Walter L. Bedregal Paz

De todo lo que el hombre ha escrito, yo sólo amo aquello que él ha escrito con su propia sangre. Escribe con sangre y aprenderás que la sangre es espíritu.

Freidrich Nietzche

Apuntes sobre Bádminton de Luis Eduardo García



Darwin Bedoya



 

1.
En el momento del saque debemos hacer lo posible por dificultar la devolución del volante: Aunque no siempre sea fácil escribir poesía: comprar un boleto para viajar a Birmingham. Perderse en los camerinos del All England. Recopilar autógrafos y fotos con algunas leyendas del bádminton cuyos nombres están anotados en una libreta: Morten Frost, Rudy Hartono, Erland Kops; quizá tomarse una foto especial con Viktor Axelsen o con Lin Dan. Finalmente, escoger solo uno o dos debido al escaso tiempo y al presupuesto, (una foto posando al lado de Judy Hashman sería un sueño cumplido). Espacio/tiempo: la poesía tiene la precisión y la velocidad del bádminton.

2.
En el momento del saque debemos intentar colocar el volante lo más lejos posible del oponente: La poesía se construye a partir de momentos en que ves la vida de una forma en particular. No hay manera más seria de tratar cuestiones serias que a través del humor. En el bádminton, lo singular exige algo así como una transitoria anestesia del corazón, para dirigirse a la inteligencia pura y ver qué cosas pueden ocurrir con la poesía, o cómo podemos entusiasmar al lector con ella.

3.
En el momento del saque debemos buscar las esquinas del cuadro de saque: Escribir poemas es tener pocas certezas. La risa puede ser un arma de resistencia, pero también de opresión. Por eso, el volante para el juego de bádminton que posee 16 impecables plumas, ya no debería construirse del plumaje del ala izquierda de gansos blancos. Hay que fabricar minas con el lenguaje. Golpear, en este saque, con la cabeza de la raqueta por encima de la cintura hasta que no queden palabras sueltas. En las páginas de Bádminton se escribe para buscar una música única entre la palabra y la disonancia, es decir, para buscar la nada sensorial. En Bádminton cada poema refleja un guiño de aparente seriedad: es la aparente voz de un ironista que derrocha un caudal sarcástico muy efectivo/imaginativo.

4.
En el momento del saque debemos forzar al rival a que responda con su peor golpe:La desacralización consiste en ubicar al poeta en el plano de la realidad, de lo humano, despojarlo de su idílica voz y verlo como un ser normal. Hay en Bádminton un poeta sentado a su PC, a veces inmutable como un cristal invisible, normalmente lúcido, a veces semejando ser un androide, y muchas veces soñándose sosegado en una gradería de una final de la BWF donde juegan por Japón, Kenta Nishimoto y por Dinamarca, Anders Antonsen.  Al fondo, con luces de neón, hay un banner con escenas de humor y aparente auto-escarnio. El juego de la lectura se define en la cámara del dron que filma el encuentro.
5.
En el momento del saque debemos lanzar el volante contra el cuerpo del oponente para que no le dé tiempo a colocarse y responder con un buen golpe: La ambigüedad sobre la personalidad de la voz lírica es la creadora del humor, sobre todo por esa carga sensoria que le otorga a un hecho que puede parecer tan simple como la velocidad que alcanza un volante en el juego de bádminton: la asombrosa velocidad de hasta 320km/h. Y porque eso implica que en Bádminton la poesía no está en las palabras sino en esa velocidad que alcanza el volante. Bádminton es un trozo de hilo personal que se une con los asuntos temporales para siempre.

6.
En el momento del saque debemos engañar al contrario haciéndole creer que vamos a ejecutar un tipo de golpe y, en el último instante, hacer otro: El bádminton se parece / a la música / pero no es música. Hay 3.88m2 de una posibilidad de canto. El bádminton podría ser un largo poema con citas bíblicas o citas de William Carlos Williams. El bádminton es considerado un deporte poco peligroso. Precisamente por eso se puede jugar en un jardín japonés o en la biblioteca mientras se está leyendo haykus. Pero, eso sí, se deben emplear lentes oscuros para no ver cómo pasan los volantes frotando tus ojos.

7.
En el momento del saque debemos obligar al contrario a correr hacia las bandas para buscar en sus propios movimientos sus zonas vulnerables: Para comprender la sabiduría de Bádminton debemos colocar la cabeza de la raqueta, con el cordaje, perpendicular al suelo, será una posición equilibrada con el tronco ligeramente inclinado hacia delante, las rodillas flexionadas, los pies separados más o menos a la anchura de los hombros y el libro correctamente cogido y hacia arriba, no muy lejos de los ojos.

8.
En el momento del saque debemos anular las predicciones del rival sobre nuestro próximo movimiento, y, obligarlo a que pueda anunciar sus desplazamientos milimétricamente: La escritura de la poesía parte de quien mejor la conoce. La distancia que separa al teórico del auténtico poeta, pese a que ambos comparten el mismo objeto de trabajo, es grande, pero necesariamente vinculada entre sí. Bádminton es un instante pleno de poesía, extrañamente detenido, como un volante después del partido. En el bádminton, el smash es un golpe significativo para acabar las jugadas; en la poesía de Bádminton eso podría compararse a la vitalidad del lenguaje con que está escrito este libro.  Tácticas de saque. Tácticas de lectura. El bádminton es un juego de habilidades; en Bádminton el lector no puede jugar a otra cosa.


