miércoles, 16 de julio de 2008

Las huellas del espíritu en "AQUÍ NO FALTA NADIE"



Escribe:
José Luis Ramos Salinas


De un tiempo a esta parte estoy presentando libros de gente que no conozco, ni siquiera de vista, y eso es un tanto extraño en un medio como el nuestro en el que a los autores les gusta asegurarse el bombo y la adulación invitando a sus amigos para que comenten sus publicaciones sin correr mayores riesgos.



Pero yo estoy aquí invitado no por Walter Bedregal, sino por Filonilo Catalina, que cuando pierde la lucidez suele identificarse como Luis Rodríguez, felizmente tal desavenencia no le ocurre muy a menudo, y también mi presencia se debe a Gloria Mendoza Borda quien confunde su inteligencia y sensibilidad con un supuesto agudo sentido del humor de parte mía.



El caso de Filonilo merece una acotación más, el recientemente galardonado con el COPE ha criticado duramente otras presentaciones que he hecho en meses pasados por ser excesivamente blandas y benéficas con los autores, por lo que supongo que ésta es una suerte de última oportunidad que se me otorga para hacer caer la guillotina, en esta ocasión sobre el cuello de Walter, o quizá sobre el propio cuello del autor del Monstruo de los Cerros, ya que él es uno de los antologados. No lo sé, en todo caso tendré que preguntarle a Walter si hay entre ellos alguna grave deuda que Filonilo quiere cobrar a través mío.



Pero mi sospecha va más en otro sentido: quien escoge para una antología un título como “Aquí no falta nadie” debe tener cierta vocación por los deportes de riesgo, quien decide poner ese nombre a una antología de poesía puneña tiene sin duda una fuerte inclinación por el suicidio. Y eso hay que felicitar, porque nada más parecido a la poesía que el paredón, tanto para quien se para delante de él con los ojos vendados, como para quienes ansiosos esperan escuchar la orden para apretar el gatillo. En ese sentido quienes se han sentido indignados con esta antología, quienes han disparado contra ella, en público o privado, quienes esperan tenerla entre manos para destrozarla, deben estar profundamente agradecidos a Walter por haberlos devuelto al ring, porque en tiempos como estos en que el mercado lo es todo, sin duda alguna la función del poeta es dar puñetes, y eso lo sabe muy bien Filonilo, quien aunque haya dejado el box no ha perdido la habilidad del golpe certero.



Lo que quiero decir es que aquí los pacifistas no son bienvenidos, los conciliadores pueden tomar su lugar entre los conformistas, es decir los mediocres, la poesía es un espacio para guerreros y este libro tiene aroma a batalla. Pero imagino que ya Filonilo estará diciendo que otra vez lo decepciono porque escucha aplausos de quien espera chiflidos. Debo decirle que se adelanta, sólo he dicho que el libro huele a pólvora, o mejor, a jazmines, violetas, geranios y margaritas, pero no he dicho de qué lado de la contienda estoy. Y antes que estar de parte de alguno de los bandos, me siento más bien como un contraespía. Veamos por qué:



Este libro está formado por dos partes, un extenso prólogo y la antología propiamente dicha. Esto que puede pasar inadvertido es en realidad, así lo creo, sumamente importante. Porque para Walter el asunto de la intertextualidad, hipertextualidad, metatextualidad, etc. es vital, como veremos más adelante, y por tanto no creo que haya sido casual que el libro tenga la estructura que tiene.



En otras palabras, Walter hubiera podido ir antecediendo a cada poeta, o cada conjunto de ellos, si consideraba que tenían un lazo entre sí, sus respectivas notas críticas; de tal manera que los propios aportes de Walter se iban constituyendo en los rizomas que le obsesionan con los propios poemas en sí.



Pero no ha escogido ese camino, acaso porque mezclar la poesía con un discurso de valoración sea precisamente antipoético. La poesía no tiene su razón de ser en la calificación que otros puedan darle, sino que su sentido es ella misma, “Poesía no dice nada, poesía se está callada, escuchando su propia voz”, como sentenció Martín Adán. No tiene justificación, por tanto, que los que no están en esta antología (en la que no falta nadie) se sientan menospreciados. Ningún verdadero poeta escribe para que lo incluyan en una antología, acaso escriban para todo lo contrario, para que jamás sean parte del canon. El enojo, quizá entonces, le debe corresponder a los que están incluidos aquí.



Sospecho que el mismo Walter ha querido excluirse, no solo porque no aparece como poeta, sino porque ha querido que sus notas críticas constituyan un largo prólogo, y todos sabemos que nadie, o casi nadie, lee los prólogos, menos cuando son extensos. No voy a decir que este sea un gesto de desprendimiento que lo enaltece, no temas Filonilo, ya mi amigo Lolo Palza (otro de los antologados) me enseñó hace tiempo que la autoflagelación no es sino un acto de suprema vanidad.



Pero nosotros sí hemos leído el prólogo y como ustedes no lo han hecho aún, es necesario hacer una reseña del mismo, pues en él está explicada la osadía del autor de una antología que resulta original y valiosa por varias razones que explicaremos más adelante.



El prólogo es en realidad un denso y complejo trabajo teórico que valiéndose de un corpus tomado de los clásicos y neoclásicos de la crítica literaria, construye una propuesta metodológica para acometer la tarea de seleccionar poetas y poemas con miras a construir (el verbo arquitectónico no es casual) una antología.



Walter Bedregal desde el principio se niega a seguir el método ya tradicional de estructurar la antología en base a generaciones, sean éstas etáreas, ideológicas o de otro tipo, y apuesta más bien a imaginar una estructura rizomática en la que poetas y poemas se van integrando como un todo, que no vendría hacer otra cosa que la poesía puneña. Esta idea de todo, es, probablemente, la que lo empujó a llamarla “Aquí no falta nadie”, título con el que comulgamos en parte, y con el que también disentimos, no porque creamos precisamente que falta alguien, sino porque encontramos algunas incoherencias entre el método y el resultado.



Nos explicamos mejor, en la antología que estamos comentando hay ciertas obras poéticas fundacionales: Alejandro Peralta y Carlos Oquendo de Amat por ejemplo, que para el método empleado por el antologador constituyen hipotextos, es decir, textos sobre los cuales van a erigirse otros, estos otros son los hipertextos, es decir las obras poéticas también aquí antologadas que se han nutrido de los hipotextos fundacionales. Pero, claro está, que estos hipertextos son al mismo tiempo hipotextos de otros discursos poéticos que en este nivel se constituyen en hipertextos, pero que en el siguiente nivel se constituirán en hipotextos y así, no hasta el infinito, sino hasta el 2008. Pero este crecimiento no se da solo en sentido vertical, sino también horizontal y por qué no, diagonal. Se trata pues, como bien lo dice Walter de fractales, de rizomas, que nos hacen pensar en la biblioteca infinita de Borges, pero también en la de Eco, y además en la de la Web que habita Internet.



No es pues la calidad de los textos el único criterio que Bedregal utiliza para construir su antología, sino la pertenencia a esta particular estructura que él llama poesía puneña, gentilicio que someteremos a crítica en unos instantes.



Así nos parece que no es que aquí no falte nadie, sino que aquí faltan los que su obra no ha logrado constituirse en hipotexto de otros autores que nacieron en Puno, y que tampoco quisieron ser hipertextos de obras que les antecedieron. En otras palabras, aquí no están los peros del olmo, y si recordamos a Octavio Paz, tal título no es en absoluto una afrenta, por el contrario. Entonces otra vez, quizá quienes tengan que linchar a Walter Bedregal no sean los excluidos, sino los antologados.



