jueves, 2 de junio de 2011

Ortodoxias y heterodoxias en la poesía puneña post-2000 (Tratado del cielo y del infierno)


Ortodoxias y heterodoxias en la poesía puneña post-2000
(Tratado del cielo y del infierno)



Escribe: darwin bedoya




1.- La Generación Perdida:


Han transcurrido cientos de años desde los primeros ejercicios experimentadores e innovadores que hiciera el poeta griego Calímaco, siempre buscando una poesía nueva y distinta a todo lo escrito hasta el día de su lectura. Tiempo después, revisando nuestro espacio latinoamericano, vino la abrumadora innovación de las vanguardias, prosiguieron después las insolencias líricas de Oliverio Girondo, las invenciones del concretismo brasileño, entre otros momentos descollantes podemos mencionar también la fracturada voz de Vallejo, la antipoesía de Nicanor Parra, la ludicidad y el criticismo de Octavio Paz y, recientemente, las múltiples operaciones escriturales basadas en el lenguaje a través del neobarroco latinoamericano con Lezama, Perlongher y Kozer. En el Perú, anotando estas coordenadas innovadoras, y avanzando en el tiempo, recientemente se ha hablado de la gran calidad de los libros de los poetas de los ’90 (hay una larga lista), claro, después de ellos, la estela poética ha seguido creciendo en nuestro país; y es que enseguida vinieron casi como una enfermedad más de un centenar de libros y todos ellos con diversas propuestas, estos son por ejemplo algunos libros que marcaron un quiebre y un momento en el proceso poético peruano: Présago de Romy Sordómez, Quién las hojas de Miguel Ángel Sanz Chung, Virus pop de Rafael García Godos, Dos niñas de Egon Schiele de Álvaro Lasso, El jardín de los amables espinos de Arianna Castañeda, Aprendiendo a hablar con las sombras de Víctor Ruiz, Autorretrato de Alessandra Tenorio, Marineros y boxeadores de Jerónimo Pimentel, Nuevos poemas italianos de Renato Cisneros, Las falsas actitudes del agua de Andrea Cabel, Conspiración de la ceniza de Ángel Ibarguren, Las pieles del Edén de Patricia Colchado, La distancia es siempre la misma de Manuel Villarán, La primera anunciación de Cecilia Podestá, Canto de la herrumbre de José Agustín Haya de la Torre, Galería de Miguel Ángel Malpartida, Conflicto azul de Raúl Solís, Euritmia de Denisse Vega Farfán, Reino cerrado de Erika Almenara, Catedral de José Miguel Herbozo, San Felipe Blues de Bruno Mendizábal, Lugares prácticos de Emilio J. Lafferranderie y Mi niña veneno en el jardín de las baladas del recuerdo de Tilsa entre otros libros que no sólo fueron y siguen siendo una presencia entusiasta, sino también una clara señal de seriedad y propuesta en las últimas páginas de la poesía peruana, que por cierto también tuvo grupos-epicentros como Sociedad Elefante, Segregación, Coito Ergo Sum, Cieno, El Club de la Serpiente y Colmena.

Mientras que en Puno, luego de una presencia entusiasta, delirante, sensata, irreverente, anónima, innegable, corrosiva y otros adjetivos de este calibre que acusen a los poetas puneños de los ’90, siempre habrá lugar para hablar de ellos; pero hoy que contemplamos el panorama actual de la poesía puneña, vemos que concluida la primera década del 2000, bien podría afirmarse que hubo una Generación Perdida en la década que se acaba de ir, perdida en el sentido de que solamente fue un susurro en el receso. Los dos o tres poetas post-2000 dijeron este verso es mío con una poesía insuflada de emociones e improvisaciones, carente de las exigencias mínimas de la poesía. En algunas casos, llegando tal vez a la exageración y hablando de los que mínimamente se puede rescatar algo, podría hablarse de una cierta y paupérrima imitación de estilos, lenguaje e imágenes tomadas de sus predecesores. Estos últimos no trajeron nuevos enfoques, tampoco otras perspectivas u otras sensibilidades. No desarrollaron propuestas. Creo que escribieron en un contexto que fue casi el mismo que el de hace casi 30 ó 40 años atrás. Inclusive, lo exiguo que han publicado se resume a plaquettes o fotocopias que tampoco podrían tomarse en cuenta en un estudio riguroso, donde hasta cabría la posibilidad de mencionar que nunca existieron, ni dos ni tres. Una completa y auténtica Generación Perdida. Forzando una presencia inconclusa, lo que tal vez hemos encontrado es un par de textos aceptables, o medianamente bien escritos, comestibles en cuestiones de lectura, aunque no sean textos virtuosos en términos de destreza poética. Ni siquiera son textos efectistas, por no decir menos. Y como ya señalamos en varios comentarios anteriores: son el resultado de puras emociones. Puro lirismo. Superficialidad. Nada impactantes. No revelan nada más allá de una incipiente poesía. Y precisamente por eso no sobrevivirán. Los días y los años, estoy seguro, me podrán corroborar. Ningún decir poético los podría situar en un sitio aparte, ya sea como noveles, imitadores, plagiarios o, según ellos, asumiéndose Les poètes maudits en la investidura de Rimbaud o Baudelaire. A lo que voy no es a cuestionar la sutileza y frescuras que pueden acarrear el quiebre o la mezcolanza presentes hoy entre los poetas que, inclusive hace rato dejaron de ser adolescentes, a lo que voy es a la continuidad de una tradición por demás llena de momentos apoteósicos en la literatura puneña. A eso voy.



2.- Gato encerrado:


Por eso es que ante esta decible verdad, creo que los poetas de este otro post-2000 que publican su primer volumen a partir del año 2011 (les espera una década), ellos al menos tratan de instalarse detrás de un yo cada vez más intensificado en sus líneas de abordaje, lo que implica una autoagresión, un subir los decibeles de esta música que nos convoca, específicamente del discurso poético; tesitura que tal vez sea el único territorio propio. Lo que se puede ver es un sujeto poético que expone sus versos, ahora a partir de estos poemarios iniciáticos, de corte intimista y en permanente crítica con ellos mismos, creo que lo que hacen es tratar de bifurcar el camino trazado con antelación. La tematización de los desencantos reitera, una vez más, a la poesía y sus orígenes. Y nos preguntamos: ¿Hacia dónde va la poesía en estos tiempos? Creo que de antemano no hay respuesta. Desde siempre, el hombre ha tenido necesidad de decir, decirse, repetirse la misma respuesta. Sí, la poesía ha surgido de la música y desde la modernidad se han tratado de fijar los límites y marcos de las artes. La poesía de nuestros tiempos parece regresar a su origen, parece que trata de llegar a su punto de partida, pero ahora con añadidos, principalmente tecnológicos, que privilegian lo visual, pero no olvidemos las otras posibilidades poéticas contemporáneas, donde podemos encontrar versiones poéticas disímiles, tanto que podemos hablar del spoken word, cercano por ejemplo al slam poetry el mismo que casi se conecta con la electropoesía. Luego la minimización lírica con la micropoesía, después distribuyéndose con la poesía-performance, emparentada con la poesía multimedia, las poéticas de la exploración y, la mezcla de artes, etcétera, etcétera. En este sentido, si llegara la poesía a no ser poesía, digamos a querer desaparecer, resurgiría, volvería a empezar, siempre como una necesidad del hombre y la humanidad de buscarse. Ante esta realidad, creo que el poeta asume el riesgo de la escritura, logra entender la poesía como una respiración que encarna el verbo, haciendo del lenguaje un latido preciso, orgánico y autónomo, al margen y, a veces, dentro de tantos artificios mal llamados poesía.



