De todo lo que el hombre ha escrito, yo sólo amo aquello que él ha escrito con su propia sangre. Escribe con sangre y aprenderás que la sangre es espíritu.

Freidrich Nietzche

Erotismo, Amor y Muerte en la Poesía de Gonzalo Rojas

Por: Américo Ferrari

El amor humano y el erotismo son un tema y una obsesión que perduran a lo largo de toda nuestra poesía occidental y también, claro, en la oriental, o sea en buena cuenta en la poesía universal. Ahora me voy a permitir iniciar esta charla sobre la dimensión erótica de la poesía de Gonzalo Rojas refiriéndome a algunos otros grandes poetas que lo precedieron en el tiempo y escribieron poemas de amor, que por lo general no están en la misma onda que los poemas "eróticos" de Rojas, y también a otros que sí lo están (pero tengamos en cuenta que los significados de "amor" y de "erotismo" no coinciden sino parcialmente); en primer lugar y como ejemplo cito unos versos de otro gran poeta, italiano, que vivió ó en el siglo XIX, escribió treinta y nueve poemas y murió a los 39 años, Giacomo Leopardi:
Fratelli a un tempo stesso amore e morte
Ingenerò la sorte;
Cose quaggiù più belle
Altre il mondo non ha, non han le stelle.
(Hermanos a un mismo tiempo engendró la suerte al amor y a la muerte: cosas aquí abajo más bellas, no las tienen ni el mundo ni las estrellas); y en otro poema intitulado "El primer amor" dice, hablando de la angustia que el amor trae consigo: "Oimè, se quest'è amor, com'ei travaglia!" (¡Ay de mí, si esto es amor, cómo atormenta!): hay que decir de todos modos que el poeta Leopardi, jorobado y bien poco atractivo para las mujeres, vivió los 39 años que vivió en un estado casi de castidad y que, de todos modos el concepto de amor no coincide, o no coincide sino en parte con el de erotismo, como el de "erotismo" tampoco coincide del todo con el de "eretismo".
Es lo mismo, o casi lo mismo, no ya propiamente en lo que se refiere a la castidad o la lujuria de la persona , sino en la expresión de lo amoroso o lo erótico, en algunos grandes poetas del siglo XIX, como los alemanes Goethe, Novalis, Hölderlin, Heine; el español Bécquer, los franceses Gerard de Nerval, Víctor Hugo, Musset, Baudelaire, Verlaine; los ingleses Shelley, Byron, Keats; los italianos Leopardi y Manzoni, y en el siglo XVII, por ejemplo, los famosos sonetos de Shakespeare de los que nunca se ha sabido bien si evocan a una amada o a un amado; de todos los citados es sin duda alguna el francés Verlaine el que con mayor crudeza se ha referido en sus Poèmes érotiques, "Amies", "Femmes", "Hombres" (así en español en el texto) a la relación hetero- y homosexual hombre-mujer, hombre-hombre y mujer-mujer; pero hay que recalcar que ya los poetas latinos, como Catulo u Horacio, suelen expresar el amor y la sexualidad de una manera cruda y sin velos, aunque a veces lo que dicen tiene que ver más con la sátira que con el lirismo, como en el caso de Juvenal que zahiriendo las costumbres disolutas de la Roma de su tiempo, se refiere a la esposa del emperador que se escapaba del palacio y pasaba las noches en un burdel, y ya al alba, dice Juvenal, "lassa viris sed non satiata recessit": se iba, fatigada del hombre, pero no saciada: es lo que dice literal y llanamente el poeta latino; quince siglos más tarde Francisco de Quevedo en España traduce este verso terso, somero y objetivo, de la siguiente manera: "Se iba fatigada más no harta / del adúltero y sucio movimiento": el poeta latino había dicho lacónicamente "del hombre" o "del varon", como queramos traducir; sin embargo, en lo que se refiere a la sexualidad en la poesía, es el mismo Quevedo quien dice en un soneto: Quiero gozar, Gutiérrez; que no quiero / tener gusto mental tarde y mañana; (.....) No pido calidades ni linajes; que no es mi pija libro del Becerro, / ni muda el coño por el don, visajes.
Esta manera abierta y sin tapujos léxicos para referirse al amor sexual prefigura ya en cierto modo la manera igualmente abierta y también obsesiva de referirse al sexo en la obra de Rojas, aunque con mucho menos crudeza , sobre todo que sus textos, al contrario de este ejemplo de Quevedo y al contrario también del desenfado erótico (casi podríamos decir pornográfico) de Verlaine, están como envueltos en una atmósfera ya de ternura, ya de ironía, de meditación y de interrogación que por lo general trasluce un sentimiento de interés y de simpatía por el otro, o sea, en el caso de Rojas, por la otra: este tono interrogativo y, digamos, pensativo viene a modular en el poeta chileno la expresión del deseo y de la urgencia sexual; un ejemplo es el primer poema del libro donde el poeta ha reunido casi todos sus poemas de tema erótico, libro intitulado Qué se ama cuando se ama, título de este primer poema y título del libro que comprende 78 textos en la edición de la poesía completa de Rojas en la editorial Visor (Madrid, 2000 - 2003) con el título Metamorfosis de lo mismo, (otra edición de la poesía erótica de Rojas con el título Las hermosas. Poesías de amor en la editorial Hiperión incluye 90 textos más o menos eróticos). Leo completo el poema Qué se ama cuando se ama porque en su andadura interrogante y en el sentimiento de angustia que en él subyace este texto es un buen ejemplo de la hondura del sentimiento en la poesía erótica del poeta chileno:
¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios, la luz terrible de la vida
o la luz de la muerte? ¿Qué se busca, qué se halla, qué
es eso: amor? ¿Quién es? ¿La mujer con su hondura, sus rosas, sus volcanes,
o este sol colorado que es mi sangre furiosa
cuando entro en ella hasta las últimas raíces?