Pero hay un problema adicional, si aceptamos que efectivamente, para el método usado, aquí no falta nadie, tendríamos que preguntarnos necesariamente si aquí sobra alguno. Por cuestiones de calidad poética es algo que le dejo a los especialistas. Yo más bien intentaré demostrar que Walter no ha podido ser tan fiel como quería a su propio mandato. Como él mismo señala en su prólogo, hay varios poetas cuyas conexiones se pierden con la llamada poesía puneña, ya sea por una originalidad extraordinaria, como es el caso de Vladimir Herrera, o por la temática, como Lolo Palza, por ejemplo. No me atrevo a decirlo del primero, pero como Lolo es mi amigo, puedo sin temor decir que él está sobrando. Lo que, repito, no es necesariamente un demérito, sino acaso, un mérito.






Vayamos entonces al subtítulo: Antología de poesía puneña.






Walter a lo largo de su prólogo y a lo largo del rizoma que constituye, establece una serie de criterios de lo que podría llamarse poesía puneña. Pero, este intento se contradice por completo con su método fractal. Dialéctico el asunto, recurrimos al fractal para formar un árbol hipertextual que dé en llamarse poesía puneña, pero el fractal mismo no admite gentilicios, como muy bien reconoce nuestro autor cuando fija hipotextos de sus antologados en otras latitudes e inclusive en autores que nunca escribieron en español.



Así el método del fractal chocha diametralmente con la obsesión del lugar de nacimiento de los antologados.



En otras palabras, si vamos hablar de fractales, el espacio en cuanto a ubicación física no tiene sentido, los rizomas no se mueven en departamentos geográficos, sino en lo que Castells llama el espacio de flujos, son las conexiones, no las ubicaciones las que importan. Esta misma antología, aunque sin declararlo así, lo reconoce, pues muchos de los antologados hace mucho que ya no viven en Puno, incluso algunos de ellos suelen decir que nacieron allí de casualidad.



Lo que intento decir es que el rizoma de la poesía puneña no tiene por qué estar compuesto por las obras de poetas cuyas partidas de nacimiento señalan a Puno, sino por obras que comparten la esencia de la puneñidad, hayan nacido a las orillas del lago o no. Más claro, por lo menos a nivel teórico, hay poetas no puneños que escriben poesía puneña, y poetas puneños que escriben poesía no puneña. (De hecho varios de los poetas seleccionados han aparecido también en antologías de la poesía arequipeña).



Y aquí entonces la cuestión es definir qué es la puneñidad, y ello pasa necesariamente por reconocer cuál es la identidad puneña; pero aquí estamos en otro problema más grave, los espacios de flujo y los tiempos atemporales que constituyen los vasos comunicantes de las estructuras rizomáticas de eso que llamamos posmodernidad, no creen en la identidad, no creen que haya algo que se pueda llamar puneñidad; pues la puneñidad no sería algo que esté dado, sino algo que se construye.



En ese sentido, el valor de este libro no estaría en que nos muestra precisamente la poesía puneña, sino en que caemos a cuenta de la universalidad de la poesía y de que Puno es un punto móvil en el universo. La poesía puneña no existe, sus poetas la inventan. Walter Bedregal los ha fotografiado en ese trabajo de alquimia.



Los que no salieron en la foto será porque están en otro rizoma, no hay por qué enojarse entonces, solo hay que esperar a otro fotógrafo.

lunes, 14 de julio de 2008

Arequipa, esperó el libro ...



Escribe: Walter L. Bedregal Paz


Primeramente tengo que dar las gracias a los amigos que hicieron posible mi presencia en la ciudad blanca de Arequipa, tierra que viera nacer a mis queridos padres. Agradecer a Filonilo Catalina (el poeta) porque Luis Rodríguez (sencillamente lleva su cuerpo), por el despliegue en la organización e invitación de los comentaristas del libro Aquí no falta nadie, la antología. Un agradecimiento especial a José Gabriel Valdivia (UNSA) y a José Luis Ramos Salinas (UNSA) por sus comentarios, los cuales espero colgarlos pronto en este blog.
Porque ya sabemos que nadie sabe para quién trabaja. Como tampoco, por supuesto, - ahora - para quién uno escribe. Lejos de las paredes que resguardaron la presentación del libro en la Alianza Francesa de Arequipa, el 11 de julio del presente, sentí la presencia de amigos que a uno lo hacen cada vez más deudor de amistad, a todos ellos les doy las gracias por acompañarme en esta travesia.
A la mañana siguiente caminamos con el poeta Eddy Oliver Sayritupa por las calles del barrio de Yanahuara, en esa Arequipa fría de medio año, perseguidos por unos cuantos aforismos que hacía un par de meses interpreté del libro Choza cuando terminaba una selección de poemas para la antología; esa mañana fuimos en busca de su autor, el poeta Efraín Miranda, era en efecto un hombre-poeta, igual como lo descifraba su libro, nacido en las mejores entrañas del ande peruano, sólo que su libro flaco, aunque también muy gordo, contenía kilos de sabiduría larga y entrañable, destilada a partir de un ingenio arrollador. Aquel libro lo encontré en el lugar que siempre esperé encontrarlo en casa de un gran amigo: Henry Esteva y desde ese momento me aquejó la tentación de antologar parte del libro entre aquellas sus perlas indispensables. La promesa esta ahí: Efraín Miranda poeta, se la entregaré a los amigos del diario Los Andes de Puno, el medio escrito decano de la prensa altiplánica ( no me gusta ya la frase puneña), en cuyas páginas disfruto de cálido asilo.
Estoy tras el artículo ahora, de regreso de la ciudad imperial, luego de terminar un artículo para la revista La rama torcida, donde me temo que escribí sin querer líneas pertenecientes a mi blog personal. Creo que todo el mundo debería leer los poemas de Efraín Miranda, no solamente para entender mejor lo inentendible de indio que tiene dentro, sino también para cumplir con el primer deber del lector, que consiste en otorgarse placer y en lo posible multiplicarlo. Vayan, pues, las palabras del poeta, por el puro placer de reproducirlas; y escriban si realmente lo que sigue es o no poesía. Sino, comentaré un nuevo artículo, iniciando como reza la última frase.


M N

A una tienda de la plaza festiva
entra la bulla forrada de calor
y siento con suspensión terrosa.

Tomo cerveza con mi mujer
y mi suegro, alcol, con mi tía.

Mi cabeza flota y mis pies pesan.
"Este es un auténtico indio alienado" oí, dicho discretamente;
miraban mi camisa nilón,
mi pantalón petroquímica,
mi sacón USA de tercer uso
y mi cerveza germánica.

Di un golpe a la mesa
y toda la tienda crujió.
Yo también soi sociologista, ingeniero,
militar, boticario, genesista. Vendo cronómetros,
bibliotecas, helicópteros, diplomas;
¡Y que mierda!

Di un puntapíe a algo cercano
y mi mujer se colgó del brazo
arrastrándome a la puerta
¡Que salga cualquier hijo de puta!
Me han insultado "alienado". Y ellos ¿qué son?

Rezan a dioses hebreos en iglesias romanas,
se casan en municipios romanos,
son regidos por un ordenamiento forense romano,
estudian en colegios de inspiración arcaico-helénicos,
y hablan el español celta-iberico-latino-morisco,etc.

¡Que salgan esos de trasfusión sanguíneo-extranjera!
¡Qué carajo: y todo el comercio de esta feria
también es de ultramar.

¡Soy indio; bien indio; verdadero; legítimo, puro!