3.- Tratado del cielo:


En términos políticos y espacios de creatividad, diremos que los ’80 tuvieron, para la creación literaria, un escenario movido, agitado para la concreción de sus ideales poéticos, lógicamente ese fue un gran adversario, pero como en el resto del país, otros poetas supieron salir a flote con uno o más libros publicados. Los poetas de los años ’90 emergieron dentro de un firmamento que aún tenía ciertos vestigios de la violencia política aparecida en los ’80 y que por lo mismo el ambiente casi les fue agreste para la creación. Y, en el caso de los poetas del 2000 (que no escribieron), el espacio político-social creemos que fue un poco más propicio, hubo un enemigo que ya no era unidireccional y que, tal vez por eso, no impuso un total desencanto, claro, la situación no fue del todo benigna, diremos en términos económicos. Ahora en cambio, el clima parece haber mejorado, consideramos que las nubes no son tan grises que digamos. Algunos rubros se han estacionado en alguna medida. El ambiente empieza a cambiar y otros son los modos de pensar, de escribir, de hacer poesía.

Volteando la página, después de un aparente empecinamiento con esos vericuetos llamados neorromanticismo/postvanguardismo/transvanguardismo/hibridismo, transindigenismo y ludismo creo que podemos hablar de nuevas voces en el escenario poético de la nueva poesía puneña. Entre los autores que han lanzado el primer verso, pero en serio y con un libro también sensato, mencionaré a Carlos Mendoza (Ayaviri, 1990), su opera prima Cuerpo enamorado, (Grupo editorial Hijos de la lluvia, 2011, 64 pp.), es un texto donde el hablante poético usa un tono intuitivo, vislumbra su habilidad de discurso. En cierto sentido, Cuerpo enamorado, es un libro que se inclina por una senda lineal, de un punto de partida a una meta, pero como todo viaje en su camino hay pequeñas historias que quieren ser releídas: Niña, tú que acaricias el cielo con una sonrisa/y le das color a mi alma, /tú que sabes el itinerario de la inocencia/el camino de la verdad aprendida/adónde irán los versos de este poema,/ escritos bajo tu sombra, con tu recuerdo/ niña de bondades/esta noche/ quiero amar tu nombre. (I: p. 45)

La mayor cantidad de textos que componen Cuerpo enamorado se instalan en la vida que celebra el amor, la pasión, la poesía, la imaginación, las visiones, los sonidos abordados bajo un lenguaje mesurado, de estructura casi tradicional, aunque a veces alejada de quiebres lingüísticos o experimentos en ámbitos sintácticos. En este poemario, Mendoza retrata un tiempo que aún no concluye del todo en su propia vida. Una historia de melancolías, desgarros y exilio, donde el miedo, pero también el amor, se entrecruzan con la nostalgia perdida y la esperanza casi extinguiéndose en la esperanza: Dulce cristal / tus pupilas incandescentes / llorarías si se perdiera el hombre / que siempre te mira detrás de la ventana / y ligeramente a un lado de la tristeza. (III: p. 46)

Desde luego, el lenguaje anda estremecido por aquello que quiere contar, un temblor traducido en crear imágenes y enlazarlas con música, el alma de la poesía. A la vez que aparece otro mundo con el hablante poético, él se hace visible, se erige entonces un lenguaje cargado de imágenes, como un árbol y sus visibles y fulgentes productos. En última instancia, es parte del sentido de pintar otra tierra, hacer visible sus árboles, sus sombras y sus fulgures. En cada texto de este poemario se sigue atendiendo una realidad que reclama un paisaje interior que se puede ver desde fuera, versos con sensibilidades que nos hacen ir más allá de la mera comprensión intelectual, pues en sus páginas se evoca y recrea un singular estado de ánimo, se presenta un ambiente enrarecido a partir de lo inefable e invisible. Concretar esa sensación por medio del símbolo es parte del artificio de su traslación al testimonio, por tal razón, lo formal y lo temático se encuentra estremecido, sentido: Yo he sentido tus manos/una noche cálida de aplausos y luces /también tus ojos que se clavaban /en la desnudez de los míos /yo he sentido tu aliento muy de cerca /oxigenando mis sueños /y he sentido la ternura de tu ser /jugando conmigo. (V: p.47).

La evocación y la visión forman el estado natural de esta poesía, creo que defrauda a cualquiera que busque un referente inmediato. Pero esto no quiere decir que cancele lazos con la realidad más palpable, pues no hay división, hay un énfasis de unidad, afirmarse en un solo horizonte donde se le ha otorgado el valor justo a lo espiritual e intuitivo, al amor mismo: Tu cabello se desnuda al compás del viento,/ tu frente de nácar y ébano,/ tus ojos que guardan un universo misterioso,/ tus labios frutos de un jardín llamado cielo,/ tus manos llenas de inocencia,/ mujer echa de suspiros,/
ataré a tu forma sencilla este poema,/ y una mañana cualquiera/ descubrirás el porqué/ los animales no hablan/ pero sí escriben. (Anotaciones de tu cuerpo. p.12)

Carlos Mendoza sabe que la poesía hace pie en lo fundamental y fundante y que debe recobrar ese lenguaje original donde la aparente imprecisión o asociación insólita es vía para acercarnos a la otra orilla. En un mundo como el que vivimos, desganado y que lleva sobre su ánimo la sombra de un persistente pesar le hace bien esta miel y nos invita a leer y escribir la vida. Finalmente, Cuerpo enamorado supone, a la vez, un ahondamiento en el cosmos lírico y una estilización de sus rasgos más característicos: la búsqueda por querer perfilar un yo incierto, y acaso imposible, en una realidad sin otros hilos conductores que la poesía misma y la sensibilidad, allí se resuelve la poesía, creo que en estos poemas encendidos y disgregados, pero a la vez poseedores de una insólita cohesión, creo que con ellos empieza la vida del poeta Mendoza. Después estarán los conflictos del amor y la cotidianidad, encarnizados, se trabarán en una serie de combates cuyo resultado, siempre brillante, verá transformado el mundo y la vida de la poesía misma. Leer entonces la poesía de Carlos Mendoza no es sólo sentirse reconocido en lo que habla y canta el poeta; sino también es poder reconocernos, en cada poema, en cada verso y poder vislumbrar los diferentes sentimientos de amor, dolor, pérdida, soledad, traición, olvido. También es disfrutar de su estilo rápido, casi siempre corto y de su ritmo a golpes, aunque por momentos se torne más suave, que lo hacen todavía más profundo. En una siguiente publicación diremos que Mendoza ya no se detendrá a pensar sobre el tiempo que pasa y las verdades que llegan y que deja entrever detrás, su mano nerviosa, aunque lúcida, peculiar y complicada. Sabemos que en esto que en verdad es el infierno muchos son los invitados, pocos los elegidos: no hay líneas para tanta gente. Tres no pueden comer donde comen dos. Este, en verdad, es el infierno.


4.- Tratado del infierno:

Cuerpo enamorado es el anuncio de los próximos libros de poesía que se vienen en la colección Jaula de papel que el escritor y editor Walter L. Bedregal Paz lanza a través de su sello editorial Hijos de la lluvia, entre una lista de varios textos, anunciamos los siguientes poemarios, ahora en prensa: Sol de ánimas de Patricia Gonzáles, Sínodo herbaje de Osman Alzawihiri y La canción del bufeo de Mijail Mercado. Aquí un adelanto:


HUBO UN TIEMPO

Hubo un tiempo en el que me dedicaba a escribir tu nombre para salvarme.

Entonces criaba pájaros en mi memoria

y era el silencio y el vacío en los árboles,

era respirar el olvido a como dé lugar.



Hubo un tiempo,

entonces era una vana intención esta de querer suspender a la vez dos eternidades

para crear tantas palabras en los espejos vacíos

y los pájaros volando sobre mi cráneo desquiciado.



Tanta nada

hasta olvidarme completamente de tu nombre.




EN TUS OJOS NO HABÍA CANDELAS





Aún queda tiempo entre los candiles,

Aún queda tiempo

allí donde la muerte asoma como un fantasma,

allí abres tus ojos de mar que agoniza,

como si toda la vida hubieses llorado

bajo este mismo candil que se apaga.