¿O todo es un gran juego, Dios mío, y no hay mujer
ni hay hombre sino un solo cuerpo: el tuyo,
repartido en estrellas de hermosura, en partículas fugaces
de eternidad visible?

Me muero en esto, oh Dios, en esta guerra
de ir y venir entre ellas por las calles, de no poder amar
trescientas a la vez, porque estoy condenado siempre a una,
a esa, a esa única que me diste en el viejo paraíso.
¿O todo es un gran juego, Dios mío, y no hay mujer
ni hay hombre sino un solo cuerpo: el tuyo,
repartido en estrellas de hermosura, en partículas fugaces
de eternidad visible?

Me muero en esto, oh Dios, en esta guerra
de ir y venir entre ellas por las calles, de no poder amar
trescientas a la vez , porque estoy condenado siempre a una,
a esa una, a esa única que me diste en el viejo paraíso.

Dice que no puede amar a trescientas a la vez, cosa efectivamente difícil, pero es posible entender que sí podría amar a las trescientas una por una... Para saber cuánto duraría la cosa habría que hacer cálculos; a lo largo de los textos "una" parece ser muchas, una por una, pero entre tantas es preciso recalcar que hay una una que sobrevuela y se destaca de entre todas las otras, que aparece y reaparece en los textos como una fantasma o como una mujer viviendo ya en la muerte y que entre tantas otras parece ser como la representación de esa ´´unica" que realmente existe en la poesía de Rojas, la que Dios le dio en el viejo paraíso, y resulta ser también la única que en la obra poética lleva un nombe propio: Hilda, la esposa que vivía con él en el Torreón del Renegado; ahí murió y esta muerta parece ser la única mujer que realmente existe en la poesía de Rojas, no en la vida pero seguramente sí en la poesía. En relación con esto me permitiré ser anecdótico por unos minutos. Yo conocí a Gonzalo Rojas en un simposio en Caracas, en julio de 1977. Al terminar una sesión del coloquio se me acercó y se me presentó Gonzalo Rojas, un hombre, de mediana estatura, delgado y atildado, trayendo un libro intitulado Oscuro, editado en Caracas el mismo año de 1977, con una dedicatoria: me permito leerla porque la poesía del libro Oscuro ilumina lo oscuro desde lo hondo: dice "Para Américo FERRARI que lo ilumina todo desde lo hondo. En el oxígeno de Vallejo"; o sea lo oscuro y la iluminación de lo oscuro por el poema relámpago: la poesía. Tiempo después recibí una carta de Gustavo llena de desolación: me daba la noticia de la muerte de Hilda, su mujer a la que visiblemente adoraba y quién sabe la única amada más allá de lo meramente "erótico" o sensual. En el ya citado libro Oscuro hay justamente un poema que se intitula "Vocales para Hilda" y creo que sea Hilda la única de los personajes femeninos de la poesía de Rojas que aparece dos veces con su nombre, y más de una vez presente aunque no nombrada. Se intitula "Vocales para Hilda" (leo dos de las primeras y las dos últimas estrofas de este poema): La que duerme ahí, la sagrada, / la que me besa y me adivina / la translúcida, / la vibrante / la loca / de amor, la cítara / alta: // tú, // nadie / sino flexiblemente / tú,/ la alta,/ en el aire alto / del aceite / original / de la Especie (...) //tú,// volcán / y pétalos, llama; lengua / de amor / viva: //tú // hija del mar /abierto / áureo, tú que danzas / inmóvil/ parada / en / la transparencia / desde/ lo hondo/ del principio: (...)tú, // que soplas / al viento / estas / vocales / oscuras, / estos / acordes /pausados / en el enigma / de lo terrestre: // tú:
Estos versos están dedicados a la amada móvil y que acompañaba al poeta en su residencia, si la puedo llamar así, del Torréon del Renegado en Chile y, pienso, también en más de uno de su múltiples viajes por el mundo. Tiempo después recibí una carta de Gustavo , lacónica y dolorida en la que me comunicaba el fallecimiento de Hilda que visiblemente lo afectó muchísimo. Más tarde recibí siempre del poeta un poema escrito a máquina, ahora publicado en todas las ediciones y antologías de su poesía intitulado "Asma es amor" con la dedicatoria A Hilda, mi centaura . Lo leo:
Más que por la A de amor estoy por la A
de asma, y me ahogo
de tu no aire, ábreme
alta mía única anclada ahí, no es bueno
el avión de palo en el que yaces con
vidrio y todo en esas tablas precipicias, adentro
de las que ya no estás, tu esbeltez
ya no está, tus grandes
pies hermosos, tu espinazo
de yegua de Faraón, y es tan difícil
este resuello, tú
me entiendes: asma
es amor.
Se podría deducir de este poema que la enfermedad que mató a Hilda fuese el asma. Poema, este, lacónico, a la amada ya inmóvil, que es el título, La amada inmóvil, que dio el gran poeta mexicano Amado Nervo a un poemario que escribió y publicó tras la muerte de su esposa a la que idolatraba, lo mismo que Gustavo Rojas a la suya; y ya que estamos en el plano de las analogías debemos recordar también un excelente poemario del poeta francés contemporáneo Yves Bonnefoy, que ha cantado también a la amada muerta, ya inmóvil pero que, purtroppo, se mueve; se intitula Du mouvement et de l'immobilité de Douve: Douve es naturalmente la amada inmóvil que ahora se mueve en el movimiento del poema, de la sucesión de los poemas, aunque algún crítico o profesor ha interpretado este "moviento" como el moverse de los gusanos que devoran el cadáver de la amada; la amada inmóvil tan presente en la poesía de Gustavo Rojas es también un tema en esa poesía popular que es el tango y precisamente hay un tango célebre que se refiere a ella, au letra es bastante conocida: Sus ojos se cerraron / y el mundo sigue andando, / su boca que era mía / ya no me besa más. / Se apagaron los ecos / de su reír sonoro / y es cruel este silencio / que me hace tanto mal.
Por fin hay que señalar que Hilda está presente o nombrada en varios poemas de Rojas a lo largo de los años y de la vida de quien la escribió; ella o su nombre que designa a ella: la ella que aparece nombrada en más de un poema que la evoca refiriéndose al abolido tiempo de la muerte, sobrevolando la tribu de hembras que se agolpan en los textos eróticos de Gonzalo: así en el poema "Cerámica" donde evoca al que fue el cuerpo de la amada ahora confundido con la tierra: el cuándo / ya sin ojos, el / sucio cuándo / ya sin ojos / el / sucio cuiándo /del / que Hilda y Tuly hablan bajito,/ tierra / con tierra / paloma / con paloma.
Veamos ahora algo más de cerca a las mujeres de la tribu y el erotismo que las conecta con los hombres de la tribu. Gonzalo Rojas ha optado visiblemente por reunir toda o casi toda su poesía erótica o amatoria en uno o dos poemarios según lo entendamos que constituyen dos libros independientes: el primero desde el punto de vista cronológico, en la ediciones Hiperión, primera edición 1991, segunda edición 1999, se intitula Las hermosas - Poesías de amor, y contiene en la segunda edición 90 textos amatorios encabezados por el poema Las, hermosas; el segundo poemario con el título "¿Qué se ama cuando se ama?" está integrado en la obra poética completa (Metamorfosis de lo mismo. Poesía completa. Colección Visor de poesía, Primera edición 2000; segunda edición 2003) y contiene 77 textos. Este título de poema ¿Qué se ama cuando se ama?, ya citado y leído al principio de esta charla, es el primero en la Poesía completa de Visor y el último en el volumen Las hermosas de Hiperión, como si, comparando las dos ediciones, este texto indicara la puerta de entrada y de salida de la obra erótica, como si fuera una clave para situarnos en sus límites. Recordemos la última estrofa del texto:
Me muero en esto, oh Dios, en esta guerra
de ir y venir entre ellas por las calles, de no poder amar
trescientas a la vez, porque estoy condenado siempre a una,
a esa una, a esa única que me diste en el viejo paraíso.

