definen su espíritu. Este primer poemario de Zamudio es una exploración del lenguaje, de la poesía. Esto se puede entender desde el punto de vista eminentemente lingüístico, hasta las evidentes progresiones retóricas y un dilatado discurso perturbado, nervioso y hasta cierto punto forzando armonías e imágenes. Empero, pienso que existen mitos acerca de lo que debe ser el gusto de la época, cuando desde la provisional preceptiva moderna se impone la casi sagrada obligación de establecer el sujeto poético, la respuesta será que la vanguardia no es el único refugio de la literatura actual.


Finalmente, se escribe para dejar memoria de lo vivido. Las imágenes, las vivencias, los olvidos, los vacíos que aparecen en este texto, tratan de ser testimonio de la maravilla que causa lo nuevo, lo recién recorrido. El poeta siempre está alerta de su entorno, observa con atención el mundo que lo circunda. En la poesía se reproducen estados de ánimo, conexiones anímicas con los espacios, las alucinaciones, las divagaciones, las costumbres. Cada idea, cada ausencia, tienen su propio poema. Buen inicio poético éste de Zamudio. Esperamos más de él.


Juliaca, junio de 2009
 

DANTE EN LOS SUBURBIOS (HOMENAJE A ENRIQUE CONGRAINS MARTÍN)



DANTE EN LOS SUBURBIOS


Escribe César Hildebrandt


Se ha muerto Enrique Congrains, el Dante que nos llevó a conocer los arrabales a los muchachos que estábamos seguros de que Lima no tenía marujas ni infiernos, el De Sicca del realismo urbano que nos paseó por los parajes negados y que hizo por el descubrimiento de la ciudad lo que Alegría y Arguedas habían hecho por el descubrimiento del mundo andino.


La cruel descripción que de él hizo Vargas Llosa en su autobiografía precoz la devolvió Congrains diciéndole a todo el mundo, la última vez que estuvo en Lima, que para él quien mejor escribía en el Perú era Gregorio Martínez.


Vargas Llosa lo pintó, con cuatro crayolazos maestros, como un fenicio chiflado que lo mismo podía vender pulidores de ollas que novelas y que escribió desde los cuentos de “Lima, hora cero” hasta la novela breve “No una sino muchas muertes” con el único propósito de ir de puerta en puerta ofreciendo su mercadería textual al contado o en cómodas cuotas mensuales.


La verdad es que Congrains nunca fue un escritor al que le sobraran brillos y también es verdad que su asilo en el realismo seco y duro parecía más una coartada que un modo de entender la literatura. Y es que el realismo tiene que ser el de un Dos Passos o el de un Solztjenitzin —realismo-río, plenitud mediocre, laborioso retrato de penurias— para llegar a ser arte. Y lo de Congrains tenía enormes méritos pero como que dejaba ver costuras, propósitos de conmover, trucos dramáticos.También es cierto que nuestra crítica oficial fue siempre roñosa con Congrains.


Pero eso no es de sorprender. Con la excepción del Oviedo original y del González Vigil de siempre, ¿de qué crítica podemos hablar que no sea esa que Clemente Palma podría reclamar como suya? Como los críticos con diplomas lo ignoraron, Congrains se reafirmó desapareciendo. Y un día partió míticamente a Venezuela, donde hizo negocios inverosímiles que terminaban tas con tas con el fracaso, y otro día acoderó en Cochabamba, donde escribió sus dos últimos y olvidables libros. La última vez que estuvo en Lima, hace dos años, un sector de escritores reconoció su deuda con él y la saldó con algunas semblanzas y uno que otro ágape más bien chifoso. Las “autoridades” brillaron gracias a su ausencia.


