jueves, 9 de diciembre de 2010

Discurso de Mario Vargas Llosa. Premio Nobel de Literatura 2010 - Elogio de la lectura y la ficción



Aprendí a leer a los cinco años, en la clase del hermano Justiniano, en el Colegio de la Salle , en Cochabamba (Bolivia). Es la cosa más importante que me ha pasado en la vida. Casi setenta años después recuerdo con nitidez cómo esa magia, traducir las palabras de los libros en imágenes, enriqueció mi vida, rompiendo las barreras del tiempo y del espacio y permitiéndome viajar con el capitán Nemo veinte mil leguas de viaje submarino, luchar junto a d’Artagnan, Athos, Portos y Aramís contra las intrigas que amenazan a la Reina en los tiempos del sinuoso Richelieu, o arrastrarme por las entrañas de París, convertido en Jean Valjean, con el cuerpo inerte de Marius a cuestas.

La lectura convertía el sueño en vida y la vida en sueño y ponía al alcance del pedacito de hombre que era yo el universo de la literatura. Mi madre me contó que las primeras cosas que escribí fueron continuaciones de las historias que leía pues me apenaba que se terminaran o quería enmendarles el final. Y acaso sea eso lo que me he pasado la vida haciendo sin saberlo: prolongando en el tiempo, mientras crecía, maduraba y envejecía, las historias que llenaron mi infancia de exaltación y de aventuras.

Me gustaría que mi madre estuviera aquí, ella que solía emocionarse y llorar leyendo los poemas de Amado Nervo y de Pablo Neruda, y también el abuelo Pedro, de gran nariz y calva reluciente, que celebraba mis versos, y el tío Lucho que tanto me animó a volcarme en cuerpo y alma a escribir aunque la literatura, en aquel tiempo y lugar, alimentara tan mal a sus cultores. Toda la vida he tenido a mi lado gentes así, que me querían y alentaban, y me contagiaban su fe cuando dudaba. Gracias a ellos y, sin duda, también, a mi terquedad y algo de suerte, he podido dedicar buena parte de mi tiempo a esta pasión, vicio y maravilla que es escribir, crear una vida paralela donde refugiarnos contra la adversidad, que vuelve natural lo extraordinario y extraordinario lo natural, disipa el caos, embellece lo feo, eterniza el instante y torna la muerte un espectáculo pasajero.

No era fácil escribir historias. Al volverse palabras, los proyectos se marchitaban en el papel y las ideas e imágenes desfallecían. ¿Cómo reanimarlos? Por fortuna, allí estaban los maestros para aprender de ellos y seguir su ejemplo. Flaubert me enseñó que el talento es una disciplina tenaz y una larga paciencia. Faulkner, que es la forma –la escritura y la estructura– lo que engrandece o empobrece los temas. Martorell, Cervantes, Dickens, Balzac, Tolstoi, Conrad, Thomas Mann, que el número y la ambición son tan importantes en una novela como la destreza estilística y la estrategia narrativa. Sartre, que las palabras son actos y que una novela, una obra de teatro, un ensayo, comprometidos con la actualidad y las mejores opciones, pueden cambiar el curso de la historia. Camus y Orwell, que una literatura desprovista de moral es inhumana y Malraux que el heroísmo y la épica cabían en la actualidad tanto como en el tiempo de los argonautas, la Odisea y la Ilíada.

Si convocara en este discurso a todos los escritores a los que debo algo o mucho sus sombras nos sumirían en la oscuridad. Son innumerables. Además de revelarme los secretos del oficio de contar, me hicieron explorar los abismos de lo humano, admirar sus hazañas y horrorizarme con sus desvaríos. Fueron los amigos más serviciales, los animadores de mi vocación, en cuyos libros descubrí que, aun en las peores circunstancias, hay esperanzas y que vale la pena vivir, aunque fuera sólo porque sin la vida no podríamos leer ni fantasear historias.

Algunas veces me pregunté si en países como el mío, con escasos lectores y tantos pobres, analfabetos e injusticias, donde la cultura era privilegio de tan pocos, escribir no era un lujo solipsista. Pero estas dudas nunca asfixiaron mi vocación y seguí siempre escribiendo, incluso en aquellos períodos en que los trabajos alimenticios absorbían casi todo mi tiempo. Creo que hice lo justo, pues, si para que la literatura florezca en una sociedad fuera requisito alcanzar primero la alta cultura, la libertad, la prosperidad y la justicia, ella no hubiera existido nunca. Por el contrario, gracias a la literatura, a las conciencias que formó, a los deseos y anhelos que inspiró, al desencanto de lo real con que volvemos del viaje a una bella fantasía, la civilización es ahora menos cruel que cuando los contadores de cuentos comenzaron a humanizar la vida con sus fábulas. Seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas, menos inquietos e insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso, ni siquiera existiría. Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida tal como es no nos basta para colmar nuestra sed de absoluto, fundamento de la condición humana, y que debería ser mejor. Inventamos las ficciones para poder vivir de alguna manera las muchas vidas que quisiéramos tener cuando apenas disponemos de una sola.

Sin las ficciones seríamos menos conscientes de la importancia de la libertad para que la vida sea vivible y del infierno en que se convierte cuando es conculcada por un tirano, una ideología o una religión. Quienes dudan de que la literatura, además de sumirnos en el sueño de la belleza y la felicidad, nos alerta contra toda forma de opresión, pregúntense por qué todos los regímenes empeñados en controlar la conducta de los ciudadanos de la cuna a la tumba, la temen tanto que establecen sistemas de censura para reprimirla y vigilan con tanta suspicacia a los escritores independientes. Lo hacen porque saben el riesgo que corren dejando que la imaginación discurra por los libros, lo sediciosas que se vuelven las ficciones cuando el lector coteja la libertad que las hace posibles y que en ellas se ejerce, con el oscurantismo y el miedo que lo acechan en el mundo real. Lo quieran o no, lo sepan o no, los fabuladores, al inventar historias, propagan la insatisfacción, mostrando que el mundo está mal hecho, que la vida de la fantasía es más rica que la de la rutina cotidiana. Esa comprobación, si echa raíces en la sensibilidad y la conciencia, vuelve a los ciudadanos más difíciles de manipular, de aceptar las mentiras de quienes quisieran hacerles creer que, entre barrotes, inquisidores y carceleros viven más seguros y mejor.

La buena literatura tiende puentes entre gentes distintas y, haciéndonos gozar, sufrir o sorprendernos, nos une por debajo de las lenguas, creencias, usos, costumbres y prejuicios que nos separan. Cuando la gran ballena blanca sepulta al capitán Ahab en el mar, se encoge el corazón de los lectores idénticamente en Tokio, Lima o Tombuctú. Cuando Emma Bovary se traga el arsénico, Anna Karenina se arroja al tren y Julián Sorel sube al patíbulo, y cuando, en El Sur, el urbano doctor Juan Dahlmann sale de aquella pulpería de la pampa a enfrentarse al cuchillo de un matón, o advertimos que todos los pobladores de Comala, el pueblo de Pedro Páramo, están muertos, el estremecimiento es semejante en el lector que adora a Buda, Confucio, Cristo, Alá o es un agnóstico, vista saco y corbata, chilaba, kimono o bombachas. La literatura crea una fraternidad dentro de la diversidad humana y eclipsa las fronteras que erigen entre hombres y mujeres la ignorancia, las ideologías, las religiones, los idiomas y la estupidez.

Como todas las épocas han tenido sus espantos, la nuestra es la de los fanáticos, la de los terroristas suicidas, antigua especie convencida de que matando se gana el paraíso, que la sangre de los inocentes lava las afrentas colectivas, corrige las injusticias e impone la verdad sobre las falsas creencias. Innumerables víctimas son inmoladas cada día en diversos lugares del mundo por quienes se sienten poseedores de verdades absolutas. Creíamos que, con el desplome de los imperios totalitarios, la convivencia, la paz, el pluralismo, los derechos humanos, se impondrían y el mundo dejaría atrás los holocaustos, genocidios, invasiones y guerras de exterminio. Nada de eso ha ocurrido. Nuevas formas de barbarie proliferan atizadas por el fanatismo y, con la multiplicación de armas de destrucción masiva, no se puede excluir que cualquier grupúsculo de enloquecidos redentores provoque un día un cataclismo nuclear. Hay que salirles al paso, enfrentarlos y derrotarlos. No son muchos, aunque el estruendo de sus crímenes retumbe por todo el planeta y nos abrumen de horror las pesadillas que provocan. No debemos dejarnos intimidar por quienes quisieran arrebatarnos la libertad que hemos ido conquistando en la larga hazaña de la civilización. Defendamos la democracia liberal, que, con todas sus limitaciones, sigue significando el pluralismo político, la convivencia, la tolerancia, los derechos humanos, el respeto a la crítica, la legalidad, las elecciones libres, la alternancia en el poder, todo aquello que nos ha ido sacando de la vida feral y acercándonos –aunque nunca llegaremos a alcanzarla– a la hermosa y perfecta vida que finge la literatura, aquella que sólo inventándola, escribiéndola y leyéndola podemos merecer. Enfrentándonos a los fanáticos homicidas defendemos nuestro derecho a soñar y a hacer nuestros sueños realidad.

En mi juventud, como muchos escritores de mi generación, fui marxista y creí que el socialismo sería el remedio para la explotación y las injusticias sociales que arreciaban en mi país, América Latina y el resto del Tercer Mundo. Mi decepción del estatismo y el colectivismo y mi tránsito hacia el demócrata y el liberal que soy –que trato de ser– fue largo, difícil, y se llevó a cabo despacio y a raíz de episodios como la conversión de la Revolución Cubana , que me había entusiasmado al principio, al modelo autoritario y vertical de la Unión Soviética , el testimonio de los disidentes que conseguía escurrirse entre las alambradas del Gulag, la invasión de Checoeslovaquia por los países del Pacto de Varsovia, y gracias a pensadores como Raymond Aron, Jean-François Revel, Isaiah Berlin y Karl Popper, a quienes debo mi revalorización de la cultura democrática y de las sociedades abiertas. Esos maestros fueron un ejemplo de lucidez y gallardía cuando la intelligentsia de Occidente parecía, por frivolidad u oportunismo, haber sucumbido al hechizo del socialismo soviético, o, peor todavía, al aquelarre sanguinario de la revolución cultural china.

