viernes, 20 de marzo de 2009

Las huellas en el espejo: apuntes sobre «El monstruo de los cerros»


Filonilo Catalina*



por Darwin Bedoya


«En sacrificio y ofrenda no te deleitaste, estos oídos míos los abriste.

Ofrenda quemada y ofrenda por el pecado no pediste.

En vista de eso dije: aquí he venido, en el rollo del libro está escrito de mí.»

SALMOS 40: 6, 7



Uno:

Los orígenes:

La furia de los Apus y el mito del degollador


«Te ofrezco mi historia/ como a Dios el cordero tierno.» Son los dos primeros versos/sacrificios que aperturan el poemario «El monstruo de los cerros» de Filonilo Catalina, ganador del IV Concurso Regional de poesía Premio Eros 2009, organizado por PRONEPSA «San Román», el cuaderno bimestral de poesía «Lágrimas de Cocodrilo» y el taller de creación literaria «La Tribu de los espantapájaros». Este es motivo más que suficiente para revisar nuevamente la poética de Filonilo, ganador también, en el 2005, del Premio Copé de bronce con «El monstruo de los cerros», del cual nos ocupamos enseguida.

Los dioses, en sus diversos matices y deificaciones, siempre han existido en todas las culturas, desde la aparición de los primeros humanos. También sentaron su presencia los rituales, como parte de las formas de vida mística de las civilizaciones genésicas. A partir de los rituales empezaron a cobrar importancia las formas de acercarse a los dioses, «Apus» para la cultura andina, cada vez que estos se enfurecían y necesitaban algún «obsequio» para aplacar su ira; paulatinamente se fue tornando en plato predilecto, para los dioses, el sacrificio humano. Una de esas formas fue la degollación que, como sacrificio significa que la vida de la colectividad está por encima de las vidas individuales, pues la ofrenda tiene por objeto conseguir el beneplácito de los seres del otro mundo para que no sucedan tragedias como cataclismos, sequías, diluvios, pestes; para que la cosecha sea buena, para que la tierra esté contenta, para que la especie se procree, para que la conquista de territorios sea la mejor, etc. Es a raíz de estas representaciones que el degollador se torna en un personaje que cumple una función o encomienda sagrada al realizar su labor tan vital para la tranquilidad de los pueblos. ¿Quién osaría desafiar la furia de los Apus? Desde los relatos bíblicos que narran sacrificios, hasta los más recientes, siempre se ha hablado de los sacrificios humanos. Verter sangre humana era una manera de humillarse y la vez de alcanzar el honor para expresar la gratitud y pagar la deuda a los dioses por el sacrificio que hicieron ellos mismos en la creación del mundo. Cuando el sacrificio consistía en ofrecer la vida de otra persona, ésta era raramente un esclavo (ya que el sacrificio era menos valioso). Normalmente debía ser una persona libre ofrecida voluntariamente o un prisionero de guerra. Una muchacha virgen era el deleite, casi como un mozo casto.

En la cultura andina, el degollador también ha tenido una presencia casi mítica, ha existido siempre, su vigencia y trascendencia ha estado ligada a la vida de los Apus y los mortales. Desde el apogeo de las culturas peruanas hasta nuestros días ha existido este personaje en nuestra cultura. Una de las culturas más vinculadas, en Perú, con el enigmático degollador, ha sido la cultura Mochica. Pero el asunto del degollador no ha quedado en las culturas peruanas como algo histórico, sino más bien que, con el paso de los años ha ido variando su denominación, pero sus rasgos característicos han sido los mismos; entre sus otros nombres están por ejemplo: «nakaq» palabra quechua que significa degollador. Proviene de «nakay» (degollar) y se usaría para señalar la acción de destazar a una res o algún otro animal. Empero, este vocablo también se utiliza para denominar a los temibles degolladores de seres humanos, lo cual nos llevaría a pensar que el término sufre una extensión en su significado original. La palabra no resulta ambigua como parece. Según Arguedas, «nakay» específicamente denomina al degollador de seres humanos, y no a los de otro tipo. Este mismo término, en una variación geográfica va adquiriendo otras grafías, por ejemplo ahí está el «pishtaco», el «kharisiri», el «sacaojos», etcétera, quienes no son otros que el mismo degollador pues cumplen esa función de ser nexo entre los mortales y los dioses a raíz de las ofrendas que se puedan ofrecer. Es de este terrible personaje, del que se cuentan tan pavorosas historias, es de este mito que como una huella en el espejo ha sido trasladado hasta los parajes escritutarios, es el tema del más reciente poemario de Filonilo o Luis Rodríguez Castillo (Coaza, Puno, 1974), quien en su poemario «El Monstruo de los cerros», Ediciones Copé, 2005, 60 pp. Están aquí los versos que nos erizan la piel.

El ideario temático que asume el punto de partida en el discurso de «El monstruo de los cerros» es aquella noticia del monstruo que fue matando selectiva y metódicamente a sus víctimas, sin dejar huellas por supuesto. Las víctimas, las cavilaciones, los lamentos, las noticias y otras representaciones estróficas hacen del poemario una construcción de tono coloquial donde se conjuga el escepticismo y la ironía detrás de un hondo lirismo que apunta hacia aquella muchacha de agua que siempre vive en la mar. Este libro/elogio de la locura es una forma de eternizar aquel suceso, mitificar un personaje (el monstruo de los cerros), poetizar una historia y, sobre todo, hacer que la poesía registre en este intersticio que fabula la invención y la realidad y, allí mismo, sea posible ver la delgada línea que las separa. «El monstruo de los cerros» es un buen intento por salir de los «ghettos» poéticos y plantear una nueva estancia, un lugar no recurrente en la nueva poesía peruana.



Dos:

Espejos enterrados:

La sensibilidad de «El Monstruo de los cerros»


«Yo también/ fui un señor de lentes/ que por las tardes/ –siempre después del maldito tráfico– / regresaba con hambre a casa/ perdido/ caminando entre señales de tránsito.» En estos tiempos, y volviendo la atención al poemario, el monstruo de los cerros parece ser el tipo de degollador un tanto más moderno. Es un depredador que aparece en la ciudad y desde ella elige a sus víctimas para sacrificarlas como pago a algún dios o como una simple tendencia criminal. El monstruo de los cerros es uno de esos seres que ha huido para encontrarse así mismo, se ha visto en un espejo frente a frente y no ha tenido escapatoria. Este monstruo podría ser el «Hannibal Rising» de Thomas Harris, el «Dick & Perry» de Truman Capote o algún personaje de «Chakushin ari» de Rempei Tsukamoto u otra historia de Allan Poe, o tal vez el mismísimo ninja: Cho Seung Hui, aquel norcoreano silencioso que terminó con la vida de 32 de sus compañeros en la Universidad de Virginia Tech. Cho pudo ser Pedro Pablo Nakada Ludeña, conocido también como «El depredador de Huaral» o simplemente y para mayores señas «El degollador», en realidad el monstruo de los cerros podría ser uno de aquellos que tiene la sangre fría como la nieve, pero que muy dentro de él tiene, al margen de su espíritu psicópata o apariencia de loco, un corazón desde donde se podría destilar poesía, como ocurre con la ternura de este monstruo.

Muy dentro de este abominable ser hay una sensibilidad que lo lleva a redimirse, a llorar si fuera posible por los crímenes, aunque después de cometidos no tenga un solo sentido, pero es posible saber de ese mínimo instante, esa luz que lo hace tornarse humano, persona, ángel o incluso ave, por ejemplo, Nakada, una vez tras las rejas, afirmaba lo siguiente: «Yo era un niño que admiraba a mis hermanos mayores, ellos en cambio me odiaban, pero nunca vivimos juntos una buena temporada, mi familia se deshizo, mi padre maltrataba a mamá, sufrimos mucho, tuvimos que vivir con un tío, con una tía, con una vecina, mis hermanos me golpeaban, me hicieron mucho daño, y yo los extrañaba, hasta el final los recordé, les pedí una mano. No me olvido nada.» En tanto que Filonilo Catalina diría: «Me voy/ pero dejo a mi madre/ ella/ como siempre/ rezará apretando en sus manitas lo poco que queda de mí/ también dejo mis ojos/ más negros y más grandes que la caída de Lucifer.»

La primera noticia de este «monstruo» la recibimos a través de «Memorias de un degollador» 2000 (Plaquette de poesía), después llegó hasta nuestras manos «El monstruo de los cerros», edición que nos convoca, con modificaciones y algunos poemas incluidos que hasta cierto punto resquebrajan la estructura del texto precedente, el cual sí tenía una ilación temática extraordinaria, incluida la atmósfera que de por sí le brindaba un halo coherente y conexo con el título y una estructura distributiva de los poemas y las remembranzas ordenadas que apuntaban al monstruo. Sin embargo, la poesía de Luis Rodríguez Castillo no deja de poseer la persistencia del lirismo de carácter tierno y una cierta levedad afín al lenguaje coloquialista y/o conversacional de la otrora poesía nueva, este lenguaje nos lleva a recordar aquel conversacionalismo que ciertamente logró una cosmovisión distinta, pero que exageró los elementos de ruptura en detrimento de las necesarias continuidad y diversidad. Con sus primeras luces en «Poemas y antipoemas» de Nicanor Parra y «Aullido» de Allen Ginsberg en 1956; el periodo de los imaginistas y su vinculación a ese «británico modo» de expresión poética; que luego atravesaría por una serie de estancias donde tendría como territorios fronterizos al costumbrismo poético, el postmodernismo, el exteriorismo, las vanguardias y la antipoesía de la que hablaba Fernández Retamar y que magistralmente escribiera el maestro Benedetti. En este marco se puede decir que el conversacionalismo, en Hispanoamérica, fue llevado a la cima por Ernesto Cardenal y en Perú por los poetas de la Generación del 60 y que en las posteriores décadas no ha dejado de causar interés, pues en los años 90 y post 2000, todavía sigue siendo empleado como recurso o epicentro discursivo en los grupos de los noveles poetas en los que, por el lenguaje, se inscribe Luis Rodríguez. Para nadie es secreto que el conversacionalismo orientó su estética hacia la expresión del mundo inmanente, al que trató de dotar de una nueva trascendencia, lo que, por supuesto, no logró siempre. El conversacionalismo, apela a una comunicación aparentemente directa de experiencias cotidianas por parte de sujetos claramente identificables con la clase media. Alguien podría acusar a este «espacio» de autobiográfico y simplista, pero es claro que en sus más interesantes representantes lo que hay es un proyecto literario (y por ello una retórica, en el mejor sentido de la palabra), no la transcripción directa de vivencias y emociones de los autores. No se piense, entonces, que se trata de una poesía ligera o light. El adelgazamiento del mundo que existe en los textos responde sin duda a otros objetivos. Es por ello que puede decirse también que este coloquialismo mostró las transformaciones revolucionarias en la realidad, creó una conciencia muy profunda de la imbricación del poeta con su circunstancia (en nuestro autor se notará claramente este aspecto), y, además, testimonió los dramáticos conflictos del hombre por transformarse a sí mismo y a su contexto, de ese modo, realizaba una crítica ágria y profunda de su pasado y, precisamente esas proyecciones han calado hondamente en la conciencia poética de los lectores.