Congrains tuvo el mérito de descubrirnos, proféticamente, el infierno de Lima. Necesitaríamos cien Congrains para novelar la pesadilla que es Lima hoy. Porque si los críticos jamás homenajearon a Congrains, quien le rindió culto y tributo fue Lima, que cada año se pareció más a sus libros y que hoy es como el borrador del libro crispado que Congrains debió escribir. En todo caso, prefiero, como lector, a Congrains y su rudeza de arenal y estera que a los escritorcitos ovejados (meeeeeeeeee) que hacen todo lo posible por seguirle la corriente a los que cortan el jamón. El jamón serrano, claro está. Porque hablamos de una promoción de evasores que el viejo Lara y sus pandillas han domesticado desde el Planeta del entretenimiento. Porque para Lara todos los libros debían ser para el bolsillo. Y Planeta jamás hubiera editado a Congrains.


*Tomado del diario La Pr1mera.
 

Los pesares de los amigos por la pérdida del Poeta Vicente Benavente

Vicente Benavente Calla
(Juliaca 1926 - 2009)

Siento mucho la muerte de nuestro querido poeta Vicente. Siento que tú más que nadie Walter, cumpliste con el deber de promocionarlo, reconocerlo en vida.

Gloria Mendoza
catalinaescritora@hotmail.com

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CASA DEL POETA PERUANO
www.letrasyartes.com/ casadelpoeta

Dilectos hermanos:
Inclinamos nuestra pluma y enmudecemos nuestro laud, ante la desaparición física de este gran poeta nacional. Duele que muera ante la indiferencia de los poetas peruanos. Y nos duele también no haber podido hacer nada ante el silencio. Nos duele ser de alguna manera cómplices. Para mitigar este dolor dedicaremos una edición especial en nuestra revista internacional Olandina y le haremos un homenaje en el próximo Festival Internacional a realizarse en Bambamarca.Cajamarca. Ha muerto el poeta. ¡Viva su poesía!!

José Guillermo Vargas
casapoetaperuano@yahoo.com



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Pido respetuosamente el favor de hacerle llegar mis sentidas condolencias a la familia del que fuera gran hombre preclaro e insigne Atalaya de Juliaca, Vicente Benavente Calla, a quien llegue a conocerlo en el marco del II Encuentro Internacional “Juliaca 2007” que llevó su nombre. Poeta que despertó mucha admiración en mi persona, ojala haya quien llene el gran vacío literario que deja, poeta de los vientos, en su natal Juliaca la tierra de los que con pujanza se imponen al señorío de los vientos.



Su amigo
Filiberto Montecinos, La Paz Bolivia
To: filiberto42@hotmail.com





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Lamento mucho que otro de nuestros hermanos de las letras haya fallecido, sin embargo, aquí estamos nosotros para recordarlo como se lo merece. Has llegar a su familia nuestro más sentido pésame.
Mag. Marcos Vilca Jiménez
Diario Arequipa al día.



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Lamentable e irreparable pérdida.
Acompañamos a familiares, amigos y comunidad de la cultura en estos momentos.
Publicado en la sección periódico de http://isla_negra.zomblog.com/

gabriel



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Lamentable noticia, diario digital http://www.losandes.com.pe/





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Lamentable noticia la que me he llevado desde hace pocos días atrás de la muerte del poeta Fermín Vicente Benavente Calla (Juliaca 1926-2009). No lo conocí muy personalmente pero conocí su poesía a través del volumen antológico de sus poemas: El mensaje de Vicente Benavente en el corazón del viento, publicado por el escritor tacneño Walter Bedregal Paz. Su muerte se ocasionó a raíz de un delicado estado de salud que lo venía aquejando en los últimos años y del cual muy pocos allegados sabían.



Cabria además decir, que Fermín Vicente Benavente Calla, publicó los siguientes libros: “Julia”, “Vientos de Amor”, “Mural de Latidos”, “Cantos Encendidos”. Éste último es, quizás, uno de sus libros más conocidos. Fue publicado por la editorial pregón calcetero y tuvo una gran acogida en Puno.