De niño soñaba con llegar algún día a París porque, deslumbrado con la literatura francesa, creía que vivir allí y respirar el aire que respiraron Balzac, Stendhal, Baudelaire, Proust, me ayudaría a convertirme en un verdadero escritor, que si no salía del Perú sólo sería un seudo escritor de días domingos y feriados. Y la verdad es que debo a Francia, a la cultura francesa, enseñanzas inolvidables, como que la literatura es tanto una vocación como una disciplina, un trabajo y una terquedad. Viví allí cuando Sartre y Camus estaban vivos y escribiendo, en los años de Ionesco, Beckett, Bataille y Cioran, del descubrimiento del teatro de Brecht y el cine de Ingmar Bergman, el TNP de Jean Vilar y el Odéon de Jean Louis Barrault, de la Nouvelle Vague y le Nouveau Roman y los discursos, bellísimas piezas literarias, de André Malraux, y, tal vez, el espectáculo más teatral de la Europa de aquel tiempo, las conferencias de prensa y los truenos olímpicos del general de Gaulle. Pero, acaso, lo que más le agradezco a Francia sea el descubrimiento de América Latina. Allí aprendí que el Perú era parte de una vasta comunidad a la que hermanaban la historia, la geografía, la problemática social y política, una cierta manera de ser y la sabrosa lengua en que hablaba y escribía. Y que en esos mismos años producía una literatura novedosa y pujante. Allí leí a Borges, a Octavio Paz, Cortázar, García Márquez, Fuentes, Cabrera Infante, Rulfo, Onetti, Carpentier, Edwards, Donoso y muchos otros, cuyos escritos estaban revolucionando la narrativa en lengua española y gracias a los cuales Europa y buena parte del mundo descubrían que América Latina no era sólo el continente de los golpes de Estado, los caudillos de opereta, los guerrilleros barbudos y las maracas del mambo y el chachachá, sino también ideas, formas artísticas y fantasías literarias que trascendían lo pintoresco y hablaban un lenguaje universal.

De entonces a esta época, no sin tropiezos y resbalones, América Latina ha ido progresando, aunque, como decía el verso de César Vallejo, todavía Hay, hermanos, muchísimo que hacer. Padecemos menos dictaduras que antaño, sólo Cuba y su candidata a secundarla, Venezuela, y algunas seudodemocracias populistas y payasas, como las de Bolivia y Nicaragua. Pero en el resto del continente, mal que mal, la democracia está funcionando, apoyada en amplios consensos populares, y, por primera vez en nuestra historia, tenemos una izquierda y una derecha que, como en Brasil, Chile, Uruguay, Perú, Colombia, República Dominicana, México y casi todo Centroamérica, respetan la legalidad, la libertad de crítica, las elecciones y la renovación en el poder. Ése es el buen camino y, si persevera en él, combate la insidiosa corrupción y sigue integrándose al mundo, América Latina dejará por fin de ser el continente del futuro y pasará a serlo del presente.

Nunca me he sentido un extranjero en Europa, ni, en verdad, en ninguna parte. En todos los lugares donde he vivido, en París, en Londres, en Barcelona, en Madrid, en Berlín, en Washington, Nueva York, Brasil o la República Dominicana , me sentí en mi casa. Siempre he hallado una querencia donde podía vivir en paz y trabajando, aprender cosas, alentar ilusiones, encontrar amigos, buenas lecturas y temas para escribir. No me parece que haberme convertido, sin proponérmelo, en un ciudadano del mundo, haya debilitado eso que llaman “las raíces”, mis vínculos con mi propio país –lo que tampoco tendría mucha importancia–, porque, si así fuera, las experiencias peruanas no seguirían alimentándome como escritor y no asomarían siempre en mis historias, aun cuando éstas parezcan ocurrir muy lejos del Perú. Creo que vivir tanto tiempo fuera del país donde nací ha fortalecido más bien aquellos vínculos, añadiéndoles una perspectiva más lúcida, y la nostalgia, que sabe diferenciar lo adjetivo y lo sustancial y mantiene reverberando los recuerdos. El amor al país en que uno nació no puede ser obligatorio, sino, al igual que cualquier otro amor, un movimiento espontáneo del corazón, como el que une a los amantes, a padres e hijos, a los amigos entre sí.

Al Perú yo lo llevo en las entrañas porque en él nací, crecí, me formé, y viví aquellas experiencias de niñez y juventud que modelaron mi personalidad, fraguaron mi vocación, y porque allí amé, odié, gocé, sufrí y soñé. Lo que en él ocurre me afecta más, me conmueve y exaspera más que lo que sucede en otras partes. No lo he buscado ni me lo he impuesto, simplemente es así. Algunos compatriotas me acusaron de traidor y estuve a punto de perder la ciudadanía cuando, durante la última dictadura, pedí a los gobiernos democráticos del mundo que penalizaran al régimen con sanciones diplomáticas y económicas, como lo he hecho siempre con todas las dictaduras, de cualquier índole, la de Pinochet, la de Fidel Castro, la de los talibanes en Afganistán, la de los imanes de Irán, la del apartheid de Africa del Sur, la de los sátrapas uniformados de Birmania (hoy Myanmar). Y lo volvería a hacer mañana si –el destino no lo quiera y los peruanos no lo permitan– el Perú fuera víctima una vez más de un golpe de estado que aniquilara nuestra frágil democracia. Aquella no fue la acción precipitada y pasional de un resentido, como escribieron algunos polígrafos acostumbrados a juzgar a los demás desde su propia pequeñez. Fue un acto coherente con mi convicción de que una dictadura representa el mal absoluto para un país, una fuente de brutalidad y corrupción y de heridas profundas que tardan mucho en cerrar, envenenan su futuro y crean hábitos y prácticas malsanas que se prolongan a lo largo de las generaciones demorando la reconstrucción democrática. Por eso, las dictaduras deben ser combatidas sin contemplaciones, por todos los medios a nuestro alcance, incluidas las sanciones económicas. Es lamentable que los gobiernos democráticos, en vez de dar el ejemplo, solidarizándose con quienes, como las Damas de Blanco en Cuba, los resistentes venezolanos, o Aung San Suu Kyi y Liu Xiaobo, que se enfrentan con temeridad a las dictaduras que sufren, se muestren a menudo complacientes no con ellos sino con sus verdugos. Aquellos valientes, luchando por su libertad, también luchan por la nuestra.

Un compatriota mío, José María Arguedas, llamó al Perú el país de “todas las sangres”. No creo que haya fórmula que lo defina mejor. Eso somos y eso llevamos dentro todos los peruanos, nos guste o no: una suma de tradiciones, razas, creencias y culturas procedentes de los cuatro puntos cardinales. A mí me enorgullece sentirme heredero de las culturas prehispánicas que fabricaron los tejidos y mantos de plumas de Nazca y Paracas y los ceramios mochicas o incas que se exhiben en los mejores museos del mundo, de los constructores de Machu Picchu, el Gran Chimú, Chan Chan, Kuelap, Sipán, las huacas de La Bruja y del Sol y de la Luna , y de los españoles que, con sus alforjas, espadas y caballos, trajeron al Perú a Grecia, Roma, la tradición judeo-cristiana, el Renacimiento, Cervantes, Quevedo y Góngora, y la lengua recia de Castilla que los Andes dulcificaron. Y de que con España llegara también el África con su reciedumbre, su música y su efervescente imaginación a enriquecer la heterogeneidad peruana. Si escarbamos un poco descubrimos que el Perú, como el Aleph de Borges, es en pequeño formato el mundo entero. ¡Qué extraordinario privilegio el de un país que no tiene una identidad porque las tiene todas!
La conquista de América fue cruel y violenta, como todas las conquistas, desde luego, y debemos criticarla, pero sin olvidar, al hacerlo, que quienes cometieron aquellos despojos y crímenes fueron, en gran número, nuestros bisabuelos y tatarabuelos, los españoles que fueron a América y allí se acriollaron, no los que se quedaron en su tierra. Aquellas críticas, para ser justas, deben ser una autocrítica. Porque, al independizarnos de España, hace doscientos años, quienes asumieron el poder en las antiguas colonias, en vez de redimir al indio y hacerle justicia por los antiguos agravios, siguieron explotándolo con tanta codicia y ferocidad como los conquistadores, y, en algunos países, diezmándolo y exterminándolo. Digámoslo con toda claridad: desde hace dos siglos la emancipación de los indígenas es una responsabilidad exclusivamente nuestra y la hemos incumplido. Ella sigue siendo una asignatura pendiente en toda América Latina. No hay una sola excepción a este oprobio y vergüenza.

Quiero a España tanto como al Perú y mi deuda con ella es tan grande como el agradecimiento que le tengo. Si no hubiera sido por España jamás hubiera llegado a esta tribuna, ni a ser un escritor conocido, y tal vez, como tantos colegas desafortunados, andaría en el limbo de los escribidores sin suerte, sin editores, ni premios, ni lectores, cuyo talento acaso –triste consuelo– descubriría algún día la posteridad. En España se publicaron todos mis libros, recibí reconocimientos exagerados, amigos como Carlos Barral y Carmen Balcells y tantos otros se desvivieron porque mis historias tuvieran lectores. Y España me concedió una segunda nacionalidad cuando podía perder la mía. Jamás he sentido la menor incompatibilidad entre ser peruano y tener un pasaporte español porque siempre he sentido que España y el Perú son el anverso y el reverso de una misma cosa, y no sólo en mi pequeña persona, también en realidades esenciales como la historia, la lengua y la cultura.