En tus ojos no había candelas.


de Sol de ánimas de Patricia Gonzáles (Juliaca, 1978)





***

Salí de los guijarros de una calle que transita junto conmigo en los rincones del abismo. Tomando la humareda de sus tardes, en una niña que agranda sus ojos de luna. Sus dedos destejen las noches para ceder un tiempo más a los crepúsculos de su ausencia y para peinar sus noches de vigilia. Es decir, un cuerpo se llena de mariposas que visten su distancia.



Ahora pasa una habitación con gestos que te abrazan como si llegáramos desde una lejura inolvidable. Busco un lugar en los parajes que ocupa mi soledad. Intento ceñirme en los tajos que se esconden como si no descansaran mis pesadas plumas de estero.



Todos los vacíos se veían en los espejos de la cortina como los recuerdos pegados en un mismo orden. Como si fuese un reflejo de las calles que nadie ha caminado hasta no ser nunca. Estoy en los colores de la noche.



Las dehesas de mi huerto son las noches que guardan nuestros huesos en un cementerio fuera de cualquier osario. Me siento a su lado para acompañarlas en estas noches misteriosas, para contarnos sin vernos en esa realidad que está en otro sitio. Cuántos caballos enmohecidos por la ceniza pasan por estos lares sin tiempo. Cuántos oídos nos abrirán la boca sin pronunciar ninguna oración.



Me despojaré del cuerpo blanco que tengo, luego echaré al fuego mi vida, lejos, en una liturgia terrenal de las noches. Sacaré las piras en la oscuridad de las cuevas, donde a todo hombre se le prohíbe acercarse.



Hallé una flor escurriendo colores en las rejillas de un velo. Y sé, cuando abres la puerta, simulando alguna presencia, sólo ves crecer la noche en las luces de la ciudad: y te dices por dentro: por qué de tantas horas solamente puedo escoger las noches en que se rezan las oraciones más desconocidas. Por qué pienso que alguien más se hará partícipe en esta comunión de velas que giran goteando racimos de hostia.



de Sínodo herbaje de Osman Alzawihiri (Azángaro, 1982)





***



HOTEL / TU RECUERDO DESHACIÉNDOME LENTAMENTE





Hotel. La

lluvia

ha desatado el arco iris sobre el viejo oriente.

Como el anterior invierno, la señorita tristeza se ha puesto a zurcir estas viejas tardes en que tú

me regalabas una luna tuberculosa.

¿Sabes? Sobre todo te extraño ahora, porque me he puesto más viejo que Freud.

Porque tu blusa aún desviste mi recuerdo.

Yo no sé decir estas cosas. Pero sé que en algún lugar la lluvia te hace llegar la humedad de mi corazón.

Y tú

Como la muchacha que esconde su sombra tibia mientras el cielo se traga los peces-

seguramente pensarás en mí como algo lejano, la chaqueta manchada de tus besos,

esperándote con un pedazo de sol.

Hotel.

Cinco de la tarde.

Sin duda, me haces falta. El piano olvidado. Tu recuerdo garabateado en el espejo.

Ahora por ejemplo, recuerdo aquellas noches en que atabas mis manos a tu cintura.

Por entonces yo te regalaba estrellas de mar, mientras tú descansabas y te comías mis sueños.

Y ahora,

sin duda, duermes lejos de mi cuerpo, seguramente comes de las estrellas recién cortadas.



Por ahora la distancia se ha comido el otoño.

El cigarrillo de estos crepúsculos enciende el olfato de la muerte, que viene a tocar mi puerta con su tarjeta de visitas.

Yo le digo adiós cordialmente como en veranos anteriores.

A tientas busco el pretexto de las mariposas para dibujar tu cuerpo.

Y siento a alguien detrás, no se quién (a lo mejor mi sombra) husmeando cerca y diciéndome que no volverás.

Yo creo que es la señorita muerte.





DIFÍCIL SETIEMBRE





Ahora que setiembre se aleja como una viejita dulce, tibia, lejana; a lo mejor te escriba postales con mariposas secretas.



Después de todo este picnic y sus veranos, te escribí este poco de mis absurdos dulces.

Sabes que me gustan tus ojos, sobre todo cuando descansan y desatan los peces de mis sueños.

Por eso y aquellas tantas cosas que debiera haberte dicho mientras garabateaba el amor en tu piel, déjame

Decirte:

Ven, guarda esta luna nueva que planté para ti. Ven, deja que guarde esta noche en tus bolsillos.

A pesar de todo, sé de tus ojos cazando las luciérnagas.

Sé de tu secta de palomas acuchillando los crepúsculos de Seúl.

Y ahora tú, mujer dulce de 19 años, ¿donde estás?

Difícil el tiempo para mis postales celestes.

Difícil setiembre para ir de picnic a la luna.

Ahora

Tan sólo

desearía a la muerte con sus ojos de bisonte.

Entonces fuera a verte

Nuevamente descubrir la desnudez de tus ojos.

Besarte. Tus ojos sujetándome.

Tú,

Señalándome el camino de la noche y otros tantos demonios.

Y decirte adiós como nadie supo.





de La canción del bufeo de Mijail Mercado (Azángaro, 1990)

miércoles, 1 de junio de 2011

Poesía puneña de los ’90: la herejía perpetua


Poesía puneña de los ’90:

la herejía perpetua



(1ra Parte)

Escribe: darwin bedoya



Asentir a los postulados de la posmodernidad significa reconocer los movimientos y escuelas que desde finales del siglo XVIII —pasando por el siglo XIX y hasta comienzos del siglo XX— animaron la vida cultural y artística de Occidente: del romanticismo al surrealismo todo fue renovación continua y, consecuentemente, agotamiento de recetas y declaraciones de fe. Esto supone que cada vanguardia fue un movimiento hacia la discontinuidad con respecto a su generación precursora. Sin duda, las vanguardias no enterraron, sin más, a las anteriores: primero, reconocieron su oficio; segundo, establecieron vínculos con la tradición al entrar en diálogo con ellas; tercero, las interpelaron y rompieron con su significado; cuarto, instalaron un nuevo paradigma; quinto, renunciaron a seguir “diciendo” con palabras prestadas; finalmente, hicieron público su propio discurso y dejaron que el lector entrara a su nueva casa.

La historia de las vanguardias es la misma historia del tiempo: a un segundo le sucede otro, ni más segundo que aquel ni menos, otro segundo. Difícil decir cuál vanguardia fue más importante que la otra; lo que se requiere es estudiarlas a fondo, entenderlas en su contexto y en sus propias proclamas y polémicas, en sus ambiciones y limitaciones. Entonces, convengamos en que las vanguardias nacieron y se constituyeron en medios inestables y que no hubo un centro vanguardista sino varios focos, a menudo aislados. Estos focos actuaron como exasperaciones y exageraciones de las tendencias que los precedieron. Frecuentemente el artista de vanguardia se topó con el límite de su arte o talento: no hubo más allá, todo aparentemente estaba dicho y hecho; era hora de regresar a casa o de renegar del camino transitado.

Un par de estas vanguardias fueron las que se originaron en Puno. Una vanguardia que giró en torno a un grupo cohesionado que fueron los «Orkopata» y otra vanguardia estrictamente poética que construyó Carlos Oquendo de Amat después de Alejandro Peralta. Estas vanguardias rechazaron el pasado, la tradición y sus códigos, y abrazaron la causa del futuro (Peralta con su andinidad vanguardista y Oquendo con su poesía cinematógrafica y lírica) como única respuesta posible ante el desconcierto del hombre ante el presente del mundo. El futuro para las vanguardias olía a promesa, progreso, renovación, libertad, nuevas formas. Creo que con las vanguardias del siglo XX, la literatura puneña y peruana, se hizo menos realista, rompió con los supuestos fundamentales del punto de vista naturalista —el carácter, la acción, la casualidad, la lógica y el lenguaje como medio de entendimiento— y expresó la pérdida de la capacidad de integración moral de la sociedad mediante la descomposición de las formas literarias pulcras.