                                                                                                                   Espinar, Cusco, abril de 2018




El bádminton se parece
a la música 
pero no es música.
Se parece a los caballos
pero no es un caballo. 

A veces, en sus rectángulos
cae algo parecido 
a la lluvia
pero 
por supuesto
no es lluvia.

(Pág. 3)



Antes el bádminton era un lugar para el canto. 

Pero ya casi nadie canta 
en el bádminton. 

Qué triste se ha vuelto
dicen unos
y otros
 no.

(Pág. 4)


Yo no quiero
cantar en el bádminton

quiero 
quemar hormigas 
con una lupa 
y hacer un cementerio
miniatura.

(Pág. 32)


El bádminton no debe ensuciarse 
con la grasa del dinero. No debe 
tocar nunca 
sus dulces 
de neón. 

Lo deseamos puro 
liso 
y pobre. Lo deseamos
en los huesos.

(Pág. 64)





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MAL DE AMORES

MAL DE AMORES


                                                                       darwin bedoya




                                                                              Leímos todo cuanto había sido escrito sobre el amor.
                       Pero cuando nos amamos descubrimos que nada había sido escrito sobre nuestro amor.

                                                                                                                                      —Marco Denevi

 

Después de Air–Max 180 y Taca-Taca, Yero vuelve a removernos la memoria con estos textos que oscilan entre lo confesional y lo cotidiano como un desplazamiento vital y necesario. Las historias de este nuevo libro tienen la singularidad de atraparnos en un instante, a veces sin que siquiera nos demos cuenta. Cada historia se distingue por la posesión de una atmósfera que a una primera lectura parece poco enmarañada, pero que tiene como principal virtud llevarnos lentamente hacia un desenlace inusitado: los desaciertos y los laberintos interminables del amor. En este conjunto de siete relatos hay una intención por hablar de las personas, de sus sentimientos y de sus quehaceres; de la grandeza y la miseria de sus vidas, de los días oscuros y brillantes, especialmente del amor y el desamor como unidad temática. Las escenas de cada una de estas historias nos hacen ver el pasado, el presente y un resquicio del futuro, en cada historia se pueden encontrar un indicio, una predicción, una advertencia sobre lo que pudo ser y no llegó a concretarse. Y uno vuelve a ensimismarse en los recovecos de cualquier tiempo pasado gracias al amor. Y como en un flashback retornamos a ese punto de nuestra vida en que ocurre la colisión de trenes entre nuestra casi nebulosa infancia y nuestra larguísima adolescencia, entonces empezamos a sospechar un sinfín de cosas. Comenzamos a presentir los sueños futuros en donde la luz del amor es apenas una breve luminiscencia.
La representación de estos textos semeja una escritura-manantial, porque refresca y calma la sed, fluye por un campo semántico que en ese deambular por los laberintos interminables del amor, recorre también las pasiones, la familia y la urbe, lo privado y lo público dentro de los diversos sentimientos que el ser humano es capaz de sentir y provocar. Así, estos siete textos, desde Los amantes hasta el que cierra el libro y también le da título al libro, ¿Qué carajo es el amor?, revisitan la condición humana allí donde la literatura suele escarbar en la oscuridad y el desgarro, allí donde es menos frecuente que las letras paseen por la luz, o que recorran esa nitidez que es el equilibrio. El autor nos presenta un pequeño giro de timón en su discurso con respecto a sus libros precedentes, aunque el escenario sigue siendo el Ilo natal, y aunque persista esa vitalidad por la exaltación de las cosas cotidianas, su voz sigue siendo ágil, con algo de Salinger y Dickinson en la limpidez con que transita los dos parajes de la existencia: el oscuro y el luminoso, sin caer en ningún momento en la negación ni en el pesimismo. Por ejemplo, si nos detenemos en Colca canyon el resultado es un ejercicio de madurez, un sólido comienzo de recorrido consciente y sereno, que nos muestra que los seres humanos estamos hechos de pequeños momentos y de que lo trascendente no es más importante que lo cotidiano. O mejor dicho, lo cotidiano es trascendente, no hay que realizar ninguna vetusta división entre la vida y lo literario.
En este texto el autor nos muestra un detenimiento sensorial, no hay prisas, no hay desesperaciones por narrar, el ritmo del sujeto narrador ha entendido los estadios de la ascensión narrativa. Por momentos Yero tiene esa fecundidad verbal con que parece hacer papiroflexia con el lenguaje. Releemos por ejemplo Catástrofes importantes, el segundo relato importante de este libro, narra sobre un asunto familiar entre la convivencia inicial de las parejas, también el mito, el sueño, la superstición y la realidad que viven Ana, Pablo y  El Marruffo, los personajes claves de la historia. Quizá el tercer relato más logrado sea el que dice en uno de sus párrafos: Él había visto suficientes pezones en su vida como para elaborar un catálogo. Pero estos en particular, los de Sharon, lo obligaron a pisar el freno. Las tetillas, cuyo color le recodaba a la chocolatada tibia, estaban hundidas justo en el centro de la aréola. Como la cabeza de una tortuga escondida dentro de su coraza. El sexto título es justamente: El pezón hundido, en él, el autor, igual que en Samsung, una vez más habla del amor, de la vida sentimental en donde surge, inevitablemente, esa pregunta eterna y conocida: ¿Qué carajo es el amor? y según los relatos podríamos ensayar tantas respuestas, pero nunca llegaríamos a responder con exactitud, porque el amor es tantas cosas juntas, tantas cosas distintas que al final parecen ser una sola. Las páginas de este libro vivifica, en especial, al amor que acabó y dejó una herida (aunque muchas veces la herida es el amor mismo), que resulta insalvable e inasible, como el vano intento de tratar de recuperar el reflejo de la amante en el espejo que no tenemos. En segundo lugar, nos encontramos con el amor cotidiano que viven las parejas que inician la difícil vida de compartir el día a día en el futuro hogar, y para hacer más intenso el libro, el texto final ¿Qué carajo es el amor? recalca la idea del amor que se deben profesar los amantes. Pero especialmente del espacio que ocupa el amor en la vida cuando dice: no alcanzarás a moldear el bloque de su carne y a desearla como/ yo la deseaba/ de otra forma volverás a casa a fumar pasta/ a comer hígado de hace tres generaciones preguntándote tonta, estúpida y cojudamente/ ¿qué carajo es el amor?/ pero todo a su tiempo/ si no quieres a la de treinta puedes tener una de quince… El título, ¿Qué carajo es el amor?, por tanto, quiere ser una metáfora de ese inhóspito reino que todos conocen o creen conocer; además, con estos textos, Yero quiere rendir homenaje al hermoso animal que vive en nosotros, porque ¿quién más puede darle vida al amor? Sin duda, no es solo ese joven que se confiesa en Solo combis ni el viajero eterno de Desayuno en buscama. Por ello, los textos que componen este libro son piezas ingeniosas y originales y muy dispares en cuanto a género porque Yero ha querido, seguro por el tema del amor, reescribir unos versos. Y debido a ello, quizá lo único que los une y les da unidad sea el lenguaje que ya es característico en el autor. Pero hay en ellos siempre, como recurso común, una rotación inquietante en la narración que desconcierta y sorprende, sobre todo por los finos detalles y por los finales, utilizando la primera persona en la voz del narrador. Por todo ello, ¿Qué carajo es el amor? es un libro que, con un lenguaje eficaz, directo y sencillo, relata los avatares del amor convertido por el autor en el elemento que hilvana sus historias constituyendo así una extraordinaria colección de relatos y una poderosa muestra de talento fabulador.
Al concluir la lectura, ¿Qué carajo es el amor?, probablemente, no va a ser capaz de provocar o arrancar llantos o tristezas —méritos clásicos del amor—; pero sí será capaz de hacernos sonreír, suspirar y, sobre todo, recordar fechas e instantes memorables que pueden arrancar el miedo y la pasión de cualquier par de corazones, y como en cualquier punto en donde se cierren las cortinas, Cortázar, en su lista de mal de amores diría: Y después de hacer todo lo que hacen, se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se visten, y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son.