¡Y qué mierda!

domingo, 13 de julio de 2008

El carácter libérrimo de forjar antologías

(Domingo 13 de julio, diario Los Andes)


Walter L. Bedregal Paz


La aparición de la Antología Aquí no falta nadie, publicada a inicios de abril del 2008 por el Grupo Editorial Hijos de la lluvia y LagOculto Editores, provocó, en la ciudad de Puno, algunos intentos de comentario que debieron iniciar el debate y la conversa literarios, sin embargo fueron solamente acusaciones y diatribas que no pasan del mero dislate de escritor provinciano, del intelectual que no conoce más allá de sus narices. Pura monserga que no hace falta responder directamente y, precisamente porque son “textos” que carecen de agudeza no me detendré a contestar directamente esos desatinos de desaventuranza, habitados de mala fe, tontería, puerilidad y difamación. Para poner algunos puntos sobre las íes, empezaré por cuestiones más elementales (viendo la escasez de comprensión en algunos lectores), para hablar de esta antología.

Una antología, en la mayoría de los casos, suele ser a la poesía lo que un catálogo a la pintura, esta es apenas una ruta, un itinerario que sugiere cierto destino y, evidentemente tiene un objetivo lleno de riesgos que normalmente no nos permiten llegar a lo sustantivo. El concepto griego de antología que etimológicamente significa “ramo de flores”, en aquel entonces helénico, aludía a una colección de epigramas poéticos compuestos, mayormente, en dísticos elegiacos, exóticos, líricos, etc. Hoy por hoy sigue teniendo ese signo de reunir lo más selecto y mostrarlo al lector. En este entender, una antología supone la construcción textual colectiva que asume la significación de reelaboración de un lector o grupo de lectores, quienes emplean textos existentes, en este caso poemas, para elaborar un texto antológico. El punto de partida para la estructuración de una antología es, evidentemente, la lectura. Es, entonces, este lector quien se arroga la facultad de elegir a los poemas que crea por conveniente para que sean insertos en el nuevo volumen donde se encontrarán poetas precedentes y contemporáneos, inclusive, si el lector—autor ve por conveniente, puede incluir en sus autores seleccionados a los más noveles, y ahí precisamente estará su riesgo de incendio en las manos. He ahí el carácter libérrimo del antólogo. La plena libertad de elegir a quienes contempla con textos poéticos de calidad y con la perspectiva de mostrarlos o pretender hacerlos, de alguna manera, universales a través, obviamente, de esa ventana que no es sino sinónimo de una antología poética. Porque nuestra poesía no puede estar en los estantes esperando la polvareda de los años de silencio y olvido, como suele ocurrir muchas veces. En ese sentido, la función de las antologías sigue siendo, desde tiempos inmemoriales, la de servir de muestra, de conocimiento, revivificación y conservación de las letras. La antología Aquí no falta nadie tiene ese sino. El de la perdurabilidad de la poesía puneña, al margen de las ausencias y demasías que se le puedan atribuir, esta selección es una cuestión de estéticas y de intertextualidades que también se pueden explicar por su signo de fractalidad. Asuntos que abordaré en otro momento con mayor extensión y profundidad para quienes se han preguntado hartamente sobre estos argumentos.

Sin embargo, hay quienes quieren participar de una vana co—autoría con sus lamentaciones. Creo que una reseña o un artículo sobre cualquier antología, no debería ser en torno a quiénes están demás, quiénes sobran o, como muchos repiten casi en coro, que la extensión del prólogo es demasiada. Otros se han detenido en la selección de criterios, en los instrumentos, en la cantidad de páginas o, finalmente, en que el libro es muy o poco lujoso. Esto me hace pensar en miopías y cegueras absolutas. Me hace pensar en que no hemos avanzado nada en cuestiones de lectura. Tal vez nuestros intelectuales no hayan ido a Europa a estudiar, sino a ser estudiados. Creo que el verdadero lector que quiera decir algo sobre esta antología, primero deberá leer todo el corpus y culminar en el índice. No deberá quedarse o agotarse en el prólogo. El verdadero lector será aquel que se detenga en la poesía inserta en este texto. El lector auténtico será el que se inmiscuya en la poética de los autores y sustente con argumentos sólidos sus puntos de vista. Aquel lector que se atribuya el papel de “crítico literario” deberá ser aquel que se entrevere en la poesía de los autores aquí reunidos y diga algo digerible, literario, poético o que demuestre señales de agudeza, clarividencia o juicio crítico. Porque el verdadero problema no está, empero, en el título del libro, ni en los nombres de los antologazos, sino en que, el ánimo de algunos sufre mutaciones al puro estilo kafkiano cuando al revisar el libro no han encontrado su nombre, no han hallado el título de sus libros (antilogías) como fuente bibliográfica y menos han podido encontrar el nombre de su mejor amigo o compadre y esto, obviamente les está haciendo golpear las puertas del cielo, que lamentablemente están cerradas. Pero me temo que alguna precisión en el título, que acentuará más el carácter personalísimo de la obra, no cambiará en gran cosa el encono de quienes de por sí se han venido a autoproclamar malos lectores y, no solo eso, sino también, malos “comentaristas”. Al final, es cuestión de ver las maldiciones que suscitó, hace más de una década, cuando preparaba una antología. Entonces ya se preguntaban quién era yo para adoptarme la tarea de presentar ese panorama. Siempre queda la duda de por qué piden la sanción de un lector al que consideran tan nefasto.

Mientras repaso las páginas de esta antología con ciertos rasgos de exploración crítica, con sus incólumes poemas, pienso: hasta ahora hemos “escrito” los estudios de la poesía puneña de distintas maneras; de lo que se trata es de “leerla” mejor. Y es aquí entonces donde surge la gran pregunta: ¿existen lectores en Puno? Si la respuesta fuera positiva, que alguien lance la primera piedra y que muestre la mano. Es decir, que escriba el primer comentario o reseña de verdad y revele algo de inteligencia. No soy el más indicado para rasgar vestiduras en esta poca paz que aún queda en los escritores puneños, pero los nombres se ponen. Porque el anonimato para el insulto es una mediocridad completa. Si se trata de matarnos entre nosotros, como decía cierto poeta, hagámoslo, pero matémonos mirándonos a los ojos, con dignidad.

Comentarios sobre Aquí no falta nadie


suscitados antes y después de la presentación de la Antología en la ciudad de Puno


(Domingo 15 de junio 2008, diario Los Andes)


Antología poética: Aquí no falta nadie


Boris Espezúa Salmón


En los últimos días se ha producido un parto literario, se ha dado a luz una antología preparada y fraguada hace mucho tiempo por Walter Bedregal Paz, tras una década de depuración o quizás de falta de auspicio, esta antología de la poesía puneña sale al publico, con un sorprendente cuidado en la edición sobre todo en la parte formal y textual del uso de una sobria portada, y elección de un adecuado papel para fines de consignar textos poéticos siendo para el papel lo más adecuado, por ello se puede decir que valió el tiempo de espera, en este sentido, que por cierto no quiere decir que se piense lo mismo del contenido significado del texto que recién empieza a ser analizado. Además que este tipo de edición marca un nivel que impetra para que las ediciones posteriores pudieran tener mayor esfuerzo en mejorar la calidad de edición de los textos literarios del altiplano, que se han producido a veces de modo tan precario que los propios autores han optado por su ocultamiento.

La antología tiene un extenso prólogo donde se hace hincapié justificativo de los poetas que se han seleccionado, considerando de cada uno de ellos méritos y singularidades que hacen posible merecerse el espacio del antologador. Así mismo en dicha presentación desde el título “Las puertas se han cerrado” se opta por una postura diríamos preclusiva, donde se cierra no sabemos con claridad la razón, la voz de otros poetas como Dante Nava, José Luis Ayala, José Paniagua Núñez, Joven Valdez y se sostiene que los elegidos son los únicos representativos y no hay más. Esta postura es concordante con el título de la antología “Aquí no falta nadie” que denota ser desafiante, irreverente, sin dejar atisbos a otras opciones como el de abrir posibilidades a nuevos poetas, que pudieran merecer el Parnaso, no solo de una antología sino de una mayor consagración o a quienes estando antologazos “tiren la toalla” del duro oficio de escribir poesía posteriormente. Esta es una primera característica de la antología que sin duda dará que hablar de quienes por decisión del antologador se le han cerrado las puertas, para ellos felizmente, solamente de no ser incluido en la antología de Bedregal, lo que implica que pudieran ser incluidos en muchas otras antologías. El tiempo hace que textos como las antologías sean siempre relativas, y obedezcan al sello personal de su antologador.