En este espacio literario donde cobra vital importancia el conversacionalismo, que marca un «nuevo» territorio para el discurso poético, es preciso tener en cuenta que los rasgos en los que se desplaza este tipo de poesía coloquial, tiene que ver con aquel lenguaje de asombro ortodoxo, puro, lírico y marginal, como tendencias del mismo lenguaje coloquial, dentro del cual, será posible aún, percibir una estela de vanguardia frente a una realidad inmanente dentro de las zonas expresivas del conversacionalismo lírico reflejado en «El monstruo de los cerros». El lenguaje de Luis Rodríguez está contenido por aquel sentimentalismo del que fácilmente se puede desconfiar, precisamente por ese desliz sentimentaloide, además, su trama de sensualidad fenoménica, aparencial, existencial y, en fin, «testimonial»; es la que cobra un discurso altamente lírico, hasta elegiaco, que podría llamarse trascendentalista por las vibraciones que ocasiona con el conjunto de imágenes que acompasan los versos. Esto quiere decir que en la poética de «El monstruo de los cerros» hay una significativa irrupción de la laboriosidad con el trabajo del lenguaje, empero, toda esa carga de verbo e imagen tiene, en el fondo, una ascendencia, como dijimos, vanguardista, donde a su vez, el discurso va adquiriendo un corpus singular, una suerte de mito utópico y un acendramiento cuasi filosófico de la existencia. En ese sentido puede hablarse también de un entusiasmo, una preocupación creadora multifacética, del mismo modo, de una preocupación ontológica, una fragmentación asumida como plenitud: un caos del ser, pero sin descuidar esa mirada preocupada de la variante cosmovisiva, tal como la que se va creando con el mito, pues éste aparece como respuesta a situaciones de violencia extrema, generada por el otro opresor.

Actualmente, el mito permanece enterrado en el subconsciente colectivo, mas no significa que haya sido olvidado. El rebrote de movimientos terroristas podría despertarlo y crear un ambiente de pánico en la población. El mito nos muestra la violenta relación asimétrica entre el centro y la periferia, donde Lima es quien devora a las provincias. Pero, la voz del poeta persiste más allá de los temores y de los vacíos o los anuncios… La poesía en «El monstruo de los cerros» está cifrada por un halo de «ethos» que marca el gesto creador, la filiación a la escritura misma, la certidumbre en la potencialidad verbal de la poesía como una forma irreductible de conocimiento de la realidad, así como una extraña y a la vez conocida resistencia desde la poesía frente a una circunstancia hostil, a la par de desplegar ese discurso funcional y ávido de tomar en sus manos todo lo que encuentre en su camino, casi como una apertura de un nuevo espacio poético que a pesar de su rostro deleznable sigue gustando y vibrando. En los cánticos de «El monstruo de los cerros» los mecanismos poéticos de la expresión se hallan mediados por el reino de las imágenes que no apelan a un significado fuera del mismo juego de la representación, en este caso mítica del monstruo. La paradoja consiste, entonces, en no poder tratar de manera directa el referente. Pero estas imágenes que se alejan de lo convencional parecen traspasar lo imaginable, y es que se sientan en lo concreto, debido justamente a que nacen de una especie de asombro, tal como en los años veinte los surrealistas (Breton y sus secuaces), buscaron en la ensoñación quimérica y en la escritura automática, las formas para hallar la voz poética, de igual modo los Beats vieron en la prosodia de un nuevo ritmo la depositaria de una creación más honesta, directa y comunicable. Reaccionaron contra el New Criticism, la metafísica y la New Agarians , desenfrenando el verso libre hacia lo que Jack Kerouac llamó «Sponateneus bop prosody», que se puede caracterizar por un discurso entrecortado y libre de las marcas retóricas reguladoras de la dicción. La voz de Rodríguez parte de una especie de maquinación lírica, desde unas luces que se originan en épocas precedentes donde el coloquialismo acerca el texto poético a una especie de relato «autobiográfico», a veces con matices de verosimilitud y de ficcionalidad, para de ese modo separar la historia, situando así fragmentos de la realidad con los de la ficción.

Finalmente, «El monstruo de los cerros» es el intento no fallido de inventar una poética que suplanta el misterio del mundo, utilizando la palabra exacta para reemplazar aquella que en proceso del nombrar se da por perdida, en esta poética se muestra el ejercicio del poeta. La palabra es la clave y el origen, la palabra es acción: para el poeta decir es acceder a la certeza de la existencia y a la posibilidad de argumentarla. La palabra debe ser como la sombra, que va allí donde uno va. Y aquí es ineludible justificar una vez más a la poesía, aunque ella no lo necesite, pero aquí va lo que Riechmann dice sobre las posibilidades y la existencia de la poesía: «¿Qué puede la poesía?, les preguntamos una y otra vez a los poetas. La poesía puede recordarnos que somos mortales, y que sabemos de resurrecciones; que la frágil lumbre de la conciencia está entretejida de palabras, y que éstas son material inflamable; que no tenemos que aceptar las definiciones de lo nombrable y lo innombrable impuestas por el Amo; que la belleza siempre está ahí, dispuesta o posible; que la tragedia forma parte de nuestra condición, que el ser humano aspira a lo abierto y merece superar los espacios de reclusión y oclusión.» hacemos nuestras estas palabras de Riechmann y agregamos que la poesía es también una canción que no termina y seguirá sonando en la eternidad, casi como la existencia del tiempo que la mide.


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(Fotografía tomada amablemente del Blog "La boca del sapo" Literatura y otras piedras, de nuestro amigo Juan Yufra).

miércoles, 18 de marzo de 2009

RESULTADOS DE LA XV BIENAL DE CUENTO «PREMIO COPÉ INTERNACIONAL 2008»


Ayer se publicaron en la página Web de Petroperú los resultados de la XV Bienal de Cuento «Premio COPÉ Internacional 2008», y estos son los resultados:

El Jurado Calificador de la XV Bienal de Cuento «Premio Copé Internacional 2008», que se reunió en las instalaciones de Petróleos del Perú la tarde del viernes 13 de marzo, deliberó durante una hora y media. De un total de mil setenta y seis trabajos participantes, seleccionó cuarenta y cinco obras semifinalistas, entre las cuales el cuento «Relámpago inmóvil» obtuvo el Premio Copé Oro y su autor —además de ver publicado su relato bajo el sello Ediciones Copé de Petroperú— recibirá la suma de 20.000 nuevos soles. Tras abrir el sobre —ante la presencia del notario Rubén Soldevilla Gala— en cuya parte exterior se consignó el seudónimo «Valferno», se determinó que el ganador es Pedro Ugarte Valdivia.

Pedro Ugarte Valdivia (Cuzco, 1951) estudió Economía en la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco. Siguió un diplomado con distinción en The London School of Foreing Trade (Reino Unido) en la especialidad de Business Studies. Ha sido finalista en la XII Bienal de Cuento (2002) con el cuento «El lienzo». Obtuvo también el Premio Regional de Cultura a la Creación Artística y Científica 2006 —organizado por el INC-Cuzco—, en la categoría cuento, por el relato «Esfinge de viento». Ha participado en los libros colectivos de cuentos Las mujeres más sufridas son los hombres (2003) y Los comensales de la mesa negra (2004).

De acuerdo con el Jurado Calificador —integrado por Pedro Cateriano, en representación de Petroperú; Ricardo González Vigil, de la Academia Peruana de la Lengua; Ricardo Silva Santisteban, de la PUCP; Jorge Valenzuela, de la UNMSM; y Jaime Campodónico, del INC—, el cuento ganador, escrito con espléndida prosa, despliega una rica imaginación de corte fantástico que, con ironía e ingenio, a través de escenarios y personajes históricos, recrea el factor azaroso y el componente enigmático en los acontecimientos humanos.

Además, el Jurado Calificador decidió otorgar el segundo y tercer puestos a Juan Torres Gárate (Tacna, 1947) y a María Laura Massolo (Buenos Aires, 1954), por los cuentos «Operación Cóndor» y «El diablo es inocente», respectivamente. Torres Gárate, quien es docente por la Universidad San Agustín de Arequipa y finalista en dos oportunidades en las Bienales de Cuento «Premio Copé», recibirá 15.000 nuevos soles por obtener el Premio Copé de Plata. Massolo, quien tiene siete libros (narrativa y poesía) publicados y diversos premios argentinos e internacionales, recibirá 10.000 nuevos soles por obtener el Premio Copé de Bronce.

Según las bases del concurso, Pedro Ugarte Valdivia, Juan Torres Gárate y María Laura Massolo verán sus cuentos impresos en la próxima publicación de Ediciones Copé —«Relámpago inmóvil» y los cuentos ganadores y finalistas de la XV Bienal de Cuento «Premio Copé Internacional 2008»—. En este libro participarán también los argentinos Max Sznaider, Federico Ferroggiaro y Atilio Alberto Verón; el mexicano Miguel Ángel Ortega; el peruano-español Crisanto Pérez; y los peruanos Leonor Zaa, Oswaldo González, Rocío Castro, Jaime Begazo, Miguel Ruiz Effio, Edmundo Motta, Luis Fernando Arriola, Guido Javier Valdivia, Sócrates Zuzunaga, Pedro Valera, César Silva-Santisteban y Rossana Díaz Costa.

Pedro Ugarte Valdivia, Juan Torres Gárate y María Laura Massolo serán premiados el jueves 23 de abril (Día del Idioma) en el Auditorio de Petroperú (avenida Canaval Moreyra 150, Lima 27), junto con el ganador de la I Bienal de Ensayo «Premio Copé Internacional 2008», Gregorio Martínez. Asimismo, el libro «Relámpago inmóvil» y los cuentos ganadores y finalistas de la XV Bienal de Cuento «Premio Copé Internacional 2008» será publicado y presentado en julio de 2009, como parte de las celebraciones por los cuarenta años de vida institucional de Petróleos del Perú y por el 30º aniversario del Premio Copé.

Cuentos finalistas:

• «El infinito rostro de Celina» de Max Sznaider (argentino).
• «La cómoda, una excelente compra» de Federico Ferroggiaro (argentino).
• «Campanario» de Leonor Zaa (peruana).
• «Veneno» de Oswaldo González (peruano).
• «Puesta en escenas» de Rocío Castro (peruana).
• «Un hombre desvanecido» de Miguel Ángel Ortega (mexicano).
• «Nieve en Madrid» de Jaime Begazo (peruano).
• «Descifrando a Lulú» de Miguel Ruiz Effio (peruano).
• «Visita del abuelo al anochecer» de Edmundo Motta (peruano).
• «Ajuste de cuentas» de Luis Fernando Arriola (peruano).
• «Relato de un náufrago (en Nueva York)» Guido Javier Valdivia (peruano).
• «Don Quijote en los Andes» de Sócrates Zuzunaga (peruano).
• «El campaneo» de Pedro Valera (peruano).
• «Sin noticias de Carriego» de Crisanto Pérez (peruano-español).
• «La virgen de los rosários» de César Silva-Santisteban (peruano).
• «El desierto» de Rossana Díaz Costa (peruana).
• «Desde el balcón» de Atilio Alberto Verón (argentino).