De todos los años que he vivido en suelo español, recuerdo con fulgor los cinco que pasé en la querida Barcelona a comienzos de los años setenta. La dictadura de Franco estaba todavía en pie y aún fusilaba, pero era ya un fósil en hilachas, y, sobre todo en el campo de la cultura, incapaz de mantener los controles de antaño. Se abrían rendijas y resquicios que la censura no alcanzaba a parchar y por ellas la sociedad española absorbía nuevas ideas, libros, corrientes de pensamiento y valores y formas artísticas hasta entonces prohibidos por subversivos. Ninguna ciudad aprovechó tanto y mejor que Barcelona este comienzo de apertura ni vivió una efervescencia semejante en todos los campos de las ideas y la creación. Se convirtió en la capital cultural de España, el lugar donde había que estar para respirar el anticipo de la libertad que se vendría. Y, en cierto modo, fue también la capital cultural de América Latina por la cantidad de pintores, escritores, editores y artistas procedentes de los países latinoamericanos que allí se instalaron, o iban y venían a Barcelona, porque era donde había que estar si uno quería ser un poeta, novelista, pintor o compositor de nuestro tiempo. Para mí, aquellos fueron unos años inolvidables de compañerismo, amistad, conspiraciones y fecundo trabajo intelectual. Igual que antes París, Barcelona fue una Torre de Babel, una ciudad cosmopolita y universal, donde era estimulante vivir y trabajar, y donde, por primera vez desde los tiempos de la guerra civil, escritores españoles y latinoamericanos se mezclaron y fraternizaron, reconociéndose dueños de una misma tradición y aliados en una empresa común y una certeza: que el final de la dictadura era inminente y que en la España democrática la cultura sería la protagonista principal.

Aunque no ocurrió así exactamente, la transición española de la dictadura a la democracia ha sido una de las mejores historias de los tiempos modernos, un ejemplo de cómo, cuando la sensatez y la racionalidad prevalecen y los adversarios políticos aparcan el sectarismo en favor del bien común, pueden ocurrir hechos tan prodigiosos como los de las novelas del realismo mágico. La transición española del autoritarismo a la libertad, del subdesarrollo a la prosperidad, de una sociedad de contrastes económicos y desigualdades tercermundistas a un país de clases medias, su integración a Europa y su adopción en pocos años de una cultura democrática, ha admirado al mundo entero y disparado la modernización de España. Ha sido para mí una experiencia emocionante y aleccionadora vivirla de muy cerca y a ratos desde dentro. Ojalá que los nacionalismos, plaga incurable del mundo moderno y también de España, no estropeen esta historia feliz.

Detesto toda forma de nacionalismo, ideología –o, más bien, religión– provinciana, de corto vuelo, excluyente, que recorta el horizonte intelectual y disimula en su seno prejuicios étnicos y racistas, pues convierte en valor supremo, en privilegio moral y ontológico, la circunstancia fortuita del lugar de nacimiento. Junto con la religión, el nacionalismo ha sido la causa de las peores carnicerías de la historia, como las de las dos guerras mundiales y la sangría actual del Medio Oriente. Nada ha contribuido tanto como el nacionalismo a que América Latina se haya balcanizado, ensangrentado en insensatas contiendas y litigios y derrochado astronómicos recursos en comprar armas en vez de construir escuelas, bibliotecas y hospitales.

No hay que confundir el nacionalismo de orejeras y su rechazo del “otro”, siempre semilla de violencia, con el patriotismo, sentimiento sano y generoso, de amor a la tierra donde uno vio la luz, donde vivieron sus ancestros y se forjaron los primeros sueños, paisaje familiar de geografías, seres queridos y ocurrencias que se convierten en hitos de la memoria y escudos contra la soledad. La patria no son las banderas ni los himnos, ni los discursos apodícticos sobre los héroes emblemáticos, sino un puñado de lugares y personas que pueblan nuestros recuerdos y los tiñen de melancolía, la sensación cálida de que, no importa donde estemos, existe un hogar al que podemos volver.

El Perú es para mí una Arequipa donde nací pero nunca viví, una ciudad que mi madre, mis abuelos y mis tíos me enseñaron a conocer a través de sus recuerdos y añoranzas, porque toda mi tribu familiar, como suelen hacer los arequipeños, se llevó siempre a la Ciudad Blanca con ella en su andariega existencia. Es la Piura del desierto, el algarrobo y el sufrido burrito, al que los piuranos de mi juventud llamaban “el pie ajeno” –lindo y triste apelativo–, donde descubrí que no eran las cigüeñas las que traían los bebes al mundo sino que los fabricaban las parejas haciendo unas barbaridades que eran pecado mortal. Es el Colegio San Miguel y el Teatro Variedades donde por primera vez vi subir al escenario una obrita escrita por mí. Es la esquina de Diego Ferré y Colón, en el Miraflores limeño –la llamábamos el Barrio Alegre–, donde cambié el pantalón corto por el largo, fumé mi primer cigarrillo, aprendí a bailar, a enamorar y a declararme a las chicas. Es la polvorienta y temblorosa redacción del diario La Crónica donde, a mis dieciséis años, velé mis primeras armas de periodista, oficio que, con la literatura, ha ocupado casi toda mi vida y me ha hecho, como los libros, vivir más, conocer mejor el mundo y frecuentar a gente de todas partes y de todos los registros, gente excelente, buena, mala y execrable. Es el Colegio Militar Leoncio Prado, donde aprendí que el Perú no era el pequeño reducto de clase media en el que yo había vivido hasta entonces confinado y protegido, sino un país grande, antiguo, enconado, desigual y sacudido por toda clase de tormentas sociales. Son las células clandestinas de Cahuide en las que con un puñado de sanmarquinos preparábamos la revolución mundial. Y el Perú son mis amigos y amigas del Movimiento Libertad con los que por tres años, entre las bombas, apagones y asesinatos del terrorismo, trabajamos en defensa de la democracia y la cultura de la libertad.

El Perú es Patricia, la prima de naricita respingada y carácter indomable con la que tuve la fortuna de casarme hace 45 años y que todavía soporta las manías, neurosis y rabietas que me ayudan a escribir. Sin ella mi vida se hubiera disuelto hace tiempo en un torbellino caótico y no hubieran nacido Álvaro, Gonzalo, Morgana ni los seis nietos que nos prolongan y alegran la existencia. Ella hace todo y todo lo hace bien. Resuelve los problemas, administra la economía, pone orden en el caos, mantiene a raya a los periodistas y a los intrusos, defiende mi tiempo, decide las citas y los viajes, hace y deshace las maletas, y es tan generosa que, hasta cuando cree que me riñe, me hace el mejor de los elogios: “Mario, para lo único que tú sirves es para escribir”.
Volvamos a la literatura. El paraíso de la infancia no es para mí un mito literario sino una realidad que viví y gocé en la gran casa familiar de tres patios, en Cochabamba, donde con mis primas y compañeros de colegio podíamos reproducir las historias de Tarzán y de Salgari, y en la Prefectura de Piura, en cuyos entretechos anidaban los murciélagos, sombras silentes que llenaban de misterio las noches estrelladas de esa tierra caliente. En esos años, escribir fue jugar un juego que me celebraba la familia, una gracia que me merecía aplausos, a mí, el nieto, el sobrino, el hijo sin papá, porque mi padre había muerto y estaba en el cielo. Era un señor alto y buen mozo, de uniforme de marino, cuya foto engalanaba mi velador y a la que yo rezaba y besaba antes de dormir. Una mañana piurana, de la que todavía no creo haberme recobrado, mi madre me reveló que aquel caballero, en verdad, estaba vivo. Y que ese mismo día nos iríamos a vivir con él, a Lima. Yo tenía once años y, desde entonces, todo cambió. Perdí la inocencia y descubrí la soledad, la autoridad, la vida adulta y el miedo. Mi salvación fue leer, leer los buenos libros, refugiarme en esos mundos donde vivir era exaltante, intenso, una aventura tras otra, donde podía sentirme libre y volvía a ser feliz. Y fue escribir, a escondidas, como quien se entrega a un vicio inconfensable, a una pasión prohibida. La literatura dejó de ser un juego. Se volvió una manera de resistir la adversidad, de protestar, de rebelarme, de escapar a lo intolerable, mi razón de vivir. Desde entonces y hasta ahora, en todas las circunstancias en que me he sentido abatido o golpeado, a orillas de la desesperación, entregarme en cuerpo y alma a mi trabajo de fabulador ha sido la luz que señala la salida del túnel, la tabla de salvación que lleva al náufrago a la playa.

Aunque me cuesta mucho trabajo y me hace sudar la gota gorda, y, como todo escritor, siento a veces la amenaza de la parálisis, de la sequía de la imaginación, nada me ha hecho gozar en la vida tanto como pasarme los meses y los años construyendo una historia, desde su incierto despuntar, esa imagen que la memoria almacenó de alguna experiencia vivida, que se volvió un desasosiego, un entusiasmo, un fantaseo que germinó luego en un proyecto y en la decisión de intentar convertir esa niebla agitada de fantasmas en una historia. “Escribir es una manera de vivir”, dijo Flaubert. Sí, muy cierto, una manera de vivir con ilusión y alegría y un fuego chisporroteante en la cabeza, peleando con las palabras díscolas hasta amaestrarlas, explorando el ancho mundo como un cazador en pos de presas codiciables para alimentar la ficción en ciernes y aplacar ese apetito voraz de toda historia que al crecer quisiera tragarse todas las historias. Llegar a sentir el vértigo al que nos conduce una novela en gestación, cuando toma forma y parece empezar a vivir por cuenta propia, con personajes que se mueven, actúan, piensan, sienten y exigen respeto y consideración, a los que ya no es posible imponer arbitrariamente una conducta, ni privarlos de su libre albedrío sin matarlos, sin que la historia pierda poder de persuasión, es una experiencia que me sigue hechizando como la primera vez, tan plena y vertiginosa como hacer el amor con la mujer amada días, semanas y meses, sin cesar.

Al hablar de la ficción, he hablado mucho de la novela y poco del teatro, otra de sus formas excelsas. Una gran injusticia, desde luego. El teatro fue mi primer amor, desde que, adolescente, vi en el Teatro Segura, de Lima, La muerte de un viajante, de Arthur Miller, espectáculo que me dejó traspasado de emoción y me precipitó a escribir un drama con incas. Si en la Lima de los cincuenta hubiera habido un movimiento teatral habría sido dramaturgo antes que novelista. No lo había y eso debió orientarme cada vez más hacia la narrativa. Pero mi amor por el teatro nunca cesó, dormitó acurrucado a la sombra de las novelas, como una tentación y una nostalgia, sobre todo cuando veía alguna pieza subyugante. A fines de los setenta, el recuerdo pertinaz de una tía abuela centenaria, la Mamaé , que, en los últimos años de su vida, cortó con la realidad circundante para refugiarse en los recuerdos y la ficción, me sugirió una historia. Y sentí, de manera fatídica, que aquella era una historia para el teatro, que sólo sobre un escenario cobraría la animación y el esplendor de las ficciones logradas. La escribí con el temblor excitado del principiante y gocé tanto viéndola en escena, con Norma Aleandro en el papel de la heroína, que, desde entonces, entre novela y novela, ensayo y ensayo, he reincidido varias veces. Eso sí, nunca imaginé que, a mis setenta años, me subiría (debería decir mejor me arrastraría) a un escenario a actuar. Esa temeraria aventura me hizo vivir por primera vez en carne y hueso el milagro que es, para alguien que se ha pasado la vida escribiendo ficciones, encarnar por unas horas a un personaje de la fantasía, vivir la ficción delante de un público. Nunca podré agradecer bastante a mis queridos amigos, el director Joan Ollé y la actriz Aitana Sánchez Gijón, haberme animado a compartir con ellos esa fantástica experiencia (pese al pánico que la acompañó).