Espinar, junio de 2016

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Una estampida lenta o la seducción del abismo, una lectura de Caída del búfalo sin nombre de Alejandro Tarrab

Una estampida lenta o la seducción del abismo,
una lectura de Caída del búfalo sin nombre de Alejandro Tarrab
darwin bedoya



 
A finales de los años veinte Vachel Lindsay, aquel rapsoda mítico, viajó por su país —adelantándose a los beatnicks—, predicando un evangelio entre poético y religioso, recitando y cantando sus versos a cambio de hospedaje y alimento; uno de esos días escribió un poema titulado Los búfalos que comían flores, en cuyo final el poeta escribe: Pero los búfalos que comían flores en primavera/ se fueron desde antaño. / Ya no cornean más, ya no mugen más, / ya en las colinas no rondan más: / con los Pies Negros yacen dormidos, / con los Pawnees yacen dormidos. Esa escena de desaparición-muerte de búfalos nos remite al momento en que David Wojnarowicz  fotografió a varios búfalos despeñándose y acabando con su vida, y es de esta imagen de donde nace el título que le da nombre a uno de los recientes libros de Alejandro Tarrab (Ciudad de México, 1972), quien acaba de publicar Caída del búfalo sin nombre en una coedición de Mantarraya ediciones y Malpaís ediciones, 2017. El libro es un lugar donde la sangre delira como un becerro embrujado. En cada página la fiebre se dedica a renombrar la memoria, el reencuentro, la letanía, el retorno, la partida y la muerte, la huida y la vida. Los rescoldos, el mito, el rito, la prolongación, la maldición y la superstición: un ensayo completo sobre la existencia. 
La escritura de Tarrab en este libro transcurre con cierta templanza, tiene el matiz de la contemplación de los finales y los retornos. No tiene prisa para nada. La escritura y su tono son contenidos; aunque en ocasiones ambos —como en un común acuerdo— se desbordan con vehemencia para precisar lo inefable que se trasluce en un comportamiento o una confesión: resuellos y palabras de un día y un lugar celebrados. Cada imagen del libro es la seducción que suscita el abismo, la caída, la incertidumbre que establecen los puntos de fuga en la significación del lenguaje y la memoria —la manera en que se persiguen los hallazgos de los puntos de fuga, el fondo desenfocado que también existe—, se desarrolla así un pulso entre instantes, y así se erige este manifiesto desde el abismo en contra de la muerte. A todo esto Pascal Quignard diría: El pasado es un abismo sin fondo que se traga todas las cosas pasajeras; y el porvenir es otro abismo que nos es impenetrable. Uno de estos abismos desaparece continuamente en el otro. Sentimos la desaparición del porvenir en el pasado, y es lo que constituye el presente, como el presente constituye toda nuestra vida. Entonces el libro se torna en novela, poema, autobiografía, y nace cierto hermetismo que no rechaza la comunicación, no implica un olvido del otro con el fin de imponer la vida y la historia.
Caída del búfalo sin nombre es un viaje interior. Es una propuesta de búsqueda del ser y de su entorno a través de la palabra. Presenta una visión profunda de la vida y de la muerte. Tarrab reinventa el lenguaje poético y a la vez se reinventa así mismo. En cada página se sacude la conciencia de un esplendor que anuncia mudanza y devastación y la recreación de escenas que protagonizan sombras anónimas, errantes. También está la cotidianidad del destierro y el signo de la posteridad. Caída del búfalo sin nombre ya es una leyenda, un mito. Porque está hecho de esas cosas. Porque la muerte o el suicidio, en este caso, es el eje que articula el discurso totalizador del libro, porque el hombre siempre ha tenido el poder de decidir su propia muerte, es el único animal que decide morir; sin embargo, casi nunca se ha considerado que le haya correspondido el derecho de hacerlo; de ahí surge la idea de transgresión y acabamiento. Pero también se trata de aprehender, en lo no inmediato, la insolencia y la derrota, la culpa y el pecado, la memoria y el olvido. Y es que el suicidio es una confesión, y por eso es mucho lo que dice; el cadáver se transforma en un texto que es necesario leer tomando en consideración el todo y el todo hay que leerlo a partir de esa muerte: No la conocí, aunque la presiento sí, a través del aire, de la mordida, de la masa repasada por los dientes, rumiada, masticada y finalmente digerida y liberada. ¿Debería entonces empezar a asumir esta pretensión como algo único, como algo mío?: ¿la conozco? Soy testigo de su presencia, de su paso por el mundo y, ante todo, de su falta. Porque más allá de ese enfrentamiento, cara a cara de la especie, está el no enfrentamiento, el encuentro cara a cara que pudo ser, que debió haber sido, los diálogos en el ánimo que dicen ven, ven, pero también me voy, me fui, desde allá te hablaré. “DOLORA (UN RETRATO)”. Este doble movimiento del lenguaje permite dar un sentido a lo que de otra manera podría pasar desapercibido, así como determinar qué puntos arrojan alguna luz aclaratoria y cuáles nos hunden en las sombras del desconcierto. Así, la seducción del abismo se torna más grande, de ahora en adelante ya no será solo del cuerpo del que se hablará, sino también de las cosas ocurridas, del silencio mismo, porque la vida y la poesía pueden librar y liberar, poner a salvo a quien escribe, purificar al hablante de los demonios que lo poseen, lo cual significa decir la palabra para poder seguir viviendo, porque el suicidio enfrenta al hombre y a la mujer consigo mismos y les pone delante el infinito, casi como la poesía misma.
Espinar, Cusco, julio de 2017