También se publicó la nota del resultado de la I Bienal de Ensayo «Premio Copé Internacional 2008» cuyo ganador es Gregorio Martínez. Los finalistas son:

Demócratas precarios por Eduardo Dargent Bocanegra (peruano).
Déjame que (me) cuente: Intelectuales limeñas en el Perú de los cuarenta (Mc Parlin, Luna, Holguin) por Mariana Libertad Suárez (venezolana).
Tras una lengua de papel por Carlos Garatea Grau (peruano).
Limanerías por Juan Manuel Chávez (peruano).
Imágenes contra el olvido: El Perú colonial en las ilustraciones de fray Diego de Ocaña por Beatriz Peña Núñez (venezolana).
Clamando desde el abismo. Sermones y providencialismo en la historia del Perú por «Egmont».

martes, 17 de marzo de 2009

Blanca Varela. Yo mujer, yo poeta, yo universo


Blanca Varela
(1926-2009)


Su voz, su palabra, tiene tanta fuerza, tanta vida, que desconcierta. Ir a su poesía es una experiencia irrepetible. Un hallazgo constante y apasionado. Aquí, nuestra poeta mayor, se mira a sí misma en unos fragmentos de entrevistas a cargo de Rosina Valcárcel y Y. Pantin. Forman parte de un libro esperado.

Cuando a los siete años garabateé mis primeros versos, mi abuela y mi madre reaccionaron como suelen reaccionar los seres que nos quieren: piensan que todos en la familia —entre comillas— son muy inteligentes. En realidad, en casa era una especie de costumbre hacer versos. Eso viene desde atrás, un poco también entre comillas.






Quizás el hecho de haber sido criada en un hogar de mujeres influyó en mi capacidad de observar el mundo, el entorno (...) Indudablemente la presencia de mujeres afinó en mí esa capacidad de mirar. Somos por naturaleza muy observadoras.

El hecho de que mi padre no viviera con nosotros no es condición definitiva para que algunos lectores perciban en mi poesía la ausencia de la figura paterna. Mi padre era una persona a quien yo quería mucho y con el cual tuve una muy buena relación. Es verdad que no estaba en el hogar, como presencia, pero era una persona a quien yo quería y con la cual tenía amistad, que es una cosa mucho más bonita (...) Mi padre era una persona crítica, una persona muy divertida, que decía cosas a veces duras, pero con tanta gracia, además con mucha sabiduría (...) Fue una de las personas que determinó mis gustos literarios, claro que sí.




Siempre he sido bastante solitaria y además me entretenía mucho conmigo misma. Era fantasiosa, según término que usaba mi abuela. Siempre estaba creando situaciones y personajes. De pronto, por estados de ánimo, me imaginaba una situación triste o una situación romántica, aun desde muy pequeña. Yo creo que no me sentía sola en absoluto. La sordera de Dios es evidente, hasta hoy la siento.

El poema "Puerto Supe" ("Aquí en la costa tengo raíces,/ manos imperfectas,/ un lecho ardiente en donde lloro a solas") lo escribí recién llegada a París. Lo considero como un poema inicial. Es un poema en el cual me enfrento con un país, con una sociedad, con una situación.

Yo era una chica peruana que había llegado a París en condiciones modestas, recién casada, buscando conocer cosas. Sentí muy fuerte la indiferencia, es decir, mi identidad se hizo muy insistente. No es que la tuviera formada, tal vez, pero comenzó a formarse como una especie de gran dolor y añoranza de lo otro. Entonces, cuando me refiero a mi infancia, me refiero al Perú, a la sociedad peruana.

Los seres humanos no tenemos mucho tiempo para hacer lo que quisiéramos hacer y tal vez tenemos limitaciones. (...) Me hubiera gustado en un momento ser una heroína. Cuando era más joven sentía que era capaz de dar la vida por algo. Ahora ya no, ya mi vida vale poco, son muy pocos los años que me quedan, ya qué puedo dar. ¿Me comprendes? Es importante la juventud, pero siento que la juventud ignora el valor que tiene el potencial de la existencia. (...) A mi manera he luchado, en un aspecto que tal vez es muy hermético, como es el de la poesía misma. Ha sido un trabajo muy solitario.

Yo siempre he tenido el problema de la sobrevivencia, me casé con un pintor que no tenía plata, teníamos que trabajar; teníamos que ir adelante, no tenía dinero ni fortuna familiar, no la tenía; había nacido cuando ya la familia se había ido al suelo, estaban viviendo muy modestamente con ciertos estilos, que no era lo real.

Entonces sí, yo he tenido antenas muy grandes y mucha suerte de conocer a Cortázar, a Paz, de salir de este grupo maravilloso del Perú, de haber sido tan amiga de Sebastián Salazar Bondy, de Raúl Deustua. Yo era muy jovencita, ingresé a San Marcos cuando tenía 16 años, sabes lo que es eso... Mira qué rebelde era, no pensé en la Católica, no pensé en nada de eso; pensé en San Marcos.

Cuando mi hijo Lorenzo tenía catorce años, pasaba al lado mío y no me veía, como si yo no existiera, como si fuese transparente. No sabes cómo me dolía. Entonces escribí "Casa de cuervos".



(...) Te hago una confesión: a mí no me gusta mi poesía, pero es la única que puedo escribir. Es una poesía honesta; no podía haber escrito de otra manera. Si hubiera querido fingir un mundo feliz no hubiera podido hacerlo. Mi apreciación del mundo es el de un mundo difícil, duro, a veces hermoso. A pesar de todo, es gratificante tener conciencia de todo ello. (...) ¿Por qué no me gusta mi poesía? Tal vez porque soy una insatisfecha, creo que es el destino de toda persona que aspira a ser auténtica; eso sí, creo que ser auténtico es buscar siempre algo que uno no alcanza.

Yo miento mucho. Pero miento en las cosas pequeñas, es curioso, en las cosas que no tienen importancia, digo mentiras tontas; te dije que el lunes es el cumpleaños de mi madre, pero no es así, es el cumpleaños de una de mis nietas. No sé por qué te dije eso. Quien no miente es la poesía, ¿cierto?

Entre mis temas recurrentes están el mar, el tiempo y el color, desde el primer poemario hasta el último. Y algo más, el equilibrio, la forma no es la clásica (...) Tengo la absoluta preocupación de ordenar. No creas que es un orden formal, pero sí de poner las cosas en sus lugares, en los lugares que yo creo que deben de estar; soy arbitraria también. Tengo una gran necesidad de saber dónde están las cosas, no puedo vivir en el caos. ¿Sabes por qué? Tal vez porque mi esencia es caótica, la única manera de alcanzar una dureza, una permanencia dentro de mí es ordenando mi entorno. Tengo una gran capacidad de delirio y de locura, que tienen todos los seres humanos que piensan; sin embargo, yo creo en el orden. Me gusta controlarlo todo y a la vez tengo un gran autocontrol, yo creo que sí.

Un psicoanalista amigo mío, un hombre brillante, Max Hernández, me dijo que yo era más padre que madre. Qué curioso, ¿no?

Te confieso que recién cuando tengo hijos tengo sentimientos estables y legítimos; compromisos realmente. Antes no, tan era así que podía estar muy enamorada, lo he estado, amar mucho a algo o a alguien, sin embargo todo era digamos no necesariamente efímero, pero no era permanente, era algo que podía pasar. En el caso de los hijos es diferente, los hijos me dieron una gran estabilidad, me colocaron en un lugar en la naturaleza y tal vez en mi mente también.



Es probable que la pérdida de mi hijo Lorenzo algo me haya cambiado, no lo sé con exactitud. Es tal el contacto con el escándalo, con el horror de la muerte. ¿Quieres que te diga una cosa? Aunque suene escalofriante, casi no me sorprendió. Eso es terrible, porque es algo que yo esperaba. Creo que hay que esperar esas cosas terribles, ese es el destino en la vida, pero no lo esperaba evidentemente. A la última persona que hubiera esperado que le sucediera era a uno de mis niños.

¿Que cómo me autopercibo? Es una pregunta difícil. Creo que mi sensualidad y mi sexualidad controlan mi inteligencia de alguna manera, de veras creo eso. Te diré la verdad, el humor negro, todos esos elementos existen en mí, es parte de mi idiosincrasia, de mi forma de ser, pero creo que no soy en absoluto inteligente cuando escribo poesía. Es una cosa absolutamente de intuición y no sé cómo lo hago, indudablemente es un conocimiento que he adquirido (...) Funciona cuando trato los adjetivos, cuando repito cosas, cuando uso algunos silencios y ciertos elementos. Cuando me releo me doy cuenta de todo esto.

Yo he sido una mujer muy seductora. A veces me miraba en el espejo y me encantaba, ese brillo de la mirada. Hasta que no me gusté más. Cuando era joven e iba a las fiestas, me fijaba en el hombre más guapo de la reunión, y ¿puedes creerlo? enseguida estaba al lado mío y me invitaba a bailar. Pero siempre resultaban tan aburridos...

No me gustan las mujeres pero tampoco me gustan los hombres (...) Odio a los hombres con las uñas arregladas, me horroriza la idea de que una mano así me toque. Es extraño, pero cuando era joven y vivía en París, me gustó un hombre pequeño, feo, con una pelusa en la cabeza y gotas de sudor sobre el labio. Yo no podía creerlo, qué me está pasando, pero me gustaba, tenía algo.
(...) Mis mejores amigas son mujeres que no tienen que ver con la literatura. Hay pocas, pero viejas amigas, otras mucho más jóvenes que yo; me resulta más fácil.

Yo no digo lisuras, pero ahora me gustaría decir: Carajo. ¿Ustedes dicen carajo? Quiero irme al quinto coño. No quiero despedirme de nadie, odio las despedidas.
Voz celebrada en todo el mundo




Es una de las voces poéticas más importantes en América Latina. Blanca Leonor Varela Gonzales nació el 10 de agosto de 1926. Ingresó a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en 1942 para estudiar Letras y Educación. Allí conoció a Sebastián Salazar Bondy, Javier Sologuren, Jorge Eduardo Eielson, más adelante con esos compañeros integrarían la Generación del 50. En 1946 conoce a quien sería su esposo, el pintor Fernando de Szyszlo. Por esos años asiste a las tertulias de la Peña Pancho Fierro de Alicia Bustamante. En 1949 viaja con Szyszlo a París, donde entraría en contacto con la vida artística y literaria de la mano de Octavio Paz. En 1960 regresa a Lima para establecerse definitivamente. Tuvo dos hijos: Vicente y Lorenzo. En 1996 fallece Lorenzo en un accidente aéreo. Ganó el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.