La literatura es una representación falaz de la vida que, sin embargo, nos ayuda a entenderla mejor, a orientarnos por el laberinto en el que nacimos, transcurrimos y morimos. Ella nos desagravia de los reveses y frustraciones que nos inflige la vida verdadera y gracias a ella desciframos, al menos parcialmente, el jeroglífico que suele ser la existencia para la gran mayoría de los seres humanos, principalmente aquellos que alentamos más dudas que certezas, y confesamos nuestra perplejidad ante temas como la trascendencia, el destino individual y colectivo, el alma, el sentido o el sinsentido de la historia, el más acá y el más allá del conocimiento racional.

Siempre me ha fascinado imaginar aquella incierta circunstancia en que nuestros antepasados, apenas diferentes todavía del animal, recién nacido el lenguaje que les permitía comunicarse, empezaron, en las cavernas, en torno a las hogueras, en noches hirvientes de amenazas –rayos, truenos, gruñidos de las fieras–, a inventar historias y a contárselas. Aquel fue el momento crucial de nuestro destino, porque, en esas rondas de seres primitivos suspensos por la voz y la fantasía del contador, comenzó la civilización, el largo transcurrir que poco a poco nos humanizaría y nos llevaría a inventar al individuo soberano y a desgajarlo de la tribu, la ciencia, las artes, el derecho, la libertad, a escrutar las entrañas de la naturaleza, del cuerpo humano, del espacio y a viajar a las estrellas. Aquellos cuentos, fábulas, mitos, leyendas, que resonaron por primera vez como una música nueva ante auditorios intimidados por los misterios y peligros de un mundo donde todo era desconocido y peligroso, debieron ser un baño refrescante, un remanso para esos espíritus siempre en el quién vive, para los que existir quería decir apenas comer, guarecerse de los elementos, matar y fornicar. Desde que empezaron a soñar en colectividad, a compartir los sueños, incitados por los contadores de cuentos, dejaron de estar atados a la noria de la supervivencia, un remolino de quehaceres embrutecedores, y su vida se volvió sueño, goce, fantasía y un designio revolucionario: romper aquel confinamiento y cambiar y mejorar, una lucha para aplacar aquellos deseos y ambiciones que en ellos azuzaban las vidas figuradas, y la curiosidad por despejar las incógnitas de que estaba constelado su entorno.

Ese proceso nunca interrumpido se enriqueció cuando nació la escritura y las historias, además de escucharse, pudieron leerse y alcanzaron la permanencia que les confiere la literatura. Por eso, hay que repetirlo sin tregua hasta convencer de ello a las nuevas generaciones: la ficción es más que un entretenimiento, más que un ejercicio intelectual que aguza la sensibilidad y despierta el espíritu crítico. Es una necesidad imprescindible para que la civilización siga existiendo, renovándose y conservando en nosotros lo mejor de lo humano. Para que no retrocedamos a la barbarie de la incomunicación y la vida no se reduzca al pragmatismo de los especialistas que ven las cosas en profundidad pero ignoran lo que las rodea, precede y continúa. Para que no pasemos de servirnos de las máquinas que inventamos a ser sus sirvientes y esclavos. Y porque un mundo sin literatura sería un mundo sin deseos ni ideales ni desacatos, un mundo de autómatas privados de lo que hace que el ser humano sea de veras humano: la capacidad de salir de sí mismo y mudarse en otro, en otros, modelados con la arcilla de nuestros sueños.

De la caverna al rascacielos, del garrote a las armas de destrucción masiva, de la vida tautológica de la tribu a la era de la globalización, las ficciones de la literatura han multiplicado las experiencias humanas, impidiendo que hombres y mujeres sucumbamos al letargo, al ensimismamiento, a la resignación. Nada ha sembrado tanto la inquietud, removido tanto la imaginación y los deseos, como esa vida de mentiras que añadimos a la que tenemos gracias a la literatura para protagonizar las grandes aventuras, las grandes pasiones, que la vida verdadera nunca nos dará. Las mentiras de la literatura se vuelven verdades a través de nosotros, los lectores transformados, contaminados de anhelos y, por culpa de la ficción, en permanente entredicho con la mediocre realidad. Hechicería que, al ilusionarnos con tener lo que no tenemos, ser lo que no somos, acceder a esa imposible existencia donde, como dioses paganos, nos sentimos terrenales y eternos a la vez, la literatura introduce en nuestros espíritus la inconformidad y la rebeldía, que están detrás de todas las hazañas que han contribuido a disminuir la violencia en las relaciones humanas. A disminuir la violencia, no a acabar con ella. Porque la nuestra será siempre, por fortuna, una historia inconclusa. Por eso tenemos que seguir soñando, leyendo y escribiendo, la más eficaz manera que hayamos encontrado de aliviar nuestra condición perecedera, de derrotar a la carcoma del tiempo y de convertir en posible lo imposible.

Estocolmo, 7 de diciembre de 2010.

jueves, 2 de diciembre de 2010

"Asesinas", de Javier Núñez


Asesinas
Javier Núñez
Narrativa Breve "Presagio" Nº 06
Grupo Editorial "Hijos de la lluvia"
64 pp. Diciembre 2010
Juliaca Perú



A partir del 10 de diciembre (2010), "Asesinas" (Grupo Editorial Hijos de la Lluvia), el último libro de Javier Núñez, estará a la venta...

¿Ha pensado algunas vez ver muerto al hombre de su vida que dejarlo marchar con otra? ¿Qué fuerzas demoníacas mueven los crímenes pasionales? ¿Qué fantasmas pueblan la mente de los suicidas? ¿Cuál es el sentido del amor y el sexo en tiempos actuales?

En este libro se exploran las partes más oscuras del ser humano. El amor, los celos, el crimen, el sexo son los tópicos más recurrentes, que son asumidos por personajes con tendencias a cometer asesinatos, con problemas psicóticos, enamorados obsesivamente, “liberales” sin límites…

miércoles, 1 de diciembre de 2010

La narrativa breve de Javier Núñez




Por Bladimiro Centeno Herrera


El arte de la narrativa breve es un ejercicio bastante difícil. En la ciudad de Puno, muy pocos escritores convirtieron los hechos anecdóticos en perfectos artefactos verbales, que configuren mundos ficticios, autónomos y con dimensiones metafóricas.


La lectura temática que predomina en las diversas instituciones educativas, el bajo hábito de lectura analítica, limitado ejercicio de la escritura en los alumnos y docentes de primaria, secundaria y superior, ha impedido el desarrollo de un criterio textual en las manifestaciones verbales de los habitantes de la región de Puno. Es más, una rápida mirada de los diferentes discursos periodísticos, académicos y literarios de la región demuestra que nuestra competencia textual es sumamente precaria y muchas veces cantinflesca.


En estas condiciones, la escritura del cuento requiere de un largo aprendizaje y un dominio progresivo de las propiedades y categorías textuales sin los cuales ninguna expresión verbal constituye un texto con efectividad comunicativa. Este aprendizaje de la escritura con criterios textuales ha asumido efectivamente Javier Núñez en todas sus etapas.


La primera vez que presenté una publicación literaria de Javier Núñez fue en el año 2005. El libro que comentábamos en esa oportunidad titulaba “Espejos de bronce” en coautoría con Franklin Ramos. Las primeras impresiones que tuve de ese libro las expresé inmediatamente, sin mediar sutilizas que suelen caracterizarme cuando comento un libro de un escritor ya mayor.


Habían ciertos motivos que en esa oportunidad me obligaron a expresar mis apreciaciones en forma drástica: estaba frente a un escritor muy joven, poseía una gran pasión por la literatura y mostraba un dominio sintáctico de la escritura. Pero carecía del dominio de otros componentes cognitivos para consolidar su escritura literaria: criterio textual, proporcionalidad en la distribución de los datos y dominio de las técnicas literarias para procesar mejor los elementos narrativos. Fui drástico en mis comentarios, pero esa realidad ha variado significativamente en la actualidad con Javier Núñez.


Ahora nos presenta el libro de cuentos “Salomé y otros cuentos” (Puno, 2009) constituido por ocho títulos que ya no requiere de otras observaciones drásticas como en la presentación anterior. Pues el autor ha progresado muchísimo en su escritura literaria y ha sometido sus textos narrativos a una reescritura constante.


Javier Núñez posee madera de escritor. Ha consolidado su capacidad narrativa, ha profundizado su dominio sintáctico, sus textos ya no exhiben desproporciones secuenciales como en sus textos iniciáticos, el dominio de las estrategias textuales es evidente y maneja ampliamente las técnicas narrativas. En consecuencia, los cuentos que componen el libro “Salomé y otros cuentos” constituyen ya un aporte a la narrativa breve puneña.


Se advierten varios componentes que singularizan el libro en el contexto de la literatura puneña. Una primera constatación nos conduce a señalar que Núñez pretende poner de manifiesto cierta herejía con la literatura puneña que se caracteriza por su solemnidad y culturalismo. Introduce la ironía como una estrategia de indagación de la desintegración de los valores andinos manifiesto en discordancia con las prácticas concretas.


Núñez nos ofrece un conjunto de historias en las cuales los personajes exploran la vida sin determinar claramente las fronteras entre la realidad y fantasía. Es decir, los sujetos narrativos emprenden acciones humanas con un criterio que termina estallando frente a las comprobaciones paradójicas de la vida real. Esta peculiaridad solo es posible en la medida en que los personajes que predominan en los cuentos de Javier son jóvenes que acaban de superar la adolescencia y se disponen a descubrir la vida.