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Tomado del blog: http://darwinbedoya.blogspot.pe/2018/04/
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K u r d i s t á n: Un territorio de pruebas del lenguaje



K u r d i s t á n:
Un territorio de pruebas del lenguaje
El lenguaje no nos bendice con la ternura.

Todo lo que abraza, lo abraza con exactitud y sin piedad.


John Berger



darwin bedoya
Rodinás sabe que la poesía es un gesto que se coloca entre la tierra y el cielo, quizá por eso en este libro haya un universo lingüístico nuevo, un lenguaje despiadado, un cosmos ideado desde laberintos remotos. Cada página es un lugar donde acontece una alegoría de experimentación verbal, una sucesión de cromos de ciencia ficción. En Kurdistán (Grupo Editorial Hijos de la lluvia, 2017) se hallan geografías imposibles y lugares que no. Hay paradojas, desplazamientos semánticos, canciones imantadas que uno intenta reconocer, rapsodias orientales que retratan una música que nunca. Hay lógica delirante en cada poema, hay lirismo metálico y espejismos invisibles, paranoias retrofuturas, juguetes cartográficos, reproducciones cinemáticas, allegros, adagios… Juan José Rodinás (Ecuador, 1979) ha escrito este libro como una de las más ambiciosas, complejas (y también caóticas y originales) aproximaciones al mundo actual desde la poesía totalizadora. 
 

El lenguaje no tiene la costumbre de bendecirnos con su ternura, el lenguaje nos evidencia, nos reúne, nos define y nos anuncia el comienzo o el fin. La poesía es la fundación de la palabra. En Kurdistán, Rodinás busca ciertas brújulas entre las tuercas y los cerrojos del universo lingüístico, aún sabiendo que en la borrasca de los páramos las brújulas se desorientan, en la borrasca de los páramos las brújulas no existen: comienza el lenguaje… Se da la materialidad del lenguaje. Y es que a veces ocurre como en el cine que no hace sino poner en primer término la naturaleza espectral de toda imagen, lo que hace el autor en este poemario es una vuelta de tuerca más en su apuesta personal, incluso teniendo en cuenta que sigue siendo irreverente y trangresor como en sus libros precedentes. Aquí hay cápsulas de dolor, mundos poshumanos, espejos donde la vida transcurre por realidades inteligentes. Hay recovecos donde el presente es un desierto con flores de alambre. Hay retornos y viajes mentales hacia pasados y futuros. Hay, en ciertos momentos, tomas de conciencia de la pérdida que subyace en la existencia. El verso de Rodinás.


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Posando junto al editor del grupo Editorial "Hijos de la lluvia" el narrador Walter L. Bedregal Paz a su llegada a la ciudad de Juliaca - Perú.