Un libro esperado. Nadie sabe mis cosas. Reflexiones en torno a la poesía de Blanca Varela, de Mariela Dreyfus y Rocío Silva Santisteban, será presentado mañana a las 7 pm. en el Congreso de la República. Allí figuran las entrevistas de Rosina Valcárcel y de la venezolana Yolanda Pantin.





"...Qué bueno que en este invierno callado de tu vida, cada vez más gente lo sepa también, y te lea, te quiera, te premie y reconozca en ti toda la inmensa sabiduría, talento y humanidad generosa que has contagiado a tu alrededor, con que has escrito y vivido la poesía".


Mario Vargas Llosa



"Su poesía no explica ni razona. Tampoco es una confidencia... Es una piedra negra tatuada por el fuego y la sal, el amor, el tiempo y la soledad. Y una exploración de la propia conciencia".


Octavio Paz



"Nos acerca a la historia literaria, a los grandes caminantes como Basho, a los simples viajeros y navegantes, y también a sí misma, pues para llegar a ser joven –dice la poeta– se necesitan muchos años".

Carmen Ollé



"Huyendo de las academias o los oropeles del mercado, ha urdido una obra lúcida y estoica, cuyo propósito fundamental es transmitir al lector el aprendizaje de la muerte en medio de la voracidad de la vida".


Rocío Silva Santisteban


"Yergue su poesía en legítima defensa contra las coartadas del sentimentalismo, y el ámbito familiar y los ritos sociales que enmascaran y asfixian la naturaleza humana".


José Miguel Oviedo




lunes, 16 de marzo de 2009

"Soy rebelde porque el mundo es injusto": Blanca Varela


(1926-2009)

Blanca Varela la poetisa limeña ha fallecido. Un largo silencio precederá a los homenajes y reconocimientos. Un largo silencio, para cultivar y contemplar, a través de los tiempos, su gran obra poética.


Como escribió Octavio Paz en el prólogo de su primer libro Ese puerto existe: “Blanca Varela es una poeta que no se complace en sus hallazgos ni se embriaga con su canto. Con el instinto del verdadero poeta, sabe callarse a tiempo”. Ya entonces el autor mexicano atisbó que el elemento fundamental de la poesía de Varela era el silencio.


“Siempre me he visto abocada al vacío. Lo que callo es precisamente lo que siento", comentó Varela, poco tiempo después de haber sido galardonada con el Premio Octavio Paz, el reconocimiento más importante de la lírica en letras hispanas.


En mayo del 2002, en una entrevista concedida a la agencia española EFE, a propósito de la publicación de su obra completa en el volumen titulado Donde todo termina, abre las alas, la gran escritora peruana aseguró que sus versos brotaban “del maldito castigo” de la pérdida, del “abandono y tristeza” que siempre había sentido. Varela reafirmó el sentimiento de su pluma al decir que su libro reflejaba el alma de una mujer “rebelde porque el mundo es injusto”.
La poesía marca un rumbo en la vida.


En tal sentido, la poesía no es vocación, sino “devoción”, saldar una cuenta con Dios, confesó la poetisa.


Respecto al miedo al éxito, aseguró que “eso ya me pilla lejos. Ahora estoy cansada y quiero ser tan anónima como he sido siempre”. Contó que durante su niñez, en su casa todos escribían, se leía mucho y que hasta su madre hablaba en verso.


Pero un día –relató en la entrevista– un sacerdote le dijo que si se negaba a seguir leyendo a Emile Zola no le absolvía de su pecado y fue entonces cuando decidió alejarse de la Iglesia, un alejamiento que se convirtió en una vuelta de espaldas hace unos años cuando murió uno de sus hijos.


“Por qué Dios tiene ese empeño en arrebatarnos lo más bonito de nuestras vidas?”, se preguntó Blanca Varela en aquella oportunidad, para quien su única fe era la palabra, “el túnel luminoso” –como ella lo llamaba– que exploró junto a figuras como César Vallejo, Breton, Neruda o Simone de Beauvoir y que le mostró “el camino de la superviviencia”.


Varela, que escribía poesía desde que era veinteañera, reconocía que su obra no era muy extensa y confesó que necesitaba volver una y otra vez a sus poemas de antaño y cincelarlos para que “siempre sean míos y no una realidad ajena”.


(Información de Centro de Documentación Periodística del Grupo La República y EFE, mayo del 2001).

domingo, 15 de marzo de 2009

Memoria y poesía de Blanca Varela



Recuerdo y semblanza de la gran poeta peruana que nos dejó esta semana, en esta ocasión José Miguel Oviedo escribe sobre de la entreñable poeta Blanca Varela.


José Miguel Oviedo



Para mí, la muerte de Blanca Varela es una doble pérdida: desaparece una amiga entrañable y una poeta que yo admiraba mucho como una de las figuras más importantes de la poesía peruana y de todo el continente.


Mi amistad con Blanca es muy larga y debe haber comenzado hacia 1961, después de que Sebastián Salazar Bondy me la presentó en pleno centro de Lima, tras haber vivido ella en Estados Unidos. A partir de entonces, empezamos a vernos con mucha frecuencia y en diferentes lugares: en su casa, en reuniones con otros amigos, con José María Arguedas en la Peña Pancho Fierro (allí conocimos a Carlos Fuentes) o en casuales encuentros que nos permitían charlar en privado. Hablábamos de todo –de libros, de arte, de otros amigos, de anécdotas de la vida literaria, a veces entre risas–, pero tengo una duda: ¿me habrá hablado alguna vez de ella misma como poeta, como “intelectual”? Creo que Blanca tenía un gran pudor, una timidez cerval –casi una aversión–, que le hacían difícil tocar esos temas tan frecuentes en otras personas que se autoglorifican por el simple hecho de dedicarse a tareas intelectuales o artísticas.

Esa auténtica y elegante discreción, que yo tanto apreciaba, tuvo un efecto, indeseado pero que ella asumió plenamente, sobre su producción poética: su obra fue, sobre todo al comienzo, exigua y discontinua. Sospecho que no se sentía muy segura de lo que escribía y que la idea de publicar quizá le producía una sensación de incomodidad o la de estar reclamando una atención que no merecía. Por eso comenzó a hacerlo un poco tarde: sólo gracias al estímulo y apoyo de Octavio Paz, a quien conoció en París –un período clave para ella–,publicó Ese puerto existe (1959), su primer libro, que lleva el tan citado prólogo de Paz, quien además le sugirió el título. Yo mismo puedo ahora revelar algo que pocos saben: tuve que vencer su natural resistencia y casi arrancarle de las manos el original de Valses y otras falsas confesiones (1972), para que lo publicase en el Instituto Nacional de Cultura. Y, por cierto, huía de recitales y cualquier clase de presentaciones públicas.

Sólo después de la aparición en México de su primera recopilación Canto villano (1986), los lectores del continente pudieron descubrir quién era realmente ella: una notable poeta, una voz original que expresaba la inquietud y el malestar profundos del vivir concreto. Hay en su poesía una constante sensación de ansiedad casi imposible de calmar: si todo está acosado por la mentira, la falsedad y el engaño, ¿cómo asegurarse de que sus propias palabras no sean parte de la misma absurdidad y traición que trata de conjurar?

Esa cuestión es el trasfondo del acto poético y, en verdad, de todo gesto estético. Pero sus referencias al mundo doméstico, el familiar y aun el social están siempre exentas de todo patetismo o prédica fácil. Su visión es agónica, pero contenida, austera, lúcida, intensa y a la vez contenida: nos revela su intimidad pero a través de una veladura, como la del pudor con el que vivió. Saber que hemos perdido esa voz es algo a lo cual será muy difícil acostumbrarnos.


Diario La República 14 de marzo 2009.

jueves, 5 de febrero de 2009




Por: Ricardo González Vigil




En su importante antología “La narración en el Perú” (1956) Alberto Escobar sostuvo, certeramente, que la orientación realista era la principal en la narrativa peruana, ya que la literatura fantástica resultaba secundaria en cantidad y calidad. Admitiendo que el designio realista era el predominante en los relatos peruanos, en la notable “Antología del cuento fantástico peruano” (1977) Harry Beleván probó que nuestra literatura fantástica no era tan escasa en frutos admirables, varios de ellos a cargo de autores fundamentales no vinculados normalmente con lo fantástico (López Albújar, Valdelomar y Ribeyro).



Hay que tener en cuenta que en los veinte años transcurridos entre el aporte de Escobar y el de Beleván el interés por la literatura fantástica había crecido entre los autores peruanos. Le debemos páginas perdurables de la llamada Generación del 50, compuestas por José Durand (tardíamente las reunió en el magistral libro “Desvariante”, 1987), Luis Loayza, Manuel Mejía Valera, Luis Rey de Castro, Luis León Herrera, Felipe Buendía y el citado Ribeyro, aparte de que en años recientes Enrique Congrains ha abandonado el cuño neorrealista de sus años juveniles; y de escritores pertenecientes a las hornadas de los años 60 y 70: Rodolfo Hinostroza (con una obra mayor, “Cuentos de extremo occidente”, 2002, tejida después de la antología de Beleván), Eduardo González Viaña, Julio Ortega, Edgardo Rivera Martínez, José Adolph, Gastón Fernández, Nilo Espinoza y el propio Beleván.


Tres decenios después de la contribución de Beleván, la literatura fantástica goza de buena salud en el Perú. Baste revisar los tomos del Premio Copé con los cuentos ganadores y finalistas. En concordancia con ello, varios estudiosos le están prestando atención creciente a la vertiente fantástica, siendo la antología más completa la enhebrada por Gonzalo Portals: “La estirpe del ensueño” (dos ediciones en años recientes). Dentro de ese marco, se sitúa ahora “17 fantásticos cuentos peruanos/Antología” de los jóvenes cuentistas y periodistas Gabriel Rimachi Sialer (Lima, 1974) y Carlos M. Sotomayor (Lima, 1975).


En cuatro casos (Víctor Miró Quesada, Gonzalo Málaga, Fernando Sarmiento y Julio César Vega) su selección apuesta por autores poco o nada reconocidos todavía, lo cual es rescatable porque hay mucho por descubrir en la actual narrativa peruana. Elogiemos aquí la consistencia artística con que Fernando Sarmiento retrata al superhéroe Batman envejecido y deprimido, incapaz de conectar con la delincuencia mediocre (sin supervillanos) pero generalizada que se ha ido imponiendo en la ciudad.


Echamos de menos un deslinde de lo fantástico frente a lo meramente insólito (improbable pero posible) u onírico, no se diga el realismo mágico (por ejemplo, un ser alado como un ángel) y el juego metaliterario (o con personaje de ficción).