Herederos de esta vanguardia y los grandes poetas puneños, a finales del siglo XX hicieron su aparición los poetas de la Generación de Fin de Siglo. Un aforismo de Hölderlin que Heidegger citaba con frecuencia en sus lecciones de discurso, decía: «La mayor parte de las veces, los poetas se han formado al principio o al final de una época del mundo.» Esto parece coincidir con la aparición de los poetas puneños considerados de la Generación de Fin de Siglo. Si bien es cierto, en esta generación ha habido un buen número de poetas, lo cual, obviamente, no justifica la calidad de la poesía. Sin embargo, el secreto de la supervivencia de esta versión de la poesía puneña parece que consiste precisamente en la diversidad con que estos jóvenes de aquel entonces construyeron sus poéticas: Nunca se condenaron a sí mismos. Participaron en recitales realizados en Puno y Juliaca. Celebraron la poesía en un bar o un prostíbulo. Algunos publicaron un libro o dos; otros, en cambio, hasta hoy conservan inédito su gran libro. Varios de ellos se unieron para publicar una revista literaria. Hubo alguno más insolente que se atrevió a publicar un buró de literatura. Otros, en cambio, formaron grupos en la Capital: Leoncio Luque y Gonzalo Málaga son integrantes de Noble Katerba; Filonilo Catalina y Rubén Soto son integrantes de Triángulo editores. Hoy por hoy, varios nombres de esta generación ya no pertenecen a las sombras de la poesía. Otros, aún duermen justo en el lugar donde caen los relámpagos y la lluvia. Los más pocos, todavía, inseminados de sí mismos, escriben y escriben, buscan, se acomodan dentro de una estética. Contemplan la brevedad de las formas poéticas de turno. Admiran terriblemente a un tal Carlos Oquendo de Amat. Pero en todo esto no se puede olvidar algunos nombres que pudieron haber estado en este «grupo» de manera más intrínseca, no lo estuvieron; las razones si bien no fueron voluntarias, pero fueron, y por esa cuestión de la situación geográfica o contemporaneidad, no compartieron estas granizadas. Sin embargo, estos poetas no dejan de ser de Puno, éstos escribieron poesía desde fuera. Ellos son: Leoncio Luque, Gonzalo Málaga, Rubén Soto y Filonilo Catalina y de ellos hablaremos enseguida.

Leoncio Luque (Huancané, 1964), a pesar de la distancia, no abandonó sus fuentes andinas, su ideario lírico que, en cierta medida, trasunta una voz de estos lugares, pues en la misma tentativa y búsqueda de un espacio poético, podrían ubicarse diversos textos suyos, versos que adquieren connotaciones intersubjetivas y culturales, pero que se salen de lo que tradicionalmente se entiende por poesía localista, y quizás apunten a la necesidad de transformaciones en la representación escrituraria: «¿no eres tú/ aquel que percibe la soledad del viento/ y llora como un ángel.» Tal vez los años ochenta representaron la renuencia contra el coloquialismo, la vuelta a la metáfora y a los temas de carácter íntimo, algo que la onda poética de los sesenta y setenta había ido separando del discurso poético casi como una urgente necesidad, lo que ocurre en los noventa reveló nuevamente algunos vínculos, resemantizaciones e intertextualidades en las poéticas de la Capital: «esta forma de enredarse en este mundo/ me enrarece/ yo voy callado/ apagando en el corazón/ el odio// y/ en tus ojos/ el miedo es palabra de litigio/ donde/ antes de morir/ miramos cosas inútiles/ en este mundo// ahora yo escribo/ poemas/ con la edad madura/ que me permite/ este espacio triangular…» (Recuerdo de los siete) La poesía de los noventa empieza a convertir en enorme al sujeto lírico y se proyecta a la búsqueda de lo cotidiano, urbano, lúdico, experimental, pos/neovanguardista, etc.: «Amamos el silencio como se ama la muerte/ y nadie piensa en el vestigio,/ el amor tallado en el corazón de la lluvia,/ la mirada humilde besándonos…»(Ofrendas al silencio) Nacía entonces una poética un tanto disidente, llena de exploraciones individuales y colectivas como el caso del grupo de Leoncio Luque y las filiaciones de su poesía.

La poesía de Gonzalo Málaga, (Puno, 1968) experimenta el asombro y el espanto del mundo, de la vida que nos ha sido dada, pero también su belleza comparada con un poema. Demás está decir que el mundo es misterioso, en sus recodos la vida parece doblegarse al dolor, a la ausencia, a la nostalgia y con ese conjunto de pesares, algún día ha de congraciarse con el hombre: «Todos tenemos algo que es negro/ un centro que sigue contornos/ que hoy desconozco// Porque todos tenemos al tiempo/ lamiendo/ desesperadamente/ y el paso de algo que es como el aire/ que deja que otros/ nos traigan el mar// Todos tenemos,/ por más que algunos lo nieguen,/ un impulso preciso que nos llega a matar,/ y esas formas oscuras/ como un tambor de batir presuroso/ que nos deja flotar en la noche// Todos tenemos algo que es negro.» (Algo que es negro) Sin embargo, algunos ejes temáticos, algunas preocupaciones esenciales, acompasan esta poesía. La principal es la angustia existencial, más conectada con la idea de reflexión y contemplación de la vida, tal vez mostrando que el poeta hubiese aceptado, con el transcurso de los años, lo frágil de su condición, y la efímera condición del humano. En los poemas de Málaga, la conciencia del paso del tiempo y la espantosa certeza de que nos acercamos sin pausa a la muerte, son las constantes que nublan y alumbran sus textos: son conciencias que no arrastran al poeta a la desesperación, sino que más bien lo conducen a una lúcida constatación de lo fatal: «El tiempo ha de tomar la mujer que uno espera/ es un instante preciso para el que no hay ataduras// La palabra por la que sabrás que te ha hallado/ te será dada al oírla// Y qué importa si viene de noche/ entre personas que no notarán su presencia/ porque ella consigue/ que nadie desee el espacio de nadie…»(31 [nuevamente])

Con Rubén Soto (Juliaca, 1974) asistimos a la inauguración de un despliegue de categorías escriturarias casi pictóricas, las que paulatinamente van introduciéndose a otros niveles semánticos y, de este modo consigue una nueva percepción visual en el concepto de signo en la poesía. Haciendo referencia a estos caracteres poéticos, Octavio Paz diría: Toda lectura de un poema, cualesquiera que sean los signos en que esté escrito, consiste en hablar y oír con los ojos. Esta es una línea un tanto desconcertante porque los segmentos—poemas, en un principio se vinculan como hojas de coca, para luego esparcirse como partes de un todo que pretende simular una brevedad lírica contundente, a veces agresiva y violenta que se origina desde una inferencia reflexiva frente a la palabra: «no encuentro tu lluvia/ sólo/ el perfil disecado de los siglos» Partiendo desde los títulos escritos en quechua y la disposición caligráfica de los versos que nos remiten a épocas precedentes (En su poesía aparecen con claridad recursos propios del creacionismo huidobriano: ausencia de puntuación, imagen como eje del poema, una sintaxis abierta, subversión semántica de alto grado, etc.), su poética organiza una propuesta estética detrás de un vaivén vehemente—sicalíptico—intimista que se construye en las meditaciones estéticas de su lenguaje, esta voz resulta ser un flujo violento y oscilante, al mismo tiempo que abstinente, sacude el desplazamiento lector con la regeneración o intermitencia textual en un temblor de precisiones. Sin duda son aspectos propios de una poesía hecha para despertar la mirada, oír con los ojos, según Paz. Creo que para Soto escribir poesía no es una mera diversión. Pienso que en su vida este ejercicio representa un camino de liberación: «entonces hará malviento/ rosa menguante/ & las aves del espejo tendrán mucho miedo/ rozará tu voz de adobe con las/ vísceras del frío/ las piedras/ golpearán el musgo de la sangre/ esparcida/ graznará este cactus/ como cuervo sajado/ & tus ojos sedentarios/ rosa insomne/ se llevarán la lluvia definitivamente» (kinsa chunca pusaqniyuq) Sus textos expresan un cansancio. Su voz no persigue solo una renovación de la poesía escrita, sino, en el plano personal, busca trascender los límites de la literatura hacia su necesidad vital de constituir una cosmovisión distinta de la existencia, de la expresión poética. Tal vez sea algo que todos buscan y que se perseguirá toda la vida. Con la publicación de su libro istalla (2006) se vislumbra a un poeta que trasciende en la evolución, un progress in word que es posible evidenciar en cada micropoema.