Hemos sugerido ya que aquella una que más cuenta, aquella única, parece encarnar sobre todo en la figura de Hilda, la amada inmóvil: las otras que ambulan por los textos, las trescientas o por qué no tres mil o trescientas mil son inabordables una por una, pero la poesía realiza el milagro de condensarlas a todas en unas cuantas y esas cuantas son a la vez abordables y evanescentes y de poema en poema aquella única que aparece en el poema y en cada poema es al mismo tiempo insistencia de la vida y llamado de la muerte o también salvación y condenación: como si la unión inextricable de la muerte y la vida encarnara de poema en poema en el cuerpo y el alma de una mujer y hacia esa unión corre el poeta: hacia "eso que no se cura / sino con la presencia y la figura"; dos versos de San Juan dela Cruz referidos a la búsqueda de Dios y a la unión con Dios y que aquí el poeta refiere a la mujer y a la búsqueda o unión con la mujer; unión, en otros textos exaltada y en este poema deprimida y cargada de un sentido fuertemente negativo. Leo:
Eso que no se curasino con la presencia y la figura,
esa dolencia me arde y me devora
en este puerto muerto,todo de sed y espinas coronado.

La mujer es la imagen de toda destrucción.
La razón de los sesos destapada.
La razón, la ficción.
Esa pobre razón.
Oh, dejadla.

Miradla cómo va pisando por el mar.
Llorando por el mar con su sangre marítima.
De compras por el mar. De venta por el mar.
Oh cuánto mar en ruinas.
Oh cuánto amor en ruinas, masacrado.
Oh virtud y belleza,
tras las vitrinas
de las grandes tiendas.

Pintada por su gran frivolidad,
vedla, ya trágica, ya cínica.
Pintada adentro de su espejo,
Vacía.
Este texto tan duro no para con una mujer sino para con la mujer, con toda la generalidad que da a los seres y a las cosas el artículo llamado definido es más bien en Rojas una excepción, pero que viene a añadirse a toda una enciclopedia de denuestos y execraciones, desde Platón ("cuando un hombre es malo renace en el cuerpo de un animal, pero si es muy malo, renace en el cuerpo de una mujer"); "la mujer es un saco de basura" (un místico de la edad media); "la mujer es un ser de cabellos largos e inteligencia corta" (Schopenhauer), "en el fondo de su corazón el hombre es simplemente malo, pero en el fondo de su corazón la mujer es perversa" (Nietzsche), "la mujer, esclava vil, orgullosa y estúpida (Baudelaire), etc., etc.

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