MUESTRA ACTUAL




Se trata del primer volumen de una antología de la narrativa fantástica peruana. Incluye a dos autores mayores, pilares de la literatura liberada del realismo: José B. Adolph (1933-2008) y Carlos Calderón Fajardo (1936). El conjunto más nutrido corresponde a quince voces de las dos últimas décadas, algunas ya consagradas como expresiones significativas del relato fantástico (Prochazka y Güich, sobre todo); otras, normalmente vinculadas con el realismo o la novela negra, aquí prueban que su registro creador es amplio y diversificado (Roncagliolo, Piérola y Rengifo son los ejemplos pertinentes).

miércoles, 4 de febrero de 2009

"Aquí no falta nadie", mejor antología de poesía 2008


Aquí no falta nadie
Walter L. Bedregal Paz
Grupo editorial "Hijos de la lluvia"
&
LagOculto editores



Escribe: Luis Pacho (*)






Se puede discutir su ampuloso prólogo. Se puede no estar de acuerdo con la herramienta teórica utilizada. Incluso se puede objetar la ausencia de tal o cual escritor tradicional, mayor o joven, o disentir respecto de los que sobran en el libro. Se puede cuestionar los criterios adoptados por el autor, e incluso los errores de edición. Pero si algo en el que tirios y troyanos estarán de acuerdo es que, AQUÍ NO FALTA NADIE, ha desatado polémica, y es el libro que mayor crítica sana o insana ha recibido en el decurso de los últimos años. Y claro, ha trascendido fácilmente las fronteras de Puno, y ha sido leído con fruición en casi todos los círculos de la literatura peruana.



Hay que recordar que importantes y reconocidos críticos y estudiosos de la literatura peruana y regional han dado su opinión en torno al libro, todos aparentemente elogiosos. Caso Ricardo Gonzáles Vigil, Juan Zevallos Aguilar, José Gabriel Valdivia, Ricardo Virhuez, José Luis Córdoba, Percy Zaga, Juan Luis Cáceres Monroy, entre otros. Y no es para menos, se trata de un recuento desde los fundacionales Alejandro Peralta y Carlos Oquendo de Amat, pasando por el gran poeta vivo Efraín Miranda Luján, hasta concluir en la llamada Generación del ´90. Sólo 21 poetas para un periodo de cien años.



Ocurre, sin embargo, que un sector de la literatura puneña cree porque pertenece al establishment literario local (¿si existirá?) o porque creen que tienen el respaldo académico, pueden hacer sacrosantas evoluciones del proceso literario puneño en un ensayo y/o una antología. Dicen que no hay peor ciego que el que no quiere ver o que no hay peor sordo que el que no quiere oír. En este mundillo literario local, ya lo dijimos, es fácil engatusar, falsear, despistar o callar las bondades de un libro. Por eso, quedará para la anécdota los resquemores, las pataletas y las rabietas de algunos de nuestros escritores mayores de Puno y aquellos jovenzuelos que, dándose de grandes estudiosos y conocedores de la literatura y la historia puneña, traten de silenciar mediocremente en uno que otro cursito de capacitación docente o en cuanta entrevista son “invitados”. Pero el asunto siempre ha sido bastante sencillo: el tiempo y los lectores, son y serán los mejores críticos.

martes, 3 de febrero de 2009

"Un poco de aire en una boca impura", mejor libro de poesía 2008



El color local

Por Johnny Barbieri


Sobre Un poco de aire en una boca impura (Ediciones Altazor, 2008) de Ricardo Ayllón



Lo primero que se observa en “Un poco de aire en una boca impura” de Ricardo Ayllón es la sensación de verse ante un poemario producto de un proceso que ha afirmado una maduración estética sorprendente. Es así que desde su poemario Almacén de invierno hasta este que hoy nos ocupa se ha ganado en una propuesta temática más ambiciosa y con un sentido más abierto, y en una exploración de la forma, particularmente, más actual y de mayor logro estético.


La poesía como todo arte debe procurar, a través de los recursos o soportes utilizados, la concreción de un producto que abiertamente se presente como todo de creatividad, tamizado, necesariamente, por la razón. En Un poco de aire en una boca impura ese constructo está fundido en ser y esencia, en cerebro y corazón; existe un genius loci que domina todo y que en la voz del autor se ha hecho intensa e íntima.


El poemario está compuesto de cuatro secciones. La primera En la bahía, consta de cinco poemas, quizás los más alegóricos del libro, donde el autor se ha permitido envolvernos en una mitología que pretende, sobre todo, sublimar el espacio, “En cascurno, en Unicré, en Lopino, las bellotas crecían como animales recelosos y enhiestos…”, explicados debidamente en notas a pie de páginas. Los lugares refieren a zonas de la bahía de Chimbote, que siendo el lugar natal del autor, se han convertido en verdaderos asideros de significación intimista (adhesión apasionada por el terruño): núbil niñez, tenaz adolescencia, furtivos amores de juventud y, sobre todo, recuerdos y nostalgia “…la época de volver sobre los blandos dominios de la voz e invocar la consistencia del mar, su origen, esa puerta segura de la que no conocimos sino su mortandad entre peñascos y gritos.”


En la segunda sección Instrucciones para tu delirio el autor se desprende de todo tipo de referencia mitológica, como desprenderse de todo atavío y quedar desnudo mostrando lo más íntimo que, en esta parte del libro, es aquella dimensión que puede abarcar el amor, en todas sus formas, sobre todo, en cierta animación del espacio que vuelve a ser evocador nuevamente. Existe la intención de hacer fácil la lectura quitándole la complejidad formal, pero que mantiene aún ese ritmo trepidante que caracteriza todo el libro, “como eco de piedras fragmentadas en el aire, como cántico rasgado por los oídos sordos de la noche, así suenas…”


La tercera sección, personalmente la que más he disfrutado, incluso lleva un título mucho más sugerente, que tranquilamente podría haber sido el título del libro, crónica del guardián del piélago aquí encuentro poemas más logrados a base de una estructura suprarreal como en los poemas, Ah vanidad, Pese a todo, Ahora, entre otros. Pareciera que Ayllón encarnara ese custodio de la memoria, de la infancia, de la ciudad con sus espacios entrañables que se han forjado en torno al mar, es por ello que el mar lo abarca todo porque lo es todo, diría incluso, el mar se ha hecho próximo para palparnos, alcanzarnos, acariciarnos la piel “Yo le puse al mar un nombre, /lo llamé Domingo.


La cuarta y última sección del libro Cuaderno de obcecaciones pretende ser una suerte de epílogo construido en base a cierta obcecación, a cierto estado febril de insomnio, por ello la reducción de los vivaces colores de luz, a tenues sombras, recuerdos, lamentos, el silencio se ha acentuado, hay fuego consumiéndose, resplandor apagándose. Ayllón medita en torno a un pasado, ese pasado que ahora está lejano, y que no siendo malo pudo ser mejor. Su reflexión se ha vuelto pesimista y hasta alcanza a ser inquisidora. Y termina la sección con un poema de defensa a la familia, que es defensa al Yo, defensa al pasado, defensa a todo lo vivido.Este libro sorprende porque no se limita en ser un libro bien escrito, sino en ser un libro de apuesta. No se trata de captar las efusiones de la naturaleza y expresarlas tal cual llegan a ti, sino de reinventarlas, de hacerlas tuyas, es allí donde radica el valor de todo gran libro.



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Johnny Barbieri* (Texto leído en la presentación del poemario “Un poco de aire en una boca impura” de Ricardo Ayllón, en la Alianza Francesa de Miraflores, Lima, el 25 de Marzo de 2008)
*Johnny Barbieri: Nació en Lima el 01 de junio de 1966. Estudió Lengua y Literatura en la Universidad Nacional Federico Villarreal y Sociología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. En 1990, con un grupo de amigos, activó la agrupación poética Noble Katerba. Además integró en 1995 La Mano Anarka, un grupo de resistencia contra la dictadura y la intervención universitaria. Ha participado en múltiples recitales y ha publicado en diversas revistas y diarios del medio. Ganador del premio HORACIO con la obra Viajando a Nairobi 2003. Es autor de los poemarios Branda y la Mesón de los Pandos (1993), El Libro Azul (1996), MAKA (1999), Jugando a ser Dios (2000), Carne de mi Carne (2002), La Virgen Negra (2003), Libro Hindú (2005) y Yo es otro (2007). Estudió la Maestría en Literatura Peruana y Latinoamericana en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Actualmente preside el proyecto editorial Casa Barbieri Editores.


Lima, Marzo 2008

lunes, 2 de febrero de 2009

"Hijos de la luna", mejor libro de cuentos 2008



HIJOS DE LA LUNA


Gustavo Adolfo Chávez Delgado



Hijos de la luna es un conjunto narrativo insólito en el que su autor presenta una bipolaridad estilística claramente identificable: por una parte están los cuentos cortos, de trama sencilla y final inesperado, y por otra, una historia que gira alrededor de lo fantástico, el largo aliento y los personajes sobrenaturales. Esta particularidad permite avizorar el arribo de un cuentista audaz, que rechaza el estancamiento temático y pretende definir su temperamento narrativo en la multiplicidad ficcional.


Gustavo Adolfo Chávez Delgado fortalece tal ejercicio, ahora, con la atención que le presta al drama personal a partir de personajes fustigados por el desconsuelo, las injusticias y la muerte; lo cual funciona como un inquietante cuestionario que nos aguarda con la urgencia de las grandes preguntas humanas.


Gustavo Adolfo Chávez Delgado nació en el puerto del Callao, el 7 de noviembre de 1984. Es el sexto de siete hermanos y un gran lector. Sus primeros años pasaron entre Las mil y una noches, Tradiciones peruanas y sus incontables viajes a la ciudad de Ica, donde vivió la mayor parte de su adolescencia. Empezó a escribir a muy temprana edad y es amante de las películas de terror y suspenso. Estudió en el SENATI pero nunca dejó de escribir. Concluye en la actualidad un nuevo libro, el poemario El principio del fin, con el cual espera completar el inicio de su carrera como escritor.

domingo, 1 de febrero de 2009

"La línea en medio del cielo", mejor novela 2008




PALABRAS DE PRESENTACIÓN. FERIA DEL LIBRO RICARDO PALMA
LA LÍNEA EN MEDIO DEL CIELONovela de Francisco Ángeles




Por Fernando Ampuero





Sobre La línea en medio del cielo, novela de Francisco Ángeles –joven hombre de letras y hoy famoso cibernauta (administrador del visitado Porta 9, blog de disección literaria) – quiero decir algo que tal vez suene muy sencillo, pero que, en mi forma de entender la literatura, constituye un elogio mayor: La línea en medio del cielo es un muy buen primer libro, que se lee con gran interés y muy rápido (en un par de horas, a lo sumo), y que además, por si fuera poco, dejará inquietantes resonancias en sus lectores, quienes al concluir la lectura no podrán resistir la tentación de volver sobre sus páginas a fin de releer uno que otro fragmento o capítulo. Esto último quizá se deba a que estamos ante ese tipo de obra en las que uno siente que el autor nos escamotea ex profeso algunos datos, pero sin hacernos trampa. Más claro: los datos perdidos andan por ahí, flotando en las entrelíneas, o bien inteligentemente dispersos en el éter de la lectura, en el tránsito de los episodios, en alguna posible reconexión. La novela de Ángeles, a mi criterio, se inscribe sesgadamente en la tradición de tres respetables mentores: Franz Kafka, Witold Gombrowicz y Jorge Luis Borges. Se respira aquí la atmósfera kafkiana, el clima de complot y de delirantes conjeturas de Gombrowicz, el ansia de asombro de algunos relatos borgianos que nos recuerdan a Chesterton.