Finalmente, Filonilo Catalina (Coaza, 1974) se concentra en el lenguaje y sus múltiples rostros. La suya es una palabra invadida de imperativos quiebres coloquiales, es desde allí que emerge una reflexión intuitiva pues logra un gran protagonismo el yo poético: «Ahora pienso/ en lo contradictorio que fuimos/ caminando/ de calle en calle y en marzo/ haciendo caso omiso/ a los consejos de nuestros padres/ a los decires de las gentes: «Qué tal desvergonzados/ darse tanto amor cuando el pan sube a diario/ ¡y fíjese usted, en plena calle!» Es justamente ese matiz que ha dotado a su poesía de una capacidad meritoria de distinción y de profundidad en sus sensaciones, aspectos que ya caracterizan su verso. Además, por supuesto, la sutileza de su lirismo tierno, disonante, construido en base a las variantes léxicas del lenguaje cotidiano. Podemos decir que su poesía está dotada de un élam poético con un sentido narrativo—descriptivo y, a veces, confesional; cualidades que la poesía coloquial requiere en aras de una comunicación más directa con el lector: «Cuántas veces has dicho/ Que eres un ángel descielado/ Y tus ojos abortaron/ Seres alados que despertaban aún ebrios en los parques/ Cuántas noches reposando al borde de tus ojos/ Siempre al filo/ Manteniendo/ El desequilibrio necesario para poder vivir/ Con un cigarro en los labios/ Con un vaso en la mano/ Soportando el peso de los astros/ Sentado o caminando/ Pero con el mismo peso cósmico sobre tus alas chamuscadas/ Con el pecho abierto/ Esperando/ El suicidio de los astros.» (de El trapecista) La poesía no es, pues, lo que es, sino lo que se adivina, lo que viene, lo que será, el universo que se pone en pie en la mente de quien lo hace posible para él y para los demás.

Es verdad que los poetas de la Generación de Fin de Siglo sintonizan con la poesía vanguardista, y tal como ha señalado claramente Bourdieu, «en cada época o período histórico, los autores se instalan como sobrevivientes de una estética tradicional, […] o como vanguardias que hacen época al instaurar una nueva posición en el campo poético.» Por ello, no se puede desconocer tampoco la invisibilidad de estéticas y grupos. Los poetas de la Generación de Fin de Siglo construyeron escrituras que expresan un atisbo todavía de fragmentación o disolución. Algunos consolidan un proceso literario que ratifica el desarrollo de su labor poética y crea un modo discursivo ejemplar, hegemónico y representativo de una ruptura en constante movimiento. La multiplicidad del discurso de estos poetas, aunque entendido con el lenguaje vanguardista, plantea un ejercicio de lectura también lírico, especialmente cuando leemos a Edwin Ticona, Simón Rodríguez, Walter Paz y Luis Pacho. La oscilación que se produce en los discursos entre cierta racionalidad y meditación creo que estaría en las voces de Eddy Sayritupa, Fidel Mendoza, Gabriel Apaza, Víctor Villegas y Rudy Frisancho; creo que en los demás hay más una fragmentación, un desfloramiento de la interioridad, el decir intrínseco del yo poético y la siempre manida preferencia de las dualidades órficas en las que descansará siempre la poesía: espíritu y sustancia, vida y muerte, cuerpo y alma, sin olvidarnos del refugio de la memoria.

lunes, 30 de mayo de 2011

NO APTO PARA MENORES Sobre 25 centímetros de David Refoyo


David Refoyo nació en Zamora en 1983. Estudió Publicidad y RRPP en Salamanca. Sus textos han aparecido en las antologías Bar Sobia (La Bella Varsovia, 2005) y en Palabras para Cervantes (CELYA, 2005). Ha colaborado en diversos cortometrajes, exposiciones y publicaciones. Mantiene el blog Una ciudad llamada Perdición. 25 centímetros es su primera novela, en la que se adentra en el mundo de la prostitución y la pornografíacomo difícil tabla de salvación a la que se agarran los protagonistas de esta historia.

David Refoyo

PRESENTACIÓN DE 25 CENTÍMETROS
POR MANUEL VILAS

Esta novela de David Refoyo es puro sexo. Es sexo y política. Sexo y destrucción. Sexo y complejidad social. Sexo e Internet. Sexo y alienación. Sexo y terror. El escritor se cuela en los intestinos de la industria del porno. El porno aquí es un símbolo del deterioro de la civilización occidental. Casi todo el libro demuestra que nuestro tiempo ha convertido a la pornografía en el último animal tecnológico. Se folla mucho en esta novela. Actores porno, prostitutas, emigrantes, mujeres desesperadas, gigolós, convierten esta primera novela de David Refoyo en una orgía tipo «Walk On The Wild Side» de Lou Reed. Es una novela coral, pensamientos de mucha gente que cuelgandel aire postindustrial. David Refoyo ha escrito una novela original y distinta, también valiente, y tal vez todo ello signifique que estamos circulando ya por las nuevas avenidas de la literatura española del siglo XXI, lugares del futuro, porque esta novela revela que España es ya un país globalizado. 25 centímetros es una narración de terror. Me gusta este libro. Me he leído este libro con pasión, y he pasado miedo, miedo auténtico. Me gusta pensar que España tiene ahora escritores diferentes, nuevos escritores.

NO APTO PARA MENORES
Sobre 25 centímetros de David Refoyo

Reseña y entrevista por Antonio J. Rodríguez y Luna Miguel

El tema de 25 centímetros podría ser la tiranía de la imagen pública, las apariencias y la ansiedad por el reconocimiento. Pero no en una España metropolitana, globalizada y europea, sino en una España premoderna, del siglo xxi: la «Deep Spain» de Ramoncín, la SGAE, las colas del INEM, los burdeles de carretera y la soledad abisal (una soledad, a pesar de lugar común, mucho más dolorosa que en la gran ciudad). El país del «éxito, el glamour, los coches caros y fiestas con famosos que te traten de tú a tú, las limusinas aparcadas en doble fila, los guardaespaldas que defienden tu nuevo estatus social». En ese sentido, otro de los temas de esta novela podría ser la españolidad, un asunto que ya creíamos sepultado, y más todavía si de quien hablamos es de un autor nacido en 1983. Refoyo, como su antecedente más cercano Manuel Vilas (sobre todo aquel Vilas de Zeta y Magia), es un anarquista. Un dinamitero de los mitos literarios modernos. Él habla de un país cuyo centro son las provincias, en donde aún suenan ecos de «Ozores y Esteso, Los Bingueros, Benidorm y Marisol enseñando las tetas en la portada de Interviú», y música de Rosendo, Siniestro Total y Fito&Fitipaldis: un paisaje pedestre que no deja de ser actual, aunque para la literatura permanezca olvidado precisamente por su carácter hostil. El tema de 25 centímetrostambién podría ser el síndrome de Peter Pan. Los personajes de Refoyo sufren porque se acaba el paraíso universitario, y el padre —siempre la figura del padre revoloteando— empieza a demandar los intereses del préstamo. También lo hacen por el miedo y el amor a lo desconocido. Porque, supuestamente, vivimos en una época de relaciones líquidas, aunque la última institución sagrada sea la de la pareja. Obviamente, los personajes de 25 centímetros sufren porque no son amados. Refoyo revive la literatura social, transita entre la importancia de lo digital, las nuevas formas de hacer literatura y el presente ominoso pero insoslayable de un país anacrónico, y habla del No Future For Us, y, en cierta medida, también de porno.