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EL FINGIDOR y EL MAGO

EL FINGIDOR y EL MAGO



José Estela 


EL FINGIDOR:
Walter L. Bedregal ha escrito un libro sentimental: El libro de nuestros nombres (Grupo Editorial Hijos de la lluvia, 120pp. 2016). Pero no solo sentimental. Desde la primera página finge ser un Dios, en este libro se llena de caras y recuerdos ajenos. Los nombres son la única palabra que no miente, nos dice oscuro y perverso, y comprobamos, mientras nos adentramos, que este libro de nombres es una bitácora melancólica, de mundos muy propios a nosotros, y hasta cotidianos. Este ser va mutando entre nombre y nombre, entre foto y foto, entre un rostro y otro, como si fueran máscaras que cambian según la ocasión, con un oficio siniestro, el lector sospechará de la trampa, pero se dejará engañar, porque la curiosidad lo llevará a la última y única verdad, que al pasar las hojas y a través de las historias, ese Dios oscuro y melancólico, ese diablillo burlón y hasta sádico, no es otro que uno mismo.
EL MAGO
Ya conocedor de los microrrelatos, Darwin Bedoya nos presenta Canciones de cuna (Grupo Editorial Hijos de la lluvia, 96pp. 2016). Un libro que nos remite a las páginas de un clásico: Por mí se va a la ciudad del llanto; por mí se va al eterno dolor, por mí se va hacia la raza condenada… La entrada de la puerta del infierno de Dante Alighieri. El mundo de Darwin Bedoya es entropía, es ver el acto más cruel como cotidiano,  es el estupor hacia la esencia misma de la maldad, que no es otra cosa que un niño travieso, donde la familia es el centro, la vorágine, el ojo del huracán. Uno no puede evitar enamorarse de Quiela, no puede dejar de mirar hasta con cariño tanto horror, esta es la magia del escritor, convencerte de que lo bueno es malo, de que lo malo es justo, de que las cosas se dieron como jugando… Para después de terminar de leer el libro sentirte culpable sin saber ciertamente por qué.
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P.D. Textos leídos por José Estela Huamán en las presentaciones de los libros El libro de nuestros nombres de Walter L. Bedregal Paz y Canciones de cuna de Darwin Bedoya y, en el marco de la 3ra. FIL –Cusco 2016 (sábado 03 de setiembre y domingo 04 de setiembre).

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UNA ESTÉTICA DE LO GROTESCO: El hombre elefante y otros poemas de Miguel Ildefonso

UNA ESTÉTICA DE LO GROTESCO:
El hombre elefante y otros

poemas de Miguel Ildefonso






darwin bedoya


Entre todas las artes la poesía es la única que ya no existe... dice, en las antípodas, uno de los poetas más actuales y más activos en nuestro mapa literario de hoy, tal vez sea uno de los integrantes más prolíficos y descollantes de la poesía peruana de los 90: Miguel Ildefonso. Ha publicado alrededor de una docena de libros de poesía, entre los tres últimos títulos está El hombre elefante y otros poemas, 130pp. Fondo Editorial de la Asociación Peruano Japonesa, 2016. Este nuevo libro —al igual que casi todos los poemarios publicados por nuestro poeta—, ha sido merecedor de un importante reconocimiento: el Premio José Watanabe Varas de la Asociación Peruano Japonesa, 2015.
Desde Vestigios (1999) hasta Diario animal (2016) ha pasado mucha agua bajo el puente, quizá por eso Miguel ha anunciado que este libro es parte de un largo proyecto y, a la vez, de un solo texto que empezó a escribir en los 90 y que, además, cierra todo un ciclo de trabajo poético (ciclo de despedida y de inicio) que no solo refleja completud y realización dentro de su línea estética, sino también un decir poético lleno de apuestas y propuestas: un canon poético de la madurez, además de cantar, en tono mayor, la resistencia a las voces de la destrucción; todos estos signos se entrecruzan para hacernos ver esa latente vena del autor que nos conduce a una épica de la vida que ahora, como en sus libros precedentes, también se nota en este nuevo texto.
El hombre elefante y otros poemas que se podría titular también: El cántico de las criaturas, se divide en dos partes: Los monstruos y Otros monstruos. En Los monstruos la apuesta que hace el autor no es accesoria, y se entiende al concluir la lectura, porque es un juego de espejos, una suerte de recreación de voces y personajes; un desdoblamiento y transmisión de las sensaciones que muestran, de manera más lírica las múltiples voces en tiempos diversos y distancias insondables adquiriendo intensidad y mayor lirismo, casi una metapoética. La idea del autor al seleccionar personajes grotescos, seguramente tiene que ver con la intención de mostrar de estos monstruos su lado humano, sentimental, estético al fin y al cabo. No nos sorprenderá, por eso, encontrar a un Kafka meditativo, a un Van Gogh pintando entre los ojos de los bichos o al Fantasma de la Ópera escuchando unos aplausos en el centro de su inframundo. Tampoco nos será extraño toparnos con un Pinocho tirado entre juguetes empolvados y, no resultará insólito ver desde una ventana al Joven Manos de Tijera deambulando entre un jardín de árboles disecados. En los distintos pasajes o reescrituras hay una suerte de interlocutor ausente, alguien para quien se escribe y que no es un lector anónimo, alguien que recibirá el mensaje para escrutarlo y que lo espera. Aparecen referencias a una época y un lugar, a un dolor físico y emocional, lo que hace que se emparente este libro con los anteriores de Ildefonso, y, por supuesto, este poemario sigue trazando esa línea que marca —en la poesía peruana—, un cierto hito generacional.
Quizá la parte más reflexiva del libro sea la última, Otros monstruos, allí se percibe una gran sensibilidad que se ve expresada por la necesidad de sentido, pues trata de definir al hombre contemporáneo una vez desenmascarados los excesos de la postmodernidad, las carencias del individuo actual y la valoración de la poesía a la luz de los últimos acontecimientos del mundo. En estas páginas finales, intelecto e intuición animan la frondosa poesía de Ildefonso: la poesía es delirio.
En definitiva, El hombre elefante y otros poemas es una poética que embiste el cuerpo central del problema: la presencia y magnificidad de un arte o post-arte, o post-literatura que ni resuelve ninguna de las cuestiones actuales ni procura una definición a los retos más inmediatos. Miguel Ildefonso, con este nuevo poemario, delata un culmen poético, un conjunto de canciones para aliviar la soledad y para recorrer un largo camino, porque escribes desde la nostalgia de una polilla… porque la poesía es otro mundo/ es posible allí dejar de escribir (p.119 / - / 121) porque la poesía, al fin y al cabo, es un silencio útil para descentrar, o al menos poner en tela de juicio a cualquiera de los discursos imperantes de este siglo. Pero no solo eso, El hombre elefante y otros poemas supone, en última instancia, el triunfo de la palabra sobre el discurso.