En Puno y el país en los últimos años, han salido numerosas antologías de poesía y narrativa puneña, así tenemos la que sacó Enríque Cuentas Ormachea y Manuel Suarez Miaraval a propósito del I Festival del libro puneño, posteriormente en ediciones complementarias del “Albúm de Oro” tenemos la de Samuel Frisancho Pineda, y luego conocimos en torno al II Festival del libro puneño la antología de José Luis Ayala, se tuvo luego la de Omar Aramayo, de Jorge Flórez Aybar de Feliciano Padilla Challco, Percy Zaga Bustinza y ahora la de Bedregal que tiene la peculiaridad de ser una visión de la nueva generación de poetas, de fin de siglo y de inicios del presente siglo, por lo que también merece especial atención. Estas antologías no son lo mismo que las ediciones de presencias o voces que se editan a propósitos de eventos o jornadas de trabajo, como la que saco el Grupo “Xuxlla”, la Asociación de Escritores del Sur del país y otros. Y otros también se tiene de que muchos de los puneños antologazos estuvieron considerados en textos como Presencia de la poesía peruana de Felix Huamán, la “Historia de la literatura peruana” de César Toro Montalvo, o en lo que editó EDUBANCO en los Tomos de Literatura peruana, principalmente en el III Tomo “De Vallejo a nuestros días”, comentado por Ricardo Gonzáles Vigil, o la reciente editado por el Comercio por Carlos Garayar.

Ninguna antología será perfecta, su elección es significativo no exime un contenido arbitrario, porque es inevitable que el gusto del antologador se anteponga ante la objetividad y consenso más o menos mayoritaria del gusto literario que es diverso y de difícil unificación. Hasta las antologías más o menos serias y autorizadas como la de Alberto Escobar, no se libró de duras críticas, y sí tenemos en cuenta la que sacó Borges con Arlt, en una antología sudamericana de poetas de este continente que suscitó en muchos meses y años debates sobre el sentido y la calidad de la poesía, tenemos suficientes y corroborados ejemplos. Así que Walter Bedregal tiene y tendrá razones para ser la “comidilla” de cafés para mucho rato y quienes estamos dentro del mundo literario tendremos motivos para comentar muchos humores y resquemores sesudos o ausentes deflexiones neuronales o rumores hepáticos que con seguridad destilarán en torno de esta entrega.

El rescate e inclusión en la antología de poetas como Vladimir Herrera y Filonilo catalina (Luis Rodríguez Castillo), es un acierto, son justas reinvindicaciones que se hace en la antología, además el enfoque de la fractalidad donde los sentidos se multiplican y se entrelazan temas, personajes e historias en la composición poética es un aporte interesante que no necesariamente garantiza la calidad de un poema, sino la singulariza.

Además hay que puntualizar que la selección de casi la totalidad de los poemas aparte de la fractalidad, ha tenido como distintivo el lirismo poético, muchas veces cuestionado por los poetas que desde Puno trabaja sus obras, porque se dice que limita los riesgos de calidad poética, pero, como se demuestra en la antología, es parte consubstancial en la poesía puneña. “Aquí no falta nadie” que reúne a 21 poetas de diversas generaciones es la muestra de diversas propuestas estéticas, proyectos poéticos que revelan que en Puno, así como en la danza la poesía es permanente, incontenible e inconmensurable.



*Esta carta me la envió Feliciano Padilla un día antes que saliera publicado (martes 17 de junio, diario los Andes). La publico, tal como me la escribió. (Al margen que Padilla puso fecha 17 de abril y usó tilde en mi nombre).


(martes 17 de junio 2008, diario Los Andes)



Puno, 17 de abril del 2008.

Señor:
Wálter Bedregal Paz

Juliaca
Hoy, en uno de los patios de la Universidad Nacional del Altiplano, me entregaste una invitación para participar como comentarista en la presentación de tu antología de poesía puneña “Aquí no falta nadie”, que lleva como prólogo un artículo tuyo titulado “Las puertas se han cerrado”.

En primer lugar, quiero decir que una antología depende del criterio y la responsabilidad del antólogo. Respeto tus criterios, sin embargo, estoy en desacuerdo con la antología porque bajo el pretexto de que se ha seguido un paradigma fractal como criterio de selección y análisis, se discrimina o excluye a importantes poetas puneños como Gamaliel Churata, Luis de Rodrigo, Dante Nava, José Luis Ayala, Jorge Flórez-Áybar y otros. La idea de que Churata sólo es “doctrinero” es una conjetura descabellada.

Por otra parte, lo fractal que tiene origen en las matemáticas y que posteriormente ha servido para extrapolar sus conceptos a la literatura y las ciencias sociales ha sido poco aceptada por la crítica literaria seria, debido a que la vida no es una abstracción matemática. Puede hacerse, seguramente con éxito, análisis fractal de la molécula, de la resistencia de materiales, del ADN, etc.; pero, en el quehacer humano y, sobre todo, en poesía, es arbitrario llegar a conclusiones definitivas, dado que “aquí no falta nadie”

Wálter, tú, al parecer, lo tomas como un modelo poético que se repite en un período más o menos extenso, a guisa de hipertexto. El concepto de hipertexto está bien utilizado en tu libro, a condición de que no sea un plagio, porque casi siempre, como dijo Carlos Fuentes, un libro nace de otro libro, pero esto no debe llevarnos a creer que los poetas, que son creativos por naturaleza, copien tal cual puede copiarse los fractales en matemática, biología e, incluso en imágenes visuales utilizando sotfwares.

Suponiendo que lo hubieses tomado como modelo de análisis y selección ¿cómo se explica, entonces, la presencia de tres o más poetas pertenecientes a un solo grupo literario? ¿No crees que Benoit Mandelbrot, matemático creador del término fractal, también estaría en desacuerdo con tu forma esquemática de extrapolar esta teoría a la poesía? Claro que no eres el primero; yo me refiero a la forma peculiar en que lo usas.

Wálter, respeto tus criterios de antólogo, pero te doy a conocer que no iré a la presentación de tu antología como un acto de solidaridad con la poesía puneña. No es un acto de amistad, sino, de fidelidad con la poesía puneña. Francamente no encuentro ninguna razón, no me explico por qué has excluido a Churata, Luis de Rodrigo, Dante Nava, Jorge Flórez-Áybar, José Luis Ayala. El poeta Boris Espezúa, en un artículo del domingo 15 de junio publicado en Los Andes, tampoco encuentra justificable la ausencia de estos intelectuales. Conversando con los otros poetas antologados, debo decirte que ésta es una opinión generalizada.

Con el tiempo quizá escriba un artículo sobre el libro. Recibe un abrazo,


Feliciano Padilla



* Ese mismo día el diario Los Andes publicó este otro artículo…

(martes 17 de junio 2008)


AQUÍ FALTA UNO Y SOBRA OTRO


Por: Walter Paz Quispe Santos


Entre las publicaciones más ambiciosas y pretenciosas que se dan a conocer, llama la atención el libro de Walter Bedregal Paz, cuyo texto “Aquí no falta nadie” pretende dilucidar los significados de la poética puneña y demostrar que sólo veintiuno serían los escogidos o los que según él merecen ingresar a una antología de la poesía puneña. Buen intento. Pero reparemos en algunas de las apasionadas elucubraciones selectivas.