Con la muerte de Fermín Vicente Benavente Calla, nuestra literatura puneña pierde a uno de sus mejores representantes emblemáticos, sobre todo en la senda poética. Porque Vicente Benavente Calla, hombre de gran cepa, que en el desarrollo de su ejercicio literario estuvo inmerso en la cultura andina, cuando solía fantasear gustaba trasladarse a otras esferas, a otras latitudes, a otros seres, a otra realidad.



De igual modo, su pluma fue suficientemente fructífera, es por esa razón, que escribía con una interesante mezcla cultural y luego se conjugó para formar los referentes de una poesía en la que la naturaleza tiene un papel fundamental en permanente referencia a lo más esencial. Su desaparición física no anula su obra que, por supuesto, se encuentra ya en un púlpito de largo alcance milenario.



Por ello, Vicente Benavente Calla creía saber que es necesario identificarse con el pueblo y con el arraigo del Ande, donde, valgan verdades, demostró su grandioso talento y su profundo amor por la tierra que le vio nacer.

Fernando Chuquipiunta Machaca



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Nota última publicada en LA TORRE DE LAS PARADOJAS

 

NO UNA, SINO MUCHAS MUERTES: UN MERECIDO ADIOS A ENRIQUE CONGRAINS MARTÍN



Por José Córdova

La primera vez que leí a Enrique Congrains fue a mitad del colegio, cuando en el curso de Lenguaje y Literatura hallé su cuento —clásico e inolvidable en nuestras letras— El niño de Junto al cielo. Claro, en ese tiempo, el efecto que me causó al principio fue lo anecdótico, jugó más la historia del personaje: Esteban, un pequeño inmigrante que proveniente de Tarma, terminó viviendo en un cerro, es decir, un pueblo joven de Lima (en El agustino).Pero la historia iba mucho más allá de lo contado. Y todo ello lo fui descubriendo a medida que pude conseguir dos de sus primeras obras: el libro de cuentos Lima, hora cero, y la novela, No una, sino muchas muertes, ambas editadas en la desaparecida editorial Populibros peruanos.


Las dos obras retratan los avatares de esa Lima descubierta y nombrada irónicamente en El niño de Junto al cielo como “La bestia con un millón de cabezas” (y que 50 años más tarde ha aumentado a ocho millones de cabezas, y algo más) volviéndose más “horrible” que la Lima de Augusto Salazar Bondy; ya que por ese entonces se encontraba en plena y caótica expansión debido a las grandes olas de inmigrantes provenientes de todas partes del país, tras la conquista de una ciudadanía esquiva desde los inicios de la República, o mejor dicho, tras la nueva “conquista del Perú”.


Y, además, de todos aquellos testimonios de una época de cambios que comenzaron a darle otro rostro al país (el que también fue plasmado por las geniales plumas de Julio Ramón Ribeyro, Oswaldo Reynoso, Carlos Eduardo Zavaleta, entre otros), Lima era descrita o mejor dicho, cuestionada desde todo punto de vista: sus habitantes “criollos” indiferentes, abusivos, malvados, explotadores, que junto a la ironía de los desposeídos que persiguían el sueño de tener un lugar donde vivir, hacían de esta “bestia” un paisaje literario lleno de retratos de dramas y tristezas, de crueles desengaños (como en Lima, hora cero por ejemplo), y cuya entropía nunca le ha permitido —ni permitirá— ver, más allá de sus propias narices, lo que sucede con lo más distante del Perú (sino, veamos lo de Bagua por ejemplo).


Es así que quizá la única vez que “la capital” volteó la cabeza para ver lo que había en su periferia cercana (y un poquito más allá) fue cuando el conflicto “interno” llegó hasta (su) la cabeza, y se dio cuenta que estos inmigrantes soñadores estaban tan cerca y tan lejos de sus aspiraciones que la convirtió en “chicha”, para luego volver nuevamente a enterrarla (misma avestruz) con la satisfacción de que esa migración por fin se ha convertido en la representación de “lo peruano”, (por ello hoy en día es denominada como clase provinciana emergente).