La línea en el medio del cielo, de alguna manera, es una suerte de policial metafísico. No es una novela realista, sino más bien una novela sobre los orígenes de la realidad. Nada de lo que leemos es lo que parece ser, y viceversa. La vida y la ficción, digamos, son un acertijo por descifrar, un punto de tortuosos entrecruzamientos y un nivel oculto de comprensión y de emociones que solo un grupo de iniciados puede intuir o percibir. La realidad se expresa como un laberinto del tiempo. El lector está siempre con un pie en la realidad y otro en el sueño y/o la locura. Y, algo más interesante todavía, uno sospecha que en el vaivén entre tales extremos, que nos conduce por pistas falsas, se encuentra la verdad de una narración que se dispersa, o bien se recompone, en una lógica ajena y paralela a lo que dicta el sentido común, una lógica siniestra y esquizoide.
En esta extraña novela de Francisco Ángeles, el tiempo se nos presenta como un tejido de situaciones que se transforma en episodios que no aspiran a ser secuenciales, ya que aquí la continuidad no es la forma más apropiada de revelar lo que sucede. Las escenas se ordenan como en golpes de calidoscopio, dejando ver cuadros con formas y colores que ofrecen detalles en común, pero que se alejan de todo principio de orientación. Una lectura superficial nos dice que tenemos ante nosotros a un personaje protagónico, un tal Ignat, muchacho sin pasado ni futuro. Ignat, desde un primer momento, muestra su potencial de riesgo disponible. Nada lo intimida, todo llama su atención y despierta su curiosidad.





Así las cosas, Ignat conoce a Virginia, supuesta compañera de trabajo, y ésta a su vez le presenta a un grupo de amigos que trabajan en oficinas vecinas. El muchacho rapado, el muchacho de gafas, etc. Todos son jóvenes y burócratas, al parecer inmersos en anodinos cargos de ministerios públicos, y algunos, por presuntas vinculaciones universitarias, andan involucrados en actividades políticas. Ángeles, con ligeras pinceladas, recrea la alegre camaradería de ese grupo de jóvenes amigos, por llamarlos de algún modo, pero pronto nos insinúa que a lo mejor todo es falso, que nada es natural sino planificado, que todo es una conspiración. La novela empieza con una escena chocante. Varios jóvenes aparecen muertos en una habitación miserable de hotel. Todos los cadáveres se encuentran juntos y desnudos, con profundos cortes en las muñecas y en posiciones que hacen pensar que han perdido el aliento vital en tanto mantenían relaciones sexuales. Se desconoce qué los llevó a la muerte, pero se presume un suicidio colectivo. Este incidente, si se quiere, puede ser un anticipo del final al que está destinado el grupo de amigos. (No lo sabemos entonces, y no sé si alguien, después, consigue saberlo con certeza). Estos amigos, que conforman una secta –y digo secta, pues no tengo otro modo de aceptar sus propósitos comunes–, rinden culto a la muerte. La muerte, según piensan, es el trance más importante de la existencia. La muerte convierte la vida en un absurdo, pero dotándola de sentido. Ellos, incluso, pareciera que revaluaran la muerte (el accidente, la enfermedad, el suicidio y el homicidio) como una mística del absurdo. A Ignat le obsesiona los instantes previos en que una persona sabe que va a morir. Conoce al dueño de una funeraria, un viejo que enviudó en su misma ceremonia de bodas, pues su novia falleció en el pasillo central de la iglesia, camino al altar, mientras la veía llegar.





Existe una fotografía de esa boda, que es justamente una imagen que registra el momento. Los novios cruzan miradas, pero solo la mirada de ella interesa, ya que la novia está a punto de morir. Ignat descubre la foto y se la pide al viejo, casi como si reclamara algo propio (tal vez se trata de un caso de “reminiscencia del futuro”). Se supone que el fotógrafo debió estar detrás del novio, si consideramos que la imagen es una réplica de esa visión subjetiva para decirlo en términos del argot cinematográfico. La novia trasmite al novio el sentimiento de su muerte.
Esa mirada detenida en el tiempo es el vértice de la novela, el punto de ebullición.





Ignat se adueña de esa foto e inicia una colección de fotografías. Se trata de gente que ha sido fotografiada en idéntico trance: sabiendo que están a punto de morir. Y con esa singular colección de fotografías (llegan a reunir tres imágenes) se articula secretamente las vicisitudes de la secta.
¿Es esto que cuento lo que realmente sucede en la novela? No lo sé. Hay un viejo que escribe, pero que también podría ser el propio Ignat cuando llega a viejo y escribe sus memorias. Hay, también, un tráfico de identidades, en las que no está nada claro, así como una serie de divagaciones y paranoias, que nos presenta la escritura difusa y misteriosa del mencionado viejo, donde el presente y el pasado se entremezclan. ¿Cuál es “la línea en medio del cielo”? Eso sí lo sé, o sería mejor decir: creo saberlo. Y es que cada lector tendrá que hallar la respuesta. No quiero avanzar con más digresiones, para no privarlos del placer de explorar por sí mismos los vericuetos de esta siempre sorprendente narración. Doy, para concluir, una acotación que juzgo relevante: el escenario y el lenguaje utilizados. La ciudad donde se mueve Ignat, Virginia y la secta (el chico rapado, el chico de gafas) podría ser cualquier ciudad. El autor se cuida mucho de no mostrarnos un contexto identificable. El lenguaje, de otro lado, es puntual, meticuloso y neutro. Ni siquiera da cuenta de modismos peruanos. Por ejemplo, en vez de escribir “anteojos” dice “gafas”, o, al referirse a los cigarrillos, en vez de decir “cajetilla” dice “paquete”.





Francisco Ángeles, en suma, busca asumir riesgos y tiene nervio de buen narrador. Yo lo felicito sinceramente por su entrada con tan buen pie en la literatura.



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Fernando Ampuero (Lima, 1949) es uno de los escritores peruanos más importante de hoy. Es autor, entre otros, de los celebrados libros “Malos modales”, “Caramelo verde”, “Puta linda”, “Paren el mundo que acá me bajo” y “Hasta que me orinen los perros”. Hasta fines del 2008 fue director de la Unidad de Investigación y del suplemento cultural El Dominical del diario El Comercio.

sábado, 31 de enero de 2009

Resultados de la encuesta literaria 2008

Por fin, publicamos los resultados de la encuesta. La lista de los libros que tuvieron mayor votación en cada categoría:NovelaFrancisco Ángeles - La línea en medio del cielo (Revuelta) 311 votosGonzalo Mariátegui - Wenceslao (Torre de Babel) 211 votosWilfredo Ardito - El nuevo mundo de Almudena (Altazor) 182 votosCésar Gutiérrez - Bombardero/Ground Zero (Norma) 152 votosMario Villacorta - Barbarán La combi de Tito (Ornitorrinco) 124 votosAugusto Higa - La iluminación de Katzuo Nakamatsu (San Marcos) 99 votosCuentoGustavo Chávez Delgado (Callao) - Hijos de la luna (Ornitorrinco) 639 votosEduardo Reyme Wendell - Duerme tranquila, Rebecca (Vivirsinenterarse) 575 votosArturo Valverde - Un gol para la Monalisa (Calcomanía) 281 votosBryan Maza Ita (Huaraz) - Retratos nocturnos (Ornitorrinco) 126 votosCarlos Calderón Fajardo - Playas (Underwood) 70 votosDaniel Zúñiga-Rivera - Rigor Mortis (Mundo Ajeno) 54 votosPoemariosRicardo Ayllon - Un poco de aire en una boca impura (Altazor) 233 votosVíctor Pasco San Martín (Huaraz) - Le livre mort (Independiente) 194 votosPercy Ramírez - Penates (Hipocampo) 169 votosPaul Mendoza Malaver - Espejo ramaje (Martínez Compañón) 149 votosAlessandra Tenorio - Casa de zurdos (Lustra) 109 votosOliver Glave - La idea era irnos aún niños (Estruendomudo) 103 votosAntología narrativa17 fantásticos cuentos peruanos - Gabriel Rimachi / Carlos Sotomayor (Casatomada) 178 votosBreve bestiario peruano - Daniel Cossíos (Casatomada) 101 votosMatadoras - Nuevas narradoras peruanas (Estruendomudo) 84 votosLa mala nota - El colegio en el cuento peruano (Alfaguara) 65 votosLa santa cede - Narrativa Erótica de Chimbote - Jaime Guzmán / Augusto Rubio Acosta (Río Santa) 36 votosAntología poéticaAquí no falta nadie. Antología de Poesía Puneña - Walter Bedregal (Independiente) 343 votos2+ No Antología No Contemporánea de los Poetas Amigos - Varios Autores (Estanoesunaputaeditorial) 178 votosAntología de los finalistas de la XIII Bienal de Poesía "Premio Copé Internacional 2007" - Varios autores (Copé) 90 votosIndios dios runa. Antología poética del profeta del fuego de Efraín Miranda - Gonzalo Espino (Andes Books) 62 votosFuego abierto. Antología de la poesía peruana - Carmen Ollé (LOM) Edición chilena 40 votosLas palabras no pueden expresar lo que yo experimenté entonces - Oswaldo Chavone (Álbum del Universo Bacterial) 40 votosCrónicasGuillermo Giacosa - Sábados en familia (San Marcos) 96 votosGabriela Wiener - Sexografías (Planeta) 65 votosGuillermo Thorndike - El rey de los tabloides (Fondo Editorial USMP - Planeta) 50 votosReediciones narrativasGonzalo del Rosario (Trujillo) - Cuentos pa' kemarse (Orem) 248 votosAlexis Iparraguirre - El inventario de las naves (Estruendomudo) 246 votosJuan José Sandoval - Barrunto (Urbania) 83 votosReediciones poéticas (incluyendo primeras ediciones recogidas de antologías o revistas)Jorge Eduardo Eielson - Habitación en Roma (Lustra) 86 votosJorge Pimentel - Ave Soul (Dobre Príncipe) 48 votosJavier Heraud - Estación Reunida (Mesa Redonda) 43 votosLibros de ensayo/crítica literariaMario Vargas Llosa - El viaje a la ficción (Alfaguara) 106 votosBrander Alayo A. (Chimbote) - Exclusión. El poder de la palabra (Ornitorrinco) 65 votosJorge Terán Morveli - ¿Desde dónde hablar? Dinámicas oralidad-escritura (Andes Books)42 votosCamilo Fernández Cozman - La poesía hispanoamericana y sus metáforas (Universidad de Murcia) Edición española 38 votosGustavo Faverón, Edmundo Paz Soldán - Bolaño Salvaje (Candaya) Edición española 26 votosRafael Romero Tassara - La armonía de H. Vida y poesía de Luis Hernández Camarero (Campodónico) 25 votosRicardo González Vigil - Años decisivos de la narrativa peruana (San Marcos) 21 votosLibros de ensayo (teatro)Julia Varley - Piedras de agua (San Marcos/ Yuyachkani) - 54 votosLuis Peirano Falconí y Lucila Castro de Trelles - “Teatro y Fe. Los autos sacramentales en el Perú” (PUCP) 39 votosRevistas literariasAjos y zafiros – 329 votosNudos y laberintos – 279 votosHueso húmero – 92 votosÓnice - 55 votosCasa de citas – 33 votosComo se aprecia en los comentarios y en el mismo desarrollo de la encuesta, hubo problemas con la votación. Parece ser que el gadget de blogger para encuestas, confiable en una primera impresión, permitía que una persona desde una misma PC pueda votar una y otra vez por un libro, borrando el registro de su computadora.Lo cual no invalida los resultados, sino más bien hace necesaria una lectura particular de parte de cada uno, eliminando las anomalías visibles. Un ejercicio que nos dará una idea más cercana de cuáles serían unos resultados más justos en la votación.Nos reafirmamos en que una votación por Internet es solo un reflejo de las preferencias de los lectores y no un juicio de valor sobre las obras. Sin embargo hay una lección aprendida: todavía tenemos mucho que mejorar y seguimos buscando un mejor sistema para el sistema de votos.Al encontrarnos en medio del "boom" de editoriales independientes, el de los blogs literarios, el de las ferias de libros con cada vez más acogida del público, y en general, el de una mayor apertura de los lectores hacia los nuevos autores y sus propuestas, quisimos también armar un índex literario de todas las publicaciones en el Perú en el año 2008, haciendo una lista lo más completa posible y tratando de ubicar libros que al no tener cobertura de los medios, están destinados al olvido o peor aún a la indiferencia, cuando bien se pueden tratar de obras con una proyección meritoria. Como saben los visitantes de la Encuesta Literaria 2008, la lista se ha ido formando con la colaboración de todos, tratando de hacerla lo más democrática posible y tratando de acoger la mayor parte de sugerencias.Invitamos a todos los autores de los libros peruanos del 2008, a enviar fragmentos o avances de sus obras (en formato word si es posible, y con permiso de sus editores) para subirlos al índex del 2008 en una opción de descarga gratuita. Recibiremos tales fragmentos o avances a nuestro mail agendaperuana@gmail.comTambién los invitamos a visitar el índex literario del 2009, ahora en permanente construcción: http://agendaperuana2009.blogspot.com/