Una antología de la poesía puneña, debe tener los puntos de partida bien definidos, unos métodos y criterios de selección claramente establecidos, para afirmar una valoración y señalar los sentidos y significados de la trascendencia y permanencia de los poemas y poetas en el tiempo. Por eso el mejor crítico es el tiempo. El tiempo tiene la virtud de construir, reconstruir y deconstruir el fuego creador del poeta y su creación, sus pretextos y contextos; su presencia e influencia en otros creadores y las rupturas en el manejo del lenguaje poético y sus aproximaciones a manifestarse en la cultura y sus tópicos. Sin embargo, al leer “Aquí no falta nadie” no encontramos ni indicios de cuáles habrían sido esos parámetros, al contrario se notan unas contigüidades enredadas y arbitrarias. Se trata en sí de un ajuste de cuentas al margen de las reflexiones actuales sobre la poesía. Se coteja que más valen los desencuentros con algunos creadores actuales que la dimensión semántica de sus escritos en el tiempo y en un contexto definido: Puno. Y por supuesto para el estudio de los poetas del pasado tal vez sea necesario darles historicidad a sus creaciones para emprender la aventura de comprender sus significados y valorarlos adecuadamente. Me refiero sobre todo a la ausencia de Dante Nava quien con un poema “Orgullo Aimara” supo afirmar la puneñidad como parte de lo andino. Por eso esta rubricado en las mejores antologías de poesía puneña.

¿Qué significa Puno para Walter Bedregal? ¿Cómo entiende sus manifestaciones ontológicas y epistémicas: la puneñidad y el puneñismo? Estos conceptos son importantes, por que a partir de estas reflexiones tal vez las antologías intenten a tener mayor y mejor coherencia literaria. Puno, sin duda es una identidad geográfica, así como lo aimara o quechua son expresiones lingüísticas, o la categoría andino que es una afirmación histórica cultural. Pero de algo debemos estar seguros, que la dimensión histórico cultural abarca lo geográfico y lingüístico. Así el proceso de significación poética contextualizada o descontextualizada de la poesía es expresión de ese contexto.

En una antología de poesía puneña, se trata de procesar la densa y heteróclita realidad andina representada en la producción poética cuyos cultores bajo diversas motivaciones construyen un imaginario o afirman una tradición literaria o lenguaje propio de un espacio específico. Esa tarea es harto difícil si uno quiere guardar relación y armonía entre los pretextos y contextos andinos y puneños. Por ejemplo, Antonio Cornejo Polar para acometer tal tarea con nuestra literatura peruana e hispanoamericana creo la noción del sujeto heterogéneo y sólo así pudo entregarnos una de las tareas críticas más lucidas del proceso que sigue la creación poética en el tiempo.

Por eso, el prologo del libro que lleva el epígrafe de “las puertas se han cerrado” constituye una verdadera impostura intelectual. Las citas directas e indirectas de autores con un estilo farragoso sin coherencia y cohesión, tratan de hilvanar algún sentido justificatorio a lo que llamamos en los estudios del discurso literario como falacias o más propiamente argumentos de autoridad que tiene el propósito de sobrevalorar en el lector destinatario la presencia del antologador y presentarlo como un erudito. Alguna vez el viejo Casona decía que a un texto de un escritor novel generalmente le sobran treinta palabras y les faltan tres. Y precisamente parece ocurrir eso en el prólogo de Bedregal y ese detalle diferencia un buen libro de un mal libro.

Me he permitido colocar el título de “aquí falta uno y sobra otro” en este comentario. Por una razón sencilla, se obvian a poetas que han contribuido decisivamente a la configuración de la poesía puneña. Uno de ellos es José Luis Ayala, sin su vasta experiencia y producción poética es difícil explicar algunos momentos del proceso de nuestra literatura. Hay alguno más. Se trata de Fernando Terral. En muchos casos, la muerte beneficia mucho, pero en este caso sólo el desconocimiento de su poesía, cuya calidad técnica y temática es indudable y mejor que muchos de los seleccionados –me incluyo-, puede permitir no considerarlo en una antología. Terral nos dejó a temprana edad, pero nos deja una obra inconclusa cuyo estudio aun es un reto en la literatura puneña. La muerte no lo benefició tanto como a otros.

Y claro en la antología sobra otro. Se trata de un moqueguano radicado en Juliaca. Había que colocar una aclaración para ubicarlo en una antología de poesía puneña. Algo así como: “poetas de otras regiones que escriben poesía en Juliaca”. Solo así podría entenderse su presencia en el libro. Finalmente, no voy a comentar de las operaciones retóricas que tienen el propósito de maximizar o minimizar la figura de los antologados a través el esbozo biográfico que es muy notoria en “Aquí no falta nadie”.

Con estas palabras expreso mi deseo de abrir un debate sobre las tensiones básicas de nuestra literatura a partir del libro de Walter Bedregal, con un ánimo sincero y reflexivo. Sólo así se evitaran entredichos apócrifos desde bloggers anónimos y que los espacios de discusión sean públicos y con nombre propio. Y lo otro, esa institución republicana que pertenece al lugar común, esa costumbre perversa entre nuestros creadores puneños de conjugar el verbo alabar lejos de toda crítica, sobre todo en las presentaciones de libros. Ya lo dijo Octavio Paz “El espíritu crítico es la gran conquista de la edad moderna. Nuestra civilización se ha fundado precisamente sobre la noción crítica: nada hay sagrado o intocable para el pensamiento excepto la libertad de pensar. Un pensamiento que renuncia a la crítica, especialmente a la crítica de sí mismo, no es pensamiento. Sin crítica, es decir, sin rigor y sin experimentación, no hay ciencia; sin ella tampoco hay arte ni literatura”.



(* miércoles 25 de junio, diario Los Andes)

La presentación del libro “Aquí no falta nadie”

Bladimiro Centeno Herrera


(cbladimiro@hotmail.com)


El día jueves diecinueve de junio, en el auditorio del Gobierno Regional de Puno, se presentó la antología poética “Aquí no falta nadie” de Walter Bedregal Paz. Confieso que este tipo de actividades me llena de una satisfacción muy particular en cualquier situación similar. Pero, por la misma razón, toda incidencia interpersonal (que no tiene que ver necesariamente con la confrontación de puntos de vista o debates político- literarios), me conduce a una decepción, porque atenta contra la literatura, la inteligencia estética de los oyentes y genera un prejuicio social innecesario. (No fueron pocos los asistentes que expresaron su desencanto con los hombres de letras puneñas).

“Aquí no falta nadie” es una publicación literaria que de todas maneras concita una gran atención, así estemos de acuerdo o no con el tratamiento del contenido. Reconozco que dicha publicación responde a una audacia editorial que seguramente demandó una gran inversión económica, pretende generar un debate estético dentro de la región de Puno en un momento en que las actividades culturales decayeron y el contenido ofrece un material significativo para la aproximación a la poesía puneña.

Toda presentación de libro exige una evaluación crítica de la publicación, porque se trata de establecer los elementos necesarios para llegar a un acuerdo institucional sobre el aporte cultural o académico de la obra. En estas condiciones, el presentador se limita a establecer el valor estético o académico del contenido e invita a los lectores a realizar una aproximación más comprensiva a la obra, porque no se trata de vender cualquier mamotreto verbal. Y, por otra parte, el autor recibe las observaciones con el fin de confrontar los puntos de vista que se ponen de manifiesto en el proceso de la institucionalización de la obra.

Estas precisiones me obligan ahora a poner de manifiesto mi punto de vista crítico de la obra. Considero que, a diferencia de otras antologías panorámicas que seleccionaros los textos literarios según la trascendencia creativa de los autores, Begregal nos propone una antología crítica en la medida en que asevera que ha seleccionado los textos poéticos según la calidad estética de los mismos. En otros términos, plantea una antología de respuesta a las anteriores, asumiendo el riesgo crítico que implica esta postura y nos obliga a preguntarnos cuáles son los criterios que utiliza para establecer la calidad estética de los textos.