Los primeros cuentos confrontan la fantasía con la realidad. En “Clara Luz”, Luis Gerardo que acude a una cita con expectativas sexuales termina recibiendo un encargo para realizar una actividad mercantil. En “El Retorno de Zoraida” el alma en pena de una mujer abusada vuelve a ajustar cuentas con Ludovico Altamirano. En “Débora Rojas”, un secuestro a una fémina termina produciendo un encuentro inesperado.


El mundo de la promiscuidad se precisa mejor en los siguientes cuentos. En “Una intimidad con Sherly”, descubre la doble vida de la hija del doctor que trata a Pelayo, cómplice de la otra vida de la hija. En “Fotografía”, la foto de una mujer adquiere la forma humana para llevarse al personaje a otro mundo por una deuda afectiva. En “Una noche inolvidable”, un cura consuma el amor de la novia en su noche de matrimonio. En “Salomé”, un cazador sexual de mujeres embriagadas en las noches de la Fiesta de Candelaria termina confundiendo la identidad de sus víctimas complacientes. Y, finalmente, en “Una noche con Pamela”, las perspectivas sexuales de un adolescente terminan en estado de ebriedad que frustra sus pretensiones.


En este universo, la vida se caracteriza por convertir el amor y el sexo en componentes lúdicos de una realidad donde los valores y normas institucionales han perdido la función ordenadora. Entre los personajes, abundan los aprendices de donjuán envueltos en experiencias que ridiculizan sus propias expectativas.


En síntesis, el escritor nos presenta un mundo en el cual los sujetos humanos, a pesar de ciertas expectativas normativas, experimentan una pérdida de valores. En sus experiencias concretas de la vida, no logran componer su propia identidad, carecen de un propósito vital, no poseen ningún compromiso con la realidad circundante.


En consecuencia, el sexo es la llave perfecta para perderse en el laberinto de la vida. Esto se produce porque el mundo que nos presenta el escritor se caracteriza por su caos, cinismo y desintegración que afianza la incredulidad de los personajes y pérdida del sentido de la vida. En este mundo, la experiencia carnal constituye una tabla de salvación para seguir buscando el horizonte de la vida.


En consecuencia, Javier Núñez posee el espíritu adecuado para traducir la condición humana del hombre contemporáneo en el altiplano puneño. Falta profundizar la temática, los personajes son relativamente planos, las historias no trascienden con efectividad las anécdotas; pero introduce a la literatura puneña nuevos elementos simbólicos, nos ofrece una nueva óptica de la vida y celebra el placer de la vida como un mecanismo para afrontar el deterioro de las circunstancias socioculturales del altiplano puneño.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Pensamiento crítico y necropolítica en el Movimiento Kloaka por Ulises Juan Zevallos Aguilar (*)

El Movimiento Kloaka (1982-1984) fue una de las agrupaciones artísticas jóvenes urbanas que criticaron el establecimiento del orden neoliberal en el Perú, en un contexto democrático. Haciendo uso de su derecho a la libertad de expresión, enunciaron sus críticas y propuestas en entrevistas, manifiestos, performances, pronunciamientos, recitales, volantes y en su producción poética. En estas acciones defendieron los intereses específicos de una nueva generación de peruanos que veía amenazada su sobrevivencia. En este artículo se propone que el punto de mira de su proyecto ideológico y estético tuvo un blanco bien definido. Haciendo uso del pensamiento crítico, revelaron la necropolítica del estado soberano neoliberal. Es decir, el grupo desenmascaró la violencia inmanente de las políticas de reajuste estructural y señaló al gobierno como el principal responsable de iniciar una guerra interna en la que los más
afectados fueron los jóvenes.

El Movimiento Kloaka (MK) estaba constituido por ciudadanos peruanos muy críticos. Sobre todo, las condiciones culturales, que crecieron y se educaron entre 1960 y 1985.1 económicas y sociales creadas por las dictaduras militares de Juan Velasco Alvarado (1968-1975) y Francisco Morales Bermúdez (1975-1980), y el gobierno democrático de Fernando Belaúnde Terry (1980-1985), fueron las que más contribuyeron al aprendizaje de las habilidades del pensamiento crítico. Su crítica se enfocó en la necropolítica de la modernización neoliberal que se introdujo en el gobierno de Morales Bermúdez.2 En otros términos, el MK hizo visible la violencia sistémica que es inherente en las condiciones sociales del capitalismo global que involucra la .automática. creación de individuos excluidos y desechables que no tienen domicilio y son desempleados (Zizek 14). Su condena de la necropolítica fue posible porque tuvieron la oportunidad de vivir, presenciar y contrastar el tránsito del estado de bienestar de Velasco Alvarado al del libre mercado iniciado por Morales Bermúdez. Observaron que mientras el estado benefactor con sus políticas proteccionistas había promovido la industrialización nacional y el desarrollo del mercado interno, en la política de la libre economía el sector privado era el nuevo agente de un mercado de capitales recientemente constituido.3

El pensamiento crítico del MK fue aprendido en un sistema educativo progresista y una concepción de futuro positivo propio de la época en que vivieron su niñez y adolescencia. La mayoría de ellos fueron educados durante la Reforma Educativa de Velasco Alvarado. Sus objetivos principales fueron desarrollar una conciencia crítica, descolonizar la cultura, revalorar el acervo popular para lograr una democracia de participación plena. De otra parte, la existencia de un futuro prometedor era parte del imaginario de la época. En un contexto internacional fueron testigos y protagonistas de los logros del movimiento anticapitalista. Cuando eran niños se enteraron que durante los sesenta las peores formas de explotación habían sido arrinconadas. En muchas partes del mundo la fauna dominante había tenido que admitir, por lo menos, negociar los límites de la dominación y de la explotación. Los grandes imperios coloniales habían sido, casi todos, destruidos. Y en un momento hasta pareció real que la dominación y la explotación comenzaban, en ciertas partes del mundo, a quedar atrás. Esas victorias solo confirmaban la poderosa certidumbre de que las luchas se orientaban hacia un real horizonte de futuro, no a una visión engañosa. (Quijano 3-4)

Sin embargo, desde los fines de los 60s (Shanghai 1967, París 1968, Praga 1969) comenzó a eclipsarse... el más brillante horizonte de futuro de ese período. (Quijano 4) y cuando eran adolescentes observaron .que desde mediados de los 70s (el estallido de la crisis mundial del capitalismo) hasta fines de los 80s (la caída del muro de Berlín y la desintegración final del campo socialista), terminó extinguiéndose en todo el mundo. (Quijano 4). Más tarde, cuando eran jóvenes adultos, vieron que .al final de los 80 todo lo que era opuesto al capitalismo, resistía al imperialismo o rivalizaba con él, había sido derrotado en todo el mundo. La especificidad de esa derrota consiste en la extinción de todo un determinado horizonte de futuro. (Quijano 3). En suma, tuvieron la oportunidad de ver y experimentar grandes cambios históricos y sociales. Estas experiencias les dieron la capacidad de poder contrastar dos periodos de la historia peruana con sus propios valores y referentes. De allí que, en un discurso eminentemente crítico del presente, se note en sus manifiestos y obra literaria el paso de la euforia a la disforia, el deseo de un mundo mejor, pero al mismo tiempo una nostalgia y duelo por una vida pasada que nunca habrá de volver.

En efecto, los miembros del Grupo Kloaka nacieron entre 1953 y 1962 en Lima y en provincias. Mientras eran niños vivieron la belle époque de las clases media y trabajadora. Estas condiciones reales de progreso les hicieron creer en la posibilidad de una sociedad mejor. Es decir, todavía poseían un horizonte de futuro al ser beneficiarios de la biopolítica del gobierno reformista de Velasco que se empeñada en expandir una clase media, consolidar una clase trabajadora y una burguesía nacional. Asimismo, un sistema de educación público reformado por el gobierno, en el que tenían hegemonía maestros y catedráticos marxistas y un sistema de educación privado alternativo con planes de estudio modulados por los marxismos, la teoría de la dependencia y la teología de la liberación les inculcó sentimientos antiimperialistas y nacionalistas.4 Esta educación
les dio las herramientas conceptuales del pensamiento crítico para reprobar un país regido por los gobiernos neoliberales de Morales Bermúdez, Belaúnde Terry y sucesores.

Los miembros del MK, cuando se convirtieron en adolescentes y jóvenes adultos durante el gobierno de Belaúnde Terry, fueron testigos y víctimas de la necropolítica diseñada para imponer el neoliberalismo en el Perú. Desde un inicio el grupo Kloaka se dio cuenta que el estado neoliberal peruano, en su modalidad democrática, también ejercía violencia sistémica. La aplicación de su modelo necesitaba una necropolítica que decidía quiénes debían morir en el proceso de modernización neoliberal. El masivo desempleo y subempleo provocados por la política de liberación de importaciones que llevaba al cierre de fábricas y la reducción de la burocracia estatal, abandono de los sistemas de educación y salud públicos y migraciones masivas por la privatización de las tierras de cultivo, estaban teñidos de sangre. En este sentido el grupo se refirió a la generalización de la pobreza, el incremento del hambre, la delincuencia juvenil, drogadicción, epidemias, suicidio, crímenes familiares y las acciones de los movimientos alzados en armas. Por último, detalló la estrategia antisubversiva que violaba los derechos humanos y la corrupción del gobierno de Belaúnde. Las acciones de la policía y el ejército empezaron a ensangrentar el campo y ciudades de provincias al tratar de reprimir a los movimientos insurgentes armados. En pocas palabras, el MK denunció esta crisis en términos de la violencia sistémica del neoliberalismo y planteó una solución política con la revolución socialista (Pronunciamiento. en Zevallos-Aguilar, Provincias 159-161). El poeta Domingo de Ramos resumió en una frase la implementación del modelo como una arquitectura del espanto que dio el título a su primer libro. Y a la crisis que generó el vendaval neoliberal el grupo la llamó una .situación cloaca.. Róger Santiváñez aclara el punto señalando:

Para nosotros lo que viene sucediendo en el Perú es una situación cloaca, el Perú es una cloaca. De allí tomamos el nombre KLOAKA con K. No es cómodo que nos demos cuenta de que estemos padeciendo esta situación y que de allí mismo salgamos como una propuesta de KLOAKA con K. (.Rebelión. 8)

Tal situación la encontraron también en la institución literaria y la práctica de la escritura poética. La flagrante exposición de su existencia los llevó a muchos conflictos: Hemos mostrado la situación Kloaka del país y de la poesía/ y desarrollado una acción completa –mágica– de choques públicos, enfrentamiento directo, recitales, conciertos, discusión callejera, etc/. (.El gran Pachakutik. en Zevallos-Aguilar Provincias 165-166).