Nunca ha habido una, sino muchas muertes. Es cierto. Sobre todo, cada vez que muere un escritor nuestro. Y quizá nunca terminemos de reflexionar sobre el significado de sus vidas, pero quizá también, esto sirva para darnos cuenta de lo necesarios que han sido, y de lo importante que seguirán siendo en nuestras vidas, todo el legado que nos van dejando.


Enrique Congrains Martín (1932-2009).


A continuación transcribo el colofón de la contratapa de su novela No una, sino muchas muertes, sólo para que se sepa lo importante que siempre ha sido Congrains en y para nuestra literatura:


En 1954 un joven de apenas veintidós años, que acababa de aparecer en las letras peruanas con algunos cuentos, publicó su primer libro: “Lima, hora cero”. Este muchacho, Enrique Congrains Martín, aun inexperto en el manejo del idioma pero dueño de un poder de observación de la realidad y de una inteligencia capaz de interpretar los hechos en forma literaria, concitó la admiración de los medios intelectuales. Su personalidad era, además, singular. Antes de ser escritor, había sido inventor, pequeño industrial, vendedor de objetos domésticos, y esa habilidad comercial la puso al servicio de su producción narrativa siendo así escritor, editor y vendedor al mismo tiempo, y convirtiéndose en agente de otros escritores.


Su segundo libro, “Kikuyo”, fue también recibido con elogios. Inquieto, Congrains salió entonces al extranjero: recorrió Brasil, Argentina, Chile, Venezuela, Centroamérica, México, como vendedor de los libros que editaba. En el exterior redactó su novela “No una, sino muchas muertes”, que ahora Populibros incluye en esta serie como expresión de la literatura realista que prospera en el país, no porque ella halague con referencias a temas escabrosos, sino porque pinta con fuerza y profundidad un medio en que miseria y ternura se alternan al modo de un contrapunto acertadamente conducido por una siempre afortunada calidad narrativa. Dementes, muchachos violentos, pequeños y grandes explotadores, ansiedad y pureza en una palabra, son materia en “No una, sino muchas muertes” de una verdadera poetización.


A propósito de la reciente novela de Mario Vargas Llosa premiada en Europa, Mario Castro Arenas ha proclamado la superioridad de ésta de Congrains: es “la más valiosa novela de los narradores peruanos jóvenes”, dijo. Y añadió el citado crítico: “Congrains logró una atmósfera, una cierta fuerza narrativa para incorporar a su citada novela el aire infecto de la barriada, el aroma de abyección que, por igual, corroe en las zonas marginales a humanos y objetos materiales, a todo ese vasto mundo heteróclito que desfallece, agoniza, muere, entre túmulos humeantes de basura y tiznadas casuchas de esteras”.


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Publicado por LA TORRE DE LAS PARADOJAS

 

MURIÓ EL POETA JULIAQUEÑO VICENTE BENAVENTE CALLA

Vicente Benavente
(Juliaca 1926 - 2009)


Este sábado 4 de julio a los 83 años de edad y tras una larga enfermedad que arrastraba y que lo mantenía en un delicado estado de salud, dejo de existir en el Hospital de ESSALUD de Juliaca, el padre de las letras juliaqueñas, el poeta Vicente Benavente Calla. Esta noticia ha conmocionado al pueblo juliaqueño y ha causado un profundo pesar en los intelectuales del ámbito literario puneño.
En estos últimos años su obra estaba siendo revalorada y difundida, y en su última aparición en público, (15 de abril, día del poeta peruano) Benavente recibió el Premio “Carlos Oquendo de Amat” a las letras puneñas 2009, en el género de poesía; de manos de la presidencia de la ANEA-San Román, patrocinado por la Universidad Andina “Néstor Cáceres Velásquez”, la Municipalidad Provincial de San Román-Juliaca y los Grupos editoriales “Hijos de la lluvia” y LagOculto editores.Por su parte, los Machu Aychas también expresaron su reconocimiento por sus grandes aportes a la cultura de Juliaca, destacando que muchas veces brindó buenos consejos. Por eso se le rindió tributo con melodías propias de la celebración del Carnaval Chico, fiesta en el que Vicente Benavente quedará en la memoria colectiva tocando su tocoro, y con su chalina.
Luego de realizada la misa de cuerpo presente en el templo Santa Catalina, con presencia de familiares, amigos, autoridades y población, los restos del poeta recibieron el último adiós y fueron enterrados el día de ayer en el cementerio central de Juliaca, ciudad que tanto amó y que ahora vigilará por siempre.