La antología de Bedregal nos ofrece una selección de textos poéticos bastante consistentes, que llamará la atención de los estudiosos de la literatura peruana, pero los criterios para las omisiones o identificaciones no están claramente establecidos. En el prólogo, normalmente deben precisarse los siguientes elementos: el objetivo de la antología, los antecedentes de los cuales se distingue la propuesta, los fundamentos básicos que orientan la selección y el corpus bibliográfico que ha permitido la adecuada identificación de los textos para la antología.

El autor, en el prólogo titulado “Las puertas se han errado”, plantea la idea de la calidad estética según la cual tiene que ver con las rupturas lingüísticas y prioriza innecesariamente el parafraseo de las diversas teorías literarias, que ni siquiera han adquirido la consistencia metodológicos y no inciden directamente en la valoración estética de los textos poéticos. El conocimiento sistemático de los marcos teóricos sirve para afianzar los criterios metodológicos, pero no influyen en la determinación de la calidad estética de los textos literarios.

Debemos comprender que el conocimiento de la literatura latinoamericana, como en otras áreas del conocimiento académico (con algunas excepciones), lamentablemente responde a un proceso cognitivo inverso. Mientras en otras partes del mundo el conocimiento de la literatura comienza con la lectura de los textos literarios, prosigue con la crítica valorativa y culmina con una explanación teórica; en nuestro medio nos dejamos impresionar con un marco teórico, reunimos las valoraciones críticas y alteramos el impacto estético de los textos (o nos limitamos a una lectura espontánea). Esto no implica que debemos dejar de lado la lectura actualizada de los marcos teóricos; todo lo contrario: debemos asimilarlos sin subordinarnos a sus posturas ideológicas.

Desde luego, la antología crítica de Bedregal responde a un criterio teórico que postula el signo desligado del referente (inmanencia) y se propone a identificar los textos en base a las trasmutaciones lingüísticas (retórica). Pero, en el proceso, no se comprenderían algunas inclusiones si no se admiten que también utilizó otros criterios como las decodificaciones culturales (valores, creencias, ideologías) con palabras coloquiales, los reconocimientos crítico-institucionales (premios) que no los precisa.

Bedregal debe atender a estas observaciones no para aceptarlas o rechazarlas, sino para llegar a un acuerdo positivo y constructivo del valor institucional de la antología. Debe comprender que esta publicación constituye un espacio dialógico que permitirá llegar a una convención que fije el rumbo de la institucionalidad literaria de Puno.

Es bastante satisfactorio que su publicación obligue al lector a asumir una postura, que exija una respuesta, que ponga en cuestión las incontables publicaciones poéticas; pero, del mismo modo, debe estar en la capacidad de recibir los argumentos alternos, la confrontación de puntos de vista, la crítica del libro. Los adjetivos no construyen, los monólogo generan más dogmatismos y el egocentrismo nos conduce a la ceguera.

Por otra parte, lamento que en Puno todavía no tengamos una noción clara de qué es una presentación de libros; no distingamos aún cuándo una situación comunicativa exige un diálogo espontáneo o protocolar; y que continuemos utilizando dichos espacios para manifestar nuestras propias frustraciones personales, narcisismos excéntricos sin propósitos crítico-valorativos, faltando respeto a los asistentes, cuando el objetivo de esos actos comunicativos es el diálogo, el debate y la evaluación crítica de los textos mediante argumentos racionales (no insultos).

En Puno, la creación literaria es bastante dinámica, especialmente en el género poesía. Exhibe múltiples matices que obligan a desarrollar trabajos monográficos que describan las variaciones estéticas de una a otra expresión. La cultura puneña, a pesar del maltrato de las instituciones públicas, posee un impulso creativo que supera largamente a otras regiones vecinas; pero el egocentrismo, como producto de nuestro propio complejo de inferioridad, nos empuja a una acción cultural individualista, desarticulada, prosaica y mediocre.

De vuelta al escenario


Walter L. Bedregal Paz


Han transcurrido muchos días – meses diría - desde que publiqué un primer artículo en las páginas de un diario, Los Andes de Puno, con el título: Perú problema para el mundo entero (20, dic. 1996), desde la columna periodística que denominé Páginas escogidas. En este tiempo, hasta el último artículo que denominé: El carácter libérrimo de forjar antologías (13, julio 2008), publicado en el mismo medio escrito, decano de la prensa puneña, son motivos más que suficientes ahora para aceptar un encargo especial de mis amigos lectores y los editores del Grupo Editorial “Hijos de la lluvia”, aparecer con disciplinada puntualidad, en las páginas de este blogger, que será, un espacio para entablar mis puntos de vista, en todo caso me interesa la tendencia creciente a apostar por los lectores, venga de donde venga.
Con el nombre de la revista de literatura y otros desvaríos La rama torcida, tendré un título en los que seguiré reuniendo – con el mismo ánimo y criterio que en éste – los artículos preparados, salvo aquellos que harán referencia a temas muy puntuales y pueden perder el sentido fuera del contexto en que se editarán.
Esta columna continua allí donde finalizó el anterior, con tiempos turbulentos, contradictorios y confusos, que nos han dejado algunas imágenes desoladoras, como los aviones secuestrados por terroristas islamitas – ayer 11 de septiembre – (quedó grabado en la retina, de aquel año 2001), por ser la noticia más difundida, en la que daban cuenta que los aviones secuestrados se estrellaron contra las torres gemelas de Nueva York y contra el Pentágono. En este artículo suena el eco de ese acontecimiento. Las palabras aquí escritas trasmiten los latidos de un nuevo siglo, los temblores de los seismos cotidianos en una época agitada, el vértigo de un tiempo acelerado y con síntomas de desorientación.
Escribir –para el autor – será un medio para enfrentarse al mundo actual, para reconocerlo y para encararse con él cuando sea preciso. Será una manera de explicar el mundo y tratar de entenderlo. Hay en estas palabras un texto revelador en este sentido.
Nadie - creo -consigue transmitir, en las muchísimas páginas a veces irregulares, a veces mediocres, a menudo extraordinarias, la desoladora certeza de que el del hombre nacido en este altiplano peruano fue siempre un largo y doloroso camino hacia ninguna parte, jalonado de ruindad y de infamia.
Estos artículos, quieren ser también una explicación de la sociedad de nuestro tiempo, del largo y doloroso camino de la historia reciente, de la ruindad y la infamia, de la corrupción como enfermedad que se manifiesta en muchas partes de nuestro país – por no decirlo en toda nuestra patria – y de algunos atisbos de grandeza. En los artículos vendrán las sombras de una sociedad desconcertada y los claroscuros del pasado y toda la furia que reclama un presente gobernado en ocasiones por la estupidez. Estos artículos serán un escaparate del mundo actual, comentaré en ellos noticias de periódicos, entrevistas escuchadas en la radio, programas de televisión, glosar palabras del parlamento será tan diferente como contar anécdotas personales y de amigos cercanos. Describir escenas y personajes callejeros será producto de una imaginación que no descansa. Toda la tradición de la literatura realista y testimonial en la prensa puneña, desde el costumbrismo decimonónico a los aldabonazos de una generación de poetas de fin de siglo con el testimonio crítico de los escritores contemporáneos puneños.
No encontrarán temas tabú en mi búsqueda, ni realidades intocables; rehuiré lo políticamente correcto. Con valentía habrá que enfrentarse a temas de opinión incómodos – como los que en este mismo medio publican críticos literarios – a los cuales habría que contestarles desde la otra orilla, - mi orilla -lo cual me hará expresar mi postura favorable o crítica ante situaciones provocadas.
Adelantarles que esta página también tiene sus fantasmas y remordimientos. Una vez le escuché a mi señor padre: todos dejamos atrás cadáveres de gente a la que matamos por ignorancia, por descuido, por estupidez. Cuando te mueves a través del confuso paisaje de la vida, eso es inevitable.
Esa contundencia puede suscitar - y de hecho así ocurre- polémicas y posturas encontradas con lectores de las páginas en las que se publican estos artículos.
Espero no equivocarme en algo, para posteriormente no volverme a preguntar ¿En que me equivoque?