Personalmente, los miembros del MK no eran ajenos a esta crisis generalizada. Sufrieron en carne propia los efectos de las políticas neoliberales. En efecto, el proyecto del gobierno de Belaúnde Terry que priorizó el pago de la deuda externa y la liberación de impuestos a las importaciones afectó sus intereses económicos. La disminución del poder adquisitivo de sus padres llevó a la pauperización de sus familias, en el caso de los de clase media, o la pobreza extrema, en el caso de los que pertenecían a hogares de trabajadores. De otra parte, las posibilidades de ascenso social a través de la educación se hicieron limitadas con el desmantelamiento del sistema público de educación. La falta de oportunidades para los jóvenes escritores y artistas se acrecentó durante la democracia neoliberal. Por un lado, el gobierno de Belaúnde no diseñó una política específica a favor de los jóvenes puesto que consideraba que no necesitaba convocar ni legitimarse frente a la mayoría de la población peruana que lo había elegido democráticamente. Por otro lado, las políticas neoliberales afectaban directamente los intereses de los jóvenes peruanos al desmantelar el sistema educativo público y a la inexistencia de una política laboral que daba como resultado la carencia de empleos. La devastación del sistema educativo público bloqueaba las posibilidades de ascenso social a través de la educación. La nueva economía no podía dar ocupación estable a jóvenes que necesitaban trabajar. De este modo, la política de juventud implícita del gobierno neoliberal dejaba de convocar a una nueva generación de peruanos críticos de sus decisiones. Esta necropolítica los condenaba al hambre y la miseria, muerte lenta, si eran pacíficos como los miembros del MK, o los eliminaba si recurrían a la violencia como fue el caso de los militantes del Movimiento Revolucionario Tupac Amaru y Sendero Luminoso.5

La necropolítica también empezó a afectarles en el plano personal. El 3 de marzo de 1982, guardias republicanos ejecutaron extrajudicialmente, en la masacre del Hospital de Huamanga, al amigo y compañero de clase en la educación secundaria de Róger Santiváñez, James Rousell Wensjoe Mantilla (1956-1982). El 23 de enero de 1983 fueron asesinados en Uchuraccay, Ayacucho, ocho periodistas que eran sus amigos y compañeros de trabajo en El Diario de Marka y La República. El 18 de julio de 1983 tres miembros del grupo fueron agredidos en un colectivo por detectives de la Policía de Investigaciones del Perú.6 Tres años más tarde muere el hermano mayor de Lelis Rebolledo, el pintor Félix Rebolledo, en la masacre de la cárcel de San Juan de Lurigancho el 19 de junio de 1986.

También la precariedad económica y social se intensificó para los miembros del MK en el plano laboral; al igual que miles de jóvenes no pudieron encontrar un buen empleo en el reducido mercado de trabajo. Su actitud desafiante y crítica de la institución literaria peruana y la política de los partidos de izquierda que participaban en la democracia y controlaban gran parte de las ONGs llevó a que los que lograron graduarse no pudieran aspirar a trabajar en universidades y organizaciones controladas por la izquierda. Las críticas de la representatividad y representación de la subalternidad que emprendieron provocaron irritación, desconfianza y cierre de puertas.

A mediados de los ochenta los problemas sociales y políticos señalados por el MK y sobre todo la falta de oportunidades para los jóvenes peruanos generaron la emigración al extranjero. En el imaginario de la sociedad peruana ocurren cambios significativos. El mito de la educación fue sustituido por el mito de la migración a principios de los ochenta para eludir la crisis que se presentaba en el Perú. La educación en un estado benefactor mejoraba las posibilidades de obtener una mejor vida con un empleo. Los primeros integrantes del MK empiezan a emigrar al extranjero a mediados de los ochenta junto con miles de peruanos jóvenes de clase media y baja con el propósito de encontrar un mejor porvenir.7 La emigración también se constituyó en la única solución para evadir la espiral de violencia que empezó a involucrar a la mayor parte de los ciudadanos peruanos. Por un lado, con la declaración del estado de emergencia y la suspensión de las garantías constitucionales, el ejército y la marina aplicaron la estrategia de tierra arrasada en el campo y el rastrillaje en las ciudades que llevaban a la tortura y desaparición de los sospechosos de .acciones terroristas..8 De otra parte, Sendero Luminoso empezó a ejecutar masivamente a campesinos acusados de colaborar con los aparatos represivos del estado y aplicó la pena de muerte a especialistas en desarrollo que capturaba en el campo.9 Además, se hizo evidente el involucramiento en el tráfico de drogas de Sendero Luminoso y MRTA en las zonas cocaleras y se intensificaron, en un cambio de estrategia del campo a la ciudad, la ejecución de líderes populares y las explosiones de coches bomba en Lima.10 Frente a estos hechos, sobredimensionados por los medios de comunicación de masas, cambió la actitud de la mayoría de la población, que iba del escepticismo a la condena abierta de los movimientos alzados en armas. En pocas palabras, a fines de los ochenta se extingue para los peruanos el horizonte de futuro que había forjado el progresismo y empiezan las acciones individualistas del sálvese quien pueda,. .todo vale,. y se deja de lado cualquier proyecto colectivo.

La relación entre el MK y el estado fue bastante problemática como se ha visto. Existió una gran tensión porque el MK fue uno de los pocos que comprendía la definición del estado moderno. Todos los ciudadanos forman parte del estado-nación y por lo tanto los gobiernos debían proteger sus derechos y no solo exigir el cumplimiento de deberes. También sabían que los ciudadanos habían dado soberanía al estado para proteger el derecho más importante que era el derecho a la vida de todos y no de unos cuantos. Otro derecho que tenía importancia para el MK era el derecho a la cultura. Pero definitivamente sus deseos se contraponían en una época en que tanto la institución literaria como las políticas culturales del estado tomaban otras direcciones. La institución literaria peruana tradicionalmente había servido para que distintos grupos sociales emergentes, en distintos periodos históricos, alcanzaran el prestigio y la legitimidad social mediante la escritura. La búsqueda de legitimidad política hizo que sobre todo los gobiernos dictatoriales realizaran una política de amplia convocatoria de los sectores medios y populares. Hay que considerar que estos sectores emergentes también habían presionado y desafiado a los grupos de poder que llegaban al gobierno. Así se explica la génesis y desarrollo de los indigenismos de jóvenes provincianos de los años veinte y su profunda relación con los sucesivos gobiernos de Augusto B. Leguía (1919-1930), o la relación de la .generación del 70. con el gobierno del general Juan Velasco Alvarado (1968-1975). Sin embargo, los jóvenes indigenistas de los 20 y de la generación del 70, a pesar de haber tenido una actitud crítica del orden establecido, terminaron ejerciendo ocupaciones en la burocracia y medios periodísticos del estado.

En los años ochenta la precariedad de los jóvenes escritores aumentó en una situación general de desintelectualización llevada a cabo por la política cultural neoliberal. El gobierno de Belaúnde, con el propósito de impedir el desarrollo de una nueva generación de jóvenes críticos, hizo cortes presupuestarios al sector de educación pública. Las escuelas, colegios y universidades públicos se vieron afectadas por la falta de material didáctico y laboratorios, el aumento de la proporción estudiante-maestro, abandono de campañas de lectura y sueldos bajísimos de los catedráticos y profesores. También emprendió un cambio curricular que erradicó el pensamiento crítico. A cambio del descuido de la educación pública, se importaron los primeros televisores a color, las computadoras personales, las video caseteras. Asimismo, el gobierno devolvió a sus dueños los medios de comunicación de masas expropiados por la dictadura militar. Los medios masivos promocionaron la compra de la nueva tecnología audiovisual y el consumo de novedosas formas culturales. El videoclip, los enlatados policiales, la pornografía, los concursos en la televisión, los juegos electrónicos y los noticieros con novedosos formatos llevaron a que la mayoría de los ciudadanos peruanos perdieran interés en la literatura. Dicho de otra manera, el gobierno de Belaúnde emprendió un proceso de saturación de información y desmovilización social mediante los medios de comunicación masivos y no necesitó convocar a un nuevo contingente de escritores. El único apoyo que buscó fue el de escritores neoliberales consagrados que con su prestigio internacional legitimaron las políticas del gobierno. No hay que olvidar que Mario Vargas Llosa fue llamado a presidir la comisión investigadora de la masacre de Uchuraccay con el propósito de corroborar la versión oficial del gobierno. Según el gobierno de Belaúnde, los campesinos salvajes confundieron a los periodistas con una patrulla de Sendero Luminoso. Ayudó a la confusión el hecho de que los pobladores de Uchuraccay creyeron que los teleobjetivos de las cámaras fotográficas eran armas de fuego. Luego se demostró que había campesinos licenciados del ejército que siguieron los lineamientos de la estrategia antisubversiva de guerra de .baja intensidad. del ejército y que hubo diálogo con los periodistas antes de ser masacrados. Se encontró evidencia del intercambio de palabras en las fotos que sacó una de las víctimas, el fotógrafo Willy Retto, antes de morir.11

El MK, en su Pronunciamiento. sobre la matanza de periodistas, coincidió con la visión oficial sobre los indígenas en el sentido de considerarlos salvajes, pero difiere en la explicación de las causas de tal situación. Es decir, según el MK, los ejecutores de la masacre fueron alejadas comunidades campesinas que viven encerradas en su cultura ancestral – sobreviviendo – porque la burguesía solo las ha considerado carne de cañón.. (Zevallos-Aguilar Provincias 159). Además, atacó la estrategia contrasubversiva: Los sinchis – según todas las evidencias – azuzaron de manera cobarde, alevosa y asesina a los comuneros de Uchuraccay; ellos solo son enajenados instrumentos del Gobierno. (Zevallos-Aguilar Provincias 160).