Cuestionario

-Tienes que ser mayor de edad para responder a este cuestionario. ¿Aceptas, chéri?

- Acepto, presento el permiso paterno para contestar.
-¿Con quién te quedas a)Belladona b)Sasha Grey c)Jeena Haze? ¿Por qué?

- b) Sasha Grey. Elegiría a Jenna Jamesson, pero no aparece en la lista. Sasha, en cualquier caso, reúne los valores clásicos del cine X. El verdadero. El de la industria antes de que Internet acabara con todo.
-El mundo se debate entre los que ven Megaporn y los que consumen Pornhub, entre otros. ¿Cuáles son tus páginas de referencia? ¿Qué las hace diferentes? ¿No estás cansado de encontrar los mismos vídeos busques donde busques?

- La mayoría de los vídeos, en el fondo, son idénticos a los anteriores. Llaman a la puerta, abre una chica, se dan dos morreos y al lío. No hay variedad ni innovación y, lo que es peor, quienes han propuesto cosas diferentes, se han encontrado el fracaso de frente. Tal vez el problema sea, también, de los espectadores/ consumidores. Y de la falta de ideas. Afortunadamente, hay excepciones.

-Entonces, ¿a qué hace referencia el título? ¿A Nacho Vidal? En su caso los datos son confusos, en Internet se habla de sus 23 centímetros, luego de sus 24 centímetros... Ilústranos tú. Descúbrenos la maravilla.
- 25 centímetros es, además de una medida, una referencia a la edad. Creo que los 25 es la edad tope en la que se nos exige empezar a ser productivos y eso puede producir cierto desencanto. O eso creo. Me gustaría decir que el título es autobiográfico y, parafraseando a Manuel Vilas en la contraportada de la novela, admitir que sí, que “se folla mucho en (con) esta novela”.
-¿Cómo calificarías tu libro? a) Hardcore b)Bondage c)Toys d)Interacial e)Big Dicks f)Creampie g)Soft erotic ... ¿ninguna de las anteriores? ¿Todas? ¿Alguna que no esté?
- Me temo que tiene un poco de cada cosa. Yo me decantaría por el hentai, un dibujo sofisticado de algo que lleva ahí siempre, en el interior de todos nosotros. Un simple juego con las perversiones de algunas personas. Las dos Españas: los que reconocen sus pecados y los que pecan sin reconocerlo. Un poco de crítica a los valores tradicionales. Definitivamente, hentai, sí.
-¿Y cuál de esas clasificaciones es la que más clickeas?

- Los periódicos digitales, la mitad de las veces, son más pornográficos que cualquiera de los contenidos de esas categorías. Somos una generación consumista, devoramos todo tipo de información, algunas veces sin el menor criterio estético. Eso nos convierte en seres informados, pero también vulnerables. -¿Sabes tú la diferencia entre las categorías de Group y Orgy? ¿Podrías definirlas? ¡Qué sutiles clasificaciones!

- Nunca he entendido esa diferencia. Supongo que los grandes expertos en pornografía (algunos de temprana adolescencia) establecerían conceptos y significados distintos para Group y Orgy. A mí me resulta imposible aunque creo que, en el libro, cuento una historia que cuadraría bien en Group. Orgía es un concepto más antiguo, desgastado. Grupo es más familiar, cercano, amistoso. Es más revolucionario si se me permite hablar de revolución en un asunto tan machista y endogámico como el porno (masivo). -Ahora que están de moda los vídeos promocionales de libros (véase Jordi Carrión o Luis Magrinyà, cada uno en su estilo...) cómo sería el guión pornográfico para la promoción de 25 centímetros? ¿Algo casero? ¿Un filme de Erika Lust? ¿Una fantasía de Mandy Morbid? ¿Dónde, cuándo, cómo, por qué?

- Una cámara oculta en el despacho de algún concejal de urbanismo en un pueblecito del Mediterráneo sería el mejor vídeo promocional posible. Lleno de pornografía y de ética dinamitada. Sería un viral magnífico que correría por mail, twitter, facebook y saldría en Antena 3 en el programa de Matías Prats, ese informativo. Si pudiera elegir, sí, preferiría a Erika Lust, me parece que tiene una visión más serena de la sexualidad y acercaría “25 centímetros” al público femenino, olvidado por la industria. Los tiempos están cambiando, of course.

25 centímetros
David Refoyo
144 páginas
14 euros
Colección los 5 elementos, 61

martes, 24 de mayo de 2011

Desde el otro Sur. Este viernes 27, en la ciudad de Tacna


El café Zeit y la editorial Cuadernos del Sur invitan a los amantes de la literatura a las Noches de Bohemia, donde se ha programado PUNO: DESDE EL OTRO SUR, narrativa y poesía. Llegan a nuestra ciudad las nuevas voces de la literatura pune...ña: Luis Pacho, Darwin Bedoya, Carlos Mendoza, Javier Núñez y el editor y escritor Walter Bedregal. Con ellos dialogaremos sobre sus últimos libros publicados recientemente por el importante Grupo Editorial "Hijos de la Lluvia" (Juliaca).

La cita es este viernes 27 del presente en el Café Zeit, calle Deustua # 150 (al frente de la Reniec Tacna), a las 7.30pm. EL INGRESO ES LIBRE

Esperamos a todos los amigos.

Claus Ranke, Willy Gonzalez y Walter Bedregal

sábado, 21 de mayo de 2011

Este viernes 27, en la ciudad de Tacna. Desde el otro Sur.

El Grupo Editorial "Hijos de la lluvia" luego de la invitación de la Editorial Cuadernos del Sur de la ciudad de Tacna, estará presentando sus últimos trabajos literarios con las nuevas voces del altiplano peruano; la cita es en el Café Zeit: calle Deustua # 150,
viernes 27 de mayo a las 7:00pm. INGRESO LIBRE
Los esperamos a todos.

Entre los libros a presentar podemos destacar:

De la Colección letras de la poesía latinoamericana:
Coordinada ydirigida por: Walter L. Bedregal Paz.

* Leve ceniza de Darwin Bedoya

Leve ceniza
darwin bedoya
Grupo Editorial "Hijos de la lluvia"
Colección: Letras de la poesía latinoamericana N° 01
64 pp. 2010



Darwin Bedoya

* Horas de sirena de Luis Pacho


Horas de sirena
Luis Pacho
Grupo Editorial "Hijos de la lluvia"
Colección: Letras de la poesía latinoamericana N° 02
60 pp. 2010



Luis Pacho



De la Serie de narrativa Presagio: coordinada ydirigida por: Walter L. Bedregal Paz.


* Asesinas de Javier Núñez

Asesinas
Javier Núñez
Narrativa Breve "Presagio" Nº 06
Grupo Editorial "Hijos de la lluvia"
64 pp. Diciembre 2010
Juliaca Perú

Javier Núñez


De la Colección de poesía contemporánea Jaula de papel:
coordinada ydirigida por: Walter L. Bedregal Paz.