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DIARIO ANIMAL O LAS BATALLAS QUIETAS DE MIGUEL ILDEFONSO

DIARIO ANIMAL
O LAS BATALLAS QUIETAS DE MIGUEL ILDEFONSO


Darwin Bedoya
La poesía de Miguel Ildefonso tiene tratos con las batallas de la vida y de la muerte: ha seguido una ruta paralela a la de Dante Alighieri: infierno, purgatorio y paraíso. Quizá esto tenga que ver con lo que decía Rilke alguna vez en sus Elegías de Duino: lo bello no es sino el comienzo de lo terrible. Desde Vestigios (1999) hasta este libro, Diario animal (2016), que cierra una época, encontramos en la poesía de Ildefonso textos que reflejan los espacios menos gratos, los sitios más oscuros de la existencia humana mostrados al lector con voluntad de choque, para que la colisión les abra los ojos a una realidad velada por las luces y el ruido insoportable de la sociedad en la que nos ha tocado vivir. Diario animal (Hipocampo Editores, 64pp. 2016), reúne 38 poemas que narran silenciosamente los viajes y retornos del poeta. En las páginas de este breve libro encontramos otra vez esa representación del sujeto migrante en su citadina épica cotidiana de la que hablaba Paolo de Lima. Una poética de la tensión de la imagen donde el sujeto/personaje está en distintos lugares y va narrando y anotando, a modo de diario, lo que siente y lo que piensa: lo que vive y lo que muere.
Si bien la poesía de Miguel Ildefonso (Lima, 1970) expresa también la hibridez de la cultura peruana, lo marginal, el desencanto por lo urbano, lo metapoético; en Diario animal aparece también ese halo profético donde el sujeto poemático descubre que puede aniquilarse o que puede ser eterno: Agotada la polilla sola en un bosque de edificios y cables / yo sería aquella polilla pero solo me queda el cansancio / las sombras de palabras que fui domesticando en habitaciones lúgubres de hostales lejanos / la polilla no tiene memoria como el dolor / solo es un sueño / solo es la abreviatura de una vida / el intento de ser el reflejo de una luna muerta escrita en estas batallas quietas (La polilla, p. 16). Devolverle la palabra al poeta es empezar otra vez el mundo. Como en La Odisea, Ildefonso nos habla de volver a Ítaca, desde la sombra de los escombros, llegar a las ruinas de la casa. Jugar a los dados en esa vida underground. Irse para volver al lugar poético. En Diario animal están Apolo, Durham, Juárez, Lima, Texas, EE.UU., México, el Norte, el Sur, otra vez Apolo, otra vez Lima o cualquier lugar del mundo: Tirado en el cemento/ de una calle sucia/ silbando en la neblina/ del invierno claro/ y lleno de sinestesias/ allí ve a Dios/ que también gusta de la música… (El ángel caído, p. 20). Estas batallas de las que habla el poeta tienen que ver con el retorno y la partida. El dolor. La ausencia. El recuerdo: el paraíso de Dante, el lugar para vivir: la casa familiar: es una pequeña casa que habita una casa infinita/una habitación donde apenas/ puede entrar la mitad de un amor  (La mariposa, p. 33). Pero cuando el poeta habla de su hábitat terrenal, también habla de su otro gran hogar: vivo en la poesía/ de niño no lo sabía/ ella estaba hecha solo de silencio/ pero luego (a los 17 así) se hizo de palabras/ simples palabras como estas/ yo vivo aquí/ en este poema que no escribo/ sino que se hace visible ante la luz del mundo… (La salamandra, p. 34).
En la última parte de Diario animal: EX-LIBRIS/ Nocturno de Lima, el poeta habla de un viaje que no es sino el volver a casa. Y en este poema el más extenso y logrado del libro, nos habla, una vez más, del eterno ir y venir, del viaje, del retorno como una insistencia para marcar territorio o como el que sabe que no debe irse porque no sabe despedirse y por eso retorna a la Ítaca de toda la vida: aquí está / lo vemos esperando su carro / metido ya en la noche desplegando sus alas que no pueden volar / esperando y sonriendo/con el viento ácido / con la cruz del cerro negro al frente / los faros guiándolo / aquí está él / perdido en la tierra sedienta de ese cuerpo divino airado loco animal… (Nocturno de Lima, p. 58).El poema es una autobiografía, un retrato hablado del país y sus aristas más altas y bajas. Ildefonso cierra así un período, una vida: …entonces quedan aquí las palabras nada más/ queda en esta línea: un punto final. (La pulga, p.27), este libro final (todos los poemarios de Ildefonso son un solo poema, como él mismo lo ha afirmado en algunas ocasiones) es un canto, literalmente, una sucesión de cantos a la vida, al viaje, al retorno, a la poesía misma, por eso encontramos, por momentos, registros levemente disímiles que, de alguna manera, delatan una enunciación plural y abierta a la diferencia, al cambio, al desafío. A la manera de Luchito Hernández, Ildefonso ha ido publicando no cuadernos, sino libros de poesía fracturados que son un todo y que culminan con este poemario. Así, la voz de Ildefonso desde su consagración con Las ciudades fantasmas (2002) no puede confundirse con la de ningún poeta, pues la suya se ubica entre las más singulares, inquietantes y hondas porque, como él, sabemos que: Un poeta/ solo es quien va dejando sus poemas al olvido.
 