domingo, 4 de enero de 2009

El libro del año


Escribe: Luis Pacho (*)



Se puede discutir su ampuloso prólogo. Se puede no estar de acuerdo con la herramienta teórica utilizada. Incluso se puede objetar la ausencia de tal o cual escritor tradicional, mayor o joven, o disentir respecto de los que sobran en el libro. Se puede cuestionar los criterios adoptados por el autor, e incluso los errores de edición. Pero si algo en el que tirios y troyanos estarán de acuerdo es que, AQUÍ NO FALTA NADIE, ha desatado polémica, y es el libro que mayor crítica sana o insana ha recibido en el decurso de los últimos años. Y claro, ha trascendido fácilmente las fronteras de Puno, y ha sido leído con fruición en casi todos los círculos de la literatura peruana.


Hay que recordar que importantes y reconocidos críticos y estudiosos de la literatura peruana y regional han dado su opinión en torno al libro, todos aparentemente elogiosos. Caso Ricardo Gonzáles Vigil, Juan Zevallos Aguilar, José Gabriel Valdivia, Ricardo Virhuez, José Luis Córdoba, Percy Zaga, Juan Luis Cáceres Monroy, entre otros. Y no es para menos, se trata de un recuento desde los fundacionales Alejandro Peralta y Carlos Oquendo de Amat, pasando por el gran poeta vivo Efraín Miranda Luján, hasta concluir en la llamada Generación del ´90. Sólo 21 poetas para un periodo de cien años.


Ocurre, sin embargo, que un sector de la literatura puneña cree porque pertenece al establishment literario local (¿si existirá?) o porque creen que tienen el respaldo académico, pueden hacer sacrosantas evoluciones del proceso literario puneño en un ensayo y/o una antología. Dicen que no hay peor ciego que el que no quiere ver o que no hay peor sordo que el que no quiere oír. En este mundillo literario local, ya lo dijimos, es fácil engatusar, falsear, despistar o callar las bondades de un libro. Por eso, quedará para la anécdota los resquemores, las pataletas y las rabietas de algunos de nuestros escritores mayores de Puno y aquellos jovenzuelos que, dándose de grandes estudiosos y conocedores de la literatura y la historia puneña, traten de silenciar mediocremente en uno que otro cursito de capacitación docente o en cuanta entrevista son “invitados”. Pero el asunto siempre ha sido bastante sencillo: el tiempo y los lectores, son y serán los mejores críticos.

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Fuente: El Katari. Boletín de letras, Nros. 13-14. (Director Víctor Villegas), Puno diciembre 2008.



Continúa la votación (hasta el 10 de enero) en:

http://www.encuestaliteraria2008.blogspot.com/


sábado, 3 de enero de 2009

Puerta de emergencia: un recuento de los sucesos literarios en Puno


Por: Darwin Bedoya (*)

Quiero empezar estas líneas con un tono casi bíblico: en el principio fue la poesía, esa esquiva avecilla que Oquendo llegó a domesticar. Luego fue Churata, quien en medio de la maleza verbal se abrió paso hasta encontrar su único libro que hoy tantos sabuesos buscan a rabiar. Al tercer día vinieron, como una dolencia, todos los demás (Peralta, Armaza, Nava, Miranda, Aramayo, Zaga, Espezúa, Rodríguez, etc.), luego fueron llegando los otros, los irreconocibles, aquellos que trajeron bajo su brazo una hambruna terrible de poesía o de cualquier cosa parecida a la literatura. Nadie escribía tan bien que digamos. ¿O eran solamente algunos?

En cierto libro olvidado por todos, alguna vez leí lo siguiente: «al granuja que se sabe buen escritor se le reconoce inclusive por la manera de andar». No sé si esta frase sea absolutamente cierta o comprobable; sin embargo, hay otras formas de comprender o comprobar eso de «buen escritor». Por ejemplo, cuán cierto es que el escritor de verdad no necesita colgarse de nada, ni de nadie. No necesita ganar ningún concurso, no requiere de ningún tipo de publicidad, ni de tarjetas, ni de críticos, ni reconocimientos. En el buen escritor no se instalan las ideas de grandeza con la publicación de un libro o de dos. La alimaña que escribe bien siente un endemoniamiento terrible solamente por crear e imaginar algunas cosas que Dios olvidó hacer o decir. El extremo de esa sabandija llamada buen escritor es que la vida únicamente le alcanza para escribir. Este bicho raro, cuando escribe, siente que tiene alas, pero no se echa a volar apenas se entera que las tiene; por el contrario, las mueve hasta pulverizar la imaginación y se ve por los aires sin mover esos brazos alados, y entonces vuelve pavorosamente a hacer lo suyo: escribir, escribir. Aparte de ello, este infeliz escritor, debe estar conciente de que su vicio de escribir en soledad es una enfermedad pandémica y sin remedio. Nadie lo va a curar de ese terrible mal de letras, ni siquiera una columna de ángeles llegando a este terrestre suelo, ni siquiera un harem de vírgenes desnudas.

Parece que en Puno, después de una reflexión honda y verdadera, algunos que creían ser escritores de verdad, de pronto han comprendido la dimensión de sus alas, pues lo de granujas o de bichos les ha quedado como una designación muy inalcanzable. Al concluir este año 2008 y al realizar este necesario balance de la literatura puneña, nos damos con la grata sorpresa de que no hay poetas por docenas, tampoco hay libros, revistas, boletines ni plaquettes por doquier como quiso aparentar el año anterior; este año, empero, la ausencia de esas avalanchas es una buena señal. Es un indicio de que están detenidos en meditar que lo que uno escribe no es inmediatamente publicable. No.

Mientras tanto, el hecho destacable de este año que ya concluye, sólo será y quedará para memoria de muchos: ese intento de Walter Bedregal por reunir a las mejores voces de la poesía puneña en un libro titulado «Aquí no falta nadie», ese texto del que muchos reniegan, incluso algunos sin haberlo leído siquiera. Sus más de 300 páginas serán la señal de que algunos han andado un poco lejos. El tiempo se encargará de decir si verdaderamente valió la pena o no publicar esta antología. En síntesis: un libro para la discusión, que se atreve a mantenerla en tiempos de temperancias, connivencias, mariconadas, vilezas y silencios. Ojalá, cuando aparezca por ahí la razón, esta antología sirva para propiciar el fuego de una discusión alturada que se hace necesaria no sólo para el género de la poesía, aunque, sin duda, muy prioritariamente para ella; sino también para hacer reformulaciones en el proceso de creación literaria en Puno.

Por otro lado, no se conoce ni se ha presentado otro libro que tenga alguna relevancia. No ha habido eventos mayores donde haya triunfado la literatura, salvo el homenaje a Efraín Miranda Luján y el Encuentro de Escritores Sur peruanos realizado en Lampa. No se trata de una cuestión ajustada a las preocupaciones de ciertos «especialistas», sino de un foco que comienza a iluminar prácticamente todos los rincones de las aspiraciones del escritor joven o, de ese maestro hasta cierto punto conocido, a tal punto que tendremos que poner el telón de fondo que siempre fue un nombre y un libro, o, en todo caso, los «poetas malditos» que ya no quieran escribir, tendrán que salir de este loquerío usando la puerta de emergencia, rompiendo los cristales y llamando a los bomberos, porque en los últimos años la literatura puneña se ha convertido en un prisma a través del cual se podía ver, descubrir, comprender y examinar un cierto proceso decadente de consolidación literaria. No es fácil determinar si esto está ocurriendo para bien o para mal de nuestra tradición literaria; pero lo que puede decirse es que responde a pulsaciones reales cuyo origen es la necesidad de escribir algo de verdad publicable y que, sin ser prioridad vital o necesaria, desde fuera pueda ser vista con dignidad.