Si bien el MK ya había sido disuelto en 1984, los ex miembros continuaron su crítica a la necropolítica del neoliberalismo. En 1985 se elige como presidente a Alan García Pérez y empieza a gobernar el partido político APRA. En una contradictoria prédica populista y antiimperialista, García Pérez promete desmantelar las políticas neoliberales del anterior gobierno, pero continúa la política contrasubversiva de sus predecesores que encarcelaba y mataba a los jóvenes pobres rebeldes. La política cultural del APRA de nuevo involucró al estado pero de una forma centralizada. En este periodo los ex integrantes del MK mantuvieron la crítica a la política antisubversiva que tenía la estrategia de tierra arrasada del ejército y marina peruanos en el campo y el rastrillaje en las ciudades. Así poetizaron las masacres de los penales (19 de junio de 1986) donde murieron jóvenes inculpados de formar parte de Sendero Luminoso y el MRTA. Los
poemas más conocidos son "Su cuerpo es una isla en escombros"(43-44) del poemario Arquitectura del espanto de Domingo de Ramos y "19 de junio" (62-65) del libro Castillo de popa de José Antonio Mazzotti.12 Mary Soto en su poema "Para ti que siempre vivirás" (c. 1992), que lleva el epígrafe "Demasiada muerte para ocultarla / demasiado dolor para callarlo / demasiada rabia para contenerla" (46), se refiere a cuatro ejecuciones extrajudiciales de personas cercanas pertenecientes a Sendero Luminoso y el MRTA. Las muertes violentas y desmembramientos de cuerpos de jóvenes vinculados a los grupos alzados en armas también son temas de los poemas .Amalia. Foto poema de amor lumpen. de Dalmacia Ruíz Rozas (incluído en De Lima 289-290) y el cuento .JQ 1178: Catalepsia. (65-79) de Edián Novoa.

En suma, la política antisubversiva del estado peruano junto al cambio de estrategia de Sendero Luminoso, de llevar el escenario de la guerra a Lima y ciudades de provincias con los coches bomba, aumentó a niveles de pesadilla la violencia ejercida por ambos bandos. Del mismo modo, el fracaso de la política económica y la corrupción del gobierno de Alan García Pérez, más un conflicto armado que provocó setenta mil muertos, nueve mil desaparecidos y un millón de desplazados del campo a las ciudades entre 1980 y 1992, hizo que se acelerara la emigración al extranjero. Coincidentemente, varios de los ex miembros y aliados dejan el Perú durante el gobierno de García Pérez como parte de este éxodo masivo.

Junto a su crítica de la necropolítica neoliberal, plantearon un proyecto ideológico y estético. Aunque tenían planes literarios distintos, lo que los unía era su coincidencia en detestar y en el deseo de cambiar el orden establecido.13 En vez de quedarse en el mero nihilismo, articularon un proyecto de cambio creativo que fusionaba arte, vida y política como negación de la necropolítica del gobierno que representaba, según ellos, los intereses de la burguesía. Su propuesta se parecía mucho a la de Antonio Negri. Es decir, ellos oponían el biodeseo al biopoder. Según Negri: .Hay que oponer el biodeseo al biopoder. El deseo de la vida, su potencia, su riqueza son las únicas cosas que podemos oponerle. (64). En este sentido, en su primer manifiesto .Nor Kloaka. (23 de enero de 1983) hacen un llamado a las .víctimas del dolor y la angustia social. que .han padecido la explotación, discriminación y marginación por parte de los capitalistas-burgueses (Zevallos-Aguilar Provincias 157) y que han sufrido la enajenación de la potencialidad creadora. Frente a esta situación ellos anuncian .la liberación integral (económica, psicológica, social y cultural) de los hombres y mujeres de nuestro país,. recuperan .la esencia liberadora del Arte y la Literatura auténticos. (Zevallos-Aguilar Provincias 157). Asimismo, el movimiento .odia y rechaza las formas represivas, enajenantes reaccionarias de todo el sistema educacional burgués., .odia y rechaza las formas antihumanas de relación social, basadas en la lucha de clases, en el individualismo y en el egoísmo burgués., .propone amar, amar locamente a la vida y al amor., .propone formas alternativas de organización social, basadas en el Amor y la Solidaridad entre los individuos., planifica .la creación de COMUNAS TOTALES DE REALIZACIÓN Y DE LIBERACIÓN EROTICA.. En suma plantean .la Auténtica Revolución, que no es otra cosa que REIVINDICAR LA VIDA y la posibilidad de la felicidad frente a la muerte.. (Zevallos-Aguilar Provincias 158). Esta concepción de una revolución auténtica, como reivindicación de la vida frente al .dolor social., se repite en el .Primer texto (Manifiesto). (21 de abril de 1983).

En este documento, en una concepción del artista y escritor comprometido, la novedad son las responsabilidades que se le asignan al poeta y al artista: entre ellas .tiene en primer lugar, la tarea de crear una obra que sea su primera y más contundente propuesta. Y en segundo lugar ... le corresponde al artista el rol de crítico, sacerdote, agitador radical, maestro de escuela, es decir movilizador de la conciencia de la mayor cantidad de personas. (Zevallos-Aguilar Provincias 161). En el documento .Pronunciamiento. (1 de febrero de 1983), conciben a .Kloaka como conciencia vigilante de lo que ocurre en este país, denuncia sin cesar el sufrimiento social y personal a que somete este sistema a la gente, y propondrá la liberación en todos los niveles.. (Zevallos-Aguilar Provincias 160). Es decir, recuperaban el rol crítico que el artista y el intelectual debían cumplir frente al poder y denunciar sus excesos en contra de los dominados. Seguían el aforismo de César Vallejo: .Los intelectuales son rebeldes, pero no revolucionarios. (Contra el secreto profesional 75).

El documento .Primer Texto (manifiesto). considera .que la experiencia poética no es patrimonio ni exclusividad de nadie. (Zevallos-Aguilar Provincias 161). Sin embargo, pocos tienen la capacidad de ejercer su creatividad (el sentido de creación de poiesis) porque .la organización de la vida social y la cotidianidad [rutina] del trabajo ... que impone la economía capitalista, lo que pone en la clandestinidad del arte a cientos de miles empujados a la enajenación, a la miseria, al sufrimiento. (Zevallos-Aguilar Provincias 161). Entonces, es tarea del poeta recuperar del anonimato la capacidad creadora de belleza de la gente común que no se encuentra en formas artísticas convencionales y hacerla visible para formular un nuevo arte:

De la mixtura, de la mezcla, del caos, del capitalismo deformado, la penetración imperialista y de la formas de resistencia cultural habida entre los grupos más golpeados, y del conjunto de mitos, aspiraciones religiosas, sueños, frases inéditas, el habla de la calle, celebraciones y soledades; en fin todo el horizonte utópico a través del cual sentimos que la vía de la imaginación es el camino más cierto para llegar a la realidad palpable de la belleza, del amor, de la libertad (.Primer Texto (manifiesto). en Zevallos-Aguilar Provincias 161-162).

Entre varias declaraciones y documentos destaca el siguiente párrafo que resume su propuesta y la necesidad de agruparse:

la alternativa poética de Kloaka es fundamentalmente la de la libertad y la de la vida. No se trata solamente de una escuela poética o de una determinada tendencia artística, o algo así. Lo que nos interesa es reivindicar la poesía en la vida, y crear un movimiento que pueda romper estructuras, que pueda darle una conciencia a la gente, una vía ... diríamos que hay que hacer de cada instante de la vida una obra de arte y un poema de toda la vida. Y lo cotidiano, la realidad, eso, la realidad. Tenemos una experiencia urbana terrible. Y una experiencia provinciana también terrible. Somos un producto cosmopolita. Aquí tenemos una solidaridad y una lealtad que va hasta las últimas consecuencias (Heredia, .Poetas de Kloaka. 58).

Escritores de distintas posiciones políticas fueron blanco de sus críticas. En su manifiesto .Carta a los imbéciles de la poesía peruana. Quema de basura. se hace más claro su proyecto ideológico estético. Subrayan su distanciamiento con .los valores estéticos y de la praxis de, la burguesía peruana, sin duda la más inculta y mediocre de Latinoamérica. (Zevallos-Aguilar Provincias 163) y destruyen a los .falsos íconos. (Zevallos-Aguilar Provincias 164) de esa época por sus posiciones políticas y sus propuestas poéticas. En este documento se lanzan contra Martín Adán, Antonio Cisneros, Alejandro Romualdo y Jorge Pimentel. Utilizaron un evento de arte total en el bar .La catedral. el 11 de febrero de 1983 para sentar sus diferencias con Mario Vargas Llosa, el escritor peruano más prestigioso en estos años.14 El grupo Kloaka escogió este bar, célebre escenario de la novela Conversación en la catedral (1969), por dos motivos. Quería demostrar su acercamiento con lo lumpen marginal que frecuentaba el sitio a la sazón y quería hacerle un llamado de atención al propulsor del neoliberalismo Mario Vargas Llosa de los años ochenta, quien había abandonado el rol de escritor comprometido de su primera fase creativa en los setenta.15

Algunos de los miembros del MK poseían una concepción vanguardista del intelectual y escritor al sentirse como abanderados del movimiento popular, en su papel de .conciencia vigilante.. Esta posición vanguardista fue criticada dentro del mismo movimiento. Ocurrió cuando apenas acababa de fundarse el grupo por algunos de sus propios miembros.16 Finalmente, en el documento .Mensaje urgente. de mayo de 1984 los miembros restantes, luego de manifestar su resignación sobre la inevitabilidad de la violencia, después de la expulsión, realizan la siguiente reflexión marcando su distancia con grupos que se consideraban vanguardias de los campesinos y proletarios: .Hay que abandonar la teoría de la =vanguardia dirigente‘ / para adoptar la teoría más simple y honrada / de la minoría actuante que desempeña el papel de un fermento permanente, que impulsa a la acción sin pretender dirigirla. (Zevallos-Aguilar Provincias 168). Lo sorprendente es que en su autorrepresentación no se consideran modelos de la juventud. Más bien en textos de corte autobiográfico expresan eclecticismo político y estético, sentimientos en pugna, rebeldía, humildad, confusión y contradicciones en su posición y actitud dentro de los ámbitos familiares, sociales y políticos. En pocas palabras, autorrepresentan a un sujeto problemático con una serie de conflictos internos y, por qué no decirlo, temores.