 
Ganador categoría Poesía
Obra: El hombre elefante y otros poemas
Autor: Miguel Dante Ildefonso Huanca
Editorial: Asociación Peruano Japonesa
 


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Tributo a la Poesía "Cielo de relámpagos" Juliaca 2016





El Grupo Editorial "Hijos de la lluvia", 
"TUNTTA" comida peruana, 
Real PLAZA - Juliaca, 
el Centro de Poesía "Vicente Benavente Calla" 
y la Municipalidad Provincial de San Román, 
tienen la responsabilidad
de organizar: 
Tributo a la Poesía 
"Cielo de relámpagos"
 Juliaca 2016.

Juliaca lee en voz alta los versos de la poesía,  desde este jueves 25 de febrero hasta el domingo 28 de febrero del presente, en las instalaciones de Real PLAZA - Juliaca. Cinco países, 21 poetas hablarán de la poesía, de la literatura y de los que se nos adelantaron en el viaje a la eternidad: Marco Fonz (México 1965 - Chile 2013); Luzgardo Medina Egoavil (Arequipa 1959 - Arequipa 2014); Kelver Ax (Loja, Ecuador 1986 - Loja,  Ecuador 2016); Eduardo Chirinos Arrieta (Lima, - EE.UU. 2016).
Quedan todos invitados. Ingreso libre. También tendremos presentaciones de libros, expo-venta de libros, canje, revistas, etc.
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JUSTIFICACIÓN DE LA VIDA Y LA POESÍA

Efraín Miranda (Condoraque, San Antonio de Putina - Puno, 1925 - Arequipa, 2015) 