Finalmente, para conservar el tono bíblico, concluyo con estas líneas casi apocalípticas, casi proféticas: la construcción de una verdadera literatura —en el buen sentido de la palabra— es relativamente posible, y se logró en etapas anteriores a la actual, por ello, es aceptable afirmar que la construcción de textos auténticos será una peculiaridad, quizá dentro de la postmodernidad, como respuesta a la individualización exacerbada que sufren algunas sociedades, particularmente (aunque no únicamente) la nuestra. En este país donde el arte no paga, ni pagará nunca, las cuestiones literarias tienen otro lugar. Ocupan una muy importante jerarquía cuando se trata de hacer algo en serio. Tal vez por ello, en los próximos días se tenga noticias verdaderas de un texto que justifique el tiempo perdido y la pasión y la seriedad y la preparación y la información y la imaginación. Y la innovación y la propuesta. Tal vez. Quiero citar aquí las palabras de un granuja de raro nombre que decía esto sobre la poesía: «Me aterra la poesía. Es como si repentinamente tuviera que decidir la suerte del mundo y yo nunca he querido decidir nada, peor la suerte del mundo. Para esas cosas desagradables está Dios. A mí, por Dios, que me dejen tranquilo. No se diga en este sanatorio, que es como un lago donde se reproducen las pesadillas de todos los hombres; no se diga que yo escribí algún poema, jamás entraría a tamaña vastedad, tampoco haría tan terrible mal». ¿Puno era tierra de poetas? ¿Es?

Por eso habrá que desgarrarse el alma y descubrir la esencia natural de las cosas. Habrá que alcanzar la vida del granuja y saber conservar las alas porque nuestro andar todavía tiene defectos que son posibles corregir. Tal vez un día encontremos las palabras mejores que el silencio.

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Fuente: El Katari13-14. (Boletín de letras). Puno diciembre 2008. Dirige: Víctor Villegas.

viernes, 2 de enero de 2009

LO MEJOR DE 2008 EN PERÚ

























Libros de poesía

- Mario Montalbetti. Ocho cuartetas en contra del caballo de paso peruano (Álbum del Universo Bakterial)
- Carlos López Degregori. El hilo negro (Borrador)
- José Morales Saravia. Peces (Tsé-Tsé)
- Roger Santiváñez. Labranda (Hipocampo / Asalto al cielo)
- Miguel Ildefonso. Los desmoronamientos sinfónicos (Hipocampo)
- Luis Ormachea - Tela de Juicio (Dragostea)
- Salomón Valderrama. Amórfor (Sol negro)
- Denisse Vega Farfán. Una morada tras los reinos (Lustra / Centro Cultural de España)
- Víctor Coral. Parabellum (Santo Oficio)
- Juan José Soto. Airado verbo (Sol negro)

Otros libros de poesía que nos llamaron la atención fueron Postales de José Gabriel Valdivia (Cascahuesos), Fragilidad de lo visible de Alex Morillo (Pájaro de fuego), Elogio de otra vana invención de Carlos Eduardo Quenaya (Lustra), Terrado de cuervos de Pablo Salazar Calderón (Tranvías) y Aves de la ciudad y alrededores de Rafael Espinosa (Álbum del Universo Bakterial)

Antologías y reediciones

- Jorge Pimentel. Ave Soul (Doble Príncipe ediciones)
- Jorge Eduardo Eielson. Habitación en Roma (Lustra)
- Rodolfo Hinostroza. Nudo Borromeo y otros poemas (Lustra)
- Jorge Eduardo Eielson. Ptyx (Lustra)
- Maurizio Medo. Sparagmos (Cascahuesos / Asaltoalcielo)
- Jorge Frisancho. Estudios sobre un cuerpo (Tranvías)

- Walter Bedregal. Aquí no falta nadie
(Grupo Editorial Hijos de la Lluvia & LagOculto Editores)



Libros de ensayo

- Camilo Fernández Cozman. La poesía hispanoamericana y sus metáforas (Universidad de Murcia)
- Marta Lopez Luaces. La poesía y sus máscaras (Fondo Universidad Nacional Mayor de San Marcos)

Imagen: Ave soul de Jorge Pimentel. Sin duda varios de los libros del año fueron entregados por miembros de la denominada generación del 70 como Pimentel, Montalbetti, López Degregori, Morales Saravia, signo que habla de la vigencia, rigor y vitalidad de esta generación de poetas.


jueves, 1 de enero de 2009

BALANCE LITERARIO DE AREQUIPA EN 2008


Por: José Córdova

“El mejor libro de poesía del año”. “El mejor libro de cuentos del año”. “La mejor novela del año”. “El escritor revelación”, etc., etc., y etc. Ah!, esa ciega pretensión de clasificar los libros o sus autores como “los mejores del año…”. ¡Pamplinas!, este ejercicio clementepalmeano nos hace caer en una especie de meros encuestadores o ranqueadores de Agencia Publicitaria que sólo mide el consumo y no la calidad. Mejor, me parece, basta dar cuenta de los hechos y que la historia juzgue más adelante, pues lo otro es sólo gusto subjetivo y ya.

Antes de acabar el año, he estado revisando los libros publicados en Arequipa, y de escritores arequipeños que han sido publicados en otras latitudes, así como los diversos sucesos que han acontecido durante casi todo el año que nos deja. He aquí un pequeño recuento de casi todo lo que ha sucedido:

Balance de publicaciones:

De lo mejor que se publicó durante el año y casi en orden de llegada tenemos: a mediados de mayo aparece Tela de juicio (Arequipa, Editorial Dragostea), cuarto libro del poeta Luis Ormachea, quien, por cierto, fue finalista el año pasado en el concurso COPÉ; en junio Bajas pasiones para un otoño azul (Lima, Ediciones COPÉ) de Luzgardo Medina Egoavil (tercer lugar del premio internacional COPÉ 2007); continúa Elogio de otra vana invención (Lima, Lustra Editores) primer libro de poemas de Carlos Eduardo Quenaya presentado los primeros días de julio en la bóveda del tradicional Zorba’s; continúa Frivola musa (Arequipa, Cascahuesos Editores) del iqueño Víctor Salazar; Las palabras no pueden expresar lo que yo experimenté entonces (Lima, AUB), una especie de antología o selección de poesía publicada e inédita de Oswaldo Chanove; y ya finalizando agosto aparece Lady Lazarus, de la Editorial Dragostea, una colección de seis poemarios de diversas escritoras del orbe: Sylvia Plath (Estados Unidos), Renée Vivien (Francia), Ana Blandiana (Rumanía), Sor Juana Inés de la Cruz (México), Alejandra Pizarnik (Argentina) y Mercedes Delgado (Perú); por otro lado, también aparece Postales (Arequipa, Cascahuesos Editores) del poeta José Gabriel Valdivia; luego en septiembre La gran cocina mestiza de Arequipa (no tengo datos del editor) del poeta Alonso Ruiz Rosas; y finalizando el mes aparece Retrato de una mujer malvada y otros poemas (Arequipa, Edición independiente) de la poeta Luz Vilca; en octubre aparece Humedales (Arequipa, Cascahuesos Editores) del chileno Javier Norambuena, y el primer tomo (y segunda edición a la vez) de 80m84rd3r0/Ground cero (Lima, Editorial Norma) de César Gutiérrez; y ya para finalizar el año, en diciembre aparece Para detener el tiempo (Arequipa, Editorial Dragostea), un libro compuesto de poesía, cuentos y una novela corta del cusqueño Jorge Vargas Prado; Antropología de la espuma (Lima, Hipocampo Editores) del poeta Jimmy Marroquín, y en los últimas días Sparagmos (Arequipa, Cascahuesos Editores & ASALTOALCIELO/editores) una especie de reestructuración de una parte de la obra del poeta Maurizio Medo. Mención aparte merecen la aparición de la revista Fosa Común del grupo literario “Domo de paja”, y la aparición de la obra teatral Al pie del Támesis (Lima, Alfaguara) y el ensayo El viaje a la ficción: El mundo de Juan Carlos Onetti (Lima, Alfaguara) de Mario Vargas Llosa.

Balance de actividades y sucesos:

No sólo vale la pena recordar las publicaciones, sino también algunos sucesos que en algunos casos lamentablemente sucedieron y en otras dejaron grandes alegrías en la colectividad: así por ejemplo, una noticia a fines de abril alegró el ambiente cultural de Arequipa: los resultados del XIII Premio Internacional COPÉ de poesía, pues Luzgardo Medina Egoavil había obtenido el tercer lugar en dicho certamen mientras que el poeta Luis Ormachea había sido finalista. Sin embargo, en mayo, una trágica noticia pasó absolutamente desapercibida, salvo para aquellos que conocíamos de alguna manera a Edmundo de los Ríos: este gran escritor y autor de Los juegos verdaderos “la novela que inicia la literatura de la revolución en Latinoamérica”, había fallecido en Lima, un domingo 11, día de la madre. Sólo recién después de casi un mes de su deceso aparecieron algunos homenajes póstumos (crónicas y testimonios). Luego, pasando a la otra mitad del año, en julio, el poeta José Ruiz Rosas fue homenajeado y nombrado miembro de la Academia Peruana de la Lengua. Y para ello se contó con la presencia de Ricardo Gonzáles Vigil de la Pontificia Universidad Católica del Perú y Marco Martos de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Días después su hija Teresa Ruiz Rosas presentó su novela La falaz posteridad (Lima, Editorial San Marcos, 2007) mientras que desde Puno nos visitó Walter Bedregal para presentarnos (singularmente dos veces) su antología de poesía puneña Aquí no falta nadie (Juliaca, Grupo Editorial Hijos de la lluvia & LagOculto Editores). A inicios de agosto, el poeta cusqueño Odi Gonzales vino desde New York a presentar la reedición de sus poemarios Valle sagrado / Almas en pena (Lima, Ediciones del Santo Oficio, 2008) como actividad complementaria al segundo Festival del Libro, Arequipa-2008. Posteriormente se realizó el “II Concurso Literario de Cuento, Poesía y Ensayo Breve 2008” cuyos resultados no sorprendieron mucho: en cuento el primer lugar fue para el poeta Luis Ormachea por su cuento Juicio, en poesía el primer lugar fue para Filonilo Catalina (Luis Rodríguez Castillo) por su texto Trapecista, y en ensayo el primer lugar fue para Rafael Alberto Bedregal Carpio por el ensayo Nuestra posmoderna libertad. En octubre nos visitaron el escritor Francisco Ángeles y el poeta y editor Paúl Guillén gracias a la Alianza Francesa que organiza anualmente la Lire en Fête; luego se desarrolló el Segundo Festival del libro, Arequipa-2008, evento que pasó sin pena y sin gloria dada su total desorganización, la mala disposición y hacinamiento de los stands de venta y la ausencia de varios invitados. Sin embargo, y ya en el último mes de este año, dos noticias alegraron el ambiente cultural arequipeño: la primera fue la noticia de los resultados del concurso de la revista Caretas “el cuento de las 1000 palabras”, pues el segundo premio fue otorgado para César Sánchez Martínez, un escritor de apenas 23 años, mientras que en Europa, nuevamente Mario Vargas Llosa fue nominado junto a otro gran peruano al premio IMPAC cuyos resultados recién saldrán a luz en el 2009.
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*Arriba, en la imagen: Edmundo de los Ríos.