Las representaciones de sus exploraciones y los perfiles del mundo popular y la cotidianidad tienen un carácter testimonial. Pareciera que cuando llegan a tomar conciencia de la improbabilidad de cambio positivo empiezan a registrar el presente en un código realista. Lo que trataban de hacer era narrar la .arquitectura del espanto. del orden neoliberal. El mismo nombre del MK responde a esta intencionalidad. Se autodenominan Kloaka con el propósito de señalar el deterioro, en todos los sentidos, del Perú de los ochenta. Los poemas, cuentos y crónicas se constituyen en un testimonio personal de experiencias propias que exploran el mundo del deseo y el cuerpo o los recorridos de una ciudad en caos. De otra parte, también es testimonial en el sentido de que sus obras literarias y varios de los manifiestos se convierten en documentos que registran y denuncian los excesos de la violencia del estado y la intensificación del terror cotidiano, situaciones de pobreza absoluta y acciones de nuevos sectores sociales que surgieron en la ciudad de Lima que ya albergaba a un tercio de la población peruana.

Tampoco hay que olvidar que el carácter testimonial de sus obras artísticas se debía a que se producen en una época en la cual la literatura testimonial es una de las vetas más importantes de la literatura latinoamericana.

En suma, el proyecto ideológico, estético y político del MK se convierte en un canto de cisne de la clase media y popular que empieza a desaparecer en los ochenta. Pudieron enunciar y hacer realidad esta propuesta estética porque desarrollaron un pensamiento crítico a partir de diferentes experiencias personales. Pudieron ser testigos y protagonistas de etapas históricas claves de la sociedad peruana. Vivieron durante los años del último gobierno benefactor y padecieron la necropolítica del neoliberalismo.

Lamentablemente, la necropolítica del neoliberalismo ha continuado con varios gobiernos. Ha tenido un costo social en el que ya se ha sacrificado a varias generaciones de jóvenes que han reaccionado con violencia delincuente y la autoinmolación mediante el suicidio, el alcoholismo y el consumo de drogas.17 El Movimiento Kloaka tuvo la certeza de darse cuenta de las relaciones entre neoliberalismo y necropolítica. Lo que se ha querido probar es que el surgimiento del MK se dio en un contexto político y social preciso de exacerbación de la violencia en el que convergieron factores externos como la imposición de un modelo económico y una política cultural neoliberales, y factores internos como la existencia de una nueva generación crítica del orden establecido. Estos jóvenes, que gracias a su educación poseían una conciencia nacionalista y antiimperialista y estaban de acuerdo con la concepción del escritor comprometido, privilegiaron el uso de la literatura y la formación grupal para manifestar su opinión sobre un país que, según ellos, se encontraba en descomposición. Por último, tuvieron la capacidad de atraer a escritores y artistas antisistémicos más jóvenes como lo demuestra el éxito de sus controvertidos eventos de arte total. En su proyecto político y estético exploraron y se sumergieron en esa cultura chicha (cultura urbana popular de mezcla).

The Ohio State University


NOTAS

1. El núcleo del grupo Kloaka estaba conformado por los poetas Mariela Dreyfus (Lima, 1960), Domingo de Ramos (Ica, 1960), Guillermo Gutiérrez (Lima, 1962), Julio Heredia (Lima, 1958), Róger Santiváñez (Piura, 1956), Mary Soto (Canta, 1959), José Alberto Velarde (Puno, 1954), el narrador Jorge Edián Novoa (Piura, 1959), el pintor Carlos Enrique Polanco (Lima, 1953) y los .aliados principales. José Antonio Mazzotti (Lima, 1961) y Dalmacia Ruiz Rosas (Lima, 1957). El movimiento tenía en Piura una base constituida por el poeta Lelis Rebolledo (Piura, 1960), director de la revista Agua, el pintor César Badajoz y el músico Estanislao Quesada, que animaban la escena cultural del norte peruano. Varios grupos de rock alternativo y el grupo de rock fusión .Delpueblo. apoyaron su gestión. También atrajeron a novísimos poetas y artistas inconformes. Entre ellos: Rafael Dávila Franco, Rodrigo Quijano, Fernando Bryce, Bruno Mendizábal, Tatiana Berger, Roberto Cuenca y Joaquina Belaunde. Los libros Poéticas de flujo, de José A. Mazzotti, y mi libro MK (1982-1984)... contienen información más detallada sobre la constitución del grupo y su área de influencia. Si se desea leer un análisis más minucioso sobre su carácter urbano y juvenil en un contexto latinoamericano léase el estudio introductorio de mi libro MK (1982-1984). Contracultura juvenil… En este artículo se va a trabajar los siguientes documentos: .Nor Kloaka. Para acabar con el juicio de Dios (Manifiesto),. .Mensaje,. .Pronunciamiento,. .Primer texto (Manifiesto),. .Parte de expulsión,. .El gran Pacha-Kutik ya comenzó. Manifiesto con los tres acápites,. .Carta a los imbéciles de la poesía peruana. Quema de basura,. .Vallejo es una pistola al cinto (Mensaje). y .Manifiesto. Mensaje urgente.. Todos estos documentos fueron recopilados en mi libro Las provincias contraatacan.

2 Se toma la noción de Achille Mbembe, quien sostiene que el estado moderno soberano tiene una biopolítica (el deber de proteger la vida de sus ciudadanos) y una necropolítica (el derecho de matar a otros) que generalmente se olvida. Según Mbembe: .The ultimate expression of sovereignty resides, to a large degree, in the power and the capacity to dictate who may live and who must die. Hence, to kill or to allow to live constitute the limits of sovereignty, its fundamental attributes. To exercise sovereignty is to exercise control over mortality and to define life as the deployment and manifestation of power. (11-12). Más adelante subraya: .Foucault states clearly that the sovereign right to kill (droita de glaive) and the mechanisms of biopower are inscribed in the way all modern states function; indeed, they can be seen as constitutive elements of state power in modernity. (17).

3 Martin Hopenhayn en el capítulo .Crisis de legitimidad en el Estado Planificador. (180-212) explica sucintamente el cambio de los estados de bienestar a estados neoliberales latinoamericanos en su libro Ni apocalípticos ni integrados.

4 En 1972 comienza la implementación de la Reforma Educativa del gobierno de Velasco y se organiza el Sindicato Único de Trabajadores de la Educación Peruana.

5 Entre ellos la poeta Edith Lagos (1963-1982) y el poeta José Valdivia Domínguez (1952-1986), pertenecientes a Sendero Luminoso, fueron muertos por las fuerzas represivas del estado peruano en diferentes lugares.

6 En El Diario de Marka del 19 de julio de 1983, bajo el titular .PIP golpea brutalmente a cinco intelectuales,. aparece la siguiente noticia local: .Cinco jóvenes intelectuales fueron brutalmente golpeados dentro de un colectivo que abordaron en la avenida Arequipa, por dos efectivos de la PIP que viajaban en los asientos delanteros. Los afectados son los poetas José Alberto Velarde y Róger Santiváñez, del movimiento Kloaka, el escritor Edián Novoa, el pintor Armando Williams y el periodista islandés Erik Akenson. (recorte de periódico incluido en Mazzotti Poéticas 210).

7 Forman parte de la cuarta ola de emigración que, según Teófilo Altamirano tuvo lugar de 1980 a 1992. La violencia política y la crisis económica fueron las causas de este éxodo masivo (61).

8 Como parte de su estrategia antisubversiva, las fuerzas del orden realizan masacres de campesinos, a los que entierran en fosas comunes. Las más conocidas son las de Acomarca, Cayara, Chumbivilcas, Putis y Pucayacu, que ocurrieron durante el gobierno de Alan García. Se calcula que 5.000 campesinos fueron asesinados durante su gobierno.

9 La masacre de Lucanamarca, dirigida por el escritor Hildebrando Pérez Huarancca, es la más importante. Tuvo lugar el 3 de abril de 1983 y 69 campesinos fueron ejecutados por huestes de Sendero Luminoso. Se demostró que fue autorizada por Abimael Guzmán Reynoso.

10 Entre los meses de enero a julio de 1992 treinta y siete .coches bomba. de Sendero Luminoso estallaron en Lima Metropolitana, dejando aproximadamente cincuenta muertos. El que tuvo más impacto fue el atentado de la calle Tarata.

11 En el informe de la Comisión de la Verdad y Conciliación existe una explicación pormenorizada de los hechos.

12 Paolo de Lima hace interpretaciones de este poema de José A. Mazzotti y de textos de otros poetas del grupo.

13 Kloaka es una suma de individualidades que no han quedado anuladas por el hecho de estar viviendo esta extraordinaria experiencia grupal. Lo que nos une es el sentimiento común frente a la m... Odiamos, pero sabemos que ese odio debe ser transformado creadoramente [sic]. (Heredia .Poetas de kloaka. 59).

14 Róger Santiváñez y Dalmacia Ruiz Rosas protestaron contra las posiciones de Mario Vargas Llosa y el programa de gobierno de Fernando Belaunde Terry el día de la presentación de la novela La guerra del fin del mundo, en 1982. Mientras el escritor, el presidente de la república y otras celebridades participaban en el evento en el lujoso Hotel Bolívar, los dos poetas deshojaban en las inmediaciones de la puerta del hotel novelas anteriores de Vargas Llosa. Los dos poetas fueron apresados y liberados el mismo día porque la policía no encontró un delito que los criminalizaba.

15 La catedral. era un concurrido bar donde, los protagonistas, Santiago Zavalay Ambrosio Pardo, llevan a cabo las conversaciones reveladoras de la corrupción del status quo que le dan estructura a la novela. En la actualidad el bar ya no existe, pero en los ochenta estaba mucho más arruinado por los cambios económicos y sociales capitalistas que habían ocurrido después de la dictadura de Manuel Apolinario Odría (1948-1956), marco temporal de la novela.

16 En la entrevista de Julio Heredia, Mary Soto disiente señalando: .Oye, pero eso a mí me parece una actitud muy mesiánica; decir que somos la única alternativa, no me parece. (Y Polanco, el pintor, agrega): Yo también estoy de acuerdo con eso. (58).

17 Martín Hopenhayn da alarmantes cifras sobre el incremento de la violencia urbana juvenil y el consumo de drogas durante los ochenta como consecuencia del vendaval neoliberal en América Latina.


OBRAS CITADAS

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(*) Publicado en Revista Canadiense de Estudios Hispánicos Volumen 34.1 2009

http://fis.ucalgary.ca/ACH/RCEH/34/1.html