Hubiese querido empezar a hablar de la lectura y literatura puneña siquiera con unos 50 libros contemporáneos en la mesa. Hubiese querido detenerme un par de horas en aquel primer libro que Efraín Miranda publicara allá por 1954 y compartir con ustedes verso a verso.
            El libro y la lectura mantienen hoy en día una posición de privilegio como fundamento de la cultura, la convivencia, el progreso y el desarrollo. Los libros y la lectura son piedra angular de la prosperidad, factores sin los cuales no hay civilización democrática moderna que valga. Requerimos en la actualidad, efectivamente, una Patria con Lectores. Y es que sin libros ni lectura, no puede trazarse destino ni porvenir en una sociedad. La democracia, igual, sin esos elementos civilizatorios está en riesgo de quedarse atrapada en los espacios de los anacronismos políticos. Nuestro país está por los suelos en éste ámbito, lo que nos habla por lo tanto del fracaso estrepitoso del sistema público de educación. En ese sentido, creo que no podemos formar parte de ese desmoronamiento, desde provincias como San Antonio de Putina, donde nace el poeta Miranda en el año 1925, desde departamentos como Puno debemos trabajar en ese punto de desarrollo cultural, y qué mejor si en nuestra Región tenemos cumbres intelectuales como el maestro y poeta Efraín Miranda Luján. Creo que a partir de este enorme hito se debería emprender el estudio, el conocimiento de nuestra identidad, de nuestra literatura. Y creo que las actividades literarias, o las publicaciones de libros en primera instancia, tienen esa finalidad: escarbar un poco en la memoria, poner al alcance no solo nombres de escritores, sino también libros, conocimientos. Saber en qué va nuestra formación literaria, saber cuán sensibles somos. La publicación de textos es el ideal de muchas organizaciones, pues soportan una comprensión y divulgación de las manifestaciones literarias y culturales de un espacio, pues son una primera tentativa que generan distintas posiciones para iniciar un dialogo cultural. Ni la crítica ni la cultura son exclusividad de alguna institución o medio –canales de televisión, radios, editoriales, fundaciones, organismos gubernamentales, etc.-, ambas existen porque existe un cúmulo social que desea intentar una comprensión de sí mismo, una cantidad de personas que organizan una mirada sobre lo que sucede en su entorno y lo que se dice acerca de estos sucesos. Estas miradas tienen una repercusión muy importante en los procesos culturales, y con mayor razón cuando se trata de lectura y literatura. Entendemos que el escenario cultural no es un barrio céntrico de notable arquitectura por donde pasean turistas y espíritus educados para una correcta apreciación estética, ni tampoco una carretera por donde transitan vehículos cargados de distintas mercancías a velocidades variables hasta los domicilios de sus consumidores. Entre una y otra barbarie, a medio camino entre estas dos escenas, sucede la imagen inestable de nuestro presente. Ordenar algunas notas que lo demarquen o sirvan para hablar de él constituye un aporte crítico que evita su disolución. El propósito de la presente publicación tiene varios asuntos implicados, en realidad, si mal no entiendo, debe ser evitar la disolución de un espacio común, atendiendo principalmente al ámbito literario en consonancia con el resto de las dinámicas culturales de nuestro departamento.
           Entonces, el primer objetivo es la divulgación de lo literario y su inclusión en esa esfera indeterminada y en movimiento que se llama cultura pura. Creo que los cuatro libros publicados por nuestro mayor autor de la literatura puneña y peruana son primordiales para un estudio. Creemos que existe una grave desconexión entre la creación literaria actual y el público, la cual no solo se debe a la falta de medios de divulgación, sino a fórmulas inadecuadas para iniciar una conversación: los lenguajes académicos que cierran el asunto con un comentario acerca de las metodologías más apropiadas para enfrentar el tema. Creo este evento tiene la finalidad de cubrir esa desconexión, suplir ese vacío en que nada se dice o se dice algo, pero desde un encierro inexpugnable, cual envase de cuatro paredes. La literatura es un telar en movimiento, un conjunto de voces que muchas veces no precisa una figura o leader o disposición estable. Si bien los nuevos escritores del mundo son hijos del MP3 - 4 - 5, también son lectores naturales de E-book, portadores de la Tablet o el BlackBerry y usuarios compulsivos de Internet, del Facebook, del Twitter y otras antiguallas, como el e-mail y el Messenger, y tal vez como muchos, también suscriben la religión del Google. Pero eso no le quita trascendencia a las obras, sobre todo a las que parten desde sus orígenes o las que quieren mostrar al mundo desde dónde provienen, tal como lo hizo Martí o el mismísimo García Márquez, que por cierto, hace unos meses se hizo más grande y más eterno con su Macondo y desde Macondo, es decir desde aquel pueblecito recóndito que es Aracataca, allá en Colombia. La poesía de Efraín Miranda apareció en el horizonte de la literatura peruana a principios de los años cincuenta, 1954 para ser exactos, como una especie de saludable acontecimiento que; sin embargo, casi nadie escuchó ni produjo, en consecuencia, la menor inquietud.
             Los lectores, en su gran mayoría prefirieron mirar hacia otra parte, como si nada hubiera ocurrido. No era poco, empero, lo que había sucedido y lo que ese libro era y significaba. Hubo en ese triste panorama de indiferencia una notabilísima excepción: Salazar Bondy, quien escribió un hermoso comentario sobre Muerte Cercana, libro que un nuevo poeta peruano alzaba su voz en medio de autores ya consagrados hasta ese entonces en la década del 50 en la literatura peruana. Este texto fue incluido más tarde en el volumen inicial mirandiano: Muerte cercana. Esas palabras de Salazar Bondy siguen siendo de lectura obligada para los escasos comentaristas o críticos de la poesía de Miranda. Creo los momentos cumbres de nuestro autor se dan en Muerte cercana y Choza; sin embargo, toda esa obra compuesta por cuatro libros alcanzará un punto culminante con la edición de su Poesía reunida publicada por el sello editorial puneño Hijos de la lluvia. La aparición de la Poesía reunida de Miranda es una ocasión inmejorable para ponderar las cualidades de esta escritura poética, quizá la más singular de por lo menos los últimos cincuenta años en el ámbito de la poesía peruana. En estas páginas veremos que el escritor experimenta su soledad al convertirse en letra y sangre de sus propias páginas. Sabremos de cómo esa lengua india fluye en cada verso. Leyendo esta obra completa sabremos de esa entrada al laberinto de la escritura como una entraña y a la vez conocida herida, único vehículo para hacer visible lo invisible, figura o representación, paso a ciegas por lo abismal. Porque escribir es ponerle un nombre a la muerte. Porque la poesía es una interrogación y la infinidad de respuestas no dejan de ser preguntas. En la escritura la interpelación es el mecanismo creativo por excelencia, surge de la duda y la contradicción, y acaba siendo oxímoron o encrucijada de las palabras. La pregunta es oscura y creadora, y la respuesta es una precipitada lucidez que fulmina. La pregunta errante cede ante la hospitalidad de la palabra. ¿Muerte cercana? La escritura recorre como un nómada el desierto, en el cual ve su alumbramiento (o nacimiento). Los libros de Efraín Miranda dejan abierta su morada al lector, en un acto de ilimitada hospitalidad, para que habite el libro total, para que lo deletree vocablo a vocablo. No nos queda a nosotros, lectores, nada más que cerrarlo, ovalarlo hasta formar el bucle incesante que nació con la pregunta. Y volver de nuevo a borrar el libro. A escribir el libro frente a un Padre Sol incesante.

Ciudad de los vientos Juliaca, junio del 2014


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P.D. Parte de la presentación del libro inédito EFRAÍN MIRANDA Poesía reunida, Grupo Editorial "Hijos de la lluvia".
Las fotografías corresponden a las visitas que se le hicieron al poeta, en su casa de Yanahuara- Arequipa.




Se aprecia en compañía del poeta a: el narrador Javier Núñez, el poeta Carlos Mendoza, el Dr. Omar Aramayo,
el narrador Walter L. Bedregal Paz y el poeta Lolo Palza.



Aquí junto al poeta Efraín Miranda, el poeta Luis Pacho, el artista David Colquehuanca, el poeta Darwin Bedoya 
y el narrador Walter L. Bedregal Paz.


Portada del libro (inédito) sobre su obra poética reunida.


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