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*Noticia e imagen extraídas de La silla prestada y el diario Los Andes.
 

Fallece el poeta Vicente Benavente a los 83 años


Fermín Vicente Benavente Calla
(Juliaca 1926 - 2009)


OBITUARIO



En cada puerta hay restos de tus dedos,
sueños con formas de tu rostro,
y una flama que anida en la ceniza
mientras que un fragmento de adiós
duerme en los violines.



P. Orens





Vicente Benavente Calla, (Juliaca 1926), poeta de la nostalgia, del amor eterno, de olor a su tierra calcetera, del exilio interior, muere en su tierra natal a la edad de 83 años, este sábado 04 de julio, informaron fuentes próximas a su familia.



Tras una larga enfermedad que arrastraba un delicado estado de salud, dejo de existir en el Hospital de ESSALUD – Juliaca. El poeta había sido internado varias veces los últimos tres años. La última vez fue el pasado lunes: Benavente no pudo resistir la soledad que le dejó su amada esposa (Angélica Llerena, fallecida a finales del mes de diciembre del año 2008, tras 50 años de matrimonio).


Poeta ante todo de los sentimientos puros a su lar, a su tierra calcetera, de Chiñipilcos y Machu Aychas, de Cogotudos y Panzacalas, profesor, periodista, ensayista, promotor cultural, el poeta que le cantó a los jardines del viento, “La voz de la poesía juliaqueña”, deja tras de sí, los libros de poesía: «JULIA» (Poemas de 7 Estancias) Tip. Molleapaza, Juliaca 1954, agotada; «VIENTOS DE AMOR» (Antología), Edit. Garcilaso, Cusco 1962, Edición agotada; «MURAL DE LATIDOS» (Como una lágrima para todas las horas), 1974; «CANTOS ENCENDIDOS» (Pregón Calcetero), 1976. Entre sus obras inéditas: «EL AIRE DESBORDADO»; “IMAGEN DEL ALBA”; «PAGINAS DEL AGUA»; «CANTO A LAS HORAS DE NOVIEMBRE»; GOLONDRINA ENSORTIJADA»;»MEMORIAL DEL HOMBRE» Y «MARCHA DEL SACRIFICIO». También colaboró en muchas ediciones de revistas, destacando como periodista, entre las que podemos nombrar: «Progreso», “Xullaca”, «Orientación», «Calcetera», «Avanzada poética», entre otras. Benavente integró la Asoc. Cultural “Xullaca”, en la cual editó la revista “Xullaca” (1956 – 1957), organizando certámenes literarios en los cuales en una oportunidad invitaron a participar a los poetas Juan Gonzalo Rose, Alejandro Romualdo, Luis Nieto Miranda, Guillermo Carnero y Gustavo Valcárcel. Asociación que delineó en su época para con generaciones posteriores.




Su última obra publicada, la antología de poesía “Raíces del viento” (presentada en las instalaciones del salón Consistorial de la Municipalidad Provincial de San Román el 02 de octubre de 1997, fue aclamada por los estudiosos de su poesía). Juliaca la tierra que lo vio nacer, donde vivió enraisado hace varios decenios fue testigo fiel de los amoríos que tuvo hacía éste su hogar Calcetero, con esa sencillez sin subterfugios que heredó de la raza milenaria: la Kolla, que quedará en el alma de la literatura juliaqueña.