sábado, 12 de julio de 2008

Desterritorialización de las palabras



La poesía puneña ha tenido un despliegue sorprendente. Los poetas de este altiplano peruano organizaron sus perspectivas líricas bajo el presupuesto inicial del compromiso estético-ieológico con la poesía, aquella que partió con las vanguardias, pero también desde aquel lugar donde el trabajo con la palabra se torna en un algo que irradia vitalidad comprobable en los versos mostrados en esta antología.
El poeta no cre en existencias divinas, cree en las palabras que desestructuran y recrean al mundo en imágenes. Cree también en la poesía, sin duda, cree en la disolución de las distancias y la conclusión de las eternidades. Por eso, es innegable que la mejor manera de conocer la obra de un poeta sea leyendo sus poemas, entrando a su mundo de puntillas, por esas representaciones de la memoria. El poeta sabe que la poesía no concluye. Ella sigue aquí incontable, intocable, intrasferible, inmortal.
La antología Aquí no falta nadie reúne las voces de 21 poetas, desde Alejandro Peralta y Oquendo hasta Rubén Soto y Luis Rodríguez, considerando a Zaga, Aramayo, Alfredo Herrera, Darwin Bedoya y otros que han publicado poeía. Aquí no se ha seleccionado voces que necesariamente hayan publicado libros y libros carentes de rigor poético y, además, auspiciados por municipios o certámenes tribales. Lo importante es saber que todo está escrito para comenzar a crear una indiscutible poesía o saber perfectamente que todo lo inalcanzable se llama poema. Esta antología no es el fruto de un complejo y luminoso entrecruzamiento de discursos, es el resultado de una multiplicidad de convergencias, sobre todo, estéticas.

jueves, 10 de julio de 2008

Una antología de poesía


Juan Yufra

Harold Blomm señaló en alguna oportunidad que Para leer sentimientos humanos en lenguaje humano hay que ser capaz de leer humanamente. Uno se puede acercar a un texto con las suficientes imperfecciones y carencias que la naturaleza del arte ha producido en el lector y crear una conciencia del texto mismo; todo ello dentro de las fronteras simbólicas que el lenguaje poético instala en el poema y que cada poeta se encarga de aceptar o subvertir a su manera. No hay egoísmo más intenso que el que proclama el hacedor de poemas; esta impostura es inicial -desde luego- con el tiempo se abandona a otras causas y reconoce a regañadientes eso que decía Martín Adán Poesía no dice nada/ poesía se está callada,/ escuchando su propia voz. La ansiada madurez es cruel para los poetas distraídos.

El libro Aquí no falta nadie /Antología de la poesía puneña reúne 21 poetas cuyas pretensiones son tan disímiles como ambiguas. Dentro de esa tradición que plantea el autor hay por lo menos dos aspectos en los cuales coinciden la mayoría de los poetas allí instalados. Primero expresan una poética del yo y luego una poética de la naturaleza donde el contexto y las influencias traman un lenguaje confuso a veces y en otras oportunidades una reflexión honda de cuestiones personales cuando no insignificantes(Ese yo en minúscula y casi infame de los poetas debe ser erradicado de la poesía).

Desde luego que hay voces de un alto nivel lírico. La tradición de la poesía en Puno tiene un referente imponente en la figura de Oquendo; sin embargo, no entiendo por qué se desconfigura este hacer con el pasar de los años. Aquí no falta nadie permite tener una idea de la poética que se mantiene aún en Puno y señala -a su vez- una serie de contradicciones (necesarias) en la implementación de un proyecto cultural del sur del Perú. Saludable el gesto, pero no comparto con las ideas que allí desde la poesía se instalan.

Se debe recordar que no hay mejor acceso a la modernidad que a través de la escritura. Ya no se puede subvertir la palabra desde la infinita ingenuidad que genera la emoción.


miércoles, 2 de julio de 2008

Aquí no falta nadie


Antología de poesía puneña


Eulogio Ramos


Cuando lo conocí, sabía desde que cruzamos palabras, que el libro que me traía entre manos tenía que volverlo disconforme, porque si me conformaba con lo que estaba escrito, seguro sería una publicación más que fracasaría, pero no esta antología que tenía un hálito esperanzador para las letras puneñas, más para la poesía, y por ello el resultado: Un éxito. Me alegro por Walter Bedregal, porque cuando alguien sabe algo de verdad le es muy fácil explicarlo, y Bedregal Paz es un genio compilador de poesía. Sonriendo y bromeando, acaba de poner patas arriba a todo lo que nos habían hablado y enseñado de nuestra poesía – la del altiplano puneño -, en una palabra, alborotó las aguas mansas del lago sagrado de los Incas, que dormía y soñaba esperando alguien que agite sus aguas, junto a un compilador y por supuesto un editor, para una real antología.

Lo demuestra en el libro Aquí no falta nadie, Antología de poesía puneña (Grupo Editorial “Hijos de la lluvia” & LagOculto editores - 2008), esperamos auditórium entregados para que luego de sus presentaciones lo cuenten como una maravillosa y estimulante fábula infinita de nuestra buena poesía. Le echamos un vistazo y nos quedamos enganchados: primero porque lo entendimos, aunque somos de letras y luego, porque deja sin significado todas nuestras prisas por escribir, leer y aprender a entender el espíritu que se esconde detrás de un poema.
El hecho de que la presentación de Aquí no falta nadie, Antología de poesía puneña (El libro esperado) se haya producido con una primera entrega de apenas 1,000 ejemplares, se debe a la amistad del escritor tacneño con su editor - él que escribe estas líneas. Los críticos peruanos serán los primeros que podrán echar un vistazo al nuevo libro de Bedregal. La crítica se muestra entusiasmada, aunque con algunas reservas: Un libro apasionante, repleto de poesía y sólo poesía nuestra, la de nuestro altiplano puneño y al mismo tiempo y casi en la misma medida impresionantemente entretenido, según mi opinión aparte.

El Katari (Boletín, Nº 10, junio, 2008) elogía desde ya la obra de Bedregal y lo define como un libro de ilusionismo construido con virtuosismo y extraordinario nivel, desde el punto de vista poético, pero crítica por sus malabarismos y grandes preguntas sobre poesía, la existencia, muerte y resurrección son los que a la larga dejan a la intemperie una esencia patética para nuestra historia poética de Puno, de autores que esperamos superen su crisis existencial.
En el libro Aquí no falta nadie, Antología de poesía puneña, hay que señalar que está excelentemente construido, investigado, estudiado, con un final trágico – para algunos pseudos-poetas y positivo al mismo tiempo –.

Desde 1996, Walter Bedregal – me comentó – se sometió a la disciplina de escribir y a investigar, estudiar y compilar poesía, sólo para vivir en propia carne este género, que ahora Bedregal hace brillar. Desde Acabemos de una vez con la poesía (Primer título de la antología), luego Seductores de la luna escribiendo bajo la lluvia de otros equinoccios; para después Seductores de la luna de otros equinoccios, y luego con Seductores de la luna, que quedaron sepultados en su portapapeles. Ahora acaba de aflorar, con lucidez de juicios, formulados en días densos y tensos, concluyendo en una frase que sonará cruel – para algunos poetas Aquí no falta nadie (Título final del libro), admitiendo - Bedregal - públicamente no estar equivocado con los antologados (entre los consagrados y novísimos) y así pueda determinar qué es poesía.