* Cuerpo enamorado de Carlos Mendoza


Carlos Mendoza
Cuerpo enamorado
Colección de poesía contemporánea
Jaula de papel Nº 01
Grupo Editorial "Hijos de la lluvia"
pp.68 diciembre 2010
Juliaca Perú


Carlos Mendoza

domingo, 15 de mayo de 2011

Publicación en Honor al Cristo Blanco, Señor de Huayna Roque, de la ciudad de los vientos, Juliaca


Cristo Blanco Señor de Huayna Roque
Jorge E. Benavente Llerena
Publicación Especial
Grupo Editorial "Hijos de la lluvia"
pp. 48, mayo 2011
Juliaca - Perú

El Grupo Editorial "Hijos de la lluvia" con gran satisfacción publicó para los días de fe católica, - 03 mayo - en la cual se festejan las tradicionales "Fiestas de las cruces" en el altiplano nuestro, un libro de historia fundamental. Luego de ardua investigación el Prof. Jorge E. Benavente Llerena (hijo del otrora poeta juliaqueño Vicente Benavente Calla y de doña Angélica Llerena), nos presentó el libro Cristo Blanco Señor de Huayna Roque, que fue en su totalidad auspiciado por el nuevo mecenas de la Cultura juliaqueña, el señor Edgar Sullca Huaquisto, esposa e hijos, Alferado 2011 del Cristo Blanco Señor de Huayna Roque. En el libro podrán encontrar la verdadera historia de la construcción de la que fue la 3ra. efigie construida de nuestro redentor (luego del Cristo de Corcobado en Brasil y del Cristo Blanco de la ciudad imperial del Cusco), un libro, en la que se recrea junto a diversas fotografías su edificación hace 24 años, textos de importantísimos y destacados hombres de letras. Rescatamos a continuación el texto del poeta Vicente Benavente (proporcionado por la familia Benavente Llerena, que estuvo inédito, y que gentilmente facilitaron para esta edición especial).

El guardián de las nubes del cielo y la tierra *

No sé por qué los primeros días de mayo traen a mi memoria aquellos días ventisqueros de mi niñez, aquellos en que una vez pasadas las fiestas de Las Cruces, Juliaca entraba en un periodo de hibernación.

En aquel silencio se podía escuchar el paso de los trenes, que muchas veces nos servían de reloj, el sonar de las campanas de la parroquia Santa Catalina y de su torre hermana de La Merced , donde los bellísimos ocasos del sol radiante dejaba a las palomas y pájaros en los atardeceres revolotear junto a la brisa andina que acababa llenándolo todo, mientras se mezclaba el olor efusivo de los keñuales en el campo, donde sus ramas dan sombra para sentarse en la hierba a pensar en Dios. Entonces una a una caían las palabras como copos de nieve.

De todas las enseñanzas que la vida me ha proporcionado, la más inquietante ha sido convencerme de que la especie menos frecuente sobre la tierra es la de los hombres veraces. Yo he buscado en torno a mi andar, con mirada suplicante y de desolado, los hombres a quien importase la verdad y apenas he hallado pocos. Los busqué en todas partes, entre todos los seres humanos. Por qué los busqué, simplemente porque un alma necesita respirar almas afines, y quien ama sobre todo la verdad necesita respirar aire de almas veraces.

El hombre del altiplano poco soñador, escasamente delicado en su trato algo introvertido, íntimamente ligado a la naturaleza, pues fusiona su sentimiento, su acción y pensamiento a ella, tienen una noción práctica de su acontecer y de su cosmología, él ignora que materia y energía son intercambiables, están acostumbrados a la soledad cotidiana frente o junto a los imponentes cerros o nevados y en algunos casos sus respetados Apus. El hombre del altiplano percibe su amparado por seres sobrenaturales con quienes hasta en ocasiones puede dialogar, lo que para el extraño que lo observa pareciera un monólogo con Pacha o Dios invisible que está en todas partes y en todo tiempo; he ahí la fusión religiosa de lo andino con la occidental. Porque aquel ser casi siempre taciturno, que tiene por amigo inseparable a la hoja de coca con la que mitiga su hambre y sus penas, es resistente como él solo, pues es capaz de soportar las inclemencias temporales, torrenciales lluvias o el sofocante calor del mediodía. Algunos de esos hombres hoy elevan sus oraciones conforme a ciertas reglas religiosas, trasmitidas de generación a generación en prácticas misteriosas y ritos silenciosos.

Nuestro pueblo no siempre tuvo la relativa relevancia que hoy tiene en sus manifestaciones religiosas del mes de mayo. El centro de su devoción, como ahora, fue desde luego la hermosísima y venerada imagen de la Virgen de las Mercedes, alrededor de ella giraba la sencillez y austeridad de su fiesta en el mes de setiembre.

De aquel verso Juliaca mi madre tierra, obra gigante y extraña de fríos, vientos y lluvia… quedó por desagregar una de las características más sorprendentes y benefactoras de la ciudad de los vientos, desde una perspectiva cultural e histórica. Su geografía altipampina y cómplice a faldas del pedregoso y secular cerro Huayna Roque, semeja un espejo de la secular y benéfica costumbre del ser humano por trasuntar y peregrinar hasta encontrar el Paraíso y generar, pese a todos los tradicionales y modernos obstáculos, una nueva aventura de vida, de la mano de nuestro redentor: El Cristo Blanco. Actualmente la hermandad del Cristo Blanco, señor de Huayna Roque de Juliaca, que le rinde culto a esta hermosa imagen, radica canónicamente a la fe de sus feligreses, y como es lógico se limita a los fines y cultos de sus reglas y entre ellas, venerarlo solemnemente el 3 de mayo de cada año con su respectivo alferado, responsable de toda una devota reminiscencia.

Por ello tengo que reconocer y agradecer a los hombres cuyos espíritus fueron iluminados, entre ellos al Dr. Ricardo Maraza, al Ing. Tomas Solórzano Huacasi, al Sr Celestino Chalco, al Sr. Hipólito Quispeluza Pacheco, al Prof. Narciso Borda Ccalla, al T. .C. (EP) Rolando Andrés Tejada Mansilla; entre otros hombres de fe; para que en la madrugada de aquel 3 de mayo de 1987, el bendito nazareno con sus manos abiertas de par en par, como un padre abre las manos para abrazar a sus hijos, con su corazón enfervorizado, ya no seguirá penitencia, como nos enseñaron en las santas escrituras, desde el sermón de Pasión, hasta el calvario; sino porque desde ese día sería venerado por el resto de los días en la cumbre del cerro que lleva su nombre en una efigie denominada Cristo Blanco, señor de Huayna Roque; tengo que coincidir con la elegía que leí de mi hermano, el poeta consagrado José Parada Manrique, cuando hay que destacar que la imagen del santísimo Cristo Blanco… es una maravillosa plasmación de arte escultórico, un logro total en cuanto a perfección del rostro se refiere resaltando en él los bellísimos ojos increíblemente expresivos… no queda duda que es de una relevante calidad escultórica, hecha por manos de artistas iluminados, hombres de espíritu humano.

Por ello siento que Juliaca junto a su Cristo Blanco, forman parte ya de mi propia biografía de poeta, lo que implica un compromiso con el señor, con sus adeptos, y con todo tipo de poblador, y me reúne con esta confesión de reconocimiento a sus costumbres y tradiciones. Y con una declaración a la vida religiosa que se dibuja y extiende desde aquí, desde el cerro Huayna Roque al horizonte, con la fe de la generosidad y de ganas del mejor de los futuros. Hablando de Juliaca y del Cristo Blanco, no sólo estaremos expresando con pasión un deseo de solvencia para ese mismo futuro, sino una necesidad de reconocimiento. No obstante, espero y deseo que se conserven las sanas raíces litúrgicas en las familias y que aquellos idílicos otoños de ayer, sean preludio de unas futuras y exuberantes primaveras. A hombres y mujeres de tan rara índole se dirige este mensaje, escrito en voz baja.

Juliaca, 02 de mayo de 1999.