Por ello, el tiempo en ocasiones es el peor enemigo, pero nunca es tarde, menos si queremos y deseamos elucubrar y dar muestras de solidaridad hacia la familia por esta irreparable pérdida, y más para las letras del altiplano peruano.
Antes de su último ingreso, Benavente estaba trabajando en un nuevo libro de poesía, cuyo título provisional era: “Cartas para encontrarme”.


Aunque para él patriarca de las letras calceteras – como se le conocía – era tener lectores y ser querido por una población entera, él, en la ciudad de los vientos, Juliaca, fue reconocido con innumerables galardones.


En el año 2007, se le rindió un merecido Homenaje, en un II Encuentro Internacional de Escritores “Juliaca 2007” que llevó su nombre.


En su última aparición en público, (15 de abril, día del poeta peruano) Benavente recibió el Premio “Carlos Oquendo de Amat” a las letras puneñas 2009, en el género de poesía; de manos de la presidencia de la ANEA – San Román y patrocinado por la Universidad Andina “Néstor Cáceres Velásquez”, la Municipalidad Provincial de San Román – Juliaca y los Grupos editoriales “Hijos de la lluvia” y LagOculto editores.


En cuanto a su mensaje en el corazón del viento, como titula el libro (en su segunda edición, que solo está a la espera de su presentación) en el que están inmersas múltiples voces, con disímiles apreciaciones a su obra, quizá su más cabal presentación o resumen, que hubiera excusado todo lo escrito, éste sencillamente en aquellas palabras que él poeta recreaba de Walt Whitman que cierran sus Cantos de adiós:
Camarada, esto no es un libro.
Quien vuelve sus hojas toca un hombre.




Afiche para el recuerdo



Brindis en la Clausura del


II Encuentro Internacional de Escritores


Juliaca 2007" Vicente Benavente Calla




Junto al poeta José Gabriel Valdivia



Con el narrador Willard Díaz



Junto al poeta Luis Zambrano



Con la narradora Gabriela Caballero Delgado



Junto a César Aguilar (Director de la revista "Chillico" - Cusco)

y el poeta y narrador Hernán Trujillo



Posando para el recuerdo en la Clausura del

II Encuentro Internacional de Escritores "Juliaca 2007".




El mensaje de Vicente Benavente

en el corazón del viento


Compilador: Walter L. Bedregal Paz

Grupo Editorial "Hijos de la lluvia"

&

LagOculto editores

Segunda edición, Lima 2009. 178 pp.




Poemas de Vicente Benavente


Viva la luz



Como un árbol pasa la noche

y casi inclinada en los ojos

se abre contigo la puerta

que transparenta todo sueño.

Algo se abandona en el silencio,

algo que vive relata el corazón.

Un pedazo de piedra en el río

habla en nombre de una golondrina.

Los aires peinan tu cabellera

dormida en el reloj de espejo,

tus manos en la primavera

son flores que alcanzan tu hermosura.

Recién entendida, contempla la sed.

Costras de una tierna escultura,

alas de ave que persigue la vida

en alta voz hasta la fantasía.

Pero tú en el verde de la tierra,

en el grito que sacude los cristales,

sola me dices aferrada a la brisa:

¡Que viva la luz en la piedra más sencilla!


Desde el silencio

En el irme lejos

pienso llevarme el día,

la mañana

Entre la humedad del hueso, y

verme solo en la distancia,

guardar mi pena

cerca de los hombres,

llenar mi voz desierta

en el monólogo del surco

hasta buscarme en el silencio.

Tú la ausencia,

tú la presencia;

digo la lluvia,

la inmensa risa

goteando el agua

en la misma rosa.

Que esta hora comience

en las manos descubiertas del hombre,

que vierta la sangre

la semejanza de la dicha,

que así amanezca

el espacio en el alma.

Que abrigo del hombre

la noción de algo,

de algo en que viene sencilla la noche

y que así tiemblo

de jugar con tu ausencia.

Ver mi amor con tu presencia.



