Y escribiremos entonces que Bedregal ha hecho más por nuestra literatura puneña que todos los estudiosos juntos, entre los que siempre quedaba en minoría.


martes, 1 de julio de 2008

El viejo y el mar


Cultural: En edición limitada, Carlos Calderón Fajardo ha publicado Playas. Aquí, rescatado de la clandestinidad, el relato "Punta Negra"*

Las aguas cubren el mar. Recién en el umbral de mi vejez he podido percatarme de esto. Toda mi vida, desde niño, he esperado que algo emerja violentamente de él.
Presiento que voy a partir pronto. Ahora de viejo espero que del mar salga lo que me dé paz a mi existencia. Siento mucho miedo.
Estoy leyendo una novela del escritor israelí Amos Oz. Se titula: Un descanso verdadero. En esa novela hay un párrafo que perfectamente puede ser insertado en este texto mío. Amos Oz escribe en su novela: "Cómo se burlan de nosotros. Qué humor tan negro. Qué banal. Qué vulgar e insulso. Y encima se repite tanto que me da asco. No hay salida: como las aguas que cubren el mar".
Cada libro es un océano. Debajo de las palabras que son las aguas está el mar, y de allí proviene la siguiente historia contada por Amos Oz:
"Una vez, cuando era pequeño, antes de la larga huida de Uzbequistán, tal vez después de escapar de Kiev, se escondieron en el sótano de una granja abandonada y una noche cocinaron y se comieron un gato tiñoso. Vassily, un cristiano convertido al judaísmo, mató al gato de un puñetazo en la cabeza cuando el animalito se acercó a sus pies mendigando una caricia. Por culpa de la nieve de fuera y de la humedad del sótano, el fuego se apagó y tuvieron que comerse el gato medio crudo. Zorzi, el pequeño llorón, a pesar del hambre que tenía, no quiso comer y, cuando Vassily le dijo si no comes nunca serás tan fuerte como Vassily, el niño se puso a llorar de tal modo que Vassily tuvo que taparle la boca con su mano enrojecida y llena de pecas y decirle en voz baja: si no te callas, Vassily te hará pammm como si fueras otro gato. ¿Sabes por qué? Porque tenemos mucha hambre".
Dejo la novela de Amos Oz y me quedo mirando el mar. ¿Cuál es el mar oculto tras lo que he leído? ¿Cuál de los tres personajes soy yo? ¿Vassily, el que mató de un puñetazo a un gato? ¿Zorzi, el niño llorón, que a pesar de tener hambre no quiere comer a ese gato? ¿O soy el gato al que luego de que le reventaron la cabeza, lo cocinaron y se lo comieron medio crudo?
Esas son las aguas, ¿pero cuál es el mar? ¿Cuál es la verdad debajo de las aguas? Se puede decir que cuando hay hambre no hay límite para la crueldad. Pero creo que el mar escondido es más que eso. Es igual que el mar que tengo delante de mi casa, diga lo que se diga sobre él, su misterio es inescrutable.
A veces me quedo toda la noche en la terraza. Ya no está Hortensia para obligarme a entrar recurriendo al pretexto que me puede dar una pulmonía si me quedo afuera hasta tan tarde.
"En tu vida no has hecho otra cosa que mirar el mar y leer. No se cómo he podido aguantarte tantos años" –esa voz resuena dentro de mí: la voz de Hortensia.
Si bien soy un hombre tranquilo, Hortensia, en cambio, no se me parecía en nada. Fue campeona de atletismo en el colegio. No paraba de moverse un solo instante; limpiando, pasándoles el plumero a los muebles que en la playa se llenan constantemente de polvo, igual que los pisos que se cubren de arenilla, porque la casa está en medio del desierto, y los suelos y paredes los corroe la brisa, la sal. Hortensia no miraba nunca el mar. Miraba la casa. El salitre está permanentemente carcomiendo lo que puede, y puede terminar tragándose una pared si uno se descuida. Ella constantemente hacía remodelaciones: laqueaba la madera de los muebles, mandaba tarrajear las paredes horadadas. Se levantaba a las seis y a las nueve ya había limpiado la casa, preparado el almuerzo, leído el periódico y había tomado su desayuno.
A las nueve en punto de la mañana estaba lista con su gorrita de tela calada hasta las cejas. Su short de atleta sobre su ropa de baño. Sólo su cara había envejecido debido a la sobreexposición al sol, pero su cuerpo seguía duro y elástico.
"De tanto mirar el mar te has vuelto barrigón. ¿No te da vergüenza la panza que te manejas?", dijo ella.
A las nueve y treinta minutos de la mañana Hortensia plantaba su sombrilla en la arena y extendía su toalla. Luego de instalada, corría varios kilómetros por la arena, al borde mismo del agua, de manera tal que el mar mojaba sus tobillos. Corría como una gacela espantando las gaviotas a su paso. Nadie podía creer que mi Hortensia a su edad pudiese correr tanto. Cada mañana trotaba tres kilómetros de ida y tres de vuelta. Luego de la carrera hacía varias series de abdominales. Yo, por supuesto, sentado bajo la sombrilla en la playa, seguía leyendo y contemplando el mar.
"¡Métete al agua panzón!", recuerdo que me gritó ese día, burlona. Pero a mí no me gustaba meterme al agua.
Recuerdo perfectamente esa mañana. Hortensia continuó animándome a entrar al agua y yo me seguí negando. Como ella solía hacerlo, salió corriendo y se zambulló debajo de una ola. No me explico qué pasó. Debió haber entrado poco a poco para que su cuerpo se adecue a la temperatura del agua. Había bandera roja.
Se internó nadando. Yo no le quitaba la vista. De pronto vino lo que se conoce como "la racha": una sucesión de cinco a seis olas que se forman seguidas una tras otra. El peligro no está en el tamaño de las olas, uno se zambulle debajo de ellas para evitar el impacto. El peligro radica en la resaca. La ola, después de llegar a la orilla, regresa y subterráneamente une su fuerza con la siguiente ola que viene. Las corrientes se mezclan, son impredecibles cuando hay marea alta.
Pasó la racha de seis olas y quedó el mar desierto. No había ni rastro de Hortensia. Corrí a avisar a los salvavidas. Se zambulleron con sus aletas.
Estuvieron largo rato buceando, buscando. El mar estaba muy bravo. No pudieron encontrarla.
El mar vara los cuerpos de los ahogados unos días después del suceso; generalmente lejos del lugar donde ocurrió el accidente. Los cuerpos son arrastrados varios kilómetros por corrientes submarinas. Cuando el cuerpo es por fin varado, luce inflado de color azul plomizo, hinchado y desfigurado por la mordedura de los peces. Pero el cuerpo de mi Hortensia el mar nunca lo varó.
Nadie pudo comprender cómo una mujer que conocía tan bien el mar, a su edad, pudo haber cometido tan intrépida tontería. El golpe fue tremendo para nuestra familia. Como el puñetazo de Vassily sobre la cabeza del gato tiñoso. Mis hijos se desmoronaron. Quisieron que yo venda la casa. Les era insoportable vivir ahí. Como me negué se fueron a los Estados Unidos, a Kansas, Arizona, Wichita. Lugares donde no se viera el mar.
Paro sentado en la entrada de mi casa. Mi casa está casi en ruinas, porque las casas en la playa si no se cuidan, si no se las mantiene, se las tragan la brisa y el polvo del desierto. Suelo amanecer sentado en la terraza mirando el mar. Hace años que no duermo. No está Hortensia para obligarme a ir a la cama. Así que me quedo ahí la noche entera contemplando el mar bajo las aguas.


* Publicado en Caretas 2032.
En la foto: el escritor en Punta Negra, a donde se retira a escribir desde hace más de 30 años. [Leyenda de Caretas]