De todo lo que el hombre ha escrito, yo sólo amo aquello que él ha escrito con su propia sangre. Escribe con sangre y aprenderás que la sangre es espíritu.

Freidrich Nietzche

“LOS AÑOS SIN ESCUSA” MANIFIESTO DEL POETA VLADIMIR HERRERA

Juan Ramirez Ruiz


Manifiesto



1


Por sentido común me adhiero a la presencia moral de “la Banda de los cuatro”, antes que a las posiciones mercenarias del “Posada Carriles de la literatura peruana”.


2


Geoffrey Firmin, el cónsul, en alguna parte de Bajo el volcán dice que “no se puede vivir sin amor”. Y lo repite varias veces. Yo le diría al oído que a más a más no se puede vivir sin talento. Sobre todo si te sientes poeta. Digamos que la falta de amor no es tan grave como la falta de talento, luego de haber atravesado quince años, antes quince y después quince como decía el de Santiago de Chuco. Ahora que apretados nos vemos en esta plaza de Bizancio y peinamos canas y ya vamos dejando la posta a nuestros hijos. Claro está que se puede vivir sin talento sobre todo si has escogido el camino de las multitudes como hacen los políticos. O los malos poetas que en vez de consagrarse a su obra en soledad y descontento, aparecen fotografiados en grandes grupos vanamente envejecidos como si terminaran de almorzar, o vinieran de engañar al mundo. Así pues la falta de talento se reemplaza con la mucha compañía, con el bullicio y la furia, aunque eso se note: en medio de la farra ya no calzan la ropa ni las poses de la juventud y las pupilas tienen un débil mirar.


3


La burrada firmada por Mora y Pimentel ha sido íntegramente escrita por el huancaíno, ya que recuerdo que a Jorge Pimentel le resultaba sumamente difícil escribir algo que no sea un buen poema: En los tiempos de La Crónica los editores le consultábamos todo a los sabios Juan Morillo y Germán Lequerica, pero también le hacíamos los títulos a Pimentel, cuyo trabajo consistía en divertirnos. Y, sí, trabajábamos en un órgano velasquista junto a Lauer, Oquendo, Hildebrandt, Patrick Rosas, Verástegui. Y qué? Yo nunca he sido apristón ni fujimoristón como los pájaros campanudos de Quilca.


En todo caso sorprende la mala leche de libelo infamante que han usado los ccorotas estos para desvirtuar a como dé lugar un trabajo probablemente concebido con humor y buenas maneras. La mentada antología consultada. Frente a la cual se pueden tener actitudes sublimes o peregrinas pero no argumentar hasta el cansancio al revés y al derecho sólo para escandalizar a la parroquia diciendo que todavía existen. Se nota su afán de sobrevivir al amparo de la vigencia. Son maestros en encaramarse a cualquier posibilidad de salir en la foto del momento, y dan la virginidad impura con su teoría más a cambio de la legitimidad tantas veces perdida. Porque de eso se trata: han buscado durante cuarenta años la legitimidad que nadie les niega pero que suponen esquiva como la suerte literaria que han tenido.


Alguien tiene que decir de una vez por todas que la mala poesía que han estado escribiendo estos años, ha estado hecha con los jirones de una retórica que sólo ha ocultado su falta de talento y su envidia. Buena retórica para borrachines desesperados pero envidia encubierta de los que han seguido escribiendo fuera de su influencia y dominio. Envidia porque nunca publicarán en una editorial de la importancia de Tusquets, y menos en una colección consagratoria como Nuevos Textos Sagrados. Y menos aún en una antología como VEINTE AÑOS DE POESÍA, también de Tusquets, el 2009. Pero la peor es su envidia por mi trabajo de editor. Solo que en ese terreno no pueden mentir. Porque los libros de Auqui están ahí: Yo fui el primero en publicar a Moro, a Westphalen y a Ferrari en Europa. André Coyné en su prologo a Cuál es la risa de Westphalen se encarga de señalar la naturaleza y los avatares de ese libro. Léaselo para entender hasta dónde camina con pie suelto la patraña.


4


Para los que vivimos fuera de la patería limeña, es decir lejos del criollismo anticuchero del Queirolo, nos resulta tenaz esa especie de autobombo permanente, de borrachera perpetua de autocomplacencia y esquina en que ha caído toda esa gente. Como si la poesía los necesitara con sus milagros. Ya sabemos que del museo-capilla del Queirolo no quedará ni la sensibilidad esponjosa y acomodaticia que lo creó, ni siquiera los cantos a la traición de quien ocultó durante treinta años los libros del amigo publicados en España y se hizo el loco. O el otro que cuando le mencionan mi nombre calla en sánscrito pese a que yo le cambié la vida presentándole a su mujer, la poetisa. Y como él otros. Eso es HZ; y por ser como son no los aguantaba el único y verdadero HZ Juan Ramírez Ruiz a quien en sus últimos tiempos mancillaron y pegaron. Que ahora no se hagan los buenos con su memoria. Lo peor de todo es que han dado ese tono de Chuiman a la chusma literaria que ha venido después de ellos: risita limeña de antiguos jovencitos crapulosos e incultos a quienes fuera del Perú no los pela ni su madre: malas maneras, inconsistencia ideológica, versos destripados, gritos cobardes en recitales y cantinas. Astutamente se han posesionado del retrato de Churata que está tan lejos de ellos como Lima de Mali. Lo han puesto en su cantina tarde y mal, cuando nosotros arequipeños, cusqueños y puneños ya habíamos enarbolado al maestro con convicción y silencio, con sicuris y viento y lontananza de futuro. Porque nos pertenece más a nosotros que a ellos mientras este Perú desmemoriado, miserable y corrupto siga perpetuando la farra literaria y la tontera.


Malos poetas y malas personas. Y lo digo con ganas por que ya me cansé de tanta impostura y porque tengo que hacerme cargo de mi obra y defenderla de la falsa amistad y la hipocresía. Por que la amistad en los buenos tiempos fue tan íntima que hasta la Musa de HZ llegó a ser madre del mayor de mis hijos, espejo macho de punk y talento. O sea que no se hagan. Que les conozco todas las arrugas y toda la sangre. Que si ellos son el centro de Lima yo pertenezco a la periferia mundana de la Benemérita provincia de Lampa, donde muy joven aprendí a disparar cartuchos con sal y ají.


Este manifiesto también es una advertencia y va en el mismo tono de aquella “advertencia a un hueleguisos” que indignamente le hicieron a Rodolfo Hinostroza. Téngase en cuenta que sé cosas que un amigo común se llevó al cielo. O sea que tranquilitos que el sol brilla para todos. Y Todavía no he comenzado a escribir mis anti-memorias. Y no soy tan civilizado ni fino como el ronco genial.


Así habla la amistad traicionada por el pontífice furioso de HZ, el Posada Carriles de la poesía peruana causante de todo este desaguisado: Tulio Mora. Y cierro este manifiesto con un guiño a Jorge Pimentel en cuya obra ya no creo. De Verástegui no diré nada porque su mala poesía última, sus delirios de grandeza y su larga convalecencia no le permitirán defenderse.



Puerto Atico. Arequipa. Enero del 2011.

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