 

Vicente Benavente en la poesía puneña


Escribe: Darwin Bedoya


Walter Benjamín en su «Diario de Moscú» escribió: «Un lugar no se conoce hasta no haberlo vivido en el mayor número posible de dimensiones. Para poseer un sitio hay que haber entrado en él desde los cuatro puntos cardinales, e incluso haberlo abandonado en esas mismas direcciones.» Vicente Benavente Calla (Juliaca, 1926) es el poeta que no sólo vive en Juliaca y la conoce más que a la misma palma de su mano, sino que también es el cantor de Juliaca. Benavente lleva a cabo, por fin, la verdadera mirada poética de los referentes que tiñen su pueblo y se coloca cara a cara con su propia vida y su entorno en el altiplano. Desde «Julia» (Poemas de 7 estancias, 1954) Tipografía Molleapaza, Juliaca; hasta «Raíces del viento» (Antología poética, 1997) Editorial Cielo y tierra, Juliaca; en su obra poética subyacen como una trilogía la triple alianza de los elementos que vertebraban su quehacer literario: el tiempo - la memoria - el homenaje. Toda obra literaria supone un acto de comprensión y de interpretación del mundo operado a través del lenguaje. Nuestra comprensión de una obra literaria es un proceso siempre inconcluso, donde la semiosis de la interpretación permanece siempre abierta. Sin duda, nuestra interpretación de una obra literaria se basa en la presuposición de que toda obra literaria nace de un acto voluntario en tanto que conjunto, y que se caracteriza por una particular dinámica de la composición: desde los elementos al conjunto, y del conjunto a los elementos. En cada elemento de la obra se encuentra el conjunto, y en el conjunto se encuentra cada elemento. Por eso, sólo cuando la obra literaria es comprendida y captada en su conjunto, es susceptible de abrirse al lector y de entregarle el secreto de su mensaje literario.


Este cuarto elemento de la poesía de Benavente, homenaje, es, no hay duda para ello, uno de los referentes mayores que aflora en toda su producción poética. La amalgama de su verso no es sino el grito modulado del hombre en su largo camino hacia el silencio. Es la manifestación de su impotencia para mantenerse en el silencio primordial de las cosas. La poesía de Benavente define un tipo de mirada. Una mirada que tiene que ver con el nexo entre homenaje y vida, con el ensanchamiento y la acumulación de los sentimientos. El aura poética de Benavente consiste, sobre todo, en enumerar pacientemente las pequeñas y las inmensas cosas. Los tejidos, los tokoros, los colores, los cerros, las pampas, los aromas, las distancias, los sentimientos, el viento; todos entran y salen, los tiempos, las inmensidades, las ausencias, los amores, las ruinas, todo cabe en el poema. Todo se vuelve poesía. La particularidad de Benavente es el hecho de saber adentrarse en sus propios interiores. La única forma de ser poeta es ser uno mismo. Cuando el poeta intenta ser los otros, gustar a los otros, sorprender a los otros, deja de tener valor su poesía. La autenticidad de la poesía es el descubrimiento radical del recorrido por las miserias humanas, de nuestra debilidad congénita, de nuestra inmersión en el abismo de nuestra condición, de nuestra muerte cotidiana. La obra del poeta tiene valor solo si descubre que su experiencia en la vida está al servicio de evidenciar nuestra frágil condición.