Vicente Benavente Calla


miércoles, 11 de mayo de 2011

Samuel B. Frisancho: Carlos Oquendo de Amat a las letras puneñas 1999 Un Premio para recordar…

Escribe: Walter L. Bedregal Paz

Escribir del periodista práctico, Director del diario Los Andes, abogado de profesión, el Dr. Samuel Frisancho Pineda, es poder entablar primero un breve concepto y objetivo del aporte que dejara a nuestra prensa escrita en nuestra región, en aquella imparcial, no comprometida que no fue dirigida por poderes públicos, ni sometida a ninguna clase de censura, y que ahora podemos descifrarla y considerarla como un elemento de gravitación esencial de todo estado libre, más aún si se trata de una prensa de publicación diaria o difusión permanente como fue es, y espero sea la publicación del diario Los Andes, Decano de la Prensa Regional, que con el esfuerzo de aquel hombre se constituye ahora en un bastión firme para la práctica de una democracia acorde a nuestra época y, lógicamente, para que sus lectores puedan adoptar determinadas decisiones de carácter político, cultural, literario o de otra naturaleza, tendrán que estar también ampliamente informados, además de estar actualizados, para de ese modo conocer y comparar entre sí, las opiniones de otros.

Samuel Frisancho Pineda, para muchos que no lo conocieron fue un hombre como pocos; trataré en esta oportunidad, tras diez años de su partida, describir una breve remembranza de su vida que tuve la suerte de compartirla casi al final de la última octogenaria década de su vida. A veces es triste recordar la verdad, y uno desea tal vez obviarla; su olvido o su estado casi de abandono en el que lo dejaban sus últimos días de vida en su entorno familiar, -en otra oportunidad entablare ese recuerdo tal vez como denuncia -. Lo que importa ahora es su labor periodística, que fue su vivir y desde temprano fue casi perfecta, a pesar de su desorden, pasando rápidamente de los tanteos de la adolescencia – la hora impersonal, en que se buscan orientaciones a través de campos ajenos – y bien pronto el periodista se define, con notas líricas, francas, melódicas, simples, polémicas, muchas veces repetidas. Es la forma de vivir, alcanzando su culminación en los días que sucesivamente publica en sus editoriales su mensaje: notas periodísticas tradicionales, de un país - aparentemente sosegado con su libertad de prensa -, límpido, sobre sentires melancólicos, mantenía ese inacabable suspiro juvenil que a veces se resolvía en carcajadas; pero que más a menudo en nostalgias, hasta mezclándose llanto y sonrisa, como en los deliciosos de sus días lejanos. No nos engañe esta sencillez de periodista, estas formas de columbrar la vida escondían sabiduría, como las de su antecesor en la tradición puneña del periodismo que elaboró Federico More.

Pero Samuel Frisancho como periodista hacía pensar y causar polémicas, si la sencillez no debe engañarnos, sí debe sorprendernos, porque encontré en sus octogenarios años del hombre, que como indican sus trabajos publicados, ahora históricas ediciones, había conocido ya el caudal periodístico lanzado a la circulación por él desde el diario Los Andes. Samuel Frisancho no se limitó voluntariamente a formas simples y ritmos elementales, porque a la mano tenía cien complejidades tentadoras, ese hombre al margen del periodismo me comentó que también destacó en el género de poesía, en los Juegos Florales de 1941, condecorado por la Municipalidad de la Paz Bolivia con el Escudo de Armas de la ciudad de la Paz. Fue corresponsal del diario El Comercio de Lima; El Pueblo; Noticias; El Deber de Arequipa; El Sol; El Comercio de la ciudad del Cusco; fue Director de la revista del Instituto Americano de Arte de Puno; el Álbum de Oro (XVII Tomos); Antología de la Poesía Puneña (Ocho ediciones agotadas), corroboran el premio que el Grupo Editorial Hijos de la lluvia, - que presidía gustosamente, junto a la Casa del poeta peruano, aquellos días 17 y 18 de diciembre del siglo y milenio pasado le otorgaron; en el cual también logramos reunir a destacados escritores y poetas, en el marco de El último encuentro del milenio de escritores puneños, al final del fin… ese año 1999, del que nos despedimos con nostalgia, está llamado a figurar prominentemente en la historia, resultó apropiado organizarlo, pues el balance general para las letras altiplánicas del milenio – que se escapó como agua entre los dedos – fue favorable, no sólo en calidad formativa y producciones literarias de nivel, sino sobre todo ese cause desembocó en el lago de los brujos (El Titikaka), sobresaliendo una generación literaria contemporánea, aunque sin actos de rebeldía, pero que aportaron un estilo nuevo, aportes que se justifican con las temáticas que se plantean ahora.

También cabe destacar que aquel año de 1999, fue testigo no sólo del Último encuentro… sino que en los anales de la literatura puneña dejó establecido – aún hoy – para institucionalizarlo el Premio Carlos Oquendo de Amat a las letras puneñas, en sus distintos géneros otorgados, y que gentilmente apoyara en su difusión desde su dirección el Dr. Samuel Frisancho. Este Premio presentó retos posteriores para brillar con luz propia en la meseta y el cielo del Ande nuestro, pero aunque no tuvo grandes algazaras, nadie – excepto uno o dos – puso en duda que los ganadores del Premio produjeran un clímax en el proceso de la literatura puneña con sus libros publicados (los dos últimos años específicamente). Entre los que se premiaron en sus diferentes facetas estuvieron: Género Poesía, Boris Espezúa Salmón, (libro: Alba del pez herido); Género Cuento: Feliciano Padilla (libro: Polifonía de la piedra), Género novela: Jorge Flores Aybar (libro Más allá de las nubes); Género Ensayo: José Luis Ayala Olazábal (libro: Carlos Oquendo de Amat cien metros de un poeta vanguardista itinerante. De la subversión semántica a la utopía social); Género Periodismo: Periodista Samuel Frisancho Pineda, director diario Los Andes.

Entonces veíamos un altiplano mucho más unido por sus representantes en nuestro entorno, que comprometía a los que germinaban lejos nuestra literatura; forjando por ello un altiplano mucho más aglutinado, que fue un factor con el que – espero aún – Puno cuente en el ámbito nacional e internacional.

El propósito que el Grupo Editorial Hijos de la lluvia, junto a la Casa del Poeta peruano - Filial Juliaca, presidida por el poeta Fidel Mendoza, quien suscribe y era el Coordinador general del Encuentro, que tuvo como premisa: Premiar, obras que por la crítica entendida sea valorada como fundamental, que sea dentro de sus fronteras muchísimo más vasta que las que se comentan fuera.

Ya entrado un nuevo milenio, se organizó un 1er. Encuentro del milenio de escritores puneños, Homenaje a Edward Huamán Frisancho, los días 26 y 27 de enero del 2001 en las ciudades de Puno y Juliaca respectivamente, y que nuevamente desde su dirección del diario Los Andes, Samuel Frisancho apoyó en su difusión.

Al constituirse la prensa escrita del diario Los Andes en la ciudad lacustre de Puno en un fin o medio de servicio social, en esencia, cabría destacar lógicamente que otra de sus funciones primarias que dejará Samuel Frisancho, es la de educar en un sentido amplio a la colectividad, ya que a tiempo de informar y orientar, dirigir, enseñar e impulsar a desarrollar y activar las facultades, en síntesis incitó e incita a formar una conducta adecuada para que tanto el individuo como el conglomerado social íntegro, observen y hagan posible una vida pacífica, armoniosa y cohesionada.

En nuestro medio, el Cuarto Poder del estado como se le considera a la prensa, no siempre ha jugado un papel descollante dirigido hacia la construcción de una sociedad justa, progresista e integrada sino más bien han existido algunos órganos informativos desquiciadores de la unidad de la familia puneña, ya sea por razones políticas, regiones geográficas o por precautelar los intereses de determinados grupos económicos, lo cual en lugar de contribuir a la formación de una sociedad armónicamente integrada, dirigida a una población sedienta de unidad y con aspiraciones de formar una patria digna, desarrollada con la fusión de la técnica y la cultura propia del medio y, por ende, elevar esa cultura ancestral equiparando a la que tienen países considerados como de alto grado de desarrollo, ha hecho que sólo haya confianza en determinados estratos y sectores sociales hacia los medios de comunicación de masas.


______________

Tomado de: http://www.losandes.com.pe/Cultural/ 08-mayo-2011.