A las figuras artesanales de la calcetera y el machuaycha y chiñipilcos, de la que comercia con tejidos y calcetas, el poeta agrega otras que atan infancia, lenguaje y maternidad vinculando de algún modo la persistencia de la identidad grupal al ciclo natural de la repetición genealógica que mantiene unida la cadena de herencias que conforman el espacio familiar. Si bien es cierto que el espacio geográfico juliaqueño repite el primer gesto humano de manifestación de poder ante la naturaleza: recortar una parcela de la continuidad e infinitud del espacio y configurar un sentido conforme a una unidad específica, en la poesía de Vicente Benavente, este gesto evoca tanto la cadena asociativa del refugio, como la del encierro y la finitud. En palabras de Bachelard, el espacio geográfico es calabozo y es mundo. Podemos extender esta afirmación del filósofo de un modo simple: la tradición es relato que incluye y excluye al mismo tiempo. Funciona como el nexo que permite reivindicar el hilo de la memoria, y al mismo tiempo como una especie de ghetto, de encierro que atrapa, que separe, que inscriba fuertemente su ley. Así es la poesía de Benavente. Es cierto que cada época exige una nueva manera de pensar y asumir el mundo y que sostener un proyecto poético en torno a una sola perspectiva resulta prácticamente imposible. Pero en lo referente a esa tradición, nunca ha estado más viva que en las últimas décadas. La poesía juliaqueña de nuestro tiempo mira y actúa y siente muy diferente de la poesía de cualquier otro periodo de la historia. Aunque, es verdad que los cultores de poesía en Juliaca sean poquísimos, para enumerarlos, los dedos de la mano sobrarían. Sin embargo, la verdadera poesía o el verdadero silencio es el que traza el olvido sobre la obra que no llega a su público y sobre el autor privado de la capacidad de publicar y de conectar con sus lectores. El silencio como gesto en el artista contemporáneo se desarrolla como una aporía, pues, heredada del romanticismo y no resuelta por las estéticas del siglo XX, que alargan el debate de la ruptura vanguardista a medida que ya vamos llegando a la conclusión de la primera década de este nuevo siglo.


Hay momentos en que la poesía de Benavente recupera la inocencia de la infancia como un momento en el que el poeta simplemente ignora la corrupción del tiempo y de la historia. La memoria abre una ventana en el tiempo para ofrecer una imagen de realidad que se articula a través de la primera persona, a través del poeta que inicia una meditación al declinar el día, al atardecer, y continúa en un ambiente nocturno de estudio. El viento, como si fuesen hojas secas trae los días pasados y comienza como un monólogo el discurso poético de Benavente, pero gira fuera de la memoria privada para afirmarse cual columna de imágenes tatuadas en la piel del tiempo, entonces ya no es la simple voz del poeta, sino la voz del tiempo que toma conciencia del momento en que escribe, no sólo de su escritura, también de su vida misma. El acto poético es un acto visionario, un reconocimiento, un destello que muestra la doble condición del mundo: la verdad y la falsedad. Lo que ahora se ve, como revelación, como redescubrimiento, hace retirarse con su destello a la oscuridad reinante anteriormente. La epifanía ahuyenta la mentira, retira el velo. Se hace la poesía. La poesía del homenaje y la memoria de Vicente Benavente toma como punto de partida su mirada atenta, su sentir profundo, su amor a su espacio, a su hábitat, si bien es cierto que una geografía que supone el elemento contrario a la soberbia humana, una naturaleza que es misterio y origen, sobre todo sencillez, a la que solo es posible acceder a través de ese pensamiento que se instala en lo mágico, en un orden extraño y, a la vez, natural. Es extraño para nuestros intentos de comprensión racionales, pero es natural porque está en la base de lo primordial, de los movimientos internos que rigen la vida misma del poeta y de cualquier mortal.


Quien custodia los restos de la memoria, del pueblo, del hogar, del entorno familiar, siempre tiene en cuenta la verdad de que nada de lo que alguna vez aconteció puede darse por perdido completamente. El pasado lleva consigo un secreto índice que permite la redención. Como diría Walter Benjamín: «¿Acaso no nos roza un hálito del aire que envolvió a los precedentes? ¿Acaso no hay en las voces a las que prestamos oídos, un eco de otras, enmudecidas ahora?” Para quien los custodia, los restos no son nunca ruinas, sabe, como Benjamín que hay dimensión abierta e indeterminada en el pasado que en el presente pueden desatarse a porvenires múltiples.

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Tomado del Diario Los Andes, Puno. Cultural - 19